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La ruta de #YoSoy132

El movimiento, que emergió de las universidades para oponerse a la imposición de un candidato presidencial por parte de las televisoras, refrescó las campañas electorales en México y ha dado esperanza a un sector de la población paralizada por la violencia y la corrupción. #YoSoy132 se enfrenta ahora al reto de trascender un proceso electoral que, según su propio análisis, “no se desarrolló en un ambiente de paz y legalidad”

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La elección parecía definida. Y votar por alguien que no fuera el candidato puntero, un gesto simbólico. Enrique Peña Nieto, abanderado del PRI a la presidencia de México arrancó la campaña con 46.8% de las preferencias, según el promedio de cuatro diferentes encuestas. Desde 2005 aparecía en los programas de las principales televisoras del país; sus actos de gobierno tenían mejor cobertura que los de cualquier otro gobernador; su boda con Angélica Rivera, actriz de alto rating, tuvo una cobertura mediática digna de Hollywood.

Sus críticos enunciaban la teoría de la construcción mediática. El periodista Jenaro Villamil denunció desde 2005 que Televisa y el candidato priísta —entonces gobernador del Estado de México— habían firmado un convenio para construir una candidatura que lo llevaría a la silla presidencial. Esta acusación se fortaleció siete años después, en medio de las campañas, cuando el diario inglés The Guardian publicó información que documentaba este vínculo. Televisa lo negó.

Las investigaciones se quedaban en rumores de pasillo, no subían a la agenda de la televisión. Hasta que Peña Nieto fue a la Universidad Iberoamericana de la ciudad de México.

 

El grito

EFE

Viernes 11 de mayo. Francisco Lemus, estudiante de octavo semestre de Comunicación intentó entrar al auditorio de la Universidad Iberoamericana con cartulinas que llevaban frases escritas contra el candidato. Algunos hombres, a quienes después identificaría como del equipo de campaña, se lo impidieron. Entró entonces sin sus letreros, se ubicó al centro del auditorio y sacó un folder de su mochila. Le costó trabajo conseguir un plumón. Escribió: “Te Odio”. Fue el primer estudiante en mandar un mensaje claro contra el candidato.

Peña Nieto ya había terminado su participación ante el foro universitario cuando se escucharon gritos que le reclamaban los abusos policiacos cometidos en 2006 durante su mando: “¡Atenco!”. El candidato retomó el micrófono y justificó: “Tomé la decisión de emplear el uso de la fuerza pública para restablecer el orden y la paz”. Lo interrumpió el grito de una mujer: “¡Asesino!”. El candidato hizo una pausa y siguió: “reitero, fue una acción determinada personalmente, que asumo personalmente, para restablecer el orden y la paz…”.

Se escucharon aplausos, pero fueron insuficientes. El auditorio y los pasillos se habían encendido: “¡Fuera!, ¡Fuera!, ¡Fuera!”, gritaban. Peña Nieto salió por una puerta alterna, canceló su participación en un programa radiofónico en la emisora de la universidad. Se metió a un baño, y cuando salió, se vio acorralado. Su equipo planeaba una estrategia para sacarlo de ahí. Decenas de celulares registraron el episodio: mientras Peña Nieto caminaba hacia su camioneta blindada, la multitud le gritaba: “¡La Ibero no te quiere! ¡La Ibero no te quiere!”.

“Yo nunca había sentido a la universidad tan unida como en esos cinco minutos”, narra Alo Gorozpe, estudiante de Arquitectura, en el documental 131 Más Uno, el origen del movimiento. “La Ibero se sentía viva”, resume Sandra Patargo, exalumna de Relaciones Exteriores.

 

El enemigo

—Candidato, ¿qué opina de estas expresiones? —le preguntó una reportera cuando el priísta salía de la universidad.

—Que no son genuinas todas —respondió Peña Nieto.

