Para querer a la ciudad hay que conocer su arquitectura
Ximena Torres – Edición 511

Xavier Iturbide Godínez explora la ciudad a fin de divulgar información acerca de las obras que le han dado forma y que pueden funcionar como símbolos de identidad, dignos de cuidado y conservación
Cuando se graduó de Arquitectura en el ITESO, en 2005, Xavier Iturbide Godínez hizo un recuento de lo mucho que había aprendido en la carrera y se dio cuenta de que algo que le faltaba conocer era su propia ciudad. Además de los edificios icónicos, como el Teatro Degollado y el Hospicio Cabañas, ¿qué otros cuentan las historias que se han vivido en Guadalajara?
Para contestar esa pregunta, Xavier creó en 2006 Revisiones de Guadalajara, una plataforma en la que explora y documenta la arquitectura que le ha dado forma a la ciudad desde el siglo XVII y hasta la actualidad. Al mismo tiempo que alimenta su curiosidad, invita a otras personas —habitantes y viajeras— a reconocer Guadalajara por medio de los arcos de medio punto, característicos de la Escuela Tapatía de Arquitectura, del diseño geométrico en forma de abanico del art déco y del dominio del concreto aparente en las obras de Félix Aceves Ortega.
Estos y otros destellos de la arquitectura tapatía están contenidos en más de 400 entradas de blog en el sitio web. Cada una consta de una ficha informativa con fotografías, datos históricos y anecdóticos de aquellos edificios, fincas e inmuebles que Xavier, como creador, considera que ayudan a “descifrar e interpretar las formas urbanas y arquitectónicas que han construido los habitantes de Guadalajara”.
No son las obras clásicas de postal que representan la cara más turística de la ciudad. Acerca de ellas ya hay otras plataformas con mucha información disponible. Para los edificios más anónimos que se presentan en Revisiones de Guadalajara, Xavier se encarga de reunir información proveniente de archivos como el Inventario Estatal del Patrimonio Cultural y la serie Monografías de arquitectos del siglo XX, publicada por la Secretaría de Cultura de Jalisco, así como de los libros viejos que encuentra en bazares y tianguis, y de las hemerotecas de la prensa tapatía, que dan muchas pistas acerca del uso de las fincas, por ejemplo en los avisos de ocasión o con el registro de los eventos sociales que han tenido lugar en ellas. Gracias a esta labor, ha ido marcando en un mapa en línea las ubicaciones de todas las obras reseñadas, y un grupo selecto de ellas está en el libro Una revisión a Guadalajara, publicado por Editorial Ágata y finalista de la Bienal de Arquitectura de Jalisco en 2019.
Arquitectura e identidad
Para Xavier, el descubrimiento de la arquitectura de Guadalajara también ha implicado el descubrimiento de sí mismo: “Es un tema de identidad propia. Yo estoy orgulloso de la ciudad, la quiero mucho. Me he dado cuenta de que, conforme más la conozco, más la quiero, y eso seguramente les sucede también a otras personas”.
Esa relación de cariño y afinidad lo ha impulsado a trabajar en Revisiones de Guadalajara, como pasatiempo, por 20 años. Está convencido de que otras personas también pueden conectar profundamente con la ciudad si tienen la oportunidad de conocer más la historia de los edificios que ven de manera cotidiana en la calle, pues los concibe como símbolos que construyen identidad.
Al ser egresado del ITESO, toma como ejemplo la emblemática jacaranda que, por años, robó las miradas de todo aquel que atravesaba el Jardín Central del campus (frente al edificio R). “Era un símbolo de la Universidad. Hay logotipos del ITESO con la jacaranda y para mucha gente significó mucho. La historia crea la identidad. Una sociedad sin identidad es una sociedad perdida, que no puede encontrar su rumbo”, afirma.
Espera que, gracias a la observación frecuente de obras arquitectónicas tapatías, con sus escalas y materiales característicos, otras personas sean capaces de reconocer patrones, estilos y autores destacados de la región.
“Mi objetivo principal es que la gente empiece a conocer la ciudad para que luego la empiece a querer. Ya queriéndola, la puedes cuidar”, explica.
De lo contrario, la destrucción o la pérdida de acceso a los símbolos arquitectónicos que construyen identidad provoca desarraigo. Se rompe la conexión emocional que muchas personas tenían con los elementos cotidianos de su entorno cuando aparecen otros nuevos que no guardan relación con él. Así ocurre, por ejemplo, cuando la vista de las torres del templo del barrio y el sonido de sus campanadas dejan de ser perceptibles porque un edificio nuevo, más alto que todos los demás, bloquea las ventanas de los vecinos.
Obras en sintonía con su entorno
Xavier opina que los cambios de paisaje en las ciudades son inevitables, pues, así como los árboles, estas son entidades vivas que, con el avance del tiempo, necesitan que las hojas viejas caigan para que otras lleguen. Eso no implica que pierdan su esencia, pues los brotes que surgen no son completamente distintos de los anteriores.
A veces, sin embargo, la arquitectura olvida ese principio. Según este egresado del ITESO, esto ocurre cuando la formación profesional se centra en crear diseños únicos y sobresalientes, dejando de lado la importancia de integrar las obras al paisaje construido de las ciudades.
“Yo podré diseñar un edificio cuyo proyecto arquitectónico es una maravilla, pero si le meto 15 pisos en una colonia de edificios chaparritos, estoy destruyendo el contexto. En las ciudades no podemos salvarlo todo, pero lo que hagamos tiene que ir de acuerdo con la identidad del lugar. Ahí entran otros debates acerca de la libertad que una persona tiene para lucrar con su propiedad, aunque yo defiendo que el bien común es más importante que el bien individual”, agrega. Los edificios polémicos y los que considera que afectan de manera negativa a la ciudad también están en Revisiones de Guadalajara, porque de ellos también hay mucho que aprender.
La labor de Xavier no tiene fecha final porque la ciudad seguirá evolucionando. Mientras tanto, su proyecto seguirá impulsando la exploración y la conciencia en torno las obras arquitectónicas que las y los tapatíos experimentan a diario.