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Jis y Trino: moneros trabajando

La llegada al cine de El Santos contra la Tetona Mendoza representa un logro más en la fecunda carrera de Jis y Trino, el dúo de dibujantes más popular del país. Su colaboración creativa comenzó hace más de 25 años, cuando eran estudiantes del ITESO y editaban un periódico que, en palabras de sus críticos, era “poner en papel lo que estaba escrito en las paredes de los baños”.

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Una tarde de 1978, José Trinidad Camacho, a quien sus amigos llamaban Trino, tomó la decisión de acercarse a José Ignacio Solórzano, quien pese a su juventud ya era conocido en el horizonte nacional de la caricatura como Jis. Un amigo de ambos le contó que “conocía a un cuate que hacía monos y era muy famoso”, y Trino se presentó en su casa y golpeó a la puerta. He aquí el relato de aquel encuentro, aparentemente intrascendente, pero que marcaría el destino de los dos: “Agarré mi bonche de monos y llegué a la casa de Hidalgo. Su mamá me recibió y me dijo: ‘José Ignacio está arriba, en su cuarto’. Allí estaba. Le enseñé mi material y le dije que era súper fan de él. Y entonces lo vio en súper chinga. ‘Qué chido, maestro. ¿Y qué más haces?’, preguntó. ‘Toco en un grupo de rock que se llama Doll’, dije. Yo tocaba el bajo. Tocábamos a los Ramones, a los Kinks, a Judas Priest y hasta cosas de UFO. ‘Bueno, maestro, que te vaya bien’, dijo enseguida. ¡Luego luego me bateó! Yo agarré mis monos y pensé: ‘Pinche mamón’. Él cerró la puerta de su cuarto y yo no sabía ni cómo salir. ¡Ni siquiera me acompañó! Su mamá apareció y dijo: ‘Ay, José Ignacio, qué bárbaro, ni siquiera te llevó a la salida. Ven por acá...’. Y al fin salí. Me cayó muy bien la señora, pero Jis me cagó la madre”.

“Ya ha fabricado una cosa horrenda”, clama Jis acerca de esta anécdota. “Le encanta narrar, modificada a su favor, esa historia”, agrega. “Dice que lo llevaron hasta mi habitación, como a la habitación de un reyecito, y que yo me porté mamoncísimo”.

No obstante el interés que ambos manifestaron por la caricatura, no fue ésta la razón de sus siguientes acercamientos, sino otra de sus pasiones compartidas: el rock. “Por azares del destino nos empezamos a ver más”, recuerda Trino. “Nosotros, el grupo Doll, le abrimos un concierto a Plasmodia”. Plasmodia era el conjunto de rock progresivo en el que tocaban Jis, su hermano Juan y otros amigos. En otras palabras, su intensa amistad se trabaría tiempo después.

Foto: © Michel Amado

Llegar al mono

“Supongo que fue en una tarde de abril”, espeta Jis al ser interrogado acerca del momento en que comenzó a dibujar. Acto seguido, su chispeante humor asoma en sus palabras: “Como soy monero viejo, son datos que se pierden en la noche de los tiempos”.

Diana Solórzano, la mayor de sus cuatro hermanos, evoca los días en que Jis comenzó a obsesionarse con el lápiz: “Tendría diez años. Los primos hicieron una revista, según ellos. Se llamaba Revista David, porque acababa de nacer otro primo que así se llamaba. Eran monitos jugando futbol. Fue la época de México 70, y todos eran muy futboleros: Jis, Betini, y no sé quién mas. Y unos empezaron a tener más talento que otros”. Betini era el apodo del artista plástico Roberto Rébora. “Nos juntábamos él y yo a copiar revistas donde salían caricaturas para ver a quién le quedaba mejor el mono”, recuerda Jis. “Había una serie de cómics relacionados con el fut, como Pirulete y Borjita. Y después un primo me dio los primeros Mad. Mis jefes en alguna navidad me regalaron una colección de Astérix. Y pronto llegarían los primeros cómics underground”.

Por su parte, los pininos de Trino en el dibujo se dieron más o menos a la misma edad: “Desde que era muy chavo hacía monitos. Mi mamá tiene guardados Astroboys y Agentes S5 que yo dibujaba”, cuenta. “En tercero de primaria gané un premio. Hice un buzo y me dieron mi caja Prismacolor, de esas que tenían terciopelo y 36 colores. Desde entonces dije que me dedicaría a esto”.