AFP

Sus aliados políticos lo secundaron sembrando dudas y descalificando a los manifestantes. “Yo no sé si sí eran estudiantes o no, pero [estaban] muy agresivos, organizados”, dijo Luis Videgaray, coordinador de la campaña. “[Era] un puñado, una fracción minoritaria de gentes que hacen de la intolerancia una religión”, declaró Pedro Joaquín Coldwell, presidente nacional del PRI. Y Arturo Escobar, vocero del Partido Verde, acusó a los estudiantes de ser afines al PRD.

Pero lo que para algunos estudiantes resultó peor, fue escuchar descalificaciones de José Carreño, académico de la propia universidad, al que después llamarían “traidor” y acusarían de tener vínculos históricos con el PRI: “Eran jóvenes entrenados fuera, es decir, con todas las tácticas de Atenco”.

El equipo de campaña de Peña Nieto publicó un video con supuestos estudiantes de la Ibero que apoyaban al candidato, pero después se comprobó que algunos no eran miembros de esa universidad o que fueron engañados para grabar un testimonio que no sabían que sería utilizado con fines proselitistas. Los responsables pidieron disculpas.

Televisa minimizó el viernes negro de la campaña de Peña Nieto. El noticiero principal no mencionó lo sucedido, ni en titulares ni en su resumen inicial. Lejos de las notas principales publicó una crónica donde mostraba a un manifestante con una bandera del PRD. Los estudiantes interpretaron el detalle como otra manera de manipular la información y descalificar la protesta. La crónica tampoco incluyó testimonios estudiantiles.

Reuters

Los periódicos de la Organización Editorial Mexicana, propiedad de Mario Vázquez Raña, titularon su nota principal: “Éxito de Peña en la Ibero, pese a intento orquestado de boicot”.

“Ahí fue donde ardió todo”, dijo Ana Rolón, estudiante de Comunicación.

 

El detonante

Domingo, 13 de mayo. Rodrigo Serrano, Ana Rolón y Omar Chávez lanzaron una convocatoria a través de Facebook para que estudiantes que hubieran estado en el evento con el candidato mandaran un video en el que mostraran su credencial de alumno. Buscaban demostrar que no eran porros.

Al final del día tenían 131 testimonios. Los juntaron en un video y lo subieron a YouTube con el título 131 alumnos de la Ibero responden. “Estimados Joaquín Coldwell, Arturo Escobar, Emilio Gamboa, así como medios de comunicación de dudosa neutralidad: usamos el derecho de réplica para desmentirlos. Somos estudiantes de la Ibero, no acarreados, no porros, y nadie nos entrenó para nada”.

En 20 minutos, la respuesta era tendencia mundial en Twitter. Pronto se convirtió en la semilla que daría nombre al movimiento #YoSoy132, que usa el número 132 como alusión a los cientos de estudiantes —más de 131— que desearían estar en el video desmintiendo, enfrentando e interpelando al poder.

 

El llamado

Primero fueron estudiantes del ITAM, Tec de Monterrey, La Salle y la Anáhuac; después de la UNAM, la UAM, el Politécnico, buena parte de las universidades del Distrito Federal y de todo el país. Un primer grupo hizo el llamado que terminaría por detonar un movimiento nacional que rebasaría las redes electrónicas para convertirse en acción callejera: “Credencial en mano, marcharemos de la Ibero, puerta 10, a Televisa Santa Fe, para expresar nuestra inconformidad”.

Viernes, 18 de mayo. Las pancartas empezaron a llevar la firma #YoSoy132, y #MarchaYoSoy132 eran palabras clave de organización en Twitter. Unos fueron a Televisa San Ángel, otros a Televisa Santa Fe. Las peticiones a los medios de comunicación empezaron a ser más claras: no a la manipulación mediática, no a la imposición de ningún candidato. “¡México despierta!”, pedían los estudiantes, y al mismo tiempo gritaban: “¡Televisa te idiotiza, TV Azteca te apendeja!”.

