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"Tu literatura se va haciendo tu patria": Carlos Wynter

El panameño Carlos Wynter, quien en los años 90 estudió Ingeniería Industrial en el ITESO y después egresó de la hoy extinta Maestría en Desarrollo Organizacional, fue elegido por la FIL como uno de los 25 secretos mejor guardados de América Latina.
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Carlos Wynter

Este 2011, en su 25 aniversario, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) decidió echar a andar un peculiar y plausible ejercicio: rastrear por todo el continente “Los 25 secretos mejor guardados de América Latina”: 25 escritores que no tuvieran el reconocimiento que merecerían tener más allá de sus países de origen. Finalmente armó su lista (seis mujeres y 19 hombres), les pagó sus boletos de avión, sus hoteles y a lo largo de esta edición, que termina el 4 de diciembre, los ha puesto a disposición de lectores, agentes literarios y editoriales.

Uno de ellos es el panameño Carlos Wynter, quien en los años 90 estudió Ingeniería Industrial en el ITESO y después egresó de la hoy extinta Maestría en Desarrollo Organizacional. Él fue uno de los últimos estudiantes que llegó por aquellos años a México, una de las últimas visas que otorgó el gobierno del entonces presidente Manuel Antonio Noriega (removido por una invasión militar de Estados Unidos que en 1989 causó decenas de muertes civiles).

Muchos libros leídos, un amor mexicano y una vocación que esquivó toda resistencia y desaprobación, lo acercaron inexorablemente a la escritura. Era el periodo de su vida entre 1990 y 1997. “Aquí comencé a escribir formalmente. En mi cabeza para nada veía la literatura como algo que podía hacer de manera profesional, y aquí me enredé de manera accidental, por estar siguiendo a mi novia a un taller de redacción [Leticia, originaria de Zamora, Michoacán]. Después se convirtió en mi esposa”, recuerda el autor de obras como Desnudo, Cuentos con salsa o El escapista y que ha sido traducido al alemán, el portugués, el inglés y el húngaro.

“Fue más fuerte que yo. Fue algo gradual, yo habría hecho hasta lo imposible para no ser escritor, ¿por qué? Porque vengo de una familia de profesionales que nunca jamás se hubiera visto bien que yo estuviera escribiendo. En Panamá es una cosa muy marginal, muy difícil”.

 

Escribir desde la periferia

En Panamá, dedica su tiempo profesional a escribir y fomentar como, cuando y donde se pueda a la literatura, un arte sumamente marginal en su país, en el que, como ocurre en no pocas latitudes de América Latina, los prejuicios en torno a la creación literaria no son pocos.

Una sencilla anécdota lo ejemplifica: cuando llegó a Guadalajara, un joven pensó, debido a su color de piel, que Wynter era un atleta que formaba parte de alguna delegación deportiva de los Juegos Panamericanos. “Yo no tengo pinta de escritor; se supone que los tostados como yo hacemos otras cosas (ríe), pero la vocación es tan fuerte, que tienes que ser lo que tienes que ser”, apunta, aún con la sonrisa en el rostro, y continúa: “La desaprobación es muy fuerte; dicen los científicos que las partes del cerebro que se activan cuando te desaprueban, son muy parecidas a las que se activan cuando te dan un golpe. Hay estereotipos, hay encasillamientos, pero por eso siempre repito que la vocación es muy fuerte, supera todo eso y el escritor encuentra camino”.

 

Wynter, la FIL y Guadalajara

Durante la FIL de Guadalajara, la segunda ciudad que ocupa su corazón, este académico creador de la Fundación para la Gestión del Arte panameña, responsable del sello Fuga Editorial y coordinador de un diplomado de creación literaria, aprovechará su estancia para buscar nuevas rutas de distribución a su literatura, concretar proyectos, lograr seguir viviendo de su profesión: escribir.

“El escritor trata de crear su mundo porque se siente aislado del mundo. Como no entiendes tu lugar dentro de lo que se ha establecido como las fórmulas en las que vivimos, pues tratas de imaginar y entender un mundo que sea alterno a este. [Mario] Vargas Llosa dice algo parecido: ‘el escritor es un rebelde de por sí, porque crea mundos que, entre comillas, no existen, mundos posibles’. Tu literatura se va haciendo tu patria”, expone este admirador de Octavio Paz (“no era un escritor, era un iniciado”), a quien leyó ávidamente durante su estancia en Guadalajara. “Para mí fue una delicia la biblioteca del ITESO”.

Para cerrar, una muestra del trabajo literario de Wynter: La mujer de al lado.

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