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Los deseos son la base

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Imagen de la película «Inception», de Christopher Nolan. Foto: Archivo
Imagen de la película «Inception», de Christopher Nolan. Foto: Archivo
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Para la construcción de personajes, los teóricos del guion cinematográfico proponen una pirámide que va de lo más profundo a lo más superficial; en la base están las necesidades y los deseos, los cuales llevan a la formulación de una meta. Los obstáculos que ésta encuentra generan un conflicto, que empuja la acción, que es lo más visible. Cuando los deseos son conscientes, la meta y su consecución son claras; pero cuando son inconscientes, puede haber un desfase entre lo que el personaje necesita y lo que desea, lo que puede generar extravíos y contradicciones. Si se presentan ambos en el mismo personaje, puede haber valiosas revelaciones.

La meta del escritor y del realizador, en todo caso, es tender puentes entre el personaje y el espectador. Aquí cobra relevancia la identificación. Para Hitchcock es un procedimiento, que utiliza a menudo y que hace participar al espectador, como cuando el protagonista entra a escondidas en la casa del antagonista e ignora que éste se acerca.

Para Robert McKee, autor de El guion, uno de los libros más respetados de la escritura cinematográfica, “el don que nos concede todo relato” está en la oportunidad de “vivir vidas que se encuentran más allá de la nuestra”. Y “cuando nos identificamos con un protagonista y sus deseos en la vida, en realidad estamos relacionándolos con nuestros propios deseos en nuestra propia existencia. A través de la empatía, de la unión ficticia de nuestro yo con otro ser humano irreal, evaluamos y ampliamos nuestra humanidad”.

 

Tuyo es mi corazón (Notorious, 1946), Alfred Hitchcock

El padre de Alicia (Ingrid Bergman) es acusado de traición. Ella es convencida por Devlin (Cary Grant), un agente del gobierno, para espiar a los amigos de su padre, un grupo de nazis. Mientras inicia un romance entre Alicia y Devlin, ella corre grandes riesgos en casa del enemigo. Como en Ventana indiscreta y Los pájaros, Hitchcock acompaña a una mujer consecuente con sus deseos y a un hombre temeroso, incapaz de comprometerse. El manejo del suspense y la agudeza del cineasta dan forma a una reveladora obra maestra.

 

Cadena perpetua (1979), Arturo Ripstein

Escrita por Vicente Leñero a partir de una novela de Luis Spota, la cinta acompaña a El Tarzán Lira (Pedro Armendáriz Jr.), un delincuente que suele obtener lo que desea. En su juventud consigue incluso que sus objetos del deseo trabajen para él: es un proxeneta acucioso. Hasta que sus afanes se cruzan con los de un policía cínico que también está acostumbrado a conseguir lo que desea; y es voraz. En la ilegalidad, El Tarzán era solvente, pero su deseo de llevar una vida recta no es posible en México.

 

Buenos muchachos (Goodfellas, 1990), Martin Scorsese

Los personajes de Martin Scorsese tienen claridad sobre sus deseos y no dudan en hacer lo necesario para materializarlos. Incluso cruzar el umbral de la legalidad. Obsesivos, no saben poner un freno a sus impulsos. Es lo que sucede con Henry Hill (Ray Liotta), para quien “ser gángster era mejor que ser presidente de Estados Unidos”. El ascenso de Henry es lento pero firme; la debacle es vertiginosa y dolorosa. En la ruta, el espectador simpatiza con los malos: Scorsese es un discípulo notable de Hitchcock.

 

Niños del hombre (Children of Men, 2006), Alfonso Cuarón

Londres, 2027. Los humanos han perdido la capacidad de reproducirse y los inmigrantes son encerrados en guetos. Theo (Clive Owen) vive alcoholizado, a la deriva. Entonces se ve involucrado en una aventura que remueve viejas pérdidas… y refrenda la esperanza. “Todo es una mítica batalla entre la fe y el azar”, escuchamos en algún momento, y Theo recupera sus más profundos deseos: apuesta por la fe. Cuarón define la contribución del hombre a la vida, los límites de posibilidad de la paternidad. Con humildad y emotividad.

 

El origen (Inception, 2010),Christopher Nolan

Cobb (Leonardo DiCaprio) se gana la vida metiéndose en la mente de la gente. En el sueño siembra una idea, una semilla. Su misión es hacer creer a la víctima que la idea se le ocurrió a ella. En la vigilia se transforma en un deseo que habrá de conducir sus actividades. Cobb mismo busca cumplir su único deseo: reunirse con sus hijos. Nolan explora el origen de los deseos, pero también la responsabilidad —directamente proporcional a la profundidad de lo sembrado— que supone alimentarlos en otra persona.

 

Para saber más

:: Entrevista con Robert McKee.

:: Sobre deseos y necesidades.

:: Seminario con Robert McKee (subtitulaje español).

:: Cadena perpetua (película completa).

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