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#Nuitdebout, el hartazgo de los franceses

Los participantes del movimiento #Nuitdebout se dicen sin intereses partidistas —no están a favor o en contra de algún político en específico—, pero se reconocen decepcionados de quienes hacen la política. Su objetivo, dicen, es incitar el diálogo entre los ciudadanos, reflexionar y proponer una democracia participativa
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Nuitdebout Francia

Una propuesta de reforma a la Ley del Trabajo, que contempla medidas para facilitar a las empresas el despido de sus empleados; la prolongación de los contratos de “aprendizaje”, que permiten pagar a los jóvenes entre el 30 y 75 por ciento del salario mínimo (1,400 euros brutos); la precariedad en la que viven miles de emigrantes; una tasa de desempleo que alcanzó al 10 por ciento de la población activa (3.5 millones de personas) y al 25 por ciento de los jóvenes activos (casi dos millones); el “estado de emergencia” declarado después de los atentados en París del 13 de noviembre de 2015, son algunas de las razones por las que desde el 31 de marzo miles de personas han ocupado permanentemente las plazas públicas en Francia para mostrar su hartazgo y exigir al gobierno un cambio en sus políticas públicas.

 

Del #Onveutmieuxqueça al #Nuitdebout

En los últimos meses los estudiantes franceses han salido a las calles en diferentes ocasiones, con el objetivo de abrir un diálogo con el gobierno sobre la propuesta de reforma a la Ley del Trabajo. Los representantes de las principales organizaciones estudiantiles fueron recibidos por el Primer Ministro y por las ministras de Educación Nacional y del Trabajo el 11 de marzo. Pero su discurso no convenció a los jóvenes, que siguieron manifestándose en las calles.

El 24 de marzo un grupo de youtubers publicó un video en las redes sociales para denunciar las malas condiciones en las que trabajan miles de estudiantes. Las redes se inundaron con cientos de publicaciones escritas y videos con testimonios y reflexiones de jóvenes trabajadores, agrupadas con el hashtag #Onveutmieuxqueça (“Valemos más que eso”).

El 31 de marzo los  sindicatos con más poder en el país convocaron a una huelga general en toda Francia para mostrar su rechazo a la propuesta de reforma laboral del presidente François Hollande. La tarde de ese día diferentes contingentes de estudiantes, trabajadores y migrantes  tomaron las calles y plazas en diferentes ciudades.  

En París, durante el atardecer, la Plaza de la República se convirtió en el espacio de convergencia de los manifestantes. Personas de todas las edades y de cualquier origen se dieron cita para discutir sobre las preocupaciones y problemáticas que se viven en el país. A través del hashtag #Nuitdebout (“Noche en pie”) se invitaba a las personas a pasar la noche en la plaza para continuar con el diálogo de una manera espontánea, improvisada, relajada y festiva. Desde entonces, todas las noches se realizan concentraciones en dicho lugar. Lo mismo se ha replicado en otras ciudades de Francia como Lyon, Marsella, Rennes, Nantes.

Nuitdebout Francia Foto: Grupo Nuitdebout en Facebook. La foto anterior es de Olivier Ortelpa

Los indignados franceses

De una noche a otra, los manifestantes comenzaron a organizarse en pequeños grupos de trabajo o asambleas temáticas, adoptando el modelo de los indignados españoles que en 2011 ocuparon la plaza Puerta del Sol en Madrid, donde surgió el movimiento #15M. En las concentraciones que tienen lugar en plazas públicas no hay representantes ni dirigentes, se trata de una organización horizontal. No hay voceros: cualquiera puede tomar la palabra en las asambleas, pero para hacerlo hay ciertas reglas. Al estilo del #15M o del Occupy Wall Street (Nueva York, 2011), utilizan un lenguaje de señas para comunicarse durante los debates públicos, para pedir la palabra, para señalar que algo que se está diciendo ya se ha escuchado antes, para expresar el acuerdo y aprobar lo que se está diciendo o lo contrario, entre otros mensajes. De un día para otro aparecieron grupos en Facebook, videos en diferentes redes sociales y múltiples transmisiones en directo hechas con un smartphone, utilizando aplicaciones como Periscope, Bambuser o Birdplane. Así nació el movimiento #Nuitdebout.