“El día de hoy, jóvenes, estamos poniendo la primera piedra para iniciar una nueva etapa donde los medios de comunicación se acercan a la ciudadanía”, dijo con megáfono en mano Emir Samir, estudiante de la Ibero.

Fue el cruce del primer umbral: los jóvenes mexicanos hicieron que Televisa los incluyera en su agenda informativa y diera una cobertura más amplia a sus demandas. La empresa invitó a dialogar a cuatro representantes estudiantiles en un espacio cerrado. Los jóvenes dijeron que no: buscaban un diálogo “a puertas abiertas”, anunció María José López, una de las estudiantes que empezaron la protesta.

 

La revuelta

Ya como red interuniversitaria, los estudiantes convocaron a una manifestación para el miércoles 23 de mayo en la Estela de Luz. Sin embargo, desde días antes se gestaba en las redes sociales la primera #MarchaAntiEPN, que no era convocada por #YoSoy132, pero parecía fortalecida por las muestras de poco cariño que el movimiento había mostrado al candidato. El sábado 19 de mayo, ríos de mexicanos —las autoridades del Distrito Federal calcularon 46 mil—, principalmente jóvenes, caminaban rumbo al Ángel de la Independencia. Ahí estaba, por primera vez en estas campañas, la imagen más clara del descontento; miles de jóvenes que decidían entrar al ring electoral desde las calles, no desde los partidos políticos. Algunos manifestaban su apoyo al candidato del PRD, López Obrador, pero no eran la mayoría. La coincidencia estaba en mostrarse en contra del candidato emanado del partido que gobernó a México durante 70 años. Estudiantes de por lo menos 17 ciudades también hicieron protestas, incluso en lugares donde manifestarse se ha vuelto inusual por la inseguridad.

El periódico Milenio, cuyos directivos colaboran en programas de Televisa, tituló su noticia principal del domingo 20 de junio: “Llama Josefina a tomar las calles contra Peña”, dando con ello un sesgo partidista a las manifestaciones masivas del sábado. La candidata mandó una carta de reclamo al periódico y los estudiantes lo incluyeron en su lista de medios contra los que habría que luchar.

Latinstock

En ese momento, #YoSoy132 ya había logrado notoriedad internacional. El movimiento aparecía en las portadas de periódicos de varias partes del mundo. “Nacen los enojados mexicanos”, tituló el diario El País el 22 de mayo. “Son los enojados, los engañados, los ignorados”.

La manifestación del 23 de mayo en la Estela de Luz reunió a 15 mil personas, según reportes periodísticos. Los estudiantes marcharon a las instalaciones de Televisa Chapultepec. Pedían la democratización de los medios. El poeta Javier Sicilia, del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, se sumó a la marcha: “Ésta es la revuelta de la inteligencia frente a la barbarie”, dijo.

El movimiento se convertía así en el tema del momento en los periódicos y las redes sociales. Desplazó las noticias de ejecutados, secuestrados y desaparecidos. “#YoSoy132 despierta entusiasmo”. “#YoSoy132 cambia el ritmo de las campañas”. “#YoSoy132 roba cámara”, titulaban los diarios.

“Me da mucha alegría que esto esté ocurriendo en un país donde el horror nos había paralizado como sociedad civil”, dijo la escritora Cristina Rivera Garza al diario El Economista. Y su colega Álvaro Enrigue declaró: “Que los más jóvenes muestren que sí están politizados, pero que simplemente no se sienten representados, me hace pensar que las cosas podrían cambiar”.

 

Primeros logros

El 29 de mayo lanzaron su primer manifiesto, en él se declaraban un movimiento ciudadano y ajeno a cualquier apoyo partidista, defensores de la libertad de expresión y el derecho a la información, promotores del voto informado y reflexionado, y defensores de la democratización de los medios de comunicación.