Jis fue el primero en destacar en la caricatura, cuando era adolescente, luego de ganar el concurso Caricatura Revolucionaria, organizado por la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG). Meche Cárdenas, su amiga cercana y quien ha colaborado con él en distintos proyectos, recuerda aquel momento: “En el jurado estaban Naranjo, Rius y Magú. Jis les encantó y se lo llevaron a Cuba, se fue con Rius a un concurso de caricatura política, sin ser nada político. Rius lo adoptó y pronto publicó en La Garrapata”.

Foto: © Michel Amado

Un trío revolucionario

En 1981, Jis y Trino volvieron a coincidir cuando cursaban la carrera de Ciencias de la Comunicación en el ITESO, y fue allí donde comenzó su duradera complicidad. Junto con un grupo de inquietos estudiantes fundaron una revista para dar rienda suelta a su gusto por el humor. “Cuando los conocí, les propuse hacer una revista”, rememora el cartonista Manuel Falcón, “e hicimos unonoesninguno. Y recuerdo que lo que detonó su cierre fue una caricatura de Jis donde un tipo estaba masturbándose, y el semen, los espermatozoides, platicaban con él, le decían que estaban molestos porque no salían los suficientes. El director de la carrera me mandó llamar y me dijo que eso era ‘poner en papel lo que estaba escrito en las paredes de los baños’. Y que por órdenes del rector quedaba prohibido seguir circulando el periodiquito. Pero eso nos dio la posibilidad de plantearnos la salida hacia fuera, hacia Guadalajara. Y nos aventamos”.

Galimatías fue la publicación que vino a continuación y la que finalmente proyectó a Jis, Trino y Falcón como el trinomio que revolucionaría el humor en México. “El logro de Galimatías fue el de establecer un criterio fuerte de ironía con la realidad de ruptura”, explica Falcón. “¿Cómo es posible que en Guadalajara, que todo mundo dice que es una ciudad convencional, salga esto tan poco convencional?”.

Dado que Jis publicaba ya Los manuscritos del Fongus en el periódico unomásuno, fue él quien intercedió por sus amigos en la ciudad de México. “Hizo una cita con Magú y El Fisgón para que nos vieran a Falcón y a mí”, cuenta Trino. “Y Magú nos hizo sufrir: ‘A estas tiras todavía les falta’. Nos quedamos en México tres días haciendo monos hasta que le gustara algo. Eran para másomenos, el suplemento del unomásuno. Allí empezamos a publicar Falcón y yo el mismo día; en el DF empezamos juntos.”

Foto: © Michel Amado

Carlos Monsiváis fue uno más de los que sucumbieron ante su vena humorística. Su interés fue tal que él mismo los buscó. Falcón relata la anécdota: “Nos reuníamos en el departamento que yo tenía. Y una noche nos habla Monsiváis, y no la creíamos. Nos dijo: ‘Los quiero conocer, quiero que vengan a México’. Inmediatamente nos organizamos e hicimos el viaje”. Para Jis, el encuentro con Monsiváis es uno de los episodios más memorables de su carrera: “Él y su grupo nos pusieron atención, e incluso fuimos uno de los temas centrales de una edición del suplemento La Cultura en México que salía en Siempre. Lo dedicaron a Galimatías. Y nos señalaban como una nueva generación”.

La década de los ochenta fue productiva en todo sentido para el trío, al que se asociaba una serie de talentos. De la mano del cineasta Guillermo del Toro hicieron la revista Cáspita. “Él la patrocinó”, puntualiza Trino. “Empezamos a hacer historieta más pacheca. Yo estaba influenciado por Blade Runner”. Julio Haro, el futuro cantante de El Personal, también se les unió, participando en Galimatías y otros proyectos. “Fernando Solana y Sergio González Rodríguez nos invitaron a La Jornada Semanal”, añade Trino. “Allí empezamos a hacer La Croqueta, con Julio. Él entró como diseñador. Era el 83…, 84. Yo hacía El Rey Chiquito, fábulas para niños... torcidas, pues”.