Los que desde hace dos semanas siguen de pie cada noche, en la Plaza de la República en París o en la Guichard en Lyon, no han dejado de utilizar en sus mensajes un hashtag para indicar que el mes de marzo no se ha terminado, que el mes en que comenzó a formarse el movimiento no tendrá fin porque éste sigue. Así, conforme pasan las noches han ido adoptando el #31mars, #32mars, #33mars. El fin de semana que recién pasó, 16 y 17 de abril, para ellos fueron los días #47mars y #48mars.

En la radio y la televisión se transmiten todos los días nuevos reportes y entrevistas con los participantes. En los medios escritos, impresos y digitales, se publican análisis sobre este movimiento, en los que intelectuales y académicos aplauden el encuentro y la integración de los ciudadanos, la vitalidad, la valentía y el pensamiento crítico de los jóvenes, así como su entusiasmo por querer transformar la realidad. No obstante, los #Nuitdebout no se han salvado de las críticas, sobre todo de parte de la clase política. Se preguntan si de esto podría surgir algún partido político como ocurrió en España, donde después de tres años del #15M algunos participantes y simpatizantes de este movimiento, junto con otros activistas, fundaron Podemos, un partido de izquierda —que incluso ha sido calificado en Europa como de extrema izquierda— que ha estado en la mira por su rápido crecimiento, pero también por el rápido desencanto de sus militantes y su caída en las encuestas de preferencia de voto en España.

Los participantes del movimiento #Nuitdebout se dicen sin intereses partidistas —no están a favor o en contra de algún político en específico—, pero se reconocen decepcionados de quienes hacen la política. Su objetivo, dicen, es incitar el diálogo entre los ciudadanos, reflexionar y proponer una democracia participativa, en la que todos puedan colaborar sin restricciones de edad, género, preferencias sexuales, origen, color de piel, estatus migratorio, religión, profesión o nivel de estudios. La mayoría tiene claro que el presente es difícil y que el futuro será más complicado si se aprueba la propuesta de reforma laboral. “Yo no voté por eso”, dicen los electores de François Hollande a su política “social liberal”, también calificada como una “izquierda de derecha”.

nicoNuitdebout Francia Foto: Nicolas Vigier

En contra de las “soluciones anestesia”

Como respuesta a las presiones de las diferentes asociaciones estudiantiles, el 11 de abril el primer ministro, Manuel Valls, anunció la entrega de una beca de 200 euros mensuales durante cuatro meses para los recién egresados, de orígenes modestos, que estén en búsqueda de empleo. El gobierno también prevé una ayuda suplementaria de mil euros al año para los estudiantes que ya cuentan con una beca que los exonera del pago de inscripción anual (unos 500 euros) y del pago de la seguridad social (215 euros). Las protestas de los estudiantes de nivel bachillerato tuvieron como respuesta el aumento de 10 por ciento en el monto de las becas que se otorgan anualmente a unos 25 mil estudiantes, que van de 400 a 800 euros según las necesidades individuales.  

A pesar de que estas medidas fueron bien recibidas por la mayoría de los representantes de las asociaciones estudiantiles, miles de ellos siguen reuniéndose en las plazas de diferentes ciudades de Francia para denunciar que esas medidas “de anestesia momentánea” no ayudan a solucionar la falta de empleos. Como respuesta al reclamo de los jóvenes a tener derecho a un trabajo estable y no varios temporales, el gobierno contempla elevar el pago de impuestos a las empresas que reclutan bajo contratos de corta duración, para así incitar el aumento de contratos de duración indeterminada.

Como era de esperar, esta medida no fue bien recibida por las asociaciones patronales, que también alzaron la voz para demostrar su descontento y explicar las dificultades a las que ya se enfrentan para proponer contratos de corta duración en la situación de crisis económica en la que está inmerso el país. Los empresarios condenan que se les quiera sancionar en lugar de proponer soluciones que atiendan el por qué las empresas tienen dificultades para ofrecer cualquier tipo de contrato. Los empresarios también están indignados. Dicen que el gobierno no propone soluciones para mejorar sus negocios, que no ven las condiciones adecuadas para hacer contrataciones debido al aumento en el pago de impuestos de las cargas sociales durante este quinquenio presidencial.

