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Pan y circo sinfónicos

El poder mismo de la música ha hecho que ésta sea utilizada, directa o indirectamente, como bandera explícita de lucimiento y promoción de un gobernante o un régimen dominante, o bien para mantener entretenido al pueblo

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Cartel de la ópera Pagliacci. Imagen tomada de pinterest.com.mx
Cartel de la ópera Pagliacci. Imagen tomada de pinterest.com.mx

En una escena de la magnífica película Amadeus, del director Miloš Forman (1984), el famoso y experimentado compositor Antonio Salieri le aconseja al joven Wolfgang Amadeus Mozart que para componer hay que tener como criterio los gustos del público, es decir, darle lo que quiere escuchar. El propio Salieri es presentado entonces como un compositor famoso, aclamado por la gente y, por lo tanto, reconocido por el monarca. En la historia de la música clásica no son pocos los casos en que los criterios fundamentales que dieron origen a muchas obras orquestales u operísticas fueron, simplemente, dar gusto al público, así como fomentar la transmisión de ciertas posturas ideológicas favorables al régimen en turno o crear un marco de lucimiento para la elite gobernante.

Compositores como Beethoven, Mozart o Verdi, si bien llevaron el arte musical hacia nuevos derroteros en actos de profunda libertad y enfrentamiento al statu quo, tuvieron que responder, en ciertos momentos de su vida, a las expectativas de un público veleidoso y amante del relumbrón. El poder mismo de la música ha hecho que ésta sea utilizada, directa o indirectamente, como bandera explícita de lucimiento y promoción de un gobernante o un régimen dominante, o bien para mantener entretenido al pueblo. Pero, por otro lado, algunos compositores que gozaron de mayor libertad creativa reflejaron críticamente en algunas obras la dinámica propia del panem et circensesal que puede ser tan susceptible el hombre-masa de que habló José Ortega y Gasset.

 

Handel: Music For The Royal Fireworks Water Music

London Symphony Orchestra, Charles Mackerras

EMI, 2002

G. F. Händel (1685-1759) compuso dos obras por encargo de monarcas ingleses: Música acuática (1717) y Música para los reales fuegos de artificio (1749). En cuanto a la primera obra, el rey Jorge I comisionó al compositor para que creara una obra que pudiera ser interpretada mientras navegaba suntuosamente por el río Támesis. En cuanto a la segunda, el rey Jorge II pidió una obra que se interpretara a la par de los fuegos artificiales con que se celebraba el fin de la Guerra de Sucesión austriaca. Más allá del relumbrón monárquico, las obras han trascendido por su inspiración y su belleza.

 

Leoncavallo - I Pagliacci

Domingo, Stratas, Pons, Pretre

DG, 2005

Ruggero Leoncavallo (1858-1919) compuso en 1892 su ópera más famosa, I Pagliacci, que sumerge al espectador en el drama humano que viven los miembros de una compañía de payasos de cara a un público que solamente quiere divertirse. Al final del acto I se ejecuta la famosa aria “Vesti la giubba”, donde el actor protagonista, acongojado por el dolor al descubrir la infidelidad de su esposa, se caracteriza como payaso para iniciar la función: “La gente paga y quiere reírse aquí y, si Arlequín te arrebata a Colombina, ¡ríe Payaso, y todos aplaudirán!”.

 

Verdi - Don Carlo

Plácido Domingo, Mirella Freni, John Dexter

DG, 2005

Hay notables ejemplos en la literatura, la pintura, el teatro y la música de los llamados “autos de fe”, uno de los rituales que generaban gran expectación entre la gente del pueblo en los lugares donde ejerció su poder e influencia la Inquisición de la Iglesia católica, entre los siglos XV y XVIII. El compositor italiano Giuseppe Verdi (1813-1901) recreó una de estas escenas en el tercer acto en su ópera Don Carlo, donde magistralmente presenta la tensión de este tipo de actos públicos en los que se entremezclaban la religión, la política y la estética.

 

Beethoven: Wellington’s Victory

Berliner Philharmoniker, Herbert von Karajan

DG, 1987

La Victoria de Wellington, op. 91, de Ludwig van Beethoven (1770-1824) es, paradójicamente, una de las obras más aplaudidas en vida del compositor, aunque el propio genio alemán la rechazó por simple y superficial. Fue compuesta para celebrar la victoria del duque de Wellington en Vitoria contra los franceses el 21 de junio de 1813, por encargo de J. N. Mälzel. Desde un principio gozó del gusto del público por los cañonazos y sonidos onomatopéyicos que recrean el duelo entre las tropas en pugna, así como por las melodías con que identifica a cada bando. 

 

Tchaikovsky: 1812 Overture

Leonard Bernstein, New York Philharmonic Orchestra

Sony, 1990

La Obertura 1812, de Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893), es una obra que goza de enorme fama y que es ampliamente aplaudida por el público. Esta obra, compuesta en 1880, evoca la heroica resistencia rusa frente al ejército de Napoleón Bonaparte en 1812. Para darle su carácter bélico y triunfal, el compositor ruso recurrió a una amplia orquestación, la introducción de campanas y el uso de cañones que deben dispararse al final de la obra. Dada su gran espectacularidad, esta obra es comúnmente interpretada en conciertos de difusión para nuevos públicos.

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