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Nuevo ecologismo

El planeta Tierra es un ser vivo que se autorregula como un sistema total que abarca lo vivo y su medio físico, evolucionando como una sola entidad, y que busca su supervivencia

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En 2001 en Ámsterdam, más de mil delegados —entre científicos, políticos y estrategas de cuatro programas internacionales de investigación sobre cambio global (IGBP, IHDP, WCRP y Diversitas)— firmaron una declaración que cambió la vida del químico James Ephraim Lovelock (Inglaterra, 1919). En el acuerdo, que hoy todos los ecologistas conocen de memoria y llaman “Declaración de Ámsterdam”, se afirma que el “Sistema de la Tierra se comporta como un único sistema autorregulado compuesto por componentes físicos, químicos, biológicos y humanos”, es decir, que su Teoría de Gaia era aceptada y, sobre todo, avalada.

En 1960, cuando James Lovelock trabajaba para la NASA se le encargó la tarea de analizar la atmósfera de Marte para calcular si existía vida. El joven concluyó que “si la había, ésta tendría que usar la atmósfera como fuente de materias primas y depositar en ella sus residuos. Ese proceso alteraría la composición atmosférica y la distinguiría de la de un planeta muerto”. De allí surgió el “¡eureka!” con el que sueñan los científicos: la Teoría de Gaia, que ha dado prácticamente la vuelta no sólo a las teorías y las propuestas ecológicas y atmosféricas del último siglo, sino también a los enfoques evolucionistas. En 1969, el novelista William Golding bautizó esta hipótesis como Gaia, y el resto es una historia repleta de experimentos, cálculos, predicciones, rechazos, polémicas y lucha, la historia que se cuenta en La venganza de la Tierra, uno de los títulos con los que James Lovelock intenta disuadir a los “simples mortales”, y explicarles su punto de vista lejos de los términos científicos indescifrables, y —hasta cierto punto, un punto bastante discutible— con el corazón en la pluma.

Un resumen resulta casi imposible, pero a partir de una pregunta sobre la orina y la importancia de los procesos de los desechos de todo ser vivo, el químico explica con ejemplos, preguntas y respuestas, cómo es que considera que el planeta Tierra es un ser vivo que se autorregula como un sistema total que abarca lo vivo y su medio físico evolucionando como una sola entidad, y que busca su supervivencia. Desde allí, la Tierra no es el “hogar” del ser humano; tampoco el sitio donde sobreviven los “más aptos”. Gaia es una entidad, un ser que ahora intenta defenderse del calentamiento global autorregulándose, como lo ha hecho desde su comienzo, y en este proceso, según Lovelock, la civilización peligra.

El diagnóstico es más que pesimista, y Lovelock explica que hay que dar las malas noticias; de lo contrario, se perderá tiempo valioso en los intentos de rescatar la vida humana ante las inminentes consecuencias de la autorregulación de Gaia frente al calentamiento global: inundaciones por los derretimientos de los polos. El autor rechaza los intentos por las vías ecologistas, las teorías reduccionistas o las alternativas de energéticos renovables: para él es demasiado tarde, la solución sería una retirada “ultraecológica”, un plan de desarrollo y supervivencia con lo mínimo, un nuevo ecologismo basado en la idea de un planeta vivo que hoy lucha contra nosotros para sobrevivir. m

 

::La venganza de la Tierra. La teoría de Gaia y el futuro de la humanidad,

James Lovelock

(Planeta, México, 2007).

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