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“El humor es un vehículo de la comunicación humana”: The Big Van Theory

Desde hace dos años este grupo de españoles se ha dedicado a divulgar la ciencia mediante un lenguaje universal: la risa. Su objetivo es simple: demostrar que es posible hacerlo sin dejar de lado el rigor científico

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The Big Van Theory usa la combi como símbolo porque, dicen, pasan mucho tiempo en carretera.
The Big Van Theory usa la combi como símbolo porque, dicen, pasan mucho tiempo en carretera.

Dicen que la risa es una planta frágil y celosa que no crece en cualquier lugar. Y con la mala reputación que ha tenido la ciencia —aburrida y complicada para la gran mayoría— cuesta trabajo imaginar que frente a un grupo de expertos en Genética, Matemáticas, Ingeniería, Química y Biología, uno pueda escuchar, sin bostezar, dos horas de historias sobre átomos, dopamina, exoplanetas o teoremas, interrumpidas por carcajadas colectivas.

Utilizando el monólogo científico y la risa como el lenguaje universal, un grupo de científicos españoles se ha dedicado desde 2013 a divulgar la ciencia con humor. En dos años de subirse al escenario, The Big Van Theory ha presentado más de 300 actuaciones en diferentes espacios en España y otros países, entre ellos Suiza, Italia, Brasil, Argentina, Inglaterra, República Checa y, desde luego, México.

En teatros, bares, escuelas e institutos, museos, centros de investigación, congresos y otros espacios, han mostrado que, sin dejar de lado el rigor científico, es posible divulgar “algunos hermosos secretos de la ciencia” implicados en la criptografía, los organismos transgénicos, la fusión de átomos en el interior de las estrellas o las aplicaciones del grafeno.

Apelando a los sentimientos y a un enorme repertorio de referentes cotidianos —desde la familia y el amor hasta las fiestas, el alcohol, las películas de vaqueros o Los Beatles—, la agrupación integrada por 16 doctores de distintas disciplinas apuesta por compartir el conocimiento a partir de “una de las reacciones químicas más fuertes que suceden en el cerebro”: la risa.

En entrevista para MAGIS, Helena González, Irene Puerto, Oriol Marimón, Alberto Vivó, Javier Santaolalla y Eduardo Sáenz —quienes en diciembre de 2014 impartieron un taller de Comunicación Científica organizado por el Departamento de Estudios Socioculturales del ITESO y se presentaron en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL)— demuestran que el carisma no es actuado. Sonrisas sin mayores pretensiones, guiños y chistes locales aderezan el encuentro en los jardines de Casa ITESO Clavigero. En sus respuestas colectivas, seis de los integrantes de The Big Van Theory hablan de los principios que animaron la creación del grupo, de su relación con la ciencia y otros científicos, de su concepto de humor y de su breve pero intensa trayectoria en el mundo de la divulgación de la ciencia.

The Big Van Theory

¿Cómo pasaron del laboratorio y los artículos científicos a tomar el micrófono y distintos escenarios de Europa y América?

Helena: Doce de nosotros participamos en FameLab, un concurso de monólogos científicos que se viene celebrando a nivel internacional desde 2007. Actualmente participan más de 20 países que celebran primero una fase nacional para elegir un campeón; luego los campeones nacionales compiten entre sí en la final internacional que se celebra en Cheltenham, Inglaterra, a principios de cada verano. España no entró como participante sino hasta 2013 y fue precisamente en las semifinales nacionales de esa primera edición cuando nos conocimos y decidimos formar un grupo que siguiera divulgando la ciencia a través del mismo formato. El resultado fue The Big Van Theory. Nuestra primera actuación fue en la ciudad de Logroño, en junio de 2013, y tuvimos muy buena acogida. A partir de ahí fuimos buscando actuaciones hasta que ya no tuvimos que buscar... ¡Nos empezaron a buscar!

Oriol: La investigación es un trabajo duro que absorbe muchísimo y tienes que tener cosas fuera para mantener la cordura, como cualquier otro trabajo. Algunos venimos del mundo de las artes escénicas, de los videos, de los blogs de divulgación científica, del teatro o del mundo del clown; cada uno ya trae su carga y cierta experiencia detrás que forma parte de su afinidad personal.

Alberto: A todos, de alguna manera o de otra, nos invitaron específicamente. No es muy común que un científico se dedique también al teatro, a hacer monólogos, concursos de clown o este tipo de cosas; de hecho te conocen como el raro, ¿no?, el payaso, el que va por los pasillos sonriendo. A algunos nos llegó la convocatoria de varias personas distintas diciendo: “¡Te tienes que presentar, es perfecto para ti!”. Algunos no sabemos de teatro, pero sí de divulgación, hemos trabajado en observatorios, museos de ciencia, en charlas con niños, haciendo experimentos en espacios públicos, o sea, ya existía una cercanía con la divulgación y un poco de experiencia.