El movimiento organizó manifestaciones ante el Instituto Federal Electoral, la Secretaría de Gobernación y las televisoras para exigir que el segundo debate presidencial, por celebrarse el 10 de junio, se transmitiera en cadena nacional. No consiguieron su demanda, pero lograron que las dos televisoras privadas aceptaran transmitir el segundo debate en sus canales estelares, pese a que en el primero se habían negado por “bajo rating”.

Se calcula que 15 millones de personas vieron el encuentro entre candidatos, el máximo nivel de audiencia registrado durante un debate político en México. Las preferencias electorales empezaron a moverse.

Lo que no lograron fue que el IFE organizara un tercer debate, así que el movimiento empezó a contemplar la idea de hacer su propia convocatoria a los candidatos.

 

La lucha interna

En la primera asamblea interuniversitaria, celebrada el 30 de mayo en la UNAM, había un ambiente de festejo por la reunión histórica. Los estudiantes rompían sus añejas divisiones entre los fresas de la Ibero y los rojos de Ciudad Universitaria. Pero, ¿cómo organizar tantas demandas acumuladas? ¿Cómo definir los objetivos principales de una lucha nacional? ¿Cómo pasar de las marchas a la incidencia real en el futuro del país? La discusión se dio en 15 mesas temáticas. El movimiento se declaró apartidista pero combatiente de la imposición de un candidato como presidente de la república, antineoliberal y contra la manipulación mediática.

Desde entonces había una tensión que llegaría a manifestarse como una división en la segunda asamblea, celebrada el 11 de junio con voceros de 133 instituciones: unos estudiantes pugnaban por manifestarse contra Peña Nieto; otros no deseaban particularizar la protesta y plantear demandas que fueran más allá de la coyuntura electoral.

Conforme aumentaban la solidez y la influencia de #YoSoy132, también aumentaron las presiones. El 14 de junio, estudiantes de la Ibero denunciaron 19 “actos de hostigamiento y amenazas”. La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal recibió las quejas y pidió al gobierno protección para los jóvenes. En Irapuato y Saltillo, grupos de priistas golpearon a miembros de #YoSoy132. Y el 8 de junio, durante un partido de la selección mexicana de futbol en el Estadio Azteca, miembros de #YoSoy132 que habían desplegado una enorme manta con forma de camiseta de la selección nacional, fueron agredidos por otros grupos de jóvenes que, según versiones periodísticas, llegaron en camiones desde el Estado de México. Cuando no había agresiones físicas, las había verbales. El priísmo se indignaba por las pancartas contra su candidato, quien en sus discursos recurría a las palabras “diálogo y tolerancia”.

La cúspide

Los estudiantes se esforzaron por mostrarse apartidistas y se deslindaron de cualquier miembro que los vinculara con el PRD o con algún candidato político. Toda su energía se volcó en organizar un debate equilibrado para los cuatro candidatos presidenciales. Peña Nieto no les creyó y se negó a acudir.

Martes 19 de junio. Josefina Vázquez Mota, Andrés Manuel López Obrador, Gabriel Quadri y una silla vacía aparecieron a cuadro en las pantallas de YouTube. Por primera vez sostendrían un debate dirigido a los “indignados mexicanos”; por primera vez, los estudiantes harían las preguntas y replicarían sus respuestas.

La transmisión se hizo sólo por internet, medio al que los jóvenes se aferraron hasta el final, negándose a que Televisa y el Canal del Congreso transmitiera el evento por señal televisiva. Las fallas de conexión fueron constantes y la audiencia apenas superó las 112 mil personas, pero los estudiantes sí tenían algo que festejar.

AFP

“Nos tacharon de porros, de acarreados, de poco críticos e intolerantes, pero no lo somos y hoy lo demostramos en un debate que, por primera vez en la historia de este país, fue convocado por los ciudadanos”, dijo al finalizar la transmisión Andrés Torres Checa, uno de los organizadores.

Después vinieron más manifestaciones, performances, brigadas de información en las calles en favor de un voto informado y en contra de la imposición de un candidato.

