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Los estados alterados de Oliver Sacks

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“Empecé con cannabis. Un amigo de Topanga Canyon, en donde viví una temporada me ofreció un toque. Después de dos chupadas todo lo que me estaba pasando se transformó. Miré mi mano y me pareció que llenaba todo mi campo visual haciéndose cada vez más grande y más grande al mismo tiempo que se alejaba de mí. (...) Mi primera experiencia fue marcada por una combinación de lo neurológico con lo divino.  En la costa oeste en los primeros años de los 60, el LSD era muy accesible, por lo que también experimenté con el ácido, pero mis amigos me dijeron que “si realmente quería tener una experiencia trascendental probara con el Artane”. Me sorprendió un poco porque sabía que el Artane, un producto sintético derivado de la Belladona, se usaba en pequeñas dosis en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson  y esa planta podría producir delirio si se consumía en grandes cantidades. Pero me preguntaba si el delirio podía ser divertido o informativo.  ¿Podría estar uno en condición de observar el funcionamiento de la propia mente  para apreciar sus maravillas? “Adelante”, me dijeron mis amigos, “sólo toma 20 pastillas y estarás en control parcial de ti mismo”.

El párrafo anterior no fue escrito por un joven inmaduro a la caza de nuevas experiencias, ni por un artista buscando la inspiración con estímulos externos, sino por un médico residente mientras cursaba la especialidad en neurología en Los Ángeles.  Oliver Sacks, autor de la confesión, se convertiría en profesor de neurología clínica en la Universidad de Nueva York,. Ha recibido media docena de doctorados honoríficos y es autor de una docena de libros de divulgación de la neurología. De sus libros, algunos son casos clínicos (Despertares, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, La isla de los ciegos al color);  otros están centrados enfermedades (Migraña, Veo una voz. Viaje al mundo de los sordos); secuelas neurológicas de accidentes (Con una sola pierna) o sus memorias de infancia tituladas El tío Tugsteno. Recuerdo de un químico precoz. Hace cuatro años publicó Musicofília: Relatos de la música y el cerebro, un singular libro con casos de pacientes en quienes la música o la capacidad auditiva está asociada con alteraciones o padecimientos neurológicos; por ejemplo, Tony Cicoria quien se volvió melómano apasionado a los 42 años después de haber recibido una descarga eléctrica que casi lo mata. Su anterior libro Los ojos de la mente trata de la vista y la imaginación visual como factores determinantes en nuestra personalidad neurológica.     

El libro más reciente de Sacks se titula Hallucinations y fue publicado en noviembre del 2012. En este libro, el neurólogo continúa con la tarea de descifrar la mente humana y se centra en las alucinaciones que pueden ser producto de padecimientos como la migraña o la fiebre alta, pero también provocadas por el consumo de alucinógenos. Como en sus otros libros, su estilo narrativo está compuesto por descripciones detalladas de casos clínicos, reflexiones de sus lecturas y sus propias experiencias. Tal el caso de su interés, teórico y vivencial, en las alucinaciones causadas por drogas como lo muestra la cita del primer párrafo de este texto. En el capítulo “Estados alterados” el neurólogo narra sus experiencias con psicotrópicos y sus lecturas previas de la literatura especializada. Desde los autores clásicos como Thomas de Quincey, Aldous Huxley y Albert Hofmann hasta otros menos conocidos, pero a decir de Sacks, no menos importantes como David Ebin, autor de The Drug Experience: First-Person Accounts of Addicts Writers, Scientifics and Others (1961) y Heinrich Klüver, quien escribió sobre los efectos de la mezcalina.

El neurólogo explica el consumo de drogas en la historia de la humanidad como el medio con que algunos seres humanos han enfrentado ciertas necesidades emocionales. “Vivir al día con día es insuficiente para nuestras necesidades humanas. Necesitamos trascender, viajar, escapar. Necesitamos encontrar sentido y explicaciones que nos lleven a ver más allá de nuestra vida diaria. Tenemos la idea de esperanza y un sentido de futuro”.

La reflexión de Sacks sobre el consumo de drogas está alejada tanto de la moralina fácil de  muchos de sus detractores como del entusiasmo, a veces irresponsable, con el que algunos las recomiendan. Sacks experimentó con ellas, pero pagó el precio; tuvo que internarse para un tratamiento de rehabilitación que no fue nada placentero.  

Foto: Bigthink.com

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