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“¡Promesa cumplida!”: Madres que desentierran a sus tesoros

Las Rastreadoras de El Fuerte, en Sinaloa, no buscan cuerpos en fosas clandestinas: buscan tesoros. Les llaman así porque, quienes fueron enterrados para jamás ser encontrados, son lo más valioso para una familia con un ser querido desaparecido

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Mirna Nereyda, líder de Las Rastreadoras de El Fuerte, durante una de sus pesquisas. Fotos: Héctor Guerrero
Mirna Nereyda, líder de Las Rastreadoras de El Fuerte, durante una de sus pesquisas. Fotos: Héctor Guerrero

Por Darwin Franco y Dalia Souza

“¡Promesa cumplida, misión cumplida!”, grita Mirna Nereyda mientras alza sobre sus hombros el retrato de su hijo Roberto Medina Quiñónez. Esta imagen rompe con la idea que podríamos tener de lo que una madre diría a su hijo el día de su entierro; sin embargo, la violencia que alcanzó a la gente del norte de Sinaloa provocó que ya nada tuviera lógica en sus vidas.

Mirna ha vivido los dos entierros de su hijo. El primero, el 14 de julio de 2017, cuando Las Rastreadoras de El Fuerte —grupo que ella encabeza— salieron a buscar a sus tesoros en un paraje ubicado entre las localidades de Ocolome y Los Muros, en el municipio de El Fuerte, Sinaloa. Tenían información de que en ese lugar existían fosas. Jamás pensó que ahí, bajo tierra, pudiera estar Roberto.

Mirna, con sus propias manos, fue desenterrando la osamenta de su hijo de la fosa a la que fue arrojado a los pocos días de su desaparición. El Chacharitas, como también lo conocían, fue exhumado por su madre con una paciencia amorosa, ya que, para cada Rastreadora, un tesoro es lo más preciado que existe. Ése era su tesoro; al menos así lo presentía.

Las Rastreadores de El Fuerte Familiares de Roberto Corrales durante su funeral. En la imagen Mirna, mamá de Roberto, sostiene un retrato sobre el ataúd minutos antes de la sepultura. Fotos: Héctor Guerrero

El día en que halló a Roberto se cumplían tres años de su desaparición, ocurrida cuando un grupo de hombres armados se lo llevó del negocio de discos que tenía en una gasolinera ubicada en el municipio de El Fuerte. Desde entonces, Mirna no dejó de buscarlo. Siguió cada pista que fue capaz de conseguir y comenzó con su familia los primeros rastreos. La inoperancia de la Fiscalía General de Sinaloa la hizo encontrarse con otras madres, esposas e hijas que, como ella, también buscaban a sus seres queridos desaparecidos. Juntas conformaron, en septiembre de 2014, el grupo que inicialmente se llamó Desaparecidos de El Fuerte y Zona Norte; el periodista Javier Valdez —asesinado en mayo de 2017 en Culiacán— fue quien les dio el nombre de Rastreadoras, con el cual ahora se reconocen y son reconocidas. 

Las Rastreadoras nacieron como un grupo de búsqueda en campo. Y cómo no llevar a cabo esta búsqueda, si desde hace décadas saben lo que significa convivir con uno de los cárteles del narcotráfico más poderoso y sanguinarios de México: el de Sinaloa.

Inicialmente buscaron con sus propios medios e ignorancia; posteriormente fueron obteniendo el apoyo de toda la comunidad del norte de Sinaloa, región que agrupa a los municipios de Ahome, Choix, El Fuerte, Guasave y Sinaloa de Leyva. Su perseverancia las convirtió en verdaderas sabuesas, pero su amor fue lo que, finalmente, las convirtió en Rastreadoras. Roberto fue el tesoro 93. A la fecha han localizado 113 tesoros desaparecidos y han coadyuvado a la identificación de 95.

Conforme al Registro Nacional de Personas Extraviadas y Desaparecidas de la Secretaría de Gobernación, en Sinaloa han desaparecido 2 mil 852 individuos; más de la cuarta parte (784) de los desaparecidos de este estado se concentra en la zona donde, los miércoles y los domingos, Las Rastreadoras buscan fosas desde septiembre de 2014.

