Caravana de la Paz. Día 8. La noche de las velas
Daniela Pastrana – Edición
Palenque, Chiapas.- La imagen quitaba el aliento: cientos de lucecitas parpadeantes iluminaban la noche chiapaneca y marcaban el camino a los viajeros a la entrada de la ciudad.
El recibimiento fue bálsamo para los integrantes de la Caravana de la Paz, después de una extenuante jornada por el territorio zapatista y del cansancio acumulado en ocho días de marcha.
Da lugar a la esperanza/ Da lugar a la alegría / No tengas temor de ser feliz / Y ver nacer el nuevo día
La fila humana que avanzó por las calles de Palenque entre velas y cantos bien podía ser una procesión católica para celebrar al patrono de un pueblo o una peregrinación de Navidad.
Pero en las historias que había entre los caminantes nada había que festejar.
“Estamos en tiempos difíciles. Aquí ha habido muchos secuestros y estorsiones, son personas que quieren vivir a costa de nosotros y piden una cuota mensual a la gente que tiene un negocio”, dijo una mujer que caminaba con su vela y una hoja con la letra de los cantos que, por megáfono, iba entonando el padre Alejandro, de la iglesia local.
El caminar de este pueblo /es de experiencia y memoria / participando y uniendo /siendo sujeto en su historia
Los cantos se mezclaron con las consignas de lucha y resistencia de los movimientos históricos, y con las canciones surgidas en el movimiento por la paz con justicia y dignidad.
Javier Sicilia apenas estuvo unos minutos para dar un mensaje de solidaridad. Había tenido un día difícil, con un encuentro de varias horas con la junta de gobierno de la comunidad zapatista en Oventic, que impidió que llegara al acto conmemorativo en el mercado de Ocosingo, y una discusión, la segunda en dos días, con reporteros, a los que después pidió disculpas.
“Estamos en una emergencia nacional y me desespera que pongan toda la atención en mí y que no vean lo importante, que son todas las víctimas”, dijo, a modo de explicación, en una parada del camino.
En Palenque, donde los habitantes aseguran que los Zetas tomaron el control de la ciudad, la gente en la plaza escuchó testimonios de los viajeros, encabezados por el chihuahuense Julián LeBarón, y mensajes de paz de los sacerdotes Alejandro Solalinde, Gonzalo Ituarte y Tomás González, que en esta región se han convertido en timoneles de la resistencia al imperio del terror.
“Esto (la presencia de militares y de retenes en el camino) es un maquillaje de seguridad. En Tenosique tenemos retenes y sin embargo es un pueblo sin autoridad”, resumió Tomás González, quien hace unas semanas recibió amenazas de muerte por su trabajo de apoyo a los migrantes centroamericanos.