Cuatro días antes de la elección presidencial, el historiador Jean Meyer llamó a no sobredimensionar la influencia del movimiento en el resultado electoral porque “el mundo de internet, Twitter y Facebook es un mundo muy chiquito”. “Si México tiene 113 millones de habitantes, con 75 millones de electores potenciales, ese movimiento tan sólo es de decenas de miles”, dijo a ADNPolítico.

Para saberlo no quedaba más que esperar al domingo 1 de julio.

Guadalajara se une con sus propias demandas

Después del viernes negro de Enrique Peña Nieto, un grupo de estudiantes del ITESO se puso en contacto con sus compañeros de la Ibero. Se identificaron con la protesta y querían unirse a lo que estuviera emergiendo. El grupo estaba integrado por estudiantes que días antes habían organizado un simulacro electoral en la universidad, por activistas del ciclismo urbano, por los que opinan… por los mismos de siempre.

Los tiempos coincidieron con las vacaciones de la universidad. La mecha tardó poco más de lo esperado en encender, pero los estudiantes no se congelaron. Ileana Hernández Herrera, estudiante de Filosofía, se enteró de la #MarchaAntiEPN cuando iba a vacacionar a su ciudad natal, Torreón. Lo lamentó porque “casi” no le tocan manifestaciones en Guadalajara. Reaccionó. Propuso la misma marcha en Torreón a través de Facebook y cuenta que “la gente se organizó sola”. Tenía miedo. Los coahuilenses dejaron de manifestarse desde hace años por miedo al crimen organizado. Llegaron 500 personas y marcharon contra el PRI entre tanques militares y soldados en el centro de la ciudad.

Ileana regresó a Guadalajara y se topó con Isaac Cárdenas, militante de la bici; Daniel Vargas, escolar jesuita; Montserrat Narro y otros estudiantes del ITESO igual de entusiasmados que ella. Casi no se conocían, pero la primera #MarchaAntiPeñaNieto que salió de Plaza Tapatía el 19 de mayo les había dejado en claro que eran los mismos pero no los únicos. Hubo unas 3 mil personas.

La primera marcha organizada por #YoSoy132 capítulo Guadalajara fue el 23 de mayo. Unos 1,500 estudiantes de distintas universidades marcharon hasta las puertas de Televisa Occidente y del periódico Milenio. No fueron muchos, pero sorprendieron a una ciudad en la que las  manifestaciones multitudinarias son casi exclusivas del corporativismo: sindicatos, camioneros, políticos de la Universidad de Guadalajara.

Los jóvenes se empezaron a encontrar en las redes sociales, intentaban organizarse por células universitarias para su primera asamblea. Se reunieron primero en grupos pequeños. Hubo roces: había que evitar que estudiantes de una sola universidad o grupo asumieran el liderato. Lo lograron.

El 2 de junio, un grupo plural llegó al Parque Revolución. Discutieron. Avanzaron. Leyeron su primer manifiesto basado en las exigencias nacionales, pero con un agregado: en Guadalajara, el “rostro de la imposición del viejo régimen” también llevaba copete y se llamaba Jorge Aristóteles Sandoval, candidato del PRI a la gubernatura de Jalisco. Y otro matiz: los estudiantes de la Universidad de Guadalajara pedían que los líderes de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) se deslindaran del candidato priísta, que había militado en esta organización cuando era más joven. Se agregó un punto a la lucha: democratizar la principal universidad de Jalisco, la segunda del país.

8 de junio. Estación Juárez del Tren ligero. Un estudiante con máscara de Joaquín López-Dóriga grita en un vagón:

—¡Corte informativo, corte informativo, los asesinatos en Atenco todavía siguen sin…!

Lo interrumpe un pasajero. Manotea. “Hay libertad de expresión”, le responde otra pasajera. Los estudiantes siguen.

—Cállate, cállate —responde una chica con máscara de Peña Nieto al supuesto López-Dóriga—, ya sabes la información que te dije, ten tu script.