 

Pero no cualquiera tiene el talento para despertar empatía o para hacer reír a la gente hablando de ciencia. ¿Es posible desarrollar esa habilidad, entrenarse?

Helena: Tiene que haber las dos cosas. El talento es algo que no se puede olvidar o aprender, pero necesitas también capacitarte. Tener talento no te da todas las tablas para subirte a un escenario y hacer un monólogo científico de la nada, necesitas muchísimo más.

Irene: En FameLab, por ejemplo, además de conocer tanta gente interesada en compartir la ciencia, dimos un repaso de comunicación de la ciencia, ejercicios, conceptos, formas de comunicarte eficazmente.

Oriol: Estuvimos con un coach, colaborador de la BBC, que nos enseñó sobre todo a estructurar nuestro mensaje, a ser muy claros a la hora de divulgar, a no pensar que estamos haciendo una presentación. Un fallo que tenemos los científicos es no pensar en nuestro público, porque nos apasiona tanto nuestro tema que intentamos dar más y más información. Él nos enseñó a cortar, a estructurar muy bien el mensaje, a discriminar, ya sea para participar en entrevistas de radio, de televisión, de prensa, o para cualquier otro formato comunicativo, como los monólogos.

The Big Van Theory

¿Y cuándo decidieron formar la agrupación?

Javier: No fue una decisión nuestra, fue una decisión que nos vino desde afuera; ni siquiera hubo un punto de inflexión o un momento clave, el gustillo por el escenario lo fuimos tomando en la medida que pisamos un montón de ellos y escuchamos tantas risas y aplausos. Y en realidad nunca pensamos que sería algo tan grande. Hemos tenido que tomarnos en serio, por el volumen de trabajo y de peticiones.

Helena: Nosotros empezamos el grupo porque creíamos que era un formato muy bueno para comunicar la ciencia. A todos nos encantaba expresar y comunicar lo que hacíamos, de alguna forma a todos nos pilló el gustillo de estar encima de un escenario y bueno, éramos un grupo de colegas que nos encantaba hacer esto; íbamos buscando actuaciones que nos dieran un poquito de dinero, para al menos no perder lo de los transportes. Luego nos empezaron a llamar de muchos sitios, a proponernos actuaciones, colaboraciones, proyectos; y llegó un punto en el que pensamos: “O dejamos de hacer esto o nos lo tomamos en serio”. Y formamos un grupo de verdad.

Eduardo: Aunque ha sido relativamente poco tiempo, llevamos más de 300 funciones con diferentes tipos de monólogos y diferentes tipos de público, desde adolescentes en institutos y escuelas hasta eventos empresariales, bares, discotecas, congresos y en pueblos, con abuelitas. El trabajo es cada día más intenso.

 

La ciencia es una actividad muy demandante. ¿Cómo pueden llevar ese ritmo y seguir cumpliendo con las exigencias de la investigación?

Javier: No es nada sencillo. Casi siempre nos repartimos entre cinco y siete personas por espectáculo, dependiendo del tema y del tipo de público, pero prácticamente tenemos que escapar de nuestros institutos, ver quién tiene disponibilidad de viajar o turnarnos para las presentaciones. En fin, ajustar agendas.

 

De hecho, a los científicos-divulgadores se les reprocha justamente el tiempo que le roban a la investigación. ¿Creen ustedes que la ciencia y la divulgación son realmente compatibles?

Helena: Ahí tenemos opiniones divididas. Depende de los contextos particulares. Muchas veces tú haces divulgación de la ciencia a pesar de tus colegas, a pesar de tu jefe o de tu institución. En España, por ejemplo, estamos luchando porque se reconozca este tipo de actividades como parte de una carrera científica, convencidos de que nuestro trabajo de divulgación también es indispensable para la ciencia.

Irene: Claro que algunos hemos tenido la fortuna de tener el respaldo académico de la institución, pero quizás en lo que más coincidimos es en pensar que son incompatibles con el ritmo de trabajo que llevamos nosotros. Al final tienes que elegir y eso implica descartar o relegar una de las dos.

 

Y por lo visto ustedes están eligiendo la divulgación...

Alberto: Pues estamos aquí, eso ya implica una elección. Pero somos 16 y cada uno tiene su historia. Algunos lo hemos dejado todo para estar de lleno en TBVT. Otros están al 50 por ciento y, otros más, al uno por ciento.

Irene: Uno de nuestros compañeros sólo actúa cuando nos presentamos en Barcelona, su ciudad, nunca viaja con nosotros a otro país. Depende del contexto de cada quien.

Helena: Además, nos gusta que siga habiendo investigadores en activo en nuestras filas porque necesitamos mantener la ciencia fresca en los monólogos. Hay algunos que tratan temas poco conocidos por la gente, pero básicos para los investigadores; en otros usamos ciencia de frontera, de lo que hemos trabajado en nuestras tesis doctorales; vamos combinando los dos aspectos.

