La palabra ‘desaparecido’ es muy tramposa, porque esconde cuatro procesos: el secuestro, la tortura, el asesinato y el ocultamiento del cuerpo. He remarcado la denominación de detenido desaparecido porque aclara que fue detenido ilegalmente por las fuerzas públicas
Entre 1976 y 1983, Argentina vivió una dictadura cívico-militar que fue llamada Proceso de Reorganización Nacional. Bajo el mando de Jorge Rafael Videla, la fuerzas armadas del país sudamericano destaron un terrorismo de Estado para perseguir a sus detractores, quienes sistematicamente fueron arrestados, desaparecidos y asesinados en los centros clandestinos de detención y tortura instalados por todo el país. El 24 de marzo pasado se cumplieron 50 años del comienzo de una pesadilla que aún vive en la memoria del pueblo argentino.
Gustavo Germano, el autor de este ensayo, vivió en carne propia el horror de la dictadura: su hermano Eduardo, “Rulo”, fue arrestado y desaparecido a manos de la policía y el ejército. Tuvieron indicios de su paradero hasta 2011, cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense encontró restos humanos en un área de tumbas anónimas. Su identidad fue confirmada en julio de 2014. Eduardo había sido asesinado apenas unas semanas después de su secuestro.
“El disparador [del proyecto] fue el caso de mi hermano, Eduardo, pero siempre tuve claro que él no sería el eje principal. A partir de mi experiencia, quería hablar del impacto que tiene, en todas las familias de detenidos desaparecidos, el terrorismo de Estado cometido por la dictadura militar argentina. Lo que hice fue buscar la manera de unir las dos partes de mi vida: la condición de familiar de un detenido desaparecido y la fotografía. Así surge la idea de Ausencias, que tuvo una primera versión en 2006”, explicó Germano en una entrevista realizada por la Pontificia Universidad Católica del Perú en 2018.
Gustavo dedicó años a este trabajo, tiempo durante el que reunió albumes familiares para plasmar lo que su madre elocuentemente definió como “la permanente presencia de las ausecias”: fotografías de la cotidianidad donde está presente el vacío dejado por quienes murieron a manos del Estado.
“Como dice el poeta Juan Gelman: la palabra ‘desaparecido’ es muy tramposa, porque esconde cuatro procesos: el secuestro, la tortura, el asesinato y, finalmente, el ocultamiento del cuerpo. He remarcado la denominación de detenido desaparecido porque aclara que no se perdió buscando margaritas en el campo, sino que fue detenido ilegalmente por las fuerzas públicas. El Estado, que tendría que dar garantías a los ciudadanos, es el que urde este plan muy perverso”, ha dicho Germano.
Su labor de investigación a través de fotografías de momentos felices como sobremesas de domingo o excursiones a la playa, lo realizó de la mano de los familiares de las víctimas, que fungieron durante muchos años como custodios de los álbumes. “Si bien para ellos es una situación de alto voltaje emocional, con el paso del tiempo les brinda un efecto positivo y catártico. Un álbum familiar es el uso más común de la fotografía en el mundo. Por eso es muy fácil empatizar, pues te hace pensar qué pasaría si una de las personas que aparecen en tus propias fotos no pudiera volver”.