—¡Corte informativo, corte informativo! Enrique Peña Nieto sigue encabezando las encuestas por más de 30 puntos sobre su más cercano competidor —corrige López-Dóriga.

Este tipo de acciones en las calles y el transporte público, dirigidas a la gente que no tiene internet y a los votantes con información desequilibrada, se multiplicaron.

#YoSoy132gdl también organizó un tercer debate entre los aspirantes a la gubernatura de Jalisco. Aristóteles Sandoval, igual que Peña Nieto, se negó a acudir. Fue el primer debate organizado por ciudadanos en la historia reciente de Jalisco, y a diferencia del debate presidencial, los estudiantes lograron que fuera transmitido por el Sistema Jalisciense de Radio y Televisión.

 

El final del principio

El 1 de julio, #Yosoy132 instaló en una casa particular al sur de la Ciudad de México un cuarto de paz —en contraposición a los cuartos de guerra de los partidos políticos— para monitorear la jornada electoral. Había una mesa con computadoras, conexión a internet y una pared forrada de pliegos de papel. Poco tardaron en empezar a escribir: “Matan a dos personas afuera de casilla en Veracruz, 9:00 am”. Otro era un listado de “focos rojos”, que inició con una alerta sobre las declaraciones que haría Peña Nieto después de votar en una casilla de Atlacomulco.

En las calles había tres mil jóvenes haciendo guardias en las oficinas del ife en toda la República, en las calles, en las casillas. En la madrugada, dos de ellos ya habían sido detenidos por la policía de Celaya. ¿La razón? Parecer “sospechosos”. En Coatzacoalcos, dos más habían sido amedrentados por priístas sin que la policía local aceptara intervenir.

Las anomalías empezaron a circular por las redes sociales. Fue la primera vez que Twitter y Facebook participaron como observadores mayores. El cuarto de paz lo aprovechó. La palabra clave era #tecaché132. Los reportes fueron interminables: urnas abiertas antes de tiempo, material electoral robado, anulación de votos válidos, compra de votos, pérdida de boletas, propaganda cerca de las casillas, miles de ciudadanos que no pudieron votar en casillas especiales.

EFE

Los “demócratas” de la televisión hablaban de un proceso ejemplar, limpio y respaldado por miles de mexicanos que participaron como funcionarios de casillas. Se hablaba poco de las denuncias que circulaban en redes sociales. Luego aparecieron matices en algunos periódicos, pero sólo en algunos: videos que mostraban a decenas de personas en la tienda Soriana queriendo comprar con tarjetas que, aseguraban, les había dado el pri; reparto de miles de despensas por parte de gobernadores priístas; inconsistencias entre el padrón electoral y el número de votantes en algunas casillas. Los resultados preliminares confirmaron que las encuestas publicadas por algunos medios, como Milenio, fueron las más equivocadas.

#YoSoy132 desconoció el proceso electoral que dio el triunfo a Enrique Peña Nieto, “el candidato de la imposición televisiva”, y declaró en su V Asamblea Interuniversitaria:

“Frente a la jornada electoral del 1 de julio, denunciamos que ésta no se desarrolló en un ambiente de paz y legalidad. Que en ella prevalecieron prácticas profundamente antidemocráticas. […] Reconocemos un proceso electoral viciado de origen, con instituciones deliberadamente incapaces de prevenir y sancionar las incontables anomalías que se llevaron a cabo. Por lo tanto, declaramos que el proceso electoral presenta irregularidades suficientes como para asegurar que no se trató de un proceso democrático”.

Los jóvenes volvieron a sus marchas, a la denuncia pública y a sus aspiraciones de organización, porque se reconocen como un movimiento que trascenderá el proceso electoral. Ahora discuten su “programa de lucha” porque decidieron seguir caminando juntos. Siguen siendo miles. Y aunque la televisión continúa ignorándolos, ellos persisten: saben que otros millones de mexicanos sí los están viendo. m

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