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Descansar del descanso

Descansemos de los límites del intelecto, del entendimiento. Para esto, les propongo cuatro imágenes en las que podemos reposar plácidamente nuestras ideas acerca del descanso.

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Foto: pexels.com
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La nuestra es una sociedad del cansancio. Y no sólo por las actividades y exigencias autoinfligidas; además, por nuestra necia creencia de que este mundo está fijo y, por tanto, podemos aprehender la realidad elaborando conocimiento. Un horizonte sujeto a la mano bajo el yugo de nuestro propósito. Entonces descansemos de los límites del intelecto, del entendimiento. Para esto, les propongo cuatro imágenes en las que podemos reposar plácidamente nuestras ideas acerca del descanso.

I. Descansar en paz. Tal vez sea ésta la razón de que la frase canónica en lengua inglesa para los difuntos sea la reducción impactante del r. i. p. (rest in peace), que descansen en paz los que habitan en el otro mundo. Prueba de compasión y de buen deseo. Descansar como oposición al cansancio de esta vida. Descansa en paz. En paz. Ya no más guerra. El campo de batalla será abandonado a la hora de la muerte. Las armas caerán, los caballos pastarán en prados sin jinetes, la flor exuberante llamará a las abejas.

II. Descansar no es pereza. Descansar es el acto por excelencia elegante. El gesto que reúne las líneas de fuga y las agrupa en un movimiento grácil. Se parece al malabarismo: para el espectador, una decena de objetos en órbita; para el artista, una disposición relajada, vigilante, recolecta, en consonancia con el paso y la respiración. Es decir, imperceptible el cambio. Y, sin embargo, una acción incesante que muestra una cara renovada: el descanso. Por eso al descanso se le encuentra, se está en activa búsqueda de él.

III. El descanso es el rompecabezas que encaja a tiempo. Exige un ritmo, un constante hallar la manera de que todo encaje, en las piezas contiguas, como en el panorama de los alrededores. Cuando cedemos a la expectativa y seguimos pieza a pieza, la imagen se construye “por sí sola”, precisa analogía para el descanso que asemeja el equilibrio de las cosas en movimiento. Trágica historia, la de aquel de quien se apoderan la inercia y la entropía. Mientras tanto —¿qué no está en este lapso?—, el descanso nos llena de impulso, energía en potencia, que estaba reservada para quienes, atentos, atienden el llamado del devenir río abajo. Porque todo va río abajo. Suficiente con navegar con el flujo informe que lo atraviesa todo.

IV. Descansar implica ordenar los afectos desordenados. ¿Cuál es la diferencia entre jerarquía y autoridad? La primera es un orden impuesto, de la tradición y del consenso. La segunda es una autodeterminación, el mandato en acto. A los sentimientos, emociones y pensamientos, toda esa familia de afecciones que invaden al ser humano, no debemos circunscribirlos en una jerarquía exótica. Descansar implica habitar en ese espacio interior que nos persigue como testigo incómodo, con su voz indiscreta. Allí es posible pactar la paz y dar cauce a la potencias que nos habitan: en su orden armónico que libera la tensión y vigoriza el corazón honesto, podemos contemplar un paisaje interior tan vasto que no podríamos sino pensar que estamos en el origen del sosiego, del descanso.

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