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Oficinas verdes: del consumo a la generación de energía

La demanda energética de los edificios comerciales y de servicios, como oficinas, escuelas y bancos, junto con el sector de la vivienda, es de hasta la mitad de la energía generada en el país. Ante esta realidad, que tiene consecuencias en el cambio climático, diversas iniciativas incorporan prácticas más respetuosas con el medio ambiente en el diseño de estos edificios.

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Como buen notario público, el licenciado Diego Monsiváis Franco presume un ojo clínico para leer “la letra menuda”. Contratos, testamentos y títulos de propiedad son parte de su rutina visual… Pero desde mediados de julio, el titular de la Notaría 5 de Ensenada, Baja California, ha comenzado a especializarse en el recibo de la luz.

Y es que, desde hace tres meses, el disco medidor del consumo eléctrico gira en sentido opuesto a las manecillas del reloj a partir de la tarde del viernes, cuando la notaría cierra su semana. Mientras Monsiváis busca un recibo en su archivero, se toma a la ligera una broma sobre un posible “diablito” en la toma, y explica el funcionamiento de un novedoso proyecto ecológico: un sistema fotovoltaico que provee de energía a su oficina y que, cuando las instalaciones no están en uso, retorna el excedente a la red pública de la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

“No hay imán oculto ni nada. Gracias al apoyo del ingeniero Alfonso Lazcano, de la Escuela de Energía Solar, logramos convertirnos en lo que yo pienso que es la primera notaría verde de Baja California, con un sistema de paneles solares que genera cerca de 40 por ciento del consumo mensual de mi oficina”.

Con un sistema de paneles solares con capacidad de 100 watts cada uno, el sistema de la Notaría 5 produce dos kilowatts de energía, lo que equivale al consumo energético diario de dos o tres casas de menor tamaño. Ello es sólo un ejemplo más de las tendencias ecológicas que impulsan a empresas y profesionales a adoptar prácticas de sustentabilidad y responsabilidad ambiental en el hábitat más característico que trajo la Revolución Industrial: la oficina.

En 1987, la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo —también conocida como Comisión Brundtland— combinó las palabras sustentabilidad y desarrollo para acuñar el concepto de desarrollo sustentable, definido como “aquel que puede lograr satisfacer las necesidades y las aspiraciones del presente, sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades y aspiraciones”.

La expresión oficinas verdes se refiere a una serie de prácticas más respetuosas con el medio ambiente, como reciclar o realizar compras de materiales certificados. Sin embargo, pocos toman en cuenta que la demanda energética de los edificios comerciales y de servicios, como oficinas, bancos y otros centros corporativos, consumen junto con el sector vivienda hasta la mitad de la energía generada en el país, asegura Odón de Buen Rodríguez, ex director general de la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía (Conae), y ahora presidente de la Fundación Energía, Tecnología y Educación.

Dado que tres cuartas partes de la electricidad se generan a partir de combustibles fósiles, la necesidad de impulsar la construcción de edificios sustentables en México es grande, pero hay poco avance.

Las oficinas verdes son un reflejo de esta preocupación mundial. Desde guías de compras de insumos con sello ecológico —como la madera con reconocimiento del Forest Stewardship Council, hasta la construcción de edificios certificados con ecotecnologías—, los profesionales mexicanos también están ideando nuevas formas de conciliar su desarrollo personal con una ética ambiental.

Al menos así lo cree Diego Monsiváis. Aunque ha litigado varios asuntos jurídicos de corte ambiental, fue su lectura habitual de la revista National Geographic y la impresión que le causó la película Una verdad incómoda, de Al Gore, lo que lo convenció de emprender su propio camino hacia la sustentabilidad. Luego de aprender sobre el rol de los combustibles fósiles y la generación de energía eléctrica en la emisión de gases de efecto invernadero y el cambio climático de la Tierra, este documental lo inspiró a tomar en serio sus intenciones de iniciar un proyecto de energías alternas en su notaría: “Comencé a preguntar en todos los negocios de material eléctrico en Ensenada sobre la venta de paneles solares, pero no hallaba ni el producto ni algún técnico que me pudiese ayudar”.