Las Rastreadores de El Fuerte

Un mes y medio después de que Mirna hallara la osamenta de su hijo, la Fiscalía General de Sinaloa la llamó con urgencia y le pidió que se presentara en sus oficinas en Culiacán, el 25 de agosto de 2017. Ese día le confirmaron que era positivo el resultado de las pruebas de ADN realizadas entre la osamenta localizada el 14 de julio de ese año y las muestras que les habían tomado a ella y a Roberto Corrales, padre de su hijo.

¡Promesa cumplida! Mirna había encontrado a Roberto, su hijo, exactamente tres años después de que se lo arrebataran la delincuencia organizada y la institucional. Lo desenterró con sus propias manos, como el tesoro que siempre fue y será para ella. Su Roberto fue localizado y el 26 de agosto de 2017 regresó al lugar donde se lo enterraron para sacar todos sus restos y colocar una cruz con la que siempre se le recuerde.

El segundo entierro ocurrió el 29 de agosto del mismo año. Ese día, Roberto regresó a casa. No como les hubiese gustado, pero volvió, tal y como Mirna se lo había prometido. Sus restos ahora están en el Panteón de Mochicahui, ubicado en el municipio de El Fuerte. Antes de enterrarlo, Mirna gritó a los cuatro vientos lo que, quizá, ninguna madre diría en el entierro de su hijo: “¡Promesa cumplida!”. Un crimen como la desaparición rompe toda lógica de vida, y lo que para otros habría significado un espacio de duelo, para ella fue un acto de memoria, una catarsis con la que pudo romper, por fin, la incertidumbre de no saber dónde y en qué condiciones estaba Roberto. Se cumplió una misión de esperanza, porque la vida le alcanzó para hacer regresar a su hijo de una desaparición.

“El día que encontré a mi Roberto sentí una mezcla de dolor y esperanza… Yo encontré a Roberto, pero me hacen falta los tesoros de mis compañeras… Mi Roberto es de ellas, y míos son cada uno de sus tesoros, y hasta que no los encontremos no habremos cumplido nuestra misión. Mi vida es buscar, y eso seguiré haciendo hasta encontrarlos a todos”, afirma Mirna Nereyda, quien antes de vivir este calvario dedicó su vida a la enseñanza como maestra de preescolar. Ahora sigue siendo maestra, pero de búsquedas e identificaciones forenses.

Las Rastreadores de El Fuerte Algunas de las madres pertenecientes al grupo llamado Las Rastreadoras de El Fuerte escarban una fosa clandestina en un terreno a las afueras de la ciudad de Los Mochis, Sinaloa.

“Ahí hay algo”

El duelo para Mirna Nereyda duró poco, porque su vida hoy es la búsqueda de las y los desaparecidos; por ello, es la primera en llegar y la última en irse, tanto de la oficina de Las Rastreadoras como de los lugares donde miércoles y domingos rastrean fosas.

Quien no conoce su historia podría asegurar que sigue en pos de dar con su hijo Roberto, porque el empeño que pone en cada búsqueda impresiona a cualquiera. Alza la voz, toma la pala, encaja una varilla en la tierra, remueve maleza, analiza las formas del suelo, caza indicios para contrastar hipótesis, pero, sobre todo, localiza fosas clandestinas. Ella y todas las familias que conforman el colectivo de Las Rastreadoras han desarrollado tanta pericia y habilidad que son capaces de ubicar irregularidades en el suelo a metros de distancia, lo que les permite saber si existe o no una fosa en el lugar.

El 19 de noviembre de 2017 nos unimos a una búsqueda en la zona surponiente de Los Mochis, cabecera municipal de Ahome. Ese día lograron encontrar a nueve tesoros que habían sido inhumados de manera clandestina en un paraje rodeado por maizales y por la colonia Urbi Villa del Rey. No teníamos ni 15 minutos en el lugar cuando Rosario, una de Las Rastreadoras, miró la tierra debajo de un árbol y con firmeza dijo: “Ahí hay algo”. Tomó una varilla en forma de “T” y la clavó en la tierra con todo el peso de su cuerpo. La varilla se hundió, confirmando así su sospecha: “Ahí hay algo”, repitió. Mirna se acercó rápidamente y comenzó a cavar, lo hizo hasta que encontró un cable eléctrico que no debía estar bajo tierra, ese cable las condujo hasta un fémur y éste a una osamenta, que Mirna fue destapando con cariño mientras le decía: “Hermoso, te encontramos”.