The Big Van Theory

¿Por qué le llamaron The Big Van Theory? Es casi inevitable asociar ese nombre con la serie de televisión [The Big Bang Theory]. ¿Ése era su objetivo?

Oriol: La furgoneta es el símbolo de los faranduleros en España, de los músicos que van de un lado a otro. Nosotros sacamos ese guiño, inventamos un juego de palabras para mostrar que vamos de un lado a otro llevando la ciencia a lugares que antes no llegaba.

Helena: ¡Y mira que nos pegamos una cantidad de horas en carretera! Aunque en realidad no tenemos una van.

Eduardo: Sobre la serie, no, no era nuestro objetivo, porque nosotros le damos un sentido totalmente diferente: ellos utilizan la ciencia para provocar la risa y nosotros usamos el humor para transmitir conocimientos.

 

Conocimiento científico, desde luego, pero principalmente de sus áreas de formación. ¿Por qué no abordan temas científicos de otras disciplinas?

Oriol: Hay campos específicos que aún no abordamos simplemente porque no hemos crecido lo suficiente, pero además hay un peligro con esto de saltarnos de área, aunque lo hemos hecho. Sucede que al final de nuestros espectáculos siempre abrimos un diálogo con el público.

Helena: Uno de los riesgos es que esas preguntas te dejen, como nosotros decimos, “en bragas”, que no sepas contestar como científico. ¿Hasta qué punto nos podemos permitir ese lujo sólo porque nos gusta el tema, si luego, en ese diálogo con el público, no estamos haciendo la función de científicos especialistas en la materia?

Oriol: Claro que no engañamos a nadie. Si nos preguntan algo que no sabemos, simplemente lo asumimos y lo decimos, pero vamos a investigarlo. Nosotros usamos sobre todo las redes sociales para mantener contacto con nuestro público y explorar las cosas que no conocemos, buscarlas y poder responder preguntas que quedan al aire.

Helena: De cualquier modo, estudiamos muchísimo cuando hacemos un monólogo de los temas que dominamos, o de los que no, porque no hay otros expertos que validen nuestros textos, los validamos nosotros mismos a partir de sus publicaciones, pero lo hacemos con rigor científico. Al final, entendemos que divulgar implica una enorme responsabilidad por lo que se dice.

 

Más allá del contenido, ¿cómo diseñan el repertorio humorístico para los diferentes públicos a los que se dirigen, si son tan distintos entre sí, en sus contextos, referentes, idiomas, rangos de edad?

Javier: Cuando tú ya conoces al público, sabes de antemano qué nivel de comunicación o técnica debes usar. Cuando no, y aunque el contenido es más o menos constante, el tipo de humor y el registro tienen que variar. ¿Cómo? Eso no lo sabemos a ciencia cierta hasta que estamos en el escenario. Para eso utilizamos una presentación corta en la que decimos quiénes somos y cómo va a ser el show, pero esta presentación inicial tiene toques de distintos tipos de humor. Lo que hacemos es ver cómo la gente reacciona a cada uno de ellos y hacer el reajuste ahí mismo, sobre la marcha y con improvisación, aunque el monólogo sustancialmente es siempre el mismo.

Eduardo: Si estás ante adolescentes, por ejemplo, sabes que muchos términos técnicos los van a conocer porque los están estudiando en ese momento, pero el humor tiene que ser más blanco, más absurdo, porque son adolescentes, porque se ríen de eso y les gusta más. En cambio, si vas a un museo de ciencia encontrarás a un público más cautivo, que lo que quiere es aprender, que le enseñes cosas; entonces puedes relajar el humor y explayarte más en los contenidos, en los conceptos, por ejemplo. Y todo eso que parece tan sencillo son matices que adaptan los monólogos y, por lo tanto, todo el espectáculo a cada una de las situaciones. Eso uno lo gana con la experiencia.

Con las abuelitas hablamos de la cena, en un tono mucho más cercano que les permita identificarse en lo cotidiano, encontrarse dentro de los monólogos. Todo eso te sirve de vínculo para enfatizar el canal, para abrirlo.

 The Big Van Theory

¿Y cuando no funciona esa conexión?

Oriol: Nos ha pasado. Digamos que el show está funcionando, pero tienes uno o dos monologuistas que no han coincidido con el público por el tipo de humor, porque no es el día del monologuista, porque tiene historia, y no es sólo el aplauso o las risas... hay mucha gente que no se ríe, pero aun así notas un vínculo.

Irene: Notas la energía. Digamos que hay una especie de conexión en los seres humanos, hay una vibra que se siente. A veces tienes un auditorio repleto, lleno de pura energía, y es por esa sensación que te sientes más arropado, más acogido. Pero a veces, aunque esté toda la gente ahí, se siente que está vacío.