En ese tiempo, Costco comenzó a comercializar un pequeño módulo fotovoltaico de sesenta y tantos watts que alcanzaba para producir energía para un par de computadoras. Monsiváis compró un paquete por 5 mil pesos, pero no hubo personal de la tienda que pudiese ayudarlo a instalarlo: “El kit que compré en Costco todavía está en mi casa en desuso. No encontraba quién me ayudara a iniciar mi proyecto. Pasó mucho tiempo antes de que diera con el ingeniero Lazcano, que es uno de los pioneros en energías alternas en Baja California, y quien me ayudó a instalar el sistema de la notaría”.

Una notaría verde

Hace cinco años, el costo de un sistema fotovoltaico era demasiado elevado para que fuese comercializable para uso doméstico o en pequeñas oficinas. Sin embargo, la industria mundial de energía solar ha crecido y representa un mercado internacional de entre 20 y 30 mil millones de dólares, con un crecimiento de ventas de hasta 25 por ciento anualmente, lo que está haciendo más asequible este tipo de proyectos, explica Alfonso Lazcano, director de la única Escuela de Energía Solar del país.

La instalación del sistema fotovoltaico de la Notaría 5 tomó cuatro días y tuvo una inversión superior a los 140 mil pesos, monto que es totalmente deducible de impuestos: “En una ocasión, el licenciado Diego Monsiváis me preguntaba por esta modalidad de interconexión a la red, algo novedoso que mucha gente piensa que no es legal, pero que está reglamentado desde 2007 y se ha probado con éxito en Mexicali,” dijo.

En esta ciudad fronteriza se inauguró en junio de 2007 Valle Las Misiones, un fraccionamiento de 220 casas que tiene su propio sistema de generación de electricidad, con capacidad para generar un kilowatt por vivienda. Lazcano estima que este sistema puede cubrir las necesidades de electricidad de un hogar con un consumo promedio de 500 pesos.

El proyecto costó 1.36 millones de dólares, cantidad aportada con recursos del Banco Mundial y los gobiernos federal y estatal. Según estimaciones de la cfe, la generación real anual (382.8 megawatts por hora por año) permite aportar poco más de 50 por ciento del consumo eléctrico de los hogares.

La facturación se calcula en función de la energía que consume la casa; si el sistema fotovoltaico satisface la demanda de electricidad, los usuarios sólo pagan el cargo mínimo de dos dólares, equivalente a 25 kilowatts/hora, y se guarda la diferencia para futuros pagos, según la Comisión Estatal de Energía de Baja California. Ésta es una ventaja de proyectos como el de la Notaría 5. Su sistema está conectado a la red de la cfe, y no sólo permite reducir el consumo energético de la oficina, sino retornar la electricidad producida durante horas no laborables a la red pública, lo que convierte a la oficina en un pequeño generador de energía.

“El criterio de diseño fue con base en un presupuesto, y logré comprar los paneles solares a un precio razonable. Pero el licenciado Monsiváis planea llevar esto más lejos, hasta producir el 100 por ciento de su energía con su propio sistema fotovoltaico”, señala Lazcano.

Este tipo de iniciativas ya no es imposible para otros sectores y profesionales independientes. Si se toma en cuenta que el precio de un sistema promedio es de dos dólares por watt, un profesionista puede instalar un sistema y ahorrar significativamente en su consumo eléctrico con alrededor de 30 o 50 mil pesos, asegura Lazcano: “Estos paneles no producen emisiones, el calor que reciben lo convierten en energía, entonces tienen muchísimas ventajas, y el ahorro tiene un doble propósito, pues reduciendo la dependencia energética de la cfe, la paraestatal reduce su producción y así emite menos contaminación”.