 

Lo que los mantiene de pie

“No quiero trabajar más para ganar menos”, “Mi vida no sólo es trabajar”,  son algunas de las consignas recurrentes para manifestar el rechazo a los empleos precarios. Los integrantes del movimiento #Nuitdebout defienden las 35 horas semanales que, desde 2000, se deben cumplir en un trabajo de tiempo completo, según el marco legal francés. Los ciudadanos afirman que la reforma propuesta por el presidente no es lo suficientemente clara y que sus ambigüedades pueden ser aprovechadas para que la carga semanal llegue hasta las 44 horas. La primera versión de la propuesta de reforma contemplaba:

—El pago de horas extras hasta tres años después de trabajadas, o el impago a cambio de días de reposo.

—La privación de algunos derechos, como el goce de días de asueto suplementarios para padres y madres, dependiendo del número de hijos.

—La modificación de fechas vacacionales por parte del empleador después de haber sido aprobadas.  

—La decisión del empleador sobre la cantidad de días a otorgar a los trabajadores a causa de emergencias o imprevisto familiares, cuando la ley actual fija el mínimo de días que las empresas están obligadas a dar dependiendo del tipo de eventualidad.

—El aumento de dos horas de trabajo al día (10 en lugar de 8) a los jóvenes menores de 18 años y de más de 35 horas a la semana.

Nuitdebout Francia Foto: Nadal­ Deh

Pero la reforma laboral no es la única causa que mantiene de pie a este movimiento. La indignación es alimentada por un cúmulo de diferentes problemáticas sociales que se viven en Francia. Los #Nuitdebout quieren que también se escuche el punto de vista de los ciudadanos “de a pie”. Las medidas que ha tomado el gobierno después de los atentados del 13 de noviembre no tienen contenta a la población. El presidente Hollande declaró el estado de emergencia y propuso la privación de la nacionalidad francesa a quienes participen en atentado terroristas.

La ley actual en Francia sólo contempla la privación de la nacionalidad a las personas binacionales que han adquirido la nacionalidad a través de algún proceso de naturalización. La falta de lealtad al país es una de las causas para obtener esta sanción. Después de saberse que los atentados del pasado 13 de noviembre en París fueron ejecutados por franceses de nacimiento, Hollande propuso un cambio en la ley para privar de la nacionalidad francesa a los individuos que la poseen desde el nacimiento. La propuesta causó un largo y álgido debate entre la clase política. El 27 de enero provocó la dimisión de la ministra de Justicia, Christiane Taubira, quien estaba en contra de la aprobación del cambio impulsado por el presidente francés. Según algunas encuestas publicadas los primeros días después de los atentados, el 90 por ciento de la población estaba de acuerdo con esta iniciativa. Después de tres meses, la mitad de los franceses estaba en contra. Luego de ser discutida durante cuatro meses en el parlamento francés, el presidente Hollandae retiró su propuesta, criticada por ir en contra de los derechos fundamentales pues, al no tener nacionalidad alguna, un individuo pierde su identidad y todos sus derechos.

Los ciudadanos piden el fin del estado de emergencia, declarado un día después de los atentados de París y prolongado en dos ocasiones debido a que la amenaza terrorista es “realmente grave”. Este estado restringe ciertas libertades públicas e individuales de personas que son consideradas como amenazas para la seguridad pública. Un estado de emergencia permite a la policía y a otras agrupaciones de élite realizar acciones que en tiempos normales estarían fuera de la ley.

Un reporte de Amnistía Internacional denuncia acciones desproporcionadas de parte de las fuerzas del orden. Hasta ahora se han llevado a cabo 3,200 allanamientos, 400 personas han sido puestas en arresto domiciliario y doce lugares de culto que operaban como mezquitas de “radicalización islamista” han sido cerrados. Esta organización acusa que en múltiples ocasiones personas han sido allanadas en su domicilio debido a sus prácticas religiosas, sin la debida investigación y sólo con  base en suposiciones de radicalización o por el hecho de mantener relaciones con otras personas musulmanas consideradas sospechosas.

En medio de una decepción hacia los partidos políticos y representantes de gobierno, de una Francia herida aún por los atentados terroristas, de una población sumergida en el desempleo y dividida por las religiones y los orígenes, los sindicatos y asociaciones de bachilleratos y universidades preparan una nueva movilización masiva en las calles el próximo 28 de abril. Exigirán al gobierno que retire definitivamente su propuesta de reforma a la ley laboral.

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