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España en concurso en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara

A la mitad del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, Hugo Hernández nos comparte estas dos reseñas de las cintas «Vivir es fácil con los ojos cerrados» y «La herida»
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Vivir es facil con los ojos cerrados

Vivir es fácil con los ojos cerrados (2013) debe su título a una frase de “Strawberry Fields Forever”, la célebre canción de Los Beatles. El argumento se ubica en 1966 y sigue a un provinciano profesor de inglés que, con propósitos didácticos, va a buscar a John Lennon a Almería, donde filma como actor How I Won the War. En la ruta ofrece un aventón a un chico y una chica que, por diversas razones, huyen.

En éste, su más reciente largometraje, David Trueba (responsable de Madrid, 1987 (2011), que vimos hace dos años por acá), también autor del guión, confirma su habilidad para recoger el espíritu de los tiempos, que si bien son violentos, también se perciben aires de libertad. Hace un uso provechoso y revelador del diálogo: ahí donde la información abunda también se esbozan, indirectamente, los afectos de los personajes. El balance arroja similares dosis de candidez y calidez, y tiene en las músicas de Pat Metheny un apoyo valioso. En algún momento el maestro afirma que las canciones de Los Beatles son como la vida: nostálgicas y alegres. Lo mismo se puede decir de la película, que obtuvo seis premios Goya, entre ellos el de Mejor Director y Película.

 

La herida que no cicatriza

La herida

Conforme avanza La herida (2013), ópera prima de Fernando Franco, resulta evidente por qué Marian Álvarez, la actriz principal, obtuvo la Concha de Plata a mejor actriz en San Sebastián. Su desempeño, sutil y rico en matices, es un factor fundamental para dar verosimilitud al asunto abordado y para matizar lo que pasa por la cabeza de Ana —el personaje al que da vida—, quien se encuentra en una profunda depresión y en un proceso autodestructivo. Franco da cuenta de su estado mental y anímico, además, con una cámara que, al estilo de los hermanos Dardenne, hace un marcaje personal y que contribuye —con su escasa profundidad de campo— a crear un paisaje asfixiante.

La apuesta hace visible y audible el infierno interior de Ana, pero paradójicamente también genera cierto distanciamiento, pues la estrategia resulta más propicia para describir el curso de la patología —para emprender el diagnóstico— que para tender puentes para el reconocimiento o para la emoción.  

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