La iniciativa comienza a interesar a otros notarios públicos y colegas de otras profesiones diferentes de la de Monsiváis. Sin embargo, su impresión es que incluso entre notarios hay muy poca cultura ecológica: “Solamente les llama la atención el ahorro que va a haber en el recibo de cfe, pero eso es una ganancia por añadidura, no es la esencia del proyecto”.

La intención de Monsiváis y Lazcano es aumentar el número de paneles solares el próximo verano, para que la totalidad de la energía eléctrica que consume la notaría sea producida por este medio: “Mi intención es dar a conocer este tipo de proyectos de corte ambiental para inspirar a empresarios y funcionarios a considerar este tipo de sistemas alternos para coadyuvar con el mejoramiento del medio ambiente,” dice Monsiváis.

De la ecoconstrucción a las certificaciones leed

Una de las muestras más recientes de construcción sustentable es el edificio via Corporativo, en Tijuana, que se convirtió este año en la primera estructura del noroeste de México que recibe la certificación ambiental Leadership in Energy and Environmental Design (leed) que otorga el Instituto de Certificación de Edificaciones Verdes de Estados Unidos.

La certificación, una especie de iso9000 ambiental que se ha difundido por todo el mundo y que sirve de guía al Consejo Mexicano de Edificación Sustentable, se refiere a un conjunto de normas sobre el uso de energías renovables en edificios de mediana y alta complejidad, basado en factores como la calidad medioambiental interior, la eficiencia energética y de consumo de agua, y la selección de materiales de construcción e infraestructura.

Su costo es alto y el papeleo toma tiempo. Pero considerando que los edificios en Estados Unidos lanzan más de 2 mil 200 megatones de dióxido de carbono cada año, la importancia de incorporar mejores prácticas ambientales en la construcción o remodelación de las oficinas se ha convertido en un punto importante para mitigar la contaminación que estas instalaciones generan. Con tan sólo fomentar cambios básicos en la construcción y el diseño de su infraestructura, se podría reducir hasta en la tercera parte esa contaminación, según un estudio reciente de la Comisión de Cooperación Ambiental del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

El edificio de via Corporativo cumple con tales expectativas. Ubicado en la Zona Río de Tijuana, el complejo de oficinas cuenta con un sistema de aprovechamiento de agua de lluvia para el riego de las áreas verdes y fue construido con materiales de menor impacto ambiental. Es notable la estructura central tubular, diseñada para aprovechar al máximo la iluminación y la ventilación natural, lo que permite ahorrar hasta 40 por ciento del gasto de luz y agua, comenta Carlos Jaramillo, su director general.

El diseño del edificio es idea del Estudio arg, y la construcción corrió a cargo de la empresa tijuanense Servicios Integrales de Construcción y Administración (Seica), pero la gran iniciativa recae en la inversión de más de 10 millones de dólares que financió el corporativo estadunidense Green Nevada Capital, conocido por su desarrollo de proyectos sustentables en el ámbito internacional, según el director de via. Existen otras opciones para “enverdecer” la oficina, como la instalación de techos verdes en la azotea, sistemas para el tratamiento de aguas grises y el acondicionamiento de espacios verdes y ventilación natural en el diseño. Pero ejemplos como via Corporativo y la Notaría 5 son sólo una muestra de que existe más de una forma de armonizar el desarrollo profesional con el respeto al medio ambiente. m.

 

Guía práctica para reverdecer los espacios de trabajo

 Los empresarios y sus trabajadores tienen en sus manos —y en sus presupuestos anuales—la decisión de reducir el impacto ecológico que generan. Algunas recomendaciones sencillas:

AGUA

•  Usa productos de limpieza biodegradables.

•  Riega las áreas verdes por las tardes y no cuando haya mucho sol.

•  Instala jardines en la azotea de los edificios, pues ayudan a mejorar el clima dentro de la oficina.

•  No laves los vehículos con agua potable.

