Metáfora terrorífica

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Metáfora terrorífica

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Guerra mundial Z se inspira en una novela de Max Brooks y sigue las contrariedades de Gerry Lane (Brad Pitt), un ex empleado de la ONU que es sorprendido cuando transita con su familia por las calles de Filadelfia por el ataque de humanos enardecidos que, luego sabremos, son zombis.

La epidemia de proporciones globales tiene su encanto. Danny Boyle se dejó seducir por esta posibilidad en 28 días después (2002); Steven Soderbergh se contagió desde otra perspectiva en Contagio (2011). Ahora Marc Forster, en Guerra mundial Z (2013), transita por esta ruta (más cerca del primero que del segundo), y si bien es cierto que no entrega la madre de todas las películas de zombis, también lo es que su apuesta tiene su encanto.

Guerra mundial Z se inspira en una novela de Max Brooks y sigue las contrariedades de Gerry Lane (Brad Pitt), un ex empleado de la ONU que es sorprendido cuando transita con su familia por las calles de Filadelfia por el ataque de humanos enardecidos que, luego sabremos, son zombis. Él y los suyos viajan a un portaaviones de la organización para la que trabajaba, donde se congrega a todos aquellos que pueden aportar algo para solucionar el problema. Entonces Lane se da a la tarea de investigar el origen del mal, y por eso viaja a Corea, Israel y Gales. Por todos lados los zombis hacen de las suyas, pero en la capacidad de observación de Lane sobrevive la esperanza.

Forster inicia las hostilidades temprano, y el impacto de los primeros minutos es apreciable. No da tiempo a sus personajes de entender el fenómeno, pues éste irrumpe a un ritmo que ni los noticiarios pueden consignar. En adelante, el cineasta de origen alemán ofrece algunas escenas en las que el vértigo se instala (con un correcto registro de la acción) y transita por la ruta del terror con rigor —con sus sobresaltos habituales— para plantear con fortuna la fragilidad de la civilización.

Por momentos Forster asume una postura naturalista y explica, por medio de un científico, cómo la naturaleza es un despiadado asesino serial. El comentario se complementa por los afanes de la vida, que ante todo busca perpetuarse y se materializan en la voluntad del hombre. Propone, además, el paisaje que ofrece la selección natural en lo que corresponde a la humanidad: sólo el que es útil aspira a la sobrevivencia. Es justo comentar que el escenario se matiza por medio de la sensiblería que tanto gusta a los estadunidenses, y muestra cómo la lucha por la vida tiene una explicación y un sentido en la familia y los afectos que, desde aquella perspectiva, la caracterizan.

Forster señala que los zombis son una “gran metáfora” de la actualidad. La masa —es decir, los zombis— es irreflexiva y convierte todo aquello que toca (o muerde). (Es tal el grado de idiotez asumida, que hay reuniones anuales en diversas ciudades de seres humanos que por gusto, sin haber sido mordidas, transitan por las calles disfrazados de zombis.) Acaso la congruencia, el afán por hacer apuntes de orden social, explique el acercamiento que propone y se aleje del humanismo y la generosidad que había exhibido en películas como Descubriendo Nunca Jamás (2004), Más extraño que la ficción (2006) y Cometas en el cielo (2007). Sobre todo toma distancia de las dos primeras, que transitan por una calidez de orden fantástico.

Guerra mundial Z no es una de las mejores películas de Forster, pero como en 007:Quantum (2008) la eficacia artesanal alcanza para ofrecer buenas cuentas.

 

Singularidades en la masa

Guerra mundial Z retoma elementos de la tradición de los muertos vivientes, pero también hace algunos apuntes que, si bien no son del todo novedosos, sí son singulares. Por ejemplo, si en las películas de zombis los personajes no han visto películas de zombis, aquí los personajes sí han escuchado hablar de ellos y tienen algunos antecedentes. Si en otras entregas del género los zombis son momias de una lentitud pasmosa (y cuando uno ve que la amenaza se acerca tiene tiempo para lavar el carro y empacar antes de que se acerquen) aquí se mueven con gran agilidad. Las diferencias son de origen, pues Forster no considera haber hecho una película de zombis, sino una película global acerca de una crisis global. De ahí que conciba un acercamiento realista.

De lo que parece que no se va a escapar, como sucede con las zombipelículas, es de la secuela.

 

 

Texto publicado en el suplemento Primera Fila del periódico Mural el 21 de junio de 2013

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