Eduardo Raúl es el mayor de cuatro hermanos. Con 16 años, es elegido presidente del Centro de Estudiantes de La Salle y empieza a militar en la organización Montoneros. En julio de 1976 es detenido durante nueve días en el centro clandestino de detención en el Escuadrón de Comunicaciones Blindado del Ejército Argentino en la ciudad de Paraná. Una vez puesto en libertad, se traslada a la ciudad de Rosario. El 17 de diciembre de 1976 es secuestrado por elementos militares y de la Policía de la Provincia de Santa Fe. Durante días será torturado en el centro clandestino conocido como “El Pozo”, que funciona en los sótanos de la Jefatura Central de Policía. Según la investigación realizada por su hermano, Guillermo, y contrastada por el Museo de la Memoria de Rosario, Eduardo fue asesinado el 23 de diciembre de 1976. Esa noche el propio jefe de la Policía de Rosario, Agustín Feced, organiza un simulacro de atentado en el barrio de Fisherton en el que hace estallar los cuerpos torturados de Eduardo Raúl y de su compañera. Fue enterrado el 4 de enero de 1977, sin identificación, en el cementerio de La Piedad. La foto fue tomada en un estudio próximo a la frontera con Uruguay. Ese día, la familia iba de vacaciones y la policía argentina pide una foto de los chicos para permitirles cruzar la frontera. Su padre decide hacerles una única foto, sobre fondo blanco, de menor a mayor. No sin cierta reticencia, la policía acepta la instantánea, que sellan y grapan. Los Germano pasan la aduana. Es una de las pocas imágenes que la familia conserva de los cuatro hermanos juntos.Claudio Marcelo Fink, de 23 años, cursa la carrera de Ingeniería Electromecánica en la Universidad Tecnológica Nacional de Paraná, donde inicia su militancia política. Sus grandes aficiones son el automovilismo, la música, el futbol y la política. A las 6:00 horas del 12 de agosto de 1976, Claudio Marcelo es secuestrado por un grupo paramilitar formado por cinco hombres armados vestidos de civiles. El grupo se identifica ante el teniente coronel Virgilio Fernández, vecino de la familia, quien acude a la casa al ver gente armada. En los meses que siguen al secuestro de Claudio, sus padres y familiares no reciben ningún tipo de información sobre el paradero de su hijo. El 25 de enero de 1977 se publica un informe del consejo de guerra del gobierno militar con un listado de presuntos terroristas prófugos. Claudio está entre ellos. Su caso forma parte de la causa penal “Área Paraná”, por la que, en diciembre de 2015, siete represores fueron condenados a penas de entre ocho años y cadena perpetua. En la foto, Claudio Marcelo aparece escuchando la radio en el comedor de la casa familiar con su madre. Su padre, Efraín, aficionado a la fotografía, tomó y reveló él mismo esta instantánea.Raúl Alberto es líder estudiantil en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica Argentina. No se le conoce militancia política activa. Trabaja en la multinacional Techint. El 11 de junio de 1976, poco antes de las doce de la noche, llaman al timbre. Raúl Alberto, “Rulo”, abre la puerta y se encuentra con unos hombres armados, que se identifican como miembros del ejército y le disparan. Luego, entra la policía y registran la casa. Ante los gritos desesperados de su mujer, Raúl es trasladado al destacamento policial. A pesar de su embarazo de seis meses y de los culatazos que recibe, Angelita también sube al Jeep. Su marido no recibe ningún tipo de asistencia médica y muere. Angelita permanece encarcelada, incomunicada y en calidad de detenida a disposición de las autoridades militares durante cinco días. En el destacamento policial no saben su nombre, ni el de su marido, ni su ocupación. Ignoran por completo quiénes son. La familia nunca ha recibido explicación alguna de lo sucedido, más allá de la respuesta que el conductor del Jeep dio a Angelita aquella noche camino del destacamento policial: “Son órdenes”. En la foto, Rulo y la que sería su esposa, Angelita, en casa de su hermano. La foto fue tomada el 28 de diciembre de 1973, día en el que su