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Juan José Arreola: El hombre en la tormenta

Autor de fantasías enigmáticas e irresistibles, de profundas indagaciones en la naturaleza humana y sus posibilidades insospechables, de vivaces frescos cuyos personajes, en sus conductas y razonamientos, dan forma a singulares representaciones morales de la sociedad, Arreola fue ante todo un poeta

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El Liberty navega de Nueva York a Francia. Aunque originalmente fue usado para el transporte militar, terminada la Segunda Guerra Mundial ha sido convertido en un buque mercante y de pasajeros, si bien éstos tienen que hacinarse en las cabinas/cuartel que alojaron antes a los soldados, de tal modo que la travesía dista mucho de ser placentera. Entre los viajeros se cuenta un joven mexicano, que antes de abordar ha cruzado Estados Unidos en tren, gracias a los amigos que le prestaron o regalaron dinero para la aventura. Un viaje largo: había salido desde Guadalajara, semanas antes, y le faltan varias otras para alcanzar su destino final: el teatro de la Comedia Francesa, en París, donde quiere convertirse en actor. Ya al momento de zarpar, el joven se ha dado cuenta de que el agua no es su elemento: zarandeado por un mareo terrible, a duras penas consigue recorrer los intestinos del barco hasta llegar a su litera, donde el malestar se recrudece. En las literas hay correas para que los pasajeros se aten y no salgan disparados debido a las sacudidas de la navegación; el joven se abrocha los cinturones y se repite: “Tienes que aguantar, aquí te mueres pero te callas”. Pronto el mar muestra su peor carácter: rumbo a Terranova se desata una tempestad que prácticamente no ha de cesar en todo el trayecto. Cerca de la llegada, el joven, que se la ha pasado amarrado y probando apenas alimento, tiene una ocurrencia increíble, justo cuando el Liberty va atravesando el corazón de la tormenta: “Y entonces a Juan José Arreola Zúñiga se le ocurre una idea disparatada, imposible. Me levanté y con grandes trabajos, agarrado de tubos y pasamanos, recorrí el camino de los simulacros, porque me dije: ‘Yo esto no me lo pierdo’, hasta llegar a cubierta [...] La encontré vacía. Ni un solo marinero a la vista. Claro, de otra manera me hubieran regresado a la cabina. Me di vuelta, vi una especie de escalinata, la subo, da una vuelta, otra escalinata curva también, y llego así a la barandilla de una especie de mirador. Hacia arriba, sólo seguía un gran mástil que tenía a la mitad otro mirador, circular, como aquellos destinados a los vigías. Me agarré a la barandilla con las dos manos —y con toda mi alma— y mi asombro es enorme, porque no veo barco, ni mar, ni cielo, era como si yo estuviera flotando en el vacío [...] No sé cuánto tiempo permanecí allí, fascinado, empapado. El agua, por supuesto, estaba helada”.

Es como se lo contó el propio Arreola a Fernando del Paso, y como se puede leer en Memoria y olvido, el libro donde éste recogió, entrañable y admirablemente, los recuerdos que fue platicándole el escritor de Zapotlán el Grande. La imagen es emblemática: el hombre en la tempestad que, en una circunstancia de peligro extremo, se sobrepone al terror de los elementos y da la espalda a la cordura del mundo porque está sucediendo algo que, sencillamente, él no se puede perder. El impulso es afín al que lo lleva a París, donde pretende ponerse bajo la tutela del actor Louis Jouvet, quien lo había deslumbrado en una función en el Teatro Degollado, y en última instancia se trata de la actitud de audacia, curiosidad y voluntad de comprensión que definiría su obra: el breve conjunto de cuentos, piezas teatrales, ensayos, poemas en prosa y una novela que haría de Arreola una de las presencias más originales y fascinantes de la literatura en español del siglo xx.

Autor de fantasías enigmáticas e irresistibles (el cuento “El guardagujas”, por ejemplo, en el que un viajero que sólo busca llegar a su destino debe avenirse a las leyes insospechables de un sistema ferroviario enloquecido), de profundas indagaciones en la naturaleza humana y sus posibilidades insospechables (“El faro”, relato sobre un triángulo amoroso... pero mucho más que eso), de vivaces frescos cuyos personajes, en sus conductas y razonamientos, dan forma a singulares representaciones morales de la sociedad (la novela polifónica La feria, seguramente uno de los libros más divertidos que existen), Juan José Arreola fue ante todo un poeta. “No he tenido tiempo de ejercer la literatura”, escribió. “Pero he dedicado todas las horas posibles para amarla. Amo el lenguaje por sobre todas las cosas y venero a los que mediante la palabra han manifestado el espíritu, desde Isaías a Franz Kafka”.

Como supo el hombre insólitamente asomado a la magnífica manifestación de la tormenta en alta mar, la obra de Arreola —un universo de almas agitadas por la pasión, la belleza, la imaginación, el amor, el miedo, la búsqueda de Dios o el encuentro con el Diablo— está teniendo lugar ahora mismo, y es algo que nadie se puede perder. m

 

Libros de Juan José Arreola

::Bestiario (Booket)
::La feria (Booket)
::Confabulario definitivo (Cátedra)
::Narrativa completa (Alfaguara)
::Obras (Fondo de Cultura Económica)

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