Volver al inicio

Camila Vallejo, icono de la juventud indignada

Esta joven de 23 años se ha convertido en la imagen del movimiento estudiantil de Chile, que demanda reformas estructurales que terminen con la privatización de su sistema educativo. Comunista, joven, bella, polémica, Camila Vallejo es uno de los símbolos de una nueva generación de jóvenes chilenos que nacieron cuando la dictadura de Augusto Pinochet llegaba al ocaso.

Enviar por e-mailEnviar por e-mail
Antetitulos: 

 

Camila Vallejo nació el mismo año que el pueblo chileno dijo “No” a la prolongación de Augusto Pinochet en el poder. Veintitrés años después, esta estudiante de geografía de la Universidad de Chile se convirtió en la imagen del movimiento estudiantil que puso en jaque al gobierno de centroderecha encabezado por Sebastián Piñera y al modelo de gestión privada de la educación que durante dos décadas tuvo a Chile como ejemplo favorito en América Latina.

Mujer, comunista, joven, dueña de una gran belleza y una destacada claridad para expresar sus ideas, Camila es un explosivo coctel para los medios de comunicación en el mundo.

El New York Times la definió como “la revolucionaria más glamurosa del mundo” tras considerarla como una belleza de Botticelli; fue elegida “personaje del año” por los lectores del diario británico The Guardian; Le Monde la llamó “la indignada” y Página 12, “el rostro de la Primavera Chilena”.

La lista de espera para conseguir una entrevista con ella es de hasta dos meses; un jubilado de la ciudad de Valparaíso se tatuó su rostro en el brazo; un cantante alemán le compuso una canción. Se le ha comparado iconográficamente con el Subcomandante Marcos y con el Ché Guevara, con Dolores Ibárruri, La Pasionaria —histórica dirigente del Partido Comunista de España que destacó durante la Segunda República y la Guerra Civil— y con Gladys Marín, líder del Partido Comunista chileno durante la dictadura y quien, tras la caída de Pinochet, tuvo un fuerte rechazo a la Concertación (la coalición de partidos de izquierda, centroizquierda y centro que gobernó Chile entre 1990 y 2010).

En los sondeos de preferencias políticas, la “dirigenta” —como la llaman los estudiantes—ha rebasado al presidente chileno Sebastián Piñera, a la ex presidenta Michelle Bachelet y a la cantautora de música popular Violeta Parra.

AFP

Pero no todos la quieren. El alcalde de Providencia, Cristián Labbé, consideró que tiene una cara “media endemoniada” y el diputado de la UDI (Unión Demócrata Independiente, el partido de la derecha chilena), Felipe Ward, la llamó “Miss Comunismo” y dijo que “sólo da para un concurso de belleza”. Una funcionaria del Ministerio de Cultura fue cesada después de escribir en su cuenta de Twitter: “Se mata la perra, se acaba la leva”, una frase coloquial que fue usada por Pinochet en el Golpe de Estado de 1973.

En agosto de 2011, cuando el movimiento estaba en su cumbre más alta, recibió amenazas en las redes sociales. En Facebook se creó un “evento” para apedrear su casa, y en Twitter, un joven difundió la dirección de su casa y números telefónicos, precedidos por tres tuits: “Mejor cámbiate de casa o si no sufrirás extraño accidente”, “sufriras 1 extrño accidnte x ser 1 lameculo de la intrnacinal comunsta” y “vamos a matarte por perra”.

En contraste con los vituperios que recibe, Camila es una joven de voz dulce y sonrisa espontánea, que inevitablemente suavizan la dureza de sus posiciones —siempre críticas— y el humor ácido que le caracteriza.

Tiene como ejemplo a Evo Morales, presidente de Bolivia, a quien considera humilde y honesto. También admira a Mireya Baltra, periodista, socióloga y política que fue ministra del Trabajo durante el gobierno de la Unidad Popular que encabezó Salvador Allende y que durante la dictadura fue encarcelada y obligada a exiliarse en Holanda y Cuba. “Es una persona que a través de los años ha conservado gran juventud, capacidad crítica, voluntad, fuerza, energía, convicción, y no se ha perdido”, dice Camila sobre Baltra, una mujer de 80 años.

AFP

En abril de 2012 conoció a Fidel Castro y rápidamente lo agregó a su lista de personajes dignos de imitar. El más polémico. El líder de la revolución cubana recibió a un grupo de dirigentes juveniles chilenos que participaron en las celebraciones de 50 años de las juventudes comunistas en La Habana. El encuentro duró más de tres horas y el viejo político enamoró a los jóvenes pupilos.

“Es para mí y para todos los comunistas de Chile, uno de los liderazgos más importantes del mundo, un gran visionario”, dijo Camila a la prensa cubana. “Lo que diga, lo que reflexiona, lo que nos señala es una carta de ruta”. Aunque después precisó: “ni Cuba es una sociedad perfecta ni Chile tiene por qué seguir su camino. Los chilenos debemos desarrollar un camino propio para superar la desigualdad”.

Fidel, retirado del poder desde 2006, extendió los brazos al movimiento estudiantil chileno. “Han sido un ejemplo de lucha y han logrado rescatar el valor y la confianza hacia el ser humano”, mandó decir.

El tema dio de qué hablar en Chile. Las críticas a la joven dirigente llegaron de los enemigos tradicionales, pero también de los amigos, como el ex presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica y con quien lideró el movimiento estudiantil, Giorgio Jackson, quien escribió en Twitter que en dictaduras no hay dobles lecturas.

Laura Palma, vicepresidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de La Serena, lo ve más simple: “Las declaraciones de Camila Vallejo acerca de Fidel Castro y la ‘hoja de ruta’ hay que entenderlas desde la perspectiva de cómo ella ha formado sus principios y valores políticos”.

Comunista de cepa

Camila Vallejo despacha en un pequeño cubículo de la Federación de Estudiantes, custodiada por un póster de Carlos Marx que cuelga de la pared de fondo. Vive en La Florida, “símbolo nacional de una nueva clase emergente aspiracional asociada al consumo masivo y cuyos hijos se convertirían en la primera generación en ingresar a la universidad”, escribe el periodista Carlos Vergara, autor de un perfil sobre la joven publicado en La Nación.

El abuelo paterno de Camila fue un abogado que trabajó toda la vida en el sector público, que ejercía su profesión con personas de bajos recursos. Fue socialista y Allende lo nombró secretario general de la Empresa Portuaria de Valparaíso. Tuvo dos matrimonios y cinco hijos. Su segunda esposa, abuela de Camila, era secretaria de Allende en Cerro Castillo, el hogar presidencial.

Reinaldo Vallejo Navarro, su padre, es dramaturgo y tiene un pequeño negocio de instalación de calefacciones y aire acondicionado. Aunque, en realidad, siempre quiso ser marino y uno de sus grandes placeres es hacerse a la mar. Tenía 20 años cuando fue el Golpe de Estado y ya militaba en la Jota. Lo detuvieron varias veces, una porque lo denunció un amigo del barrio, a quien antes él había protegido. Pero nunca fue al exilio.

Reinaldo conoció a Marcela Dowling Leal, la madre de Camila, en 1984, en El Riel, una compañía de teatro de guerrilla que montaba obras en sindicatos y plazas. Ella estudiaba cartografía y su papá estaba desempleado, por lo que una amiga la llevó a trabajar al teatro. Vivieron juntos nueve años y luego se casaron por lo civil.

EFE

En abril de 1988, cuando trece organizaciones opositoras a la dictadura formaban la concertación que llamó a votar por el No en el plebiscito que se celebraría en octubre de ese año, en Macul —una pequeña zona urbana al centro oriente de Santiago—, nació su segunda hija. La niña fue llamada Camila Antonia Amaranta. El primer nombre, en honor del revolucionario cubano Camilo Cienfuegos; el segundo lo comparte con su hermana mayor, Javiera, también militante de la Jota, como se conoce popularmente a las Juventudes Comunistas de Chile. Joaquín, de 13 años, es el hermano más pequeño. Y del anterior matrimonio de su padre, Camila tiene una hermana mayor: Alejandra.

“Yo no siento que haya existido un traspaso de militancia de mi parte, pero sí de compromiso”, contó hace poco Reinaldo Vallejo al diario La Tercera. “A mis hijas las llevábamos a las marchas del No. Debíamos cargarlas. La primera marcha de la Camila fue en brazos del papá”.

“Siempre andábamos con nuestras hijas, no teníamos nana y nuestra familia tenía compromisos”, relata Reinaldo Vallejo. “Mi mamá fue exiliada económica y estaba en Buenos Aires. Mi papá con su nueva mujer no podían. Mi suegra a veces se quedaba. Las niñas siempre estaban con nosotros, compartían como grandes”.

El patriarca de la familia es el único que ha accedido a dar una versión sobre sus vidas. Y eso, porque después de las amenazas que recibió Camila, sus padres consideraron que era necesario que la gente tuviera una visión más amplia del mundo al que pertenece su famosa hija.

“Mis clientes saben que soy el papá de la Camila Vallejo”, explicó el padre. “La mayoría me dice que la admira, porque también tiene hijos que van a la universidad y pagan una fortuna. Los otros no me dicen nada, y al que me diga algo lo paro en seco”. Reinaldo Vallejo se asume como un cuadro de bajo perfil en el partido. “Cuando veo lo que declara la Camila, lo que escribe, la claridad que tiene, a mí me impresiona, es algo que yo no tengo, que no salió de mí”.

AFP

Camila y Javiera estudiaron en el colegio Raimapu, porque era accesible y tenía afinidad ideológica con sus padres. Por falta de recursos tuvieron que dejarlo durante dos años, hasta que consiguieron una subvención compartida. Después, entraron a la Universidad de Chile, donde podrían obtener un crédito para estudiar. “Ahora están más endeudadas, las pobres”, comenta Reinaldo.

En 2007, la joven se afilió a las filas comunistas. Desde 2008 fue consejera de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECh) —decimonónico enclave de la izquierda en el estudiantado chileno—, y en noviembre de 2010 se convirtió en la segunda mujer en la historia —antes de ella había sido Marisol Prado—, en presidir la organización estudiantil.

Apenas entró, desplegó la bandera feminista. “De la mujer se sospecha cuando es joven porque desestabiliza a la manada y se le rechaza cuando los años pasan porque ha perdido competitividad. Es excomulgada por fea y también cuando es bella. En el primer caso se dice que es repulsiva, en el segundo, provocadora. Cuando no es lo uno ni lo otro, la tildan de mediocre”, dijo en su primera entrevista, donde también delineó su aguerrido discurso. “La política es parte de mi vida. Todo es política. Donde vea injusticia, yo estaré para dar mi opinión”.

Camila Vallejo puso un alto a sus estudios de Geografía para dedicarse las 24 horas del día a sus nuevas funciones. También dejó trunca su tesis sobre “La construcción social de territorios vulnerables”.

Esta “comunista de cepa”, como la describió el diario El País, no sabía entonces que en 2011 se convertiría en el icono de la juventud indignada.

El movimiento que creció y creció

La causa de Camila Vallejo, que hoy tiene 24 años, es la educación en su país. Su demanda principal: que el gobierno asuma los costos de la matrícula universitaria y le quite a los jóvenes chilenos el peso de la deuda bancaria que tienen que cargar si quieren estudiar.

Desde 1981, la educación superior dejó de ser obligatoria para el Estado chileno. La gratuidad educativa sólo está garantizada en el nivel básico. Veinticinco por ciento es financiado por el Estado y el restante 75 por ciento lo deben costear los estudiantes. Quienes quieren ir a la Universidad deben pedir créditos —estatales o bancarios— y en las universidades públicas pagan aranceles.

Al principio, esta política sirvió para que la mayoría de los jóvenes tuviera acceso a la educación y que el modelo educativo chileno fuera mostrado al resto de América Latina como ejemplo por seguir. Pero después de tres décadas se hizo evidente que era un espejismo, pues los profesionales no pueden pagar su deuda educativa. Según la Asamblea de Estudiantes Chilenos Exiliados por la Educación, entre 4 mil 500 y 5 mil chilenos estudian en universidades de Argentina porque les sale más barato que pagarse una carrera en Chile.

“El lado público deja de ser público porque empieza a cobrar y no logra crecer, y se abre un sistema privado que crece explosivamente, con instituciones que por ley pueden lucrar”, explica la dirigente estudiantil.

EFE

El periodista Carlos Vergara, corresponsal del diario argentino La Nación en Chile, lo explica de otro modo: “En Chile hay tres tipos de instituciones educativas superiores creadas durante la dictadura de Augusto Pinochet: centros de formación técnica, institutos profesionales y universidades. Estas últimas se dividen en tradicionales —con aportes estatales— y privadas. La postulación a las mismas está sujeta a créditos muy poco regulados y de condiciones muy disímiles, que terminan con los estudiantes pagando su deuda a sobrecostos a lo largo de toda su vida laboral. Todo para recibir a cambio una educación que, además, es de baja calidad”.

El choque de trenes era previsible. El primer ensayo había sido la Revolución Pingüina de 2006 —la llamaban así por los uniformes de los manifestantes—, que enfrentó a los estudiantes y maestros de secundaria con la entonces presidenta Michelle Bachelet.

En mayo de 2011, la primera marcha de la confederación de estudiantes sumó más de 50 mil personas y terminó con un saldo de 138 detenidos. El ministro de Educación y ex candidato presidencial, Joaquín Lavín, ofreció dialogar.

“No nos vamos a sentar a ninguna mesa de trabajo sin una señal clara con respecto a recuperar la educación pública, regular el sistema privado y poner fin al lucro”, respondió Camila Vallejo. A final del mes, los estudiantes anunciaron el paro y Lavín los acusó de poner sobre la mesa temas alejados de su competencia, como la nacionalización del cobre. El conflicto comenzaba a crecer. Algunos rectores de universidades públicas se sumaron a las protestas y los estudiantes tomaron colegios; la sala central de la Universidad de Chile se convirtió en dormitorio y cocina.

Camila Vallejo fue invitada a Fruto Prohibido, el programa político estelar de la televisión chilena, que registró la segunda mayor audiencia del año. Su agenda empezó a llenarse de solicitudes de entrevistas.

A mediados de junio, en una jornada de enfrentamientos con carabineros, 80 mil estudiantes marcharon frente al palacio de La Moneda: la mayor protesta en la capital chilena desde la dictadura. El movimiento estudiantil volvió a subir su apuesta y a finales de junio una nueva marcha, de casi 100 mil personas, obligó a Piñera a anunciar una inversión de 4 mil millones de dólares en educación y una nueva propuesta: GANE (Gran Acuerdo Nacional por la Educación).

El ministro Lavín fue exhibido por los estudiantes por tener un conflicto de interés, pues era fundador y propietario de la Universidad del Desarrollo, una institución privada cuyas ganancias se redistribuyen gracias a un vacío en la ley que permite su explotación a través de sociedades inmobiliarias. Tuvo que irse. En su lugar llegó Enrique Bulnes, quien también fracasaría en su intento de diálogo.

El movimiento estaba en la cúspide. “Y va a caer y va a caer… la educación de Pinochet”, gritaban los estudiantes en julio de 2011. Pero no cayó. Los meses siguientes estuvieron marcados por el recrudecimiento de la represión —un joven de 16 años murió en las protestas de agosto— y las amenazas directas a Vallejo. “La represión ha sido muy brutal y no es que queramos llegar a esto, hay que tratar de evitarlo, pero no podemos bajar los brazos. Justo por estos muertos, no podemos hacerlo”, dijo Camila a la televisión peruana.

Después de medio año de movilizaciones, el movimiento estaba desgastado. Fue entonces cuando pasó algo que nadie esperaba. La Federación de Estudiantes debía tener elecciones en diciembre. Camila Vallejo se postuló para repetir en la presidencia, pero perdió frente a Gabriel Boric, también de izquierda, pero con una posición más orientada a la socialdemocracia.

EFE

¿Por qué perdió? Nadie lo tiene claro. Algunos estudiantes de la Universidad de Chile comentaron a CNN que necesitaban un representante “más ocupado en los intereses escolares que en los problemas ajenos a la educación”. Otros creen que se debió a que el conflicto se había estancado y que influyeron las acusaciones de que la joven estaba manipulada por su partido.

“El partido es una herramienta, no un fin en sí mismo, y como movimiento social tenemos que aprender a trabajar con esas herramientas. Los comunistas somos un aporte; no estamos por encima del movimiento”, dijo ella, que finalmente quedó como vicepresidenta por tener la segunda votación.

Para mayo de 2012, el movimiento estudiantil no tiene un futuro claro. Necesita replantearse la ruta próxima. Pero la vocera de los estudiantes está convencida de que este movimiento “es el puntapié inicial de un proceso social por el cual seguiremos trabajando. Queremos conseguir reformas estructurales en el sistema educativo, pero también la construcción de un país con mayores derechos y garantías por parte del Estado”. Según su visión, “un enorme porcentaje de quienes en su momento apoyaron a Piñera hoy se dan cuenta de que éste no es un ataque directo a su posición sino a un modelo de educación que concibe la educación como un bien de mercado y no como un derecho, y a un sistema democrático que no da el ancho”.

 

Soy sólo una joven

—¿Te ves en un futuro como presidenta de Chile?

La pregunta de la reportera peruana provoca una risa ahogada a Camila Vallejo. “¡No, por favor, no!... Es algo que está muy alejado de mi expectativa de vida”, responde finalmente, consciente de que para muchos no es una broma. En Facebook hay una página de “Camila presidenta”, y su futuro político ya es tema de especulación en Chile. Ella no descarta esa opción. “Tengo una proyección personal de carácter académico, me gustaría terminar mi carrera y continuar esa senda. Sin embargo, concibo los cargos de representación como una responsabilidad, y en ningún caso un privilegio, por lo que a priori no puedo decir que no continuaré teniendo cargos de representación popular”, dijo en enero pasado, en una entrevista al diario español El País.

La entrevista provocó urticaria en la clase política de su país, porque no se deslindó de las luchas armadas. “El pueblo tiene derecho a combatir en masa la violencia estructural que existe en la sociedad. Y nosotros nunca hemos descartado la posibilidad de la vía armada, siempre y cuando estén las condiciones. Sin embargo, en este momento, ese camino está totalmente descartado, porque la tensión que hoy día existe es neoliberalismo versus democracia”, dijo.

Así es ella. Dice lo que piensa sin miedo ni consideraciones. Se sabe dueña de una verdad que es la suya y de miles de jóvenes que están buscando una razón para apropiarse del mundo. Quizá por eso parece que no hay pregunta que la ponga fuera de lugar, ni cuando le cuestionan el efecto de su belleza en el movimiento. “Puede ser un gancho al principio, pero al final lo que vale son las ideas. Una cara bonita no saca a miles a la calle”.

Camila Vallejo, con sus enormes ojos verdes en un rostro aniñado de largos cabellos, es la heroína de una generación que combina la indignación y la política de masas con música de rock, películas de Hollywood y juegos de video. Antes de cumplir 14 años había leído al anarquista Mijaíl Bakunin; es admiradora de Gustav Klimt y Roberto Matta; ama bailar, le gusta el arte y todo tipo de música: pop, rock clásico, bossa nova, hip hop, cumbia, trova e indie. En su iPod hay música de Radiohead y su película favorita es El Club de la Pelea, con Brad Pitt y Edward Norton.