Fueron también años de incursionar en radio, primero en XEJB y después en Radio Universidad de Guadalajara. Allí surgió otra serie de divertidas ocurrencias, como los programas Gárgaras, El Festín de los Marranos, La Pitaya Ye-Ye y, ya en la actualidad, La Chora Interminable. Acerca de su fructífera trayectoria en ese medio —sus miles de descargas de podcasts así lo confirman—, Jis reflexiona: “En un inicio yo trataba de integrarme al modo del sketch cómico en el que se movían Trino, Falcón o el mismo Julio Haro, y me di cuenta de que era muy malo. Y fui llevando la cosa hacia algo más sencillo. Hoy nos estacionamos en este estilo de improvisación que tiene cierto encanto. En los días malos simplemente es la nada, pero tienes que plantarte ante los micrófonos a darte un goce y tratar de ver cómo salir del atolladero divagando”.

D.R. © Ánima Estudios S.A. de C.V. & Peyote Films S.A. de C.V., 2012

Estaba un día El Santos…

Trabajando para La Jornada Semanal, Magú les sugirió crear una tira de personajes. El Santos contra la Tetona Mendoza fue el resultado, y su creación más exitosa y perdurable. “Como Trino sabe mucho de cultura popular, televisiva y cinematográfica, empezó a meterse con el mundo de la lucha libre y las películas de zombis”, explica Jis. “Y a la hora de ver qué luchadores entraban en escena, se vino una etapa de verdadero frenesí de pacheco”.

Lo que quizá muchos de sus seguidores no sepan es que varios de los personajes de la tira están inspirados en sus propios amigos. Trino abunda al respecto: “Yo era fan de las películas de luchadores chafas: el Solitario y el Doctor Wagner. Y propuse en un principio a El Santos, el cabo y el jefe de policía. Y Jis propuso a La Tetona y al Peyote Asesino, que es la parte psicodélica. Luego propuse a Los Zombis de Sahuayo y él a Las Poquianchis del Espacio. Así comenzamos a sugerir y luego, en conjunto, hicimos otros: que La Sirena Lupe es Sarita Valenzuela, que La Perra Fiuscia es Luis Usabiaga, que La Rata Maruca es Marisa, Susi San Ramón era Susana Sanromán. Los Cerdos Gutiérrez ya se nos fueron ocurriendo a los dos. Fuimos dándole a todo el universo Santos una amalgama de personajes ya creados por ambos”.

El impacto de la historieta no se hizo esperar, y muy pronto su humor ácido y original se convirtió en todo un éxito, especialmente en la ciudad de México. Éxito que Jis y Trino ignoraban, pero que descubrieron cuando La Jornada publicó una primera recopilación de la tira. “Por ahí del 91 presentamos el libro en el DF, en La Jornada, y había colas que daban la vuelta a todo Balderas, y nosotros no la creíamos”, relata Trino. “Nos dijeron que lo íbamos a presentar en Bellas Artes y fue un tumulto increíble. Era algo inesperado. El Güiri-Güiri nos presentó y Armando Vega-Gil salió con una máscara de El Santos. Y Jesusa Rodríguez hizo una obra de teatro en El Hábito. Y Monsiváis y Carlos Payán fueron a la presentación. Allí estaban Javier Solórzano y Carmen Aristegui, me acuerdo. Fue una onda muy loca de no saber por qué eso estaba pegando”.

Falcón, quien decidió distanciarse por intereses profesionales —el hecho de que lo suyo está más orientado a lo político—, concluye acerca de los alcances de la tira: “El Santos fue la culminación y el producto mejor logrado de todo ese grupo del ITESO que buscábamos una ruptura con lo acartonado, solemne y tieso del periodismo en Guadalajara. Hay una intención de transgredir, de tocar los temas más escabrosos en materia erótica, sexual y polémica”.

