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Ciclismo urbano. Más que recreación y deportes: personas en movimiento

Este artículo presenta a personas que viajan en bicicleta en nuestra ciudad. Conocer a qué se dedican ofrece una perspectiva diferente sobre el ciclismo en Guadalajara y nos descubre, finalmente, la necesidad de defender el derecho a la libre circulación.

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Manubrio de bicicleta
Manubrio de bicicleta

Todos los días Claudia subía y bajaba, con su bici a cuestas, las escaleras de un puente peatonal que cruza el periférico de Guadalajara. “Mira, si las viejas también pueden”, comentó al verla en alguna ocasión un ciclista a otro, mientras los tres se desplazaban por el corredor del puente. Pero un día Claudia ya no pudo cargar su bicicleta, porque a diferencia de lo que sucede en Burdeos, Bogotá, Munster o Vancouver, donde las necesidades de los ciclistas se toman en cuenta, aquí la infraestructura urbana obstaculiza el desarrollo del ciclismo.

Para andar en bici en Guadalajara hay que saber “torear los carros”, circular por arriba de las banquetas y hasta en sentido contrario. “No hay de otra, no dan chance.” Además, hay necesidades que exigen más en el pedaleo, como cuando se lleva un pasajero adulto o niño, un garrafón de agua o seis kilos de mandado. “Es de albañiles” comenta una persona. Y, efectivamente, la industria de la construcción funciona debido a que muchos de sus obreros tienen una bicicleta para llegar a los lugares despoblados donde se construye, y donde todavía no se cuenta con rutas de transporte público.

Las personas que en nuestra ciudad se transportan a diario en bicicleta desarrollan habilidades muy particulares que en ocasiones superan el “repareo” (cuando la bici en una llanta parece caballito en dos patas, repara), y llegan hasta la ejecución de acciones propias de deportes extremos por el riesgo que implican: no cualquiera sube de golpe sobre el muro de contención del periférico, como lo ha hecho Luis, y se queda ahí, inmóvil, trepado en la bicicleta sobre la línea de concreto, que mide 20 centímetros de ancho, esperando que pase el tránsito para descender y llegar al otro lado. “Para montar en bicicleta es preciso no tener miedo, sujetar el manillar con flexibilidad y mirar al frente y no al suelo”, describió alguna vez el escritor Gabriel Zaid, pero la verdad es que cualquier instrucción al respecto sería un ejemplo más de la insuficiencia del conocimiento meramente técnico: no se puede leer un manual para lograr el equilibrio y, mucho menos, cuando llevas un niño a la escuela y al mismo tiempo tienes que esquivar camiones y baches. Por eso, más allá del mecanismo y los tipos de bicicletas, lo importante es que a lo largo de la historia de este objeto ha persistido un elemento en común: los ciclistas, los que saben andar en bicicleta.

Son ciclistas en Guadalajara los que andan en monociclo, haciendo acrobacias circenses mientras los semáforos están en rojo. También los ancianos que en triciclo recolectan cartones, vidrio, metales y demás objetos que encuentran entre la basura. Qué paradójico resulta que la labor de estos viejos sea parte del engranaje de la sustentabilidad ambiental, cuando no existe una plataforma que garantice su sustentabilidad social. Qué decir de los que necesitan una silla de ruedas o cualquier tabla con llantas para moverse.  

 

LA LIBERTAD DE CIRCULAR
En la Zona Metropolitana de Guadalajara no hay sistemas normativos que demuestren la responsabilidad de los gobiernos sobre el cuidado de los ciclistas. Eliminar la vulnerabilidad de estas personas es un tema pendiente, cuando hay evidencias de que el tamaño de las calles los expulsa y las pendientes de una escalera son decisivas para que ellos no circulen por ahí. O cuando las plazas, las escuelas, los mercados, centros comerciales y lugares de esparcimiento no cuentan con bici-estacionamientos. Esta falta de sensibilidad en el diseño de edificios, puentes, avenidas y calles, impide que los ciclistas ejerzan su libertad de tránsito.

