Crean el primer pañal realmente biodegradable
Ximena Torres – Edición 512

Andrés Meiners de Alba es egresado de Ingeniería en Nanotecnología del ITESO y cofundador de Namalab, una empresa tapatía que impulsa la creación de los primeros pañales verdaderamente sostenibles mediante una alternativa basada en ciencia de materiales
La nanotecnología es una disciplina científica dedicada a comprender los materiales de los que están hechos los objetos que nos rodean, con el fin de sacar el mayor provecho de ellos por medio su manipulación a escala atómica. Tan amplio como suena, su potencial de innovación y para resolver desafíos —los cotidianos y los catastróficos— es inagotable. Entre muchas otras cosas, puede ayudar a mitigar la crisis mundial de basura, causada en parte por los más de 300 mil pañales desechables que cada minuto se incineran o terminan en vertederos y en entornos naturales, como los océanos, y que son problemáticos porque existirán en esos ecosistemas por 500 años, que es el tiempo que tarda su degradación.
La alternativa para este gran problema ya se desarrolla en los laboratorios de Namalab, empresa fundada por Andrés Meiners de Alba, egresado de la Ingeniería en Nanotecnología del ITESO, y su socio, José Carlos Atristain Gutiérrez. Su trabajo consiste en la creación del primer biopolímero superabsorbente (SAP), que sustituye a los que hoy componen 40 por ciento del peso de los pañales convencionales y provienen de fuentes fósiles.
El nuevo producto se llama NamaSAP y, al igual que sus versiones sintéticas, su presentación es un polvo blanco que se pone en el núcleo de los pañales por su capacidad para absorber hasta 50 veces su peso en líquidos. La diferencia es que la innovación de Meiners está basada en celulosa, el polímero (o macromolécula) más abundante de la tierra, encontrado en desechos agrícolas, madereros, en papel, cartón y las paredes celulares de las plantas.
Esto hace posible que este pañal sea el primero completamente biodegradable que existe, dado que ya hay alternativas orgánicas para todos los demás materiales que componen este tipo de prendas. En realidad, el beneficio de NamaSAP para el medio ambiente empieza desde su fabricación, durante la cual no se utilizan disolventes ni otras sustancias químicas que generen residuos tóxicos. Es un producto ecológico de inicio a fin en su cadena productiva.
El potencial del biopolímero crece aún más al considerar que tiene otras posibilidades de aplicación en diferentes mercados, todas vinculadas a la absorción y la retención de humedad.
“Actualmente nos enfocamos en los productos de higiene porque conforman el mercado más grande de los superabsorbentes, representan entre 80 y 85 por ciento de sus usos. También es el producto que [en Namalab] tenemos más avanzado, aunque hay otras aplicaciones. Mencionamos su posible uso en agricultura y en empaques de alimentos porque ya tenemos avances en su desarrollo”, explica el egresado del ITESO.
En 2025, la MIT Technology Review reconoció a Andrés Meiners como uno de los 35 innovadores destacados menores de 35 años en Latinoamérica por la trascendencia y las posibilidades de su invención.
Un emprendimiento con impacto
La cereza del pastel, y probablemente el aspecto definitivo para la trascendencia de NamaSAP, es su naturaleza como repuesto directo en el mercado de los pañales. Eso significa que el producto puede insertarse directamente en las líneas de producción sin modificar sus procesos ni maquinaria. Es una característica que lo dota de un atractivo muy valioso para las empresas de la industria.
“Todas las empresas están interesadas en productos más sustentables, pero ninguna está dispuesta a modificar sus procesos o sus maquinarias, a invertir en todo esto. Fue algo que tomamos en cuenta desde un principio para desarrollar una alternativa con el mismo costo, la misma cantidad, el mismo rendimiento, y que además les traiga una ventaja competitiva”, explica Andrés.
La consideración dio resultado, pues desde hace un año Namalab trabaja en alianza con una empresa fabricante de pañales del extranjero que ha llevado el producto a la fase de escalado industrial. Se prevé que los primeros pañales hechos con el biopolímero NamaSAP salgan al mercado en 2027.
Andrés nunca perdió de vista que, para que el proyecto creciera, tenía que ser integral. Eso era lo que necesitaba si se proponía emprender. Cuenta que al graduarse en Ingeniería en Nanotecnología se sentía muy convencido de que había elegido bien su carrera y de que quería quedarse en México, aunque el campo de acción es limitado. A partir de esa realidad fue que se propuso construir sus propias oportunidades y también ofrecerlas a otros jóvenes que se enfrentan a los mismos retos.
El camino no ha sido sencillo. Ha implicado una búsqueda constante en un contexto en el que, si bien hay oportunidades para las personas emprendedoras, usualmente se enfocan en el desarrollo de tecnologías de software y no en tecnología profunda (deep tech) basada en ingenierías.
“Una de las mayores motivaciones era no solamente innovar por innovar, sino innovar en algo que verdaderamente tuviera impacto, aquí en México y en todo el mundo, porque queremos dar a conocer que la tecnología mexicana no está por debajo de la de otros países”, agrega Meiners.
Namalab en el ITESO
El ITESO ha visto a Namalab crecer. En 2024 ganó el primer lugar en el Concurso de Emprendimiento de Alto Impacto del Centro para la Gestión de la Innovación y la Tecnología (Cegint) por su escalabilidad, su viabilidad económica y su aliento al espíritu emprendedor en beneficio de la sociedad, en consonancia con las Orientaciones Fundamentales de la Universidad.
También colabora con el Proyecto de Aplicación Profesional (PAP) Apoyo a la Investigación y Desarrollo en Nanociencias y Nanotecnologías, en el que participan estudiantes de las ingenierías en Nanotecnología, Química y Electrónica.
En este espacio de aprendizaje están enfocados en la aplicación del biopolímero superabsorbente en las industrias de alimentos y la agrícola. En la primera, Namasap se convierte en un empaque con componentes antimicrobianos para alargar la vida útil de frutas y carnes, y en la segunda se pone en los cultivos durante la siembra para incrementar su capacidad de absorción de agua. De esa manera, los agricultores pueden reducir hasta 50 por ciento su consumo de agua y fertilizantes, que usualmente se pierden en el subsuelo.
“En el huerto que tiene aquí el ITESO ya estamos haciendo pruebas. Cultivamos maíz y hacemos esquemas de riego para ver qué tanto menos podemos regar las plantas sin afectar el cultivo”, explica Andrés Meiners.
El impacto de su trabajo apenas comienza, pero los logros que ha alcanzado ya muestran lo lejos que se puede llegar al unir el diferenciador de la nanotecnología con el ánimo de crear oportunidades propias por medio del emprendimiento.