(No sólo) por amor al arte

(No sólo) por amor al arte

– Edición 511

Elizabeth Dalziel, fotoperiodista egresada del ITESO, es retirada por soldados israelíes en la frontera con Líbano, en el año 2000. Ella inició su carrera en el periódico «Siglo 21» en Guadalajara; fue editora y jefa de la Agencia AP en Jerusalén y Asia. Vive en Londres y es fotógrafa independiente. Foto: Dimitri Mesinis.

A pesar de los desafíos que enfrenta, el ejercicio del periodismo continúa siendo una necesidad indispensable para la vida en democracia. Por ello, y tal como lo ha hecho a lo largo de décadas, el ITESO continúa apostando por la formación de las y los nuevos profesionales del campo, con enfoques bien adaptados a las realidades emergentes

“El arte ha muerto”. Una frase que generaciones de intelectuales y artistas han enunciado dolorosamente cada vez que una transformación sacude la forma en que entienden y producen sus obras. Ya fuera por una invención tecnológica, como la cámara fotográfica; o por una provocación directa, como un urinario colocado en un museo, ese desconcierto, esa sensación de que algo esencial se derrumba y debe volver a inventarse no son exclusivos del mundo artístico: también rondan otros oficios. Uno de ellos es el periodismo. No es casualidad que ambas vocaciones estén hermanadas por otra sentencia célebre: quienes las ejercen, lo hacen “por amor al arte”.

Suele decirse que quienes las ejercen lo hacen movidos por una convicción más que por la promesa de estabilidad. Salvador Camarena, periodista, analista político y columnista desde hace 15 años en el diario El País, coincide con esta idea: “Estoy convencidísimo de que la enorme mayoría de los periodistas no hace esto por dinero —aunque no deja de ser un trabajo, muchos obtenemos de ahí nuestro sustento y afortunadamente vivimos de esto”.

Iván González Vega, profesor del ITESO que se acercó al oficio desde que tenía 14 años, lo describe como “una actividad profesional sometida a la crisis del mundo”. Resume su fragilidad con una imagen: “Si una mariposa aletea en China, un montón de reporteros se quedan sin trabajo al otro lado del mundo”. El periodismo es como una planta rara que difícilmente puede florecer en un ambiente carente de las condiciones específicas que permiten su supervivencia. Para seguir con vida requiere condiciones esenciales, como libertad de expresión, seguridad y viabilidad económica. Las tres están seriamente debilitadas. El avance de gobiernos autoritarios, los discursos de odio que circulan en redes sociales y la creciente censura han erosionado las bases mínimas que el oficio necesita para sostenerse.

En Estados Unidos, desde 2005 se pasó de tener 8 mil 891 periódicos locales a 3 mil 472, según el reporte “The State of Local News” de la Universidad Northwestern.1 En México, el panorama es aún más adverso. De acuerdo con la Federación Internacional de Periodistas (FIP),2 2025 volvió a colocar al país como el más peligroso de América Latina para ejercer el oficio, con tres asesinatos confirmados y cinco más en investigación; Reporteros Sin Fronteras3 documentó el asesinato de nueve periodistas en el mismo periodo, la mayoría en contextos vinculados a corrupción local, crimen organizado y abusos de poder.

A esta combinación se suma el desprestigio sistemático de la labor periodística, alimentado desde el poder político y amplificado en redes sociales donde la desinformación circula sin freno. “La debilidad del Estado, una gran corrupción (no sólo del gobierno) y, por supuesto, la polarización, ponen en entredicho la viabilidad de un proyecto nacional más o menos ordenado”, contextualiza Camarena.

Liz Dalziel abordo de un helicóptero Black Hawk del ejército estadounidense luego de haber fotografiado la cárcel de Abu Ghraib, en Bagdad, tristemente célebre por las torturas infligidas a prisioneros de guerra. Foto: Jamie Tarabay

El financiamiento menguante ha vuelto a muchos medios incapaces de sostener plantillas o pagar salarios dignos. Sobre el paisaje ya precarizado se impone un fenómeno que transforma por completo el paradigma: las redes sociales como principal canal de información. En países como Estados Unidos, 54 por ciento de las personas accede a las noