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Abriendo Camino

Si hay una disciplina que nos acerca a otras tierras, que nos permite transitar los caminos más inhóspitos y nos ayuda a unir regiones y comunidades, es la Ingeniería civil. Óscar Alcaraz Lafarga, ingeniero civil egresado del ITESO, conoce bien el esfuerzo que representa convertir un accidentado camino de varias horas en un fluido trayecto de unos minutos. Su especialidad es levantar puentes.

 

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Oscar Alcaraz Lafarga
Oscar Alcaraz Lafarga

Si el Puente Tampico fuera una persona, podríamos decir que es apenas un joven de 18 años, que mide mil 543 metros de largo, 55 de altura y 18 de ancho. Que tiene cuatro venas que funcionan como carriles en los que corren vehículos en vez de sangre. También podríamos pensar que, al igual que un ser humano, tiene unos padres que le dieron la vida.

Pero el Puente Tampico es eso, un puente. No está hecho de piel y órganos, sino de concreto y varillas. Y su creación no tiene que ver con la naturaleza sino con cálculos numéricos y el trabajo de cientos de personas.

Óscar Alcaraz Lafraga fue uno de los ingenieros responsables de la edificación de esta obra. Desde hace 20 años trabaja para la empresa Freyssinet de México, dedicada principalmente a la construcción y reparación de puentes.
La determinación de un niño que afirmó que sería ingeniero civil, como su hermano, hizo posible que, en 1987, este egresado de Ingeniería Civil del ITESO estuviera al mando del levantamiento de una de las dos pilas principales de este puente atirantado que une las ciudades de Tampico y Veracruz y que sigue siendo el más grande de todo el país.

Su gusto por las matemáticas y las materias relacionadas con los números lo llevó a inscribirse a la carrera de Ingeniería Civil en 1985. Un mes antes de terminar sus estudios, el actual director de Freyssinet de México, Enrique Sanromán, que en aquel entonces era su maestro, lo invitó a trabajar con él como calculista en una empresa llamada Euro Estudios, en la ciudad de México. Sin embargo, dos años después, cansado de vivir en la capital, renunció para volver a Colima, su ciudad natal. No habían transcurrido tres meses cuando Sanromán lo incorporó a la empresa donde labora hasta la fecha, donde, si bien, alrededor de 80 por ciento del trabajo es construir puentes, también colabora en la edificación y reparación de otro tipo de obras, como presas, autopistas y plazas comerciales.

Reducir un trayecto de siete horas en auto, por un camino que baja y sube por brechas, ladera y ríos, a uno de quince minutos por una carretera de asfalto, es una de las mayores satisfacciones de este ingeniero civil, que está consciente de que no es fácil que la gente aprecie el trabajo que esto implica. “La mayoría de las veces las personas no aprecian las obras porque van a alta velocidad. Pero cuando te paras puedes disfrutar estas bonitas obras. Eso es lo que más me gusta de mi trabajo”, dice el ingeniero.

CUANDO LA TIERRA TIEMBLA

Otra de las cosas que disfruta es la reparación de daños en obras de emergencia. En noviembre de 1997, Óscar y su equipo superaron un reto importante: restaurar un puente en 45 días. Las secuelas de un sismo en Manzanillo hicieron que la estructura se desplomara por completo: “Mucha gente creía que no se podía hacer, y tuvimos que trabajar día y noche. Además se cruzaron Navidad y Año Nuevo, pero las ganas de ver la obra terminada para que la gente pudiera transitar nos hizo acabar en el plazo acordado”, comenta el ingeniero.

Freyssinet llegó de Francia a México en el decenio de los cincuenta y, aunque en aquel momento la empresa no se estableció de manera permanente, dejó varios equipos de postensión. Esto propició el crecimiento paulatino. Actualmente hay cuatro oficinas en la república, de las cuales la central está en la ciudad de México y las otras tres en Guadalajara, Monterrey y Villahermosa. Esta constructora brinda dos servicios fundamentalmente: venta de preesfuerzo o postensado, y el proyecto y diseño estructural para apoyar dicha actividad.

JUGANDO A LOS CUBOS
El ingeniero de 43 años explica que el postensado o preesfuerzo consiste en comprimir. Para construir un puente se utilizan tantas trabes o vigas de concreto como longitud se quiera abarcar. Con ayuda de un gato hidráulico se les introducen cables que luego se tensan, para asegurar que quede una estructura comprimida. El efecto anterior remite a un niño que levanta una hilera de cubos con ambas manos: lo que hace es presionar a los lados de la hilera de tal manera que ésta no se caiga. En el momento en que deja de comprimir, los cubos caen al suelo.

Otro de los servicios importantes que presta Freyssinet de México es el llamado Tierra Armada, que, como su nombre lo dice, consiste en armar la tierra. Es decir, el proceso mediante el cual se construyen las bases para los puentes vehiculares, como los de las avenidas Lázaro Cárdenas o Mariano Otero en Guadalajara, que debajo del concreto tienen una estructura de tierra armada hecha a base de escamas o planchas de concreto de catorce centímetros de espesor, con los que se forman muros de ocho, nueve o diez metros de altura. La función de la escama es darle una vista al muro y evitar que el terraplén que está en el interior se erosione. Al colocar adentro armaduras metálicas se crea un macizo de tierra que ya no empuja hacia los lados e impide que la estructura se desarme. Estas estructuras están diseñadas para que duren 90 años.

Cuando Óscar Alcaraz salió del ITESO se desempeñó como ingeniero estructurista. Explica que para este trabajo es necesario analizar los informes de topografía e hidráulica, para poder recomendar el tipo de cimientos que necesita cada construcción.

El concreto y las estructuras portentosas son su trabajo, pero su vida está cimentada por la relación que tiene con sus tres hijas, su esposa y su madre, así como por las enseñanzas de su padre. Asegura que el principio de la honestidad que éste le inculcara le ha permitido llegar hasta el día de hoy con la frente en alto, pues una de las partes más difíciles de su profesión es enfrentarse a la falta de ética: “Es un problema normal de la construcción. Mucha gente está maleada y siempre está viendo cómo aprovecharse de los demás. Desde clientes, proveedores, personal laboral, etcétera”.

Al observar carreteras, canales, presas, puertos o puentes, es posible darse cuenta de que todos los pueblos de la antigüedad han hecho uso, en mayor o menor medida, de la ingeniería civil, siendo en muchos casos una muestra de conocimientos y de trabajo en conjunto. Trabajar en Freyssinet de México le ha permitido a Óscar aprender a laborar en equipo y desarrollar sus conocimientos en grandes escalas. Este hombre acepta que, aunque hay muchas cosas por hacer, está satisfecho con sus logros.

Da clases en el ITESO a las nuevas generaciones de Ingeniería Civil y reconoce que ahora los avances de la ciencia ayudan mucho a la industria de la construcción, y si bien se requiere dominar las nuevas tecnologías, asegura, éstas nunca sustituirán a la creatividad humana. Sobre el futuro de la Ingeniería civil en México, el académico de esta universidad jesuita prevé un buen momento: “Creo que los muchachos que saldrán y han salido están encontrando un mercado muy bueno, mucho trabajo, buenos tiempos en el sexenio pasado y este próximo promete mucho para el desarrollo”. m. 

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