•  Reporta cualquier fuga de agua al personal de mantenimiento.

 

 

EQUIPO ELECTRÓNICO y DE OFICINA

•  Si dejas de utilizar la computadora, apaga el monitor (es como apagar un foco de 75w).

•  Usa papel reciclado certificado.

•  Configura la función de ahorro de energía en las fotocopiadoras y desconéctalas al final de la jornada.

•  Utiliza equipo eléctrico con certificación de eficiencia energética superior, como Energy Star.

•  Apaga y desconecta las cafeteras, impresoras, cpu y el resto del equipo que no sea indispensable para el proceso de producción.

•  Recicla las hojas usadas utilizando el otro lado.

•  Reemplaza los papeles para recados (post it) con algunos pedazos de hojas recicladas.

•  Usa materiales de oficina ecológicos: pegamentos, borradores y correctores a base de agua, cinta adhesiva de polipropileno o acetato de celulosa en lugar de PVC.

 

ILUMINACIÓN

•  Apaga la iluminación cuando no la necesites.

•  Apaga las lámparas que estén cerca de las ventanas.

•  Mantén abiertas las cortinas y persianas de tu oficina.

•  Limpia los plafones: la suciedad disminuye hasta en 20 por ciento el grado de iluminación.

•  Usa colores claros en las paredes, muros y techos; los colores oscuros absorben la luz y obligan a usar más lámparas.

•  Reemplaza las lámparas fluorescentes con bulbo T12 por lámparas fluorescentes de alta eficiencia con bulbo T8 y balastra electrónica:  proporcionan más luz, duran más, cuestan casi lo mismo, pero consumen menos energía.

•  Sustituye los focos incandescentes convencionales por Lámparas Fluorescentes Compactas (lfc) que duran 10 veces más y ahorran hasta 75 por ciento del consumo de energía eléctrica. 

 

El TID, un edificio para la innovación

Por Patricia Martínez

EL ITESOinauguró en septiembre pasado el edificio de Talleres de Innovación para el Diseño (tid), el primer edificio en Jalisco que tiene los requerimientos que exige la certificación Liderazgo en Energía y Diseño ambiental (leed por sus siglas en inglés). Este edificio da servicio a los estudiantes de Arquitectura y de Diseño, aunque también albergará proyectos para alumnos de otras disciplinas.

“La certificación sirve para que otros tomen como ejemplo el edificio, por lo tanto tiene un fondo didáctico que busca que los edificios enseñen a sus usuarios cómo se pueden tener estrategias para disminuir el consumo de agua, de energía, optimizar el uso de materiales, entre otras”, explica Jorge López de Obeso, coordinador de la documentación para la certificación leed y académico del iteso.

El jardín del edificio está diseñado para consumir 50 por ciento menos de agua que uno convencional. Las fachadas expuestas al sol previenen el uso del aire acondicionado mediante un aislamiento térmico: los muros y la azotea tienen en su interior una capa de lana mineral para evitar que se enfríe demasiado en invierno y, así, poder evitar el uso de calentadores.

Otra característica es su fuerte orientación a no contaminar el entorno. Por eso los colores de la plaza interior son claros, para reflejar el sol en forma de luz en lugar de que produzca calor; lo mismo ocurre con el suelo de las azoteas.

Algunas partes del tid se construyeron con materiales reutilizados, como la estructura de la pérgola central, que está hecha de vigas rescatadas. También se integraron aspectos tecnológicos, como los mingitorios secos, y los sensores de movimiento e iluminación natural, que si detectan suficiente luz natural no encienden, con lo que se minimiza el desperdicio de energía.

López de Obeso explica otra de las peculiaridades: “Estamos buscando que la luz que produce el edificio no escape del terreno contaminando otros predios y el cielo, eso ha provocado en las ciudades esta atmósfera de color amarillo, luz desperdiciada, por lo tanto es energía que afecta al ecosistema circundante”. 

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