Volver al inicio

La reinvención de la conciencia

Enviar por e-mailEnviar por e-mail


Una mañana de noviembre de 2004, Theo Van Gogh se levantó para acudir a su empresa de producción cinematográfica en Ámsterdam. Sacó su vieja bicicleta negra y se dirigió a la calle principal. En un portal esperaba un hombre marroquí con una pistola y dos cuchillos de carnicero. Cuando Theo circulaba por la Linnaeusstraat, Muhamad Buyeri se le acercó. Sacó la pistola y disparó varias veces sobre Theo. Éste cayó de la bicicleta, cruzó la calle tambaleándose y se desplomó. Buyeri lo siguió. Theo suplicó: '¿No podemos hablar de ello?', pero Buyeri le disparó, cuatro veces más. Entonces sacó uno de sus cuchillos de carnicero y degolló a Theo. Con el otro cuchillo clavó una carta de cinco páginas en el pecho de su víctima.

La carta era para mí.

Así comienza Mi vida, Mi Libertad la conmovedora autobiografía de Ayaan Hirsi Ali  la mujer somalí que había escrito  el guión de Sumisión (Submision Part I) cortometraje  de 11  minutos dirigido por Theo Van Gogh  y trasmitido tres meses antes por la televisión holandesa. Para muchos de los más de un millón de musulmanes  que viven  en Holanda,  la critica del provocador  cineasta  había llegado demasiado lejos. Según el mensaje clavado  en el pecho de Van Gogh,  ella  “Era la siguiente”Sumisión  es una denuncia  descarnada  del oprobioso machismo de  su religión que predica el sometimiento de la mujer musulmana al varón.  Su protagonista,  esclava y víctima por mandato de Mahoma. Un dios   que resguarda  la jaula donde se abusa de las mujeres: las marcas del Corán  están en sus espaldas.

 Aunque a partir del asesinato de  Theo Van Gogh, la vida de Ayaan ineludiblemente se transformó, la historia de su sobrevivencia física y espiritual estaba ya cargada con experiencias estremecedoras. La  búsqueda de libertad desde su mundo nómada en el desierto,  describe la  larga escapatoria de una refugiada y su crecimiento en Holanda, una aventura hacia la conquista de la identidad en ser un  que resiste al  padre, a su clan, a un matrimonio forzado, a su religión; un cuerpo que tuvo desde los cinco años marcas  infamantes:

en Somalia, al igual que en muchos países de África y Oriente Próximo, se purifica a las niñas mutilándoles los genitales. Con lo que un buen día, mi severa abuela decidió que nuestros kintir, nuestros clítoris, eran muy largos. “Tu clítoris llegará a ser tan largo que se balanceará de un lado para otro”, nos decía a mi hermana y a mí. Nosotras no teníamos ni la menor idea de lo que hablaba. Yo no entendía nada. Hasta que un día me tocó vivirlo. Recuerdo que un hombre llegó a casa; casi seguro que era un circuncisor tradicional itinerante del clan de los herreros. Primero, mi abuela se encerró con mi hermano y le hicieron algo, no sabía qué, pero había sangre y mi hermano se quejaba, tenía la cara desencajada y la mirada aterrada. Luego me tocó a mí. El hombre tenía unas inmensas tijeras en la mano. Mi abuela y otras mujeres me sujetaban. Aquel hombre puso su mano sobre mi sexo y empezó a pellizcarlo, como mi abuela cuando ordeñaba las cabras. “¡Ahí está el kintir!”, dijo una de las mujeres que ayudaban en el rito. Entonces las tijeras descendieron entre mis piernas y el hombre cortó mis labios interiores y el clítoris. Lo oí perfectamente. Clack. Como cuando se corta en una carnicería un pedazo de carne. El dolor que se experimenta no tiene palabras, me subía por las piernas, no dejaba de aullar, me invadió entera, un dolor imposible de explicar. Pero después de que te han mutilado, después de que notas cómo la sangre te corre por las piernas, me cosieron. Aquel señor tenía una enorme aguja sin punta y con ella remató su faena. La aguja pasaba entre mis labios externos. Yo intentaba defenderme, chillaba, protestaba, la abuela no dejaba de repetirme que sólo era una vez en la vida, que a partir de ahora estaría limpia, que tenía que ser valiente.

La imprudente intransigencia  de Ayaan Hirsi Ali se  alimenta  de  impaciencia y  rupturas (con los credos  y las posiciones políticas, con la izquierda bienpensante y la ultraderecha radical) ;  también del heroísmo y resistencia (al fundamentalismo,  a la inquietante amenaza  de las religiones y sus dioses misóginos, a la legitimación del abuso a las mujeres, a aceptar “la cárcel de las vírgenes”).   

En el corazón de su acción política y la obstinación de sus discrepancias cívicas en esta guerra cultural,  está la advertencia  sobre la incompatibilidad del islamismo con la democracia, una  apasionada voz que hace resonantes las  dañinas consecuencias de la  tolerancia que gran parte de Occidente ejerce en nombre del multiculturalismo y del relativismo cultural de algunos progresistas laicos. En una  espléndida nota  sobre Hirsi Ali aparecida en Letras Libres (abril, 2010) Jesús Silva Herzog Márquez  calfica a este muticulturalismo como rendición ante la opresión santificada en costumbre. 

Urgente reflexión sobre el futuro de nuestra libertad.

0 Comment(s) to the "La reinvención de la conciencia"

Añadir nuevo comentario

  • Más reciente
  • Más popular
Foto conmemorativa por los 50 años de la carrera de Comunicación. Foto: Roberto Ornelas
“La historia es de quien la cuenta, y lo que se cuenta, aunque...
Jueves, Noviembre 1, 2018 - 00:30
Foto: Archivo
Usar software como GoogleDocs no es gratis: pagas con tu información...
Jueves, Noviembre 1, 2018 - 00:30
Ignacio de Loyola experimentó en el proceso de reconstrucción de sí mismo.
¿Vacío de todo? ¿Sin rumbo ni fuerzas para saber a dónde ir? En la...
Jueves, Noviembre 1, 2018 - 00:30
Pieza Cántico del descenso I, 2014. Foto: Cortesía
Silencio. Recuerdos. Historia. También, en palabras de Cynthia...
Jueves, Noviembre 1, 2018 - 00:30
sígueme
  • RSS
  • Twitter
  • Facebook
  • Linkedin
  • Flickr
 

issuu.com

Publicidad

Web Diana Martin