D.R. © Ánima Estudios S.A. de C.V. & Peyote Films S.A. de C.V., 2012

Química y estilo

Si bien Jis y Trino habían colaborado codo a codo en distintos momentos, tanto en publicaciones como en la radio, El Santos contra La Tetona Mendoza fue la creación que transparentó su gran entendimiento y contrastó sus estilos. Para Meche, por ejemplo, la diferencia entre ambos es simple: “Lo retorcido de Jis está en que de chavito le gustaba Crumb, mientras que a Trino, Fontanarrosa. A él, Paul McCartney y a Jis, Pink Floyd. Allí vas viendo la línea”. Falcón apunta: “Trino es el mejor historietista de México de su generación. La narración es la clave de su estilo. Él siempre ha tenido esa habilidad, quiere contar una historia. El caso de Jis es otro, porque a él siempre le gustó no hacer chistes con la caricatura. Entonces allí vienen las emociones fuertes, porque hace dibujos en los que uno se pregunta: ‘¿De qué estás hablando? ¿Cuál es el asunto aquí? ¿Tengo que averiguarlo o qué?’. Es muy desconcertante. Es extraordinaria su capacidad para el dibujo. Es el primer caricaturista surrealista”.

“Yo me defino como humorista”, admite Trino. “Si no hubiera sido monero, me hubiera encantado ser comediante de stand-up, al estilo gringo. No esta onda mexicana de que te paras y cuentas chistes que te contaron, sino hablar de tu vida, tus desgracias, de tu físico, y de eso hacer humor. A mí me gusta hacer doblajes y me defino más como humorista”. El caso de Jis es distinto: “Yo trabajo mucho con la vida cotidiana y con historias autobiográficas, y soy yo y, para su disgusto, mi esposa. Yo digo que son monos de ‘denuncia conyugal’. Mis hijos, mis amigos, ésos son mis personajes. Les pido una disculpa. Más que con personajes, yo trabajo con arquetipos: el señor en la cama, el niño con el perro, el hombre ante el precipicio, la pareja cogiendo”. Queda claro que, si en Trino el cine es una fuerte influencia, en Jis más bien parece serlo la filosofía. “El humor es como una agarradera, como un refugio”, explica. “Es el lugar ideal para el molusco tapatío que soy yo. Lo cual se convirtió en mi tema: la cuestión existencial”.

D.R. © Ánima Estudios S.A. de C.V. & Peyote Films S.A. de C.V., 2012

Pero lo que más llama la atención de su sociedad es la cohesión que tiene, así como el hecho de que su amistad continúe siendo sólida y siga llena de inspiración. “Como dice Magy, somos la pareja más estable que hemos tenido los dos”, explica Trino aludiendo a su esposa. “Y yo digo: es que vivimos en casas separadas y dormimos en camas gemelas. Es un matrimonio bien avenido, en el sentido creativo. Y de admiración mutua. Siento yo que es el drive que cierra esa parte de mi primera experiencia con él, cuando le llevé mis primeros monos, fue como algo inconsciente de decirle: ‘Tú vas a acabar haciendo esto, vas a ver...’”.

“Esa mancuerna ha sido buenísima”, apunta Diana Solórzano. “Son los mejores amigos el uno del otro. Trino, la verdad, mis respetos. Porque tiene una capacidad de venderse maravillosa que, como dice Jis, es envidiable”.

 

Envidia de la mala

¿Cómo fue que este par consiguió exitosamente ganarse el sustento echando desmadre? Las experiencias de ambos en ese sentido guardan sus distancias. Y es éste el tópico en el que ambos disienten y el que los lleva a polemizar.

“Ha sido bien duro para mí que mi colega y gran camarada sea un empresario del mono. Es una admiración y una envidia profunda, a veces de la mala”, asegura Jis, quien, a diferencia de Trino, ha hecho de su profesión una vocación que resulta placentera y frustrante a la vez. “Es un mundo que a mí se me sigue haciendo fantasmagórico, todavía no termino de descifrarlo. En lo personal, por la forma en que me he desenvuelto, me he colocado en una posición en la que siento que sí me va bien, que puedo ser fructífero, pero también es difícil porque es una especie de tierra de nadie, y hay veces en que mis monos tienen dificultad para ser aceptados, por pachecos, crípticos y obscenos”.

Diana Solórzano rememora la frustración familiar cuando Jis anunció que se dedicaría a la caricatura: “Fue una tragedia. Primero, porque no hallaba qué estudiar. Siempre fue aplicadísimo, y él dice que eso lo traumó. Cuando trató de escoger carrera, primero pensó que lo que quería era Filosofía. Se metió a la Universidad de Guadalajara, y nada que ver. Después se metió al ITESO y sólo duró un semestre. Y se dedicó a pintar. Y, la verdad, fue muy exitoso desde muy chico”.

