Grande y bella: así es “La gran belleza”
Eduardo Quijano – Edición
“La Grande Bellezza” está poblada de personajes apenas exagerados, exhaustos en los placeres (y las miserias) del presente, agotados en una ensordecedora vacuidad. Es sólo es la mejor película de 2013 sino de muchos años
La Grande Bellezza (Paolo Sorrentino, 2013) es un espectáculo de una sorprendente exuberancia visual donde coreográficas bacanales se mezclan con las melancólicas meditaciones de un personaje Inolvidable: el dandy sesentón Jep Gambardella (Toni Servillo). Hay algo en la sonrisa nostálgicamente maníaca de Jep que sugiere cansancio del mundo: lo habita la tristeza de saber que cínicamente ha pasado la vida extasiado en el hedonismo frívolo. Está volviendo a vivir, despertando poco a poco del sueño de una prolongada parálisis intelectual. La exposición de cuadros majestuosos nos somete a los destellos fulgurantes de la belleza, también a la implacable desazón de vidas frágiles y sin futuro.
El frenético y desolado juego de le memoria que propone Sorrentino se concreta en una obra cinematográfica elegante y poderosa que va de la meditación sobre la existencia, al mosaico de crónicas del infortunio, de las preguntas sobre amor, a la desolación de dolorosas historias, imprevisibles encrucijadas y agobios cotidianos.
La Grande Bellezza está poblada de personajes apenas exagerados, exhaustos en los placeres (y las miserias) del presente, agotados en una ensordecedora vacuidad. Se ha dicho con razón que la película de Sorrentino es deudora de una devoción al cine de Federico Fellini (el cameo de Fanny Ardant viene directamente del breve momento de Anna Magnani en Roma, de Fellini); más que una referencia anecdótica o halago sobre esta narración sin armazones, dice de la temperatura, las pasiones y sensaciones que produce este fresco de gruesas pinceladas y cuidadas disecciones.
Sin disimulo de su decadencia, Roma nunca se ha visto mejor. El homenaje de Sorrentino a la ciudad eterna en La Grande Bellezza es cautivador y resplandeciente como el verano con sus recuerdos: de principio a fin, las travesías nocturnas en tonalidades barrocas nos van mostrando palacios, acueductos y fuentes de la ciudad. La experiencia es alucinante. Quizá todo queda dicho en la cita de Louis -Ferdinand Celine con que inicia: “Nuestro viaje es completamente imaginario. Esa es su fuerza”.
La Grande Bellezza no es sólo es la mejor película de 2013 sino de muchos años.