Del cine como fuente de alivio

Del cine como fuente de alivio

– Edición 511

Imagen de la película «Ladrón de bicicletas».

Las películas que bordan el consuelo como tema pueden ser un apoyo para lidiar con la pena; es decir, pueden poner al alcance del espectador algún alivio

Más allá de la historia o el asunto de una película en particular, la experiencia cinematográfica —particularmente en la sala oscura— puede ser una fuente de consuelo en la medida en que, para empezar, ofrece una distracción a quien sufre una desdicha. Cuantimás las películas que bordan el consuelo como tema: pueden ser un apoyo para lidiar con la pena; es decir, pueden poner al alcance del espectador algún alivio.

En Mi vecino Totoro (1988), de Hayao Miyazaki, por ejemplo, la animación y la fantasía son pertinentes para que las niñas protagonistas vivan aventuras maravillosas que les ayudan a arreglárselas con su circunstancia adversa: la ausencia de su madre, que está hospitalizada. El tema no es el consuelo, pero tanto los personajes como el espectador experimentan cierto alivio ante la adversidad.

Las virtudes “curativas” del cine se incrementan cuando se ocupa del dolor por antonomasia: la muerte de un ser querido. Numerosas películas han abordado procesos de acompañamiento para paliar los sinsabores del aciago pasaje. A menudo el protagonista vive un proceso reflexivo para vérselas con el dolor, y, si no lo supera (porque no hay cómo), aprende a vivir con él, lo cual es ya un alivio. Por ejemplo, en Violines en el cielo (2008), de Yôjirô Takita, seguimos a un celista en crisis que trabaja en una funeraria preparando cadáveres, y las experiencias que vive ofrecen un buen soporte para lidiar con los estragos de los vivos frente a la muerte.

Sartre decía que si no podemos cambiar un evento, sí podemos cambiar la forma como lo vivimos. De eso el cine sabe mucho.

Ladrón de bicicletas (Ladri di biciclette, 1948), de Vittorio De Sica

En la empobrecida Italia de la posguerra, Antonio necesita una bicicleta para trabajar y, así, poder alimentar a su familia. Pero un mal día se la roban. Entonces comienza su búsqueda por toda la ciudad, y mientras busca, su angustia crece. La experiencia es dolorosa, pero Antonio tiene en su hijo, el pequeño Bruno, un fiel acompañante y un apoyo invaluable. En el clímax de la película, el padre comete un acto desesperado. Y aún en la debacle el hijo no lo abandona: lo toma de la mano y así le ofrece el único consuelo posible.

La habitación del hijo (La stanza del figlio, 2001), de Nanni Moretti

Giovanni es un psicoanalista que tiene una vida que cabría calificar como feliz, hasta que… su hijo muere en un accidente. Entonces la profesión aporta, poco a poco, un poco de consuelo. Moretti hace del espacio una metáfora, por lo que el gabinete del psicólogo es contiguo a la habitación del hijo. Para él, “todo está unido, todo está separado. Creo que Giovanni necesita tener a su familia a la mano para enfrentar el sufrimiento de sus pacientes. Y también lo contrario…”. En Cannes, Moretti recibió algo más que un premio de consolación: la Palma de Oro.

El espíritu de la pasión (Binjip, 2004), de Kim Ki-duk

El joven Tae-seok acostumbra ingresar por breves periodos en casas ajenas. Aprovecha la ausencia de los habitantes y “se apropia” del espacio. No roba ni causa daños, es una especie de fantasma. Un día entra en la casa de Sun-hwa, quien lleva una vida infeliz al lado de su marido, que la maltrata. Tae-seok se hace presente y le ofrece un consuelo que surge de algo que bien podría ser amor. El título original de la película es 3-Iron y hace referencia a un palo de golf. En este caso, la distante traducción al español es afortunada.

Buscando a Eric (Looking for Eric, 2009), de Ken Loach

El estado de cosas que presenta Ken Loach en su cine se parece bastante a la realidad, la cual a menudo se caracteriza por su crueldad. Pero por lo general su cine consuela y abre la puerta a algo parecido a la esperanza. En esta película acompaña a Eric, un cartero que encara las consecuencias del pasado irresponsable con su familia. Fanático del futbol y admirador de su tocayo Cantona, encuentra en este un apoyo inesperado. Con humor, Loach muestra cómo los héroes pueden ser más que una inspiración y, el consuelo, una vía para la acción.

El niño de la bicicleta (Le gamin au vélo, 2011), de Luc y Jean-Pierre Dardenne

Cyril es un chamaco que vive en el abandono. Su padre no lo quiere en su vida, por lo que busca deshacerse de él y lo deja en un hogar infantil. Pero Cyril no está en paz y huye de ahí. Entonces conoce a una joven peluquera, que se interesa en él y más adelante comienza a frecuentarlo. Él tiene mucho coraje y se pelea constantemente; ella se convierte en una inesperada fuente de consuelo. Los hermanos Dardenne se especializan en situaciones amargas, pero en esta película plantean algo cercano a un cuento de hadas. Felizmente.

Para saber más
:: Ladrón de bicicletas completa y subtitulada al español.
:: Entrevista con Nanni Moretti.
:: El momento favorito de Eric Cantona (escena).
:: Entrevista con los hermanos Dardenne.
:: Texto y larga entrevista con Luc Dardenne. Buenísima.

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