Ha sido diferente el caso de Trino, quien, paulatinamente, fue encontrando las claves para hacer de su pasión una verdadera empresa. “Cuando me fui a vivir al DF, en el 91, empecé a diversificar mis ondas. Creo yo que ha habido pocos casos, no conozco ningún otro, de un monero que publique en dos medios diferentes a la vez. ¡Y por la mala paga logré eso!”, recuerda. “En esta cosa de empresario aprendí mucho con el Güiri-Güiri, él me dio parámetros sobre cómo cobrar. Y también empecé a hacer alianzas con gente que sabe mover tu trabajo y lo valora”.

Con relación a la forma dispar en que ambos entienden su oficio, Trino da algunas luces al respecto: “Lo que no dice Jis es que él también podría ser empresario si quisiera. Muchos proyectos que rechaza, yo los agarro. Por ejemplo, un libro de redes sociales que estaba pintadito para él, que le encanta estar en Facebook. Y dijo: ‘No, no, es que tengo muchas cosas que hacer... Soy artista conceptual’. ¡No mames! El secreto está en tener un buen manager, por lo menos en mi caso, que te haga buscar proyectos que valgan la pena, que ganes lana y le pagues para que todo mundo esté contento. Y, además, saber cobrar bien, pero sin vender tu alma al diablo.”

Luces, cámara… ¡acción!

“La película se vino a dar gracias a que conocí a Lynn Fainchtein, haciendo el arte para Todo el poder”, comenta Trino acerca de la realización del largometraje El Santos contra La Tetona Mendoza. “A Jis yo lo jalo mucho, pero luego dice: ‘Híjole, mano, nos hubiera gustado estar más en la hechura de la película’. Y yo le respondo: “No, pérate..., ¡yo sí estuve! Estuve en los doblajes. Yo sí fui a ver cómo iba la animación, yo daba el visto bueno. Él no fue porque no le gusta salir de su casa. Y para bien o para mal, si la película es un fracaso, es mi fracaso. A lo mejor, si él se quiere desentender porque casi no estuvo allí, está bien. Y si es un éxito, es mi éxito. Y él se va a colgar del éxito. Y no pasa nada. La cosa no es decir: ‘Yo no me involucro’, sino: ‘Cabrón, ¡hay que involucrarnos!’”.

Fiel a su naturaleza, Jis se toma las cosas con calma: “Yo quiero pensar que fuimos como los novelistas que entregan su obra y se hace una adaptación. En ese sentido ha sido fascinante y angustioso, porque de alguna manera ha sido un proceso de desprendernos de nuestros personajes, de que se nos vayan un poco de las manos para ser reinterpretados por un equipo. Un equipo que, afortunadamente, es muy chingón. Pero hay toda una parte de estar reconociendo a El Santos a través de la mirada de otros”.

El proceso para terminar la película fue complicado y registró muchos cambios. Cuatro fueron los guionistas que intentaron crear una historia convincente sin conseguirlo. “Entonces llegó Augusto Mendoza, que había hecho Abel con Diego Luna, por recomendación suya”, cuenta Trino con emoción. “Y es un genio. Nos oyó, le dijimos más o menos por dónde queríamos que fuera la historia: una invasión zombi; La Tetona, muy cabrona. Nos captó el rollo e hizo una historia muy padre”. De igual manera se dieron cambios en la dirección: salió Antonio Urrutia y llegó Alejandro Lozano, responsable de Matando cabos y Los sultanes del sur. “Formamos Peyote Films y tenemos socios: el gobierno y varios más”, agrega Trino. “Es una película cara, costó 29 millones de pesos... para el estándar mexicano, porque Memo del Toro, que hace cine allá, dice que nos costó una bicoca”.

Sin duda, la llegada de El Santos al cine representa un logro más en la fecunda carrera de Jis y Trino, el dúo de moneros más popular del país. Pero ello no significa que ambos hayan conseguido la paz, sino todo lo contrario.

—Éste es nuestro momento, Jis —asegura Trino.

—No, es que nos estamos prostituyendo y estamos en el mainstream —argumenta el otro, desde el habitual pasmo de la existencia en que vive.

—Pues sí es el momento, tenemos 50 años, cabrón —arremete Trino—. No puede ser que nos vayamos a quedar en el underground…m

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