hermano, Manuel, contrajo matrimonio con Blanca Fernández.Orlando René y Leticia Margarita Oliva se enamoran en la universidad y se casan en La Plata el 3 de abril de 1970. Laura, su única hija, nace cinco años después. Orlando trabaja en una fábrica de acondicionadores de aire y milita en Montoneros. El 21 de octubre de 1976, es secuestrado cuando se dirige a una reunión de dicha organización. Su hija tiene once meses y va con él. Ambos son trasladados a la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Orlando llega muerto. Marta Álvarez, quien también se encuentra detenida en la ESMA, cuidará de la bebé durante unas horas. De noche, la pequeña será abandonada en la casa cuna donde, tras varios días de búsqueda, la encontrará su madre. Tras la detención y desaparición de su marido, Leticia abandona la militancia política. Cambia de casa y de ciudad. El 27 de diciembre de 1978, un comando armado irrumpe en su nuevo domicilio. En la casa están Laura, que entonces tiene tres años, y la chica que la cuida. Los militares esperan durante seis horas a que Leticia vuelva de la clínica donde trabaja. Apenas entra, le vendan los ojos, la golpean y se la llevan. Esta fue la última fotografía de la familia junta: Laura nunca más vuelve a ver a su madre. En 2015, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) determina que un cuerpo hallado en 1979 en la costa atlántica (producto de los llamados “vuelos de la muerte”) y enterrado como NN en el Cementerio de la Ciudad de Verónica, provincia de Buenos Aires, corresponde a Leticia Margarita Oliva. En la foto, Orlando y Leticia con su hija, Laura, en casa de sus abuelos días antes del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.María Irma estudia en la Facultad de Ciencias Agrarias y es militante de la Juventud Universitaria Peronista. El 23 de abril de 1976 es suspendida como alumna por el decano normalizador militar de la Universidad de Entre Ríos. Ante el terrorismo de Estado, María Irma y su compañero —ambos Montoneros— pasan a la clandestinidad. A las 5:30 horas de la madrugada del 7 de enero de 1977, las fuerzas dependientes del Segundo Cuerpo de Ejército bombardean la vivienda ubicada en la calle Cullen 1618 de la ciudad de Rosario, destruyéndola por completo. Irma y Omar son asesinados. Su hijo, Martín Fernando, de un mes y medio de vida, sobrevive a la masacre y pasará al cuidado de su tía Susana, quien lo criará. En la foto, Irma sonríe al lado de su hermana, Susana, una tarde de primavera de 1970. Están a punto de salir. Son amigas inseparables. La foto es tomada por el mayor de sus 13 hermanos.Mario Eduardo nace en Paraná. Su padre es comisario rural y su madre, directora de escuela. Pertenece a la Unión de Estudiantes Secundarios. Se recibe en el colegio Don Bosco en 1975. Mario y su novia, María Luz Piérola, militan en la organización Montoneros. Luego del golpe de Estado se refugian en la ciudad de Concordia, donde ella es detenida en febrero de 1977. Este es un fragmento de la carta que Mario envía a su novia de manera clandestina: “Te aseguro que me siento más cerca de mi ideal aunque esto me implique jugarme más a menudo por él, y aunque un día me exija mucho más que todo esto, hasta la vida; pero en ningún momento quiero ser un triste recuerdo cuando llegue esa realidad, sino un libro con su principio, sus hojas completas y su fin; [un libro] al que aunque sea unos pocos se dignen leerlo, para no volver a vivir experiencias ya sintetizadas; para seguir el camino hacia la victoria final. Días nuevos, días con ansia de creación, días en donde el esfuerzo por superarnos sea el ideal cotidiano. Pienso y me doy cuenta de las miles de cosas que me falta aprender. Y me avergüenzo de pensar en la muerte”. Nueve meses después de escribirla, en septiembre de 1977, Mario es secuestrado en Rosario. Nadie sabe cómo ni dónde lo detuvieron, ni cuál fue su destino final. La fotografía es tomada en octubre de 1973, durante en un alto en el camino rumbo a la ciudad de Reconquista. En ella se puede ver a Mario y a su amigo Luis María