Quizá no lo sepa, pero hasta un personaje de videojuego está inspirado en ella: se llama Lucrina, lucha contra el poder destructor del lucro y fue creada por un joven chileno que se dedica al diseño de aplicaciones para App Store. Felipe Hermosa, su creador, ha dicho que quería que apareciera como Camila Vallejo: “Se ve como una figura del pueblo, que defiende intereses comunes y tiene la fuerza para reclamar por una necesidad social, porque en Chile hay consenso de que la educación debe mejorar, pero quizá no había habido una persona dispuesta a pelear y manifestarse con tanta fuerza [...] Quería un personaje simpático, tierno, que se viera bonito, como la dirigenta”.

La vida real es un poco más infame. A Camila Vallejo la han acusado de recibir dinero, de cobrar las entrevistas con la prensa. Y hasta de “desprestigiar a Chile” frente a naciones y organismos internacionales, a propósito del viaje a Suiza y Francia que realizó en octubre para exponer las situación del modelo educativo chileno frente a autoridades de la UNESCO.

El 29 de abril, el poderoso diario Wall Street Journal publicó un editorial en el que aclara que “los comunistas no están tomando Chile”, pero parecen haber copado el plano mediático. “Desde el año pasado, este bebé de pañal rojo, cuyos padres eran partidarios de Salvador Allende, ha liderado multitudes de manifestantes que exigen una educación universitaria gratuita, la nacionalización de la industria cuprífera y el fin del modelo económico liberal”, se lee en la columna. La líder respondió al diario a través de su cuenta de Twitter: “Cómo les duele cuando Chile toma conciencia, esto es señal de que avanzamos”.

Camila Vallejo guarda su vida privada con “disciplina de hierro”, dice el reportaje sobre ella del New York Times. La única fotografía personal que se le conoce es una en la que ella sale en un día de playa en bikini, y rara vez habla de su novio, de origen cubano. Sin embargo, frente a la periodista de la televisión peruana acepta que su pareja le reclama el tiempo que le dedica al activismo. También aceptó, en la entrevista de El País, sentirse cansada: “Estoy cansada física y mentalmente. Siento una carga muy grande. La gente quiere que tenga respuesta para todo y tienen la expectativa de que voy a cambiar a Chile, yo sola. En la calle me gritan: ‘¡Los apoyamos, no nos abandonen!’. Pero la responsabilidad, chucha, es de todos. Yo soy sólo una joven de 23 años...”. m

Otras luchas

En el vertiginoso 2011, Camila Vallejo sumó nuevas causas a su ideología y participó en una masiva marcha en protesta por la construcción de una gigantesca hidroeléctrica en el sur de Chile. El 8 de enero publicó un libro que recopila sus columnas de opinión y los artículos más relevantes que ha publicado, además de otros inéditos. Se llama Podemos cambiar el mundo.

 

Camila Vallejo en la red

Twitter: Camila Vallejo

Su blog: camilavallejodowling.blogspot.mx/

  • Más reciente
  • Más popular
Jane Goodall es pionera de la investigación de la vida de los chimpancés. Foto: Nick Nichols
Una niña puede querer ser todo y hacer de todo. Jane Goodall quiso...
Jueves, Marzo 1, 2018 - 00:30
El centro busca concentrar proyectos que se traduzcan en cambios sociales. Foto: C. Gallo
No basta con el desarrollo tecnológico, también es necesaria la...
Jueves, Marzo 1, 2018 - 00:30
YouTube Red es el servicio sin anuncios de la plataforma de videos.
Las redes sociales responden principalmente a la necesidad de...
Jueves, Marzo 1, 2018 - 00:30
De izq. a der: Rafael Valle, Héctor Pérez y Luis Karg. Foto: Luis Ponciano
Según Rafael Valle, las pequeñas o medianas empresas pueden invertir...
Jueves, Marzo 1, 2018 - 00:30

sígueme
  • RSS
  • Twitter
  • Facebook
  • Linkedin
  • Flickr
 

issuu.com

Publicidad

Web Diana Martin