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Grecia: el furor a la calle

La “receta” que la comunidad internacional ha ofrecido a Grecia para salir de su crisis económica ha encendido la resistencia de la población, que se niega a pagar los errores de sus gobiernos con más impuestos y recortes en educación, salud y seguridad social.

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Tratándose de revueltas ciudadanas por la crisis económica mundial, Grecia fue la precursora indiscutible. Desde el inicio de su propia crisis en noviembre de 2009, cuando se descubrieron las mentiras del gobierno saliente con respecto a sus cuentas públicas y el gobierno socialista entrante tomó medidas de austeridad para intentar controlarla, los manifestantes salieron a la calle y lo hicieron con una violencia inusitada: rompiendo, quemando, lanzando bombas molotov, causando destrozos y hasta muertes de inocentes.

La griega parecía ser la economía más floreciente de la zona euro. Por su inusitado crecimiento y su desempeño recibía constantes felicitaciones de Bruselas. Pero un día, a causa de la crisis económica proveniente de Estados Unidos y que afectó fuertemente sus dos principales fuentes de ingresos —el turismo y el comercio marítimo—, la verdad salió a flote: el endeudamiento era mayúsculo y enorme el déficit presupuestal, debido a un gasto público totalmente incontrolado y a una incapacidad estructural para recabar impuestos.

En 2010, la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional acordaron un primer paquete de ayuda a cambio de medidas estrictas de control del gasto. Los dos principales sindicatos griegos llamaron a la huelga general mientras el pueblo, enojado, protestaba al lado de los trabajadores por tener que pagar los errores de su gobierno.

Quince meses han pasado y Grecia no logra salir de su crisis. La ayuda se ha multiplicado, siempre a cambio de más y más austeridad, pero la crisis griega ha arrastrado al euro, contagiado a otros gobiernos y en las calles la presión no deja de aumentar. A los violentos de la primera hora se sumaron este año los manifestantes pacíficos, al estilo de los indignados españoles.

En junio, la ONU presentó un reporte según el cual las políticas de reducción radical de los déficits públicos, al afectar el empleo y el gasto social, vuelven muy incierto cualquier crecimiento económico. La solución que se preconiza y se le impone a Grecia sería, por lo tanto, contraproducente. Encima, los disturbios sociales tienen un impacto negativo sobre la inversión extranjera. Así se cierra el círculo vicioso. Para salir de él sólo queda abandonar el euro o —última propuesta de Bruselas—, perdonar hasta 50 por ciento de la deuda. Y todo por una gravísima mentira inicial. ¿Cómo no enfurecerse? m

 

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