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Nos quisieron engañar…

Ante el sufrimiento de las víctimas no cabe el lenguaje políticamente correcto. Es desde el lenguaje de la indignación, desde el lenguaje del espíritu, que las palabras salen de las entrañas, cargadas de solidaridad

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Imagen durante una manifestación. Foto: buzonxalapa.com
Imagen durante una manifestación. Foto: buzonxalapa.com

Estábamos en la avenida principal de la ciudad. La marcha la encabezaban los papás de los alumnos. Para nosotros era muy importante saber que ellos estaban ahí, porque la razón de nuestra presencia eran ellos, los que nadie sabe dónde están, y también nosotros. Una parte de la prensa pregonaba una noticia: “Los quemaron en el basurero”. Pero algo dentro de nosotros intuía una mentira. Y es que ese algo nos movilizó, nos convocó y nos hizo una sola voz: “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”.

Más allá de la demagogia de la complejidad, del enredo de argumentos e imágenes fabricados, dentro de nosotros había una certeza: los desparecieron. Ese algo dentro de nosotros, que se manifestaba como indignación en nuestro cuerpo, nos hizo nombrar lo evidente, lo que es real para nosotros, “no estamos dispuestos a seguir viviendo como si la desaparición forzada no existiera, nos están asesinando y algo queremos hacer”.

Ante el sufrimiento de las víctimas no cabe el lenguaje políticamente correcto. Es desde el lenguaje de la indignación, desde el lenguaje del espíritu, que las palabras salen de las entrañas, cargadas de solidaridad.

Fue ahí, frente a rostros concretos, que marchamos. Los pies de la esperanza nos movilizaron. No estábamos dispuestos a dejarnos secuestrar por la indiferencia, la impunidad y la violencia. Había algo más grande que no se nombraba, pero que sentíamos. Una fuerza que está más allá de nuestra vulnerabilidad nos recordó que todos somos iguales: esa fuerza a la que llaman misericordia. Sentir con el otro, sentir a través del otro, y, desde ahí, nos reconocimos como miembros de una sola colectividad.

La misericordia nos dio palabras para nombrar lo posible: “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”. Y es que el amor no puede negar la vida, al contrario, la afirma; el amor es poeta porque es capaz de anunciar una nueva realidad que, aunque no se ve a simple vista, sabe que está ahí, creando otros modos de ser de lo social. El amor se da cuenta del pan y circo mediático que se presenta con pretensiones de absolutez y lo relativiza.

Por eso estamos aquí, porque nos quisieron engañar, pero no pudieron. Aquí estamos, y seguiremos estando, porque es el Espíritu quien nos vivifica. Advertimos una fuerza que nace de lo alto, que nos impregna de humildad y nos recrea. Un Espíritu que, la memoria nos recuerda, ha derrotado muchas veces la mentira.

Nos quisieron engañar, pero nos ayudaron a parir la verdad del corazón: queremos ser mejores seres humanos, nos queremos implicar en transformar la realidad de muerte y destrucción. Si no, ¿qué sentido tiene vivir? Algo podemos hacer, algo podemos aportar. Tal vez seguiremos marchando, tal vez seguiremos anunciando otra realidad; lo cierto es que el querer profundo nos anuncia una nueva oportunidad; la gramática del querer, el lenguaje del amor, nos llena el pensamiento y nos abre caminos: “¡Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos!”. m.

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