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La primera generación del ITESO celebró 50 años

En abril se cumplieron 50 años de que los alumnos fundadores del ITESO cumplieron 50 años de egresados. La ocasión fue el momento perfecto para reencontrarse, celebrar y volver a vivir las anécdotas vividas hace medio siglo.

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Primera generación de egresados del ITESO
Primera generación de egresados del ITESO

El reloj de la Catedral de Guadalajara marca casi las 11:00 horas. Decenas de personas vestidas elegantemente entran para ocupar las primeras 15 filas. Treinta y cinco hombres que rondan los 70 años de edad portan traje y corbata. Los acompañan sus esposas, hijos, hijas, nietos y demás familiares. Sus sonrisas delatan alegría: celebran 50 años de haber concluido sus estudios y de formar parte de la primera generación de egresados del ITESO, aquella universidad que abrió sus puertas en 1958 en una parte del segundo piso del edificio Independencia, ubicado en el centro de la ciudad.

A las 11:07 suena la Misa de Coronación de Mozart en el órgano de la Catedral. Las lágrimas brotan de los ojos de los egresados. Luego, la emoción se mesura y miran al frente con orgullo. Jesús Gómez Fregoso, SJ, mejor conocido como el padre Chuchín, recuerda a los alumnos de esa primera generación que han fallecido: Carlos Hernández, Miguel Ángel Pulido, Enrique Martínez y Emilio Ascencio. “El ITESO actual les debe mucho a ustedes”, expresa, poco antes de finalizar la misa, Francisco Villalobos Padilla, obispo emérito de Saltillo y quien fuera profesor de Ética de esta generación. Los aplausos son silenciados por el Ave María, de Schubert.

Los exalumnos se encuentran con sus compañeros, estrechan sus manos y se abrazan. Salen por la puerta lateral de Catedral. Se acomodan para ser fotografiados. Al fondo se ven la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres y el edificio Independencia, que albergó a los primeros alumnos del ITESO. “Recuerdo el sentimiento tan fuerte que había de que lo que estábamos haciendo valía la pena. Al empezar no había reconocimiento oficial, pero tuvimos profesores de primerísimo nivel. Eso fue lo que nos alentó para seguir”, expresa Sergio Ibarrarán Aranda, exalumno de Ingeniería en Mecánica Eléctrica, quien desde la Rotonda mira la fachada del inmueble donde el ITESO impartió sus primeras clases. Al preguntarles qué es lo que más recuerdan, las mujeres aparecen constantemente en sus respuestas. Las primeras alumnas de Psicología del ITESO ocupan un lugar importante en el baúl de su mente.

 Nombres de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo: Carlos Armando Álvarez de la Peña, Mtro. José Urbieta Castellanos, Alejandro Villaseñor Martínez, José Luis González Orozco, Ismael Dávila Espinoza, Juan Medina, Mauricio Aguirre Zaragoza, José Manuel Sepúlveda Enríquez, Ing. Luis Farias Martínez, Roberto Sahagún Orozco, Ricardo Michel Flores, Rubén Puliso Sánchez, Mariano Coronado Barrios, Enrique Acuña, Rafael Alvarado Negrete, Sergio Ibarraran Aranda, Padre Jorge Villalobos Padilla SJ, Abel Ramos Ramírez, Salvador Ibarra Alvarez del Castillo, Compañeras de la msu, Jorge Fernández Barragán, Ricardo Ruiz Hernández, Héctor Protillo Ponce.

Siete egresados suben las escaleras del edificio que fue su escuela. Es la primera vez que lo hacen desde que concluyeron sus estudios. “Son las mismas”, “Esto está casi igual”, “Nunca había vuelto a entrar”, se escucha al andar por los escalones. Hablan de varios momentos que vivieron en ese inmueble. “Nos sentimos orgullosos. Iniciamos como una escuelita parroquial y ahora es una gran universidad”, afirma Carlos Álvarez de la Peña, egresado de Ingeniería en Mecánica Eléctrica.

“Bienaventurados los que sin ver, creyeron; bienaventurados los que viendo, siguen creyendo”, menciona el Rector del ITESO, Juan Luis Orozco, SJ, cuando se dirige, ya en el campus, a los primeros egresados del ITESO, aquellos que, sin tener la garantía de que obtendrían un reconocimiento oficial que validara su paso por la educación superior, decidieron estudiar en la nueva universidad de la ciudad. El rector agrega que este primer grupo ha dado frutos profesionales, que se han comprometido responsablemente con su ser y su quehacer con la sociedad.

“En esta piedra se encuentran los nombres de los fundadores y de los primeros egresados del ITESO”, reza la leyenda escrita en una de las piedras de la fuente que se encuentra frente a rectoría. Pedro Ramírez, director de Relaciones Externas, se para frente al pódium, toma el micrófono y pide a dos hombres que quiten dicha piedra para sacar la cápsula del tiempo que se guardó ahí hace 50 años. Sacan un cilindro de madera que contiene dos pergaminos con los nombres de los primeros alumnos de la universidad y de los empresarios que fundaron el ITESO.

 Nombres de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo: Ricardo Barba Nova, Padre Juan José Coronado, Carlos Enrique Urrea García, Antonio Nuñez Hurtado, Carlos Hernández Godínez, Luis Urrea González Paul, Alberto Valdez Mendoza, Jorge Vizcaíno de Anda, Jorge Lemus Contreras, Sergio Carvajal.

Salvador Ibarra Álvarez del Castillo, egresado de Ingeniería Civil, menciona ante sus compañeros que el ITESO tiene que seguir apegado a las orientaciones fundamentales que le dieron vida: “Formar personas de éxito pero con valores y compromiso social para México. Sé y confío en que nuestra universidad seguirá comprometida con todos sus alumnos para seguir formando personas con ética profesional, pero sobre todo con ideales, responsables, humanitarios y con un gran sentido de la igualdad y la justicia, como lo logró con su primera generación”.

Llega la hora de la comida. Sentados, sin saco y con bebida en mano, los egresados recuerdan los apodos con los que eran conocidos en aquella época. Hacen bromas sobre sus edades y su apariencia. “Es una gran alegría que estemos vivos, unos más panzones, otros más pelones, pero todos nos acordamos de las experiencias”, expresa Claus Tiessen, egresado de Administración. A un costado de las mesas se le puede echar un ojo a las fotografías que tomaron durante el viaje que, con fines académicos, hicieron a Estados Unidos en el verano de 1963: una expedición en la que visitaron las universidades de Harvard, Michigan, la Loyola, en Nueva Orleáns; la sede del Departamento de Estado en Washington; las oficinas de Ford y General Motors, así como la construcción del puente colgante en la ciudad de Nueva York.

Las anécdotas fluyen. Ya sin ceremonia religiosa de por medio, Francisco Villalobos recuerda que antes había sido profesor en el seminario y no estaba acostumbrado a tratar con estudiantes tan “alborotados” como los que encontró en el ITESO. Recuerda cuando una pareja de novios se estaba besando en el salón. Les advirtió que en la escuela se estudiaba: “O están platicando y se van afuera, o vienen a estudiar, punto. Todos se azoraron porque no estaban acostumbrados a que el profesor expulsara de la clase a los alumnos”.

Alrededor de las siete de la tarde, la jornada cierra, en el auditorio m, con una presentación de diapositivas con la que, a través de semblanzas, se recuerda a los alumnos de Ingeniería Civil, Mecánica Eléctrica, Química y de la licenciatura en Administración. Alumnos que ahora, 50 años después, se sienten orgullosos de haber sido los primeros. m

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