Los gobiernos de Curitiba, Bogotá y Tenerife han tenido experiencias positivas en las que se demuestra que para lograr cambios en la ciudad es necesario contar con la más alta tecnología: voluntad política. Acondicionar la ciudad para que los ciclistas puedan transitar sin riesgo es una cuestión que no requiere grandes inversiones: requiere formas de pensar incluyentes, que se materialicen en reglamentos y equipamientos urbanos que favorezcan un sistema de transporte multimodal, es decir, que concilie diferentes tipos de transporte.

“Aprendí ya grande”, platica Carolina, de 28 años, “a los 16”, y completa mientras detiene a su hijo sentado arriba de la bici: “se me iba el dinero en camiones”. Hombres y mujeres coinciden en que “no gastas… no tienes que esperar a ver si te dan la parada”. Todos se quejan: “los carros se te avientan”.

El grado de aceptación de la Vía RecreActiva de Guadalajara es una muestra de la disposición de la población hacia el ciclismo, igual que expresa la necesidad de la gente de salir a la calle y la carencia de espacios adecuados para usar los patines, la patineta o simplemente para caminar. A pesar de eso, los flujos domingueros de la Vía RecreActiva contrastan con las condiciones en que los ciclistas urbanos transitan diariamente. Los paseantes llevan preferencia: se cierra el paso a los autos, hay personal de vialidad en los cruces, paramédicos circulando a lo largo del recorrido, las actividades cuentan con el respaldo de un reglamento de ordenamiento territorial. No sobra decir que ninguno de estos elementos acompaña la vida diaria de un ciclista.

El proyecto de usar más la bicicleta no excluye el uso de los carros, sólo estipula la inclusión de la bicicleta en todos los espacios de la ciudad, por medio de la ubicación de señalamientos y semaforización, el mantenimiento de las rampas de los puentes, la multiplicación y la creación de ciclopistas, la eliminación de escalinatas, la construcción de rampas, la instalación de ciclopuertos y bici-estacionamientos (no de paga, por supuesto).

Del mismo modo que en el ámbito de los gobiernos municipales se ha tenido que gestionar y promover la Vía RecreActiva para extender su alcance, la promoción del ciclismo urbano requiere esfuerzos intermunicipales y ciudadanos para establecer las normativas de uso del suelo con reglamentos que garanticen la seguridad de los ciclistas.


 

BICI, POBREZA Y SUSTENTABILIDAD
En el ámbito académico se considera que las políticas públicas son básicas para concretar los proyectos de movilidad y garantizar su funcionamiento en el largo plazo. Por eso, los estudios interdisciplinarios suponen una visión más completa de las implicaciones y consecuencias sociales del uso de la bicicleta dentro de la organización de la movilidad. Este planteamiento es muy significativo para entender por qué el uso de la bicicleta se asocia en este momento con rasgos de durabilidad, y su empleo en el mundo entero es avalado por su potencial estratégico ante el deterioro del medio ambiente y las problemáticas urbanas: propone disminuir la contaminación y el consumo energético, reducir enfermedades, mejorar la salud y materializar cambios de hábitos en las formas de vida.

En la ciudad de México las demandas de los ciclistas comienzan a perfilarse dentro de iniciativas de gobierno. Los ciclistas han logrado que se incluya el ciclismo dentro de los planes de movilidad y se discuta sobre la creación de ciclopistas. “Desnudos ante el tráfico, justicia en las calles”, ha sido la consigna proclamada en el DF en la primera y la segunda Marcha Rodada Mundial Ciclista (2006 y 2007). Estos ciclistas se manifiestan desnudos por su derecho a transitar por las ciudades.

La perspectiva que ofrecen los hechos rebasa lo establecido y lo adverso. Los mexicanos lo mismo van en bici en una procesión religiosa, que cruzan la frontera norte –legal e ilegalmente– rumbo a Estados Unidos y, en algunos lugares del país, del estado y la ciudad, este vehículo es el único medio de transporte, si no el más eficiente. Hoy, los tipos de ciclismo articulan distintas temporalidades, en las que las funciones y los usos de la bicicleta superan el plazo de caducidad que las leyes del consumo otorgan a los objetos antes de considerarlos pasados de moda. Lamentablemente parte de estos usos y funciones también es consecuencia de la pobreza y del caos vial; ante estas realidades, las únicas soluciones viables para transitar se instalan en el pedaleo. Andar en bici es una alternativa.