 

¿Es posible sistematizar toda esa experiencia? Pienso, por ejemplo, en lo valiosa que resultaría para quienes inician formación en divulgación científica o realizan actividades de interacción con diferentes públicos. ¿Cómo acceder a ella?

Alberto: Lo estamos haciendo en formato de talleres de formación para científicos y comunicadores; queremos compartir todas esas claves para que más gente pueda utilizarlas. Quizás es todavía a nivel muy personal, pero también estamos trabajando proyectos, buscando financiamiento para construir todo y que llegue a las comunidades científicas y de divulgadores. Hasta ahora hemos dado alrededor de 20 talleres, principalmente sobre actuación y unos cuantos de formación; ésta es una de nuestras tareas pendientes.

Helena: También es cierto que tenemos relativamente poco tiempo haciendo monólogos científicos, estamos innovando algunos procesos y retomando fundamentos de otros, pero vamos puliendo la técnica y la metodología sobre la marcha, algunas cosas resultan y otras no… y algunas resultan aunque muchos dijeron que no. Cuando armamos un espectáculo en un bar de Barcelona nos quedó muy marcada una frase que nos dijeron: “En un bar lo máximo que van a ganar es dos cubetas gratis, nadie se va a preocupar por la ciencia que están contando”. Bueno, está claro que no es así y que estamos teniendo todo tipo de respuestas de la gente.

 

En México, como en muchos otros países, estamos viviendo una situación particularmente dolorosa por la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en 2014, que se suma a una larga lista de agravios que viene de mucho tiempo atrás. ¿Cómo se puede crear una conexión positiva en contextos de tanta violencia?

Oriol: La risa es una cosa muy seria, tiene un poder terapéutico que es necesario en situaciones muy duras o de conflicto. Nosotros la entendemos como un lenguaje universal, como un lenguaje del alma que libera y fortalece, que genera calidez entre las personas y les permite compartir y expresar amor, aun en situaciones tan dramáticas como las que hoy lamentablemente vive este país.

Javier: Además, que fomentar el pensamiento crítico a través de la ciencia es muy importante en estas situaciones, justamente para la construcción de ciudadanía.

Eduardo: Nosotros creemos en el potencial que tiene el humor como vehículo de comunicación, no sólo de la ciencia, sino de toda comunicación humana; nuestra propuesta es eso: un puente, un vínculo entre la ciencia y la sociedad a través de la risa, el humor y el amor. m.

 

Mentes sobre ruedas

Javier Santaolalla

The Big Van Theory Javier Santaolalla

Profesor de Física en la Universidad de Rio de Janeiro (UERJ). Lleva a cabo una intensa labor de divulgación como guía oficial del CERN, el mayor laboratorio de física de partículas del mundo.

:: Hobbies: Conectarse a todas las redes sociales del mundo, ver futbol, calcular el índice de refracción de la luz de Copacabana en una caipirinha.

 

Irene Puerto

The Big Van Theory Irene Puerto

Doctora en Física Cuántica por la Universidad de La Laguna, Tenerife. Investigadora en el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), contratada por el Instituto de Física de Altas Energías (IFAE), en el proyecto internacional CTA (telescopios de rayos gamma).

:: Hobbies: Viajar, surfear y reír. Experimentar con el cuerpo a través de la danza y el teatro. Descubrir cómo funciona la Naturaleza.

 

Eduardo Sáenz

The Big Van Theory Eduardo Sáenz

Profesor de matemáticas y computación aplicada por la Universidad de La Rioja (UR).

:: Hobbies: Números más grandes de los que jamás habías imaginado, hablarte de cómo las abejas resolvieron una conjetura matemática de 2000 años o qué tiene que ver el nadador Michael Phelps con la conjetura de Kelvin.

 

Helena González

The Big Van Theory Helena González

Doctora en Genética y Biología del Cáncer.

:: Hobbies: Descubrir verdades sin que nadie se las cuente, poner la ciencia bajo los focos, mezclar elementos inmiscibles, como ciencia y clown. Es artivista y payasa en Cooperación Internacional.

 

Oriol Marimón

The Big Van Theory Oriol Marimón

Químico de formación, es doctor en Biofísica, lo que le sirve para hablar de biofilms. Su especialidad, la Resonancia Magnética Nuclear.

:: Hobbies: Ser payaso voluntario de hospital y monitor de actividades recreativas para niñas y niños.

 

Alberto Vivó

The Big Van Theory Alberto Vivó

Biotecnólogo y maestro en nanotecnología. Investigador en bioenergía: pilas basadas en microorganismos fotosintéticos o quimiótrofos. Chef de cocina del grupo The Big Van Theory.

:: Hobbies: El cine, los deportes (muy preferiblemente de pelota).

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