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Canciones para la esperanza

Los discos aquí incluidos remiten a experiencias quizás infortunadas como las que estamos enfrentando: confinamiento, dolor, introspección, luto. Pero de esas experiencias surgieron obras luminosas y dignas que, a la postre, trajeron consigo belleza reveladora, renovador aprendizaje y esperanza

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Portada del disco «The Basement Tapes», de Bob Dylan
Portada del disco «The Basement Tapes», de Bob Dylan

A más o menos seis meses de afrontar la pandemia que azota a la humanidad, y que nos ha obligado a asumir una serie de conductas con el propósito de que su contagio se contenga y con ello el número de decesos —que ya de momento es escandalosamente elevado—, podemos concluir que nuestras vidas han tenido una transformación drástica y urgente. No obstante, a diferencia de otros momentos históricos en que el mundo padeció calamidades similares, nosotros por fortuna contamos con una serie de herramientas que mal que bien nos han permitido hacer menos angustiante tal coyuntura.

Las redes sociales, por ejemplo, han tenido un rol determinante a favor de la comunicación entre personas, permitiéndonos mantener una vida social en cierto modo activa, aunque muy relegada al ámbito digital. Los artistas no han sido la excepción y, como todos, se han visto orillados a recurrir a las plataformas de internet con el interés de mantener contacto con sus seguidores, dar a conocer sus nuevas creaciones y ofrecer desinteresadamente su talento en pos del alivio emocional y el esparcimiento de los demás, en medio de una situación marcada por sentimientos como el miedo, la ansiedad y la incertidumbre.

Los discos aquí incluidos remiten a experiencias quizás infortunadas como las que estamos enfrentando: confinamiento, dolor, introspección, luto. Pero de esas experiencias surgieron obras luminosas y dignas que, a la postre, trajeron consigo belleza reveladora, renovador aprendizaje y esperanza.

 

The Basement Tapes, Bob Dylan & The Band (1975)

En 1967, Rick Danko, el bajista de The Band, encontró la afamada casa de Woodstock que se conoce como Big Pink y se mudó a vivir en ella, un tanto cansado de la vida pública. Dylan, que entonces se recuperaba de un severo accidente de motocicleta, adaptó su sótano como sitio de ensayo. Allí surgió una relación mágica entre músicos y el espacio donde se congregaban. Su reclusión generó incontables grabaciones que fueron incluidas en el mítico álbum The Basement Tapes, así como en Music From Big Pink, el disco debut de The Band. La historia está narrada con detalle en la cinta Once Were Brothers, de reciente estreno.

 

Running on Empty, Jackson Browne (1977)

Lo interesante de Running On Empty es la serie de vínculos que Browne estableció en un afán por relatar cómo es la vida del músico durante una gira, con los lugares que improvisó en su periplo como estudios de grabación. Aquí hay canciones capturadas de forma improvisada en cuartos de hotel de distintas ciudades, evocadoras de cierto modo de lo que muchos músicos hacen hoy en sus casas. El experimento lo llevó incluso a grabar “Nothing But Time” en un autobús en marcha, con valiosos resultados.

 

Sea Change, Beck (2002)

Una ruptura conyugal y una etapa de encierro y reflexión marcan la emoción detrás de este manojo de canciones que Beck dio a conocer, emulando de cierto modo el proceso de introspección que tuvo Dylan años atrás, cuando concibió Blood On The Tracks (1974), el disco fruto del rompimiento con su esposa Sara Lownds. Ambos trabajos están conformados por baladas melancólicas y lastimeras de austero tratamiento acústico. Sea Change recopila canciones llenas de emoción que guardan un aire de alcoba, concebidas en reparadores días de confinamiento.

 

For Emma, Forever Ago, Bon Iver (2006)

Buscando sanar la heridas del rompimiento con su pareja, Justin Vernon, el compositor detrás del proyecto Bon Iver, se aisló en una cabaña en Wisconsin, donde no sólo creó el alter ego que lo definiría hacia adelante, sino que también concibió las canciones que impulsarían su carrera, todas marcadas tanto por el aire de tristeza y soledad de los días en que se compusieron, como por la estimulante frialdad del clima de la región donde decidió encerrarse.

 

A Crowd Looked at Me, Mount Eerie (2017)

El impulso detrás de las canciones que Phil Elverum, el músico que se hace llamar Mount Eerie, reunió en este álbum es la muerte de su pareja. En ese sentido, lidia con uno de los sentimientos que han marcado los muchos días de cuarentena alrededor del mundo: el de la muerte de un ser querido. Mount Eerie compuso las once canciones que conforman A Crowd Looked At Me a manera de un álbum concepto, en homenaje a la persona ausente y a los momentos de depresión y resignación que experimentó tras su deceso.

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