Pirro. Ambos tienen 16 años.Victorio José Ramón es militante de Acción Católica. Muy pronto se implica en actividades barriales. Estudia Ingeniería Electromecánica en la Universidad Católica Argentina, donde lo eligen presidente del Centro de Estudiantes. El 16 de agosto de 1976, efectivos de la Policía Federal se presentan en el Vicedecanato de la Facultad preguntando por él. Al cabo de unos minutos, es montado a un coche patrulla. Pasará la noche en la Delegación de Paraná de la Policía Federal. A la mañana siguiente lo trasladan al centro clandestino de detención del Escuadrón de Comunicaciones Blindado del Ejército. Su madre intenta buscar la intermediación de monseñor Tortolo, quien se niega a recibirla. El 23 de agosto, Victorio, entre golpes e insultos, es sacado por última vez de su celda. Va encapuchado y maniatado. Nadie lo vuelve a ver. Su caso forma parte de la causa penal “Área Paraná” por la que, en diciembre de 2015, siete represores fueron condenados a penas de entre ocho años y cadena perpetua. Elsa Raquel estudia Profesorado de Ciencias de la Educación. Es católica creyente y militante barrial. Miembra fundadora del Sindicato de Empleados Públicos de Entre Ríos, milita en la Juventud Trabajadora Peronista. En 1975 debe pasar a la clandestinidad y vivir escapando. La última noticia que se conoce de Elsa llega el 16 de agosto de 1977: muere acribillada en Santa Fe. La policía entrega el cuerpo a su padre, a quien se le prohíbe velarla. En su lápida escribe: “Tu vida generosa te mantiene viva”. La foto es 7 de enero de 1971, a la vera del arroyo Espinillo. Victorio José y Elsa participan en un campamento de trabajo en el que se discute de política. Es tomada por el fotógrafo Hugo Wild, documentalista gráfico de trabajos barriales y también de la masacre de Ezeiza. La familia Wild resguardó por muchos años los negativos para evitar que el material cayera en manos de los militares.María del Carmen, “Pochi”, es novia desde la infancia de Omar Darío Amestoy, con quien después se casaría. Es maestra del jardín de infantes de un colegio católico de Nogoyá. Tiene 29 años cuando es brutalmente asesinada por fuerzas del ejército y las policías Federal y Bonaerense junto a su marido, Omar, y sus hijos pequeños, María Eugenia, de cinco años, y Fernando, de tres. A las 6:00 horas, tanques y camionetas rodean su domicilio, en el número 668 de la calle Juan B. Justo. Todos en la casa duermen. Coches, metralletas, gritos, granadas y gases lacrimógenos. Los Amestoy y Ana María Granada, una amiga de ambos, no tienen como defenderse. Intentan esconder a sus hijos. Los adultos mueren acribillados. Los pequeños María Eugenia y Fernando morirán asfixiados por los gases. Manuel, de cinco meses, hijo de Ana María Granada, escondido entre mantas en un ropero, será el único superviviente. No es si no hasta 1995 que recupera su verdadera historia e identidad. En la foto es octubre de 1974. María del Carmen, a la izquierda, lleva a su hijos en brazos y sonríe al lado de su cuñada, Aurora Yturbe, y su sobrino, Martín, en la sobremesa de domingo en casa de los suegros.Roberto Ismael debe trabajar desde su infancia debido a la situación económica de la familia (madre viuda con nueve hijos). Labora en un quiosco y cuidando a una pareja de ancianos. Cursa sus estudios secundarios como perito mercantil, destacándose por su capacidad, inteligencia y responsabilidad. De pequeño lo llaman “El Lindo”, y después será conocido como “Pilunchi”. En 1968 se traslada a Santa Fe para ingresar en la universidad y estudiar Ingeniería Química. Es en esta ciudad donde empieza a militar en el Partido Revolucionario de los trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP). Está casado y tiene dos hijos. Es secuestrado el 21 de enero de 1976, en el 4265 de la calle Hernandarias. La fotografía la realiza el mismo Roberto Ismael —gran aficionado a la fotografía— con el disparador automático de su cámara, que coloca encima de la nevera de la casa. Le acompañan su amigo de juventud, Jorge Cresta, y su hermana, Azucena Sorba.