Las personas se transportan en bici para realizar labores muy diversas. Hay ciclistas que trabajan como obreros de la industria cervecera y electrónica, otros tantos en la elaboración de alimentos y en la construcción. También se van a trabajar en “birula”, profesores, cerrajeros, sirvientas, carpinteros, fontaneros, plomeros, empleados de comercios, pintores, burócratas, electricistas.

La actividad empresarial en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) también está vinculada con personas que utilizan la bicicleta como equipo de trabajo. Los cobradores, repartidores y algunos vendedores realizan sus labores en bicicleta e incluso en ella transportan su mercancía. La microempresa establece una relación indisoluble con el uso de la bicicleta, cuando la labor depende de este vehículo y resulta prácticamente imposible pensar lo uno sin lo otro. Es decir, andar en bici es parte de la empresa y el trabajo es posible sólo si se cuenta con la bici. En estos casos los ciclistas comercializan su propia mano de obra y su cuerpo sirve para producir, a la vez que con el pedaleo comercializan sus productos o prestan algún tipo de servicio, como los panaderos, jardineros, cartoneros y algunos vendedores de alimentos y bebidas. 

Los productores de nieve, tejuino, dulces, flores, tamales, elotes, camote y calabaza, escobas y trapeadores, fruta picada, son parte importante de la economía y de la imagen que caracteriza a nuestra ciudad. Por si fuera poco, las mismas dependencias de gobierno han integrado el uso de la bicicleta como parte de su quehacer, así aparecen en las calles y en la nómina los escuadrones de ciclopolicías (llamados “policletos”), las cuadrillas de cicloagentes viales y los paramédicos en bici: no hay lugar para patrullas ni ambulancias.

Conocer cómo se transporta la población y quiénes son los que no manejan un auto, nos ayuda a comprender un poco más que las distancias, los tiempos y las formas en que podemos transportarnos tienen implicaciones y consecuencias directas sobre el cumplimiento de obligaciones ciudadanas, que comienzan en actividades de la vida diaria tan imprescindibles como llevar a los niños a la escuela. Por eso no se puede desligar el transporte de las necesidades de las personas. Reconocer los usos de la bicicleta es esencial para evaluar la importancia de sus fines. Los objetivos pueden ser indicadores para la manutención, la supervivencia y el cuidado de personas y comunidades. En la ZMG los ciclistas urbanos usan la bicicleta para mantener su sustento, por tanto, estos usos son prioritarios. Más cuando son únicos, aunque lamentablemente no por especiales, sino por que en ocasiones representan “la única” opción.

HABLEMOS DE DESARROLLO SOCIAL
La inclusión de la bicicleta dentro de la organización de la movilidad es una manera de promover la diversificación porque no todos vamos a los mismos lugares. También contribuye a repensar la ciudad a partir de los que no pueden subir una escalera o cruzar una calle. Porque es relevante saber que no todos nos transportamos en barco, avión o helicóptero ni todos llegamos a nuestros destinos en tren ligero, y menos todos viajamos en trasbordador espacial ni todos caminamos para ir al trabajo o a la escuela.

El desarrollo social está ligado al transporte, pero no sólo por el índice de autos vendidos en un país, como miden algunos organismos internacionales el desarrollo, sino por las condiciones en que los peatones, las mujeres, los niños, los ancianos, los ciclistas y no ciclistas transitamos en las ciudades. Por las formas en que la infraestructura vial repercute en nuestras posibilidades de llegar a los centros de abastecimiento de recursos, que nos sirven para alimentarnos, para educarnos, divertirnos y estar bien. Las autoridades deben conocer qué funciones cumplen y qué representan los vehículos para las personas que habitan nuestra ciudad, porque los trayectos cotidianos son momentos de vida, y por tanto las condiciones de tránsito pueden elevar la calidad de vida de los ciudadanos.

A partir de este contexto me parece imprescindible recordar que los tipos de ciclismo que se practican en nuestra ciudad son la expresión de seres humanos que, a contracorriente, transitan motivados por ciertos valores, necesidades y preferencias, pero también movidos por deseos de cambio, anhelos sobre el futuro y sueños sobre una mejor ciudad. Por eso las propuestas en pro del ciclismo son aún más valiosas, porque son esfuerzos de cambio que provienen de los propios ciudadanos que se ponen manos al manubrio para generar alternativas m. 

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