Rosario Salomé Trigueros se unió a Las Rastreadoras de El Fuerte tres días después de que su hijo mayor, Jassyel Fernando Ramos Trigueros, fuera desaparecido por un grupo armado, el 14 de abril de 2016 en Los Mochis: “Yo seguía a Las Rastreadoras en Facebook, nunca imaginé que sería una de ellas, pero ahora aquí estoy buscando a Jassyel y lo seguiré haciendo porque le prometí a su padre que lo encontraría y eso haré”, asegura.

Las Rastreadores de El Fuerte Estela se prepara emocionalmente minutos antes de iniciar su búsqueda con el grupo de Las Rastreadoras. Estela busca desde hace más de un año a su hijo, Raúl Andrés.

Las Rastreadoras logran saber dónde podrían existir fosas clandestinas porque constantemente reciben mensajes o llamadas anónimas que les indican posibles sitios de inhumación; también lo saben porque han acumulado información proveniente de sus propias pesquisas, lo que las ha llevado a crear mapas de zonas de hallazgo. Ese 19 de noviembre fueron a ese sitio porque por medio de un mensaje anónimo les habían afirmado que ahí estaban enterrados por lo menos seis tesoros. Ese día localizaron nueve.

El trabajo en campo de Las Rastreadoras consiste en observar y analizar el terreno en búsqueda de indicios que les permitan saber si la tierra ha sido removida o si existen elementos que no correspondan con la normalidad de un paraje o baldío; por ejemplo, hojas o ramas secas colocadas a propósito sobre montículos de tierra u objetos debajo de la tierra que están ahí como producto de la acción humana: cal, cemento, cables, cuerdas y, por supuesto, ropa y prendas de personas.

Al identificar un posible punto de hallazgo, clavan su varilla, y si ésta se hunde con facilidad, saben que esa tierra ha sido removida, pues lo normal es que esté compacta, dura. Al sacar la varilla huelen su punta, buscando detectar algún olor fétido; su olfato agudo es capaz de diferenciar si dicho olor corresponde a los restos de algún animal o de un ser humano. Si ocurre esto último, lo que hacen es comenzar a cavar de manera cuidadosa hasta localizar restos óseos o un cuerpo; si esto resulta positivo, buscan saber cómo ha sido enterrado, y con sumo cuidado van rodeando sus límites, como si fueran arqueólogas, para descubrir poco a poco al tesoro localizado.

Las Rastreadoras nunca sacan a los tesoros de la tierra: únicamente los descubren para que los peritos forenses de la Fiscalía General de Sinaloa, junto con personal de inhumaciones de diversas funerarias, realicen tanto el levantamiento como las debidas diligencias que permitan su identificación. Su prioridad tras localizar un tesoro consiste en ver con premura la mayor cantidad de indicios, porque saben que al llegar la Fiscalía, ya no las dejarán ver nada y después será poco lo que puedan averiguar, pues las prendas localizadas en cada hallazgo no siempre son bien resguardadas por las autoridades.

Las Rastreadores de El Fuerte Una fosa clandestina donde fueron encontrados dos cuerpos. En la imagen se observan los pies que emergen de la tierra.

Hasta encontrarlos a todos

Miriam y su novio, Ever, están buscando este día junto con Las Rastreadoras porque creen en los milagros. Ellos vivieron de manera particular el suyo cuando lograron, en las inmediaciones del ejido Bachoco, en el municipio de Guasave, encontrar los restos del hermano de Miriam, Paul Gilberto, quien desapareció el 8 de diciembre de 2014, cuando salió de su casa para reunirse con unos amigos. Como en muchos casos, la autoridad los hizo esperar 72 horas para poner su denuncia y, tras hacerla, les prometieron que irían a su casa a realizar las investigaciones correspondientes, pero jamás acudieron.

Miriam, al igual que Rosario, supo de Las Rastreadoras por Facebook y se integró al colectivo hace más de un año. Los dos primeros años tras la desaparición de Paul Gilberto llevaron su búsqueda de manera solitaria y esperando que la autoridad hiciera su parte: “Mi madre fue la que hizo el primer contacto para entrar al grupo. Mirna nos recibió en las oficinas, pero yo fui la que me integré a las búsquedas porque mi mamá decía que no tenía fuerzas para hacerlo. Yo siempre, en su cumpleaños o en fechas especiales, Navidad o 10 de mayo, le preguntaba qué era lo que quería, y ella me pedía que le regalara a su hijo… Yo no sabía cómo hacerlo, pero desde que entramos al grupo yo le prometí que se lo regresaría. Lo encontramos el 5 de mayo de 2017 y nos los regresaron el 10 de mayo. Se lo regresaron en esa fecha especial”.

Para Miriam, continuar con Las Rastreadoras sigue siendo prioridad en su vida, porque sabe que otras madres merecen recibir el mismo milagro que la suya. Aunque también sabe que el dolor tras el hallazgo no siempre concluye: “La gente, al encontrar a un desaparecido, piensa que la familia ya descansa. Yo creo que el desaparecido sí lo hace porque ya está en paz… Nosotros recién estábamos terminando el duelo de la desaparición, cuando ya iniciamos un nuevo proceso ahora que ya sabemos que él no va a regresar. Las preguntas nos cambiaron porque pensábamos todo el tiempo dónde estaba, y ahora lo que no dejamos de pensar es por qué se lo llevaron y por qué nos lo dejaron tan lejos”.

Las Rastreadores de El Fuerte

Quien también logro encontrar a su familiar con Las Rastreadoras fue Noemí. Su esposo, Rodrigo Palafox Corral, fue secuestrado el 6 de noviembre de 2014 y sus restos fueron localizados en mayo de 2017. La autoridad le avisó de este hallazgo y le confirmó que se trataba de los restos de quien fuera líder de la Cooperativa de Pescadores Sebastián Ahumada Valdez, perteneciente a las comunidades ribereñas del puerto de Topolobampo.

Noemí dudó de la versión de las autoridades y, junto con Las Rastreadoras, regresó al lugar donde le dijeron que encontraron a su esposo. Ahí localizaron seis costillas que ahora están siendo analizadas a fin de que ella pueda comprobar si, en efecto, corresponden al cuerpo de él: “Yo me siento con Las Rastreadoras como si estuviera con mi esposo. Ellas se han vuelto mi familia y todas ellas son quienes me ayudaron a encontrarlo. Yo me siento en deuda y estoy aquí porque estoy convencida de que los vamos a encontrar a todos”.

Mirna Nereyda, al igual que Miriam y Noemí, ahora porta en cada búsqueda una playera verde que en la espalda tiene la leyenda: “Promesa cumplida”. El resto de Las Rastreadoras aún viste sus camisas en tonos cafés, donde el color lo pone la foto de sus desaparecidos que lucen con orgullo sobre su pecho. El objetivo, asegura Mirna, es que cada una ellas pueda colocarse una playera verde, porque eso significaría que han logrado encontrar a su tesoro. Que la esperanza existe, y esto es en lo único en que piensa cada miércoles y domingo que sale para buscar a sus desaparecidos en fosas clandestinas al norte de Sinaloa.

La líder de Las Rastreadoras sabe que la promesa que le hizo a Roberto está cumplida, pero no así la misión del colectivo: “Mi vida ahora es esto; Las Rastreadoras ya no tenemos otra vida: ésta es nuestra vida. Nosotros no somos sólo un grupo, somos una familia y a esta familia aún le hacen falta muchos tesoros. Yo vengo a las búsquedas a encontrar tesoros; así lo hago cada miércoles y domingo, porque ésta es mi vida. Yo encontré a Roberto, pero me hacen falta los tesoros de mis compañeras… Mi Roberto es de ellas y míos son cada uno de sus tesoros, y hasta que no los encontremos a todos, yo no dejaré de buscar. Buscar es ahora mi vida”. m.

Las Rastreadores de El Fuerte  Un hombre acompaña la carroza fúnebre durante el funeral de Roberto Corrales Medina, hijo de Mirna Nereyda, en el poblado de Mochicahui, Sinaloa.  Roberto fue encontrado por su madre tres años después de haber desaparecido en el municipio de El Fuerte, al norte del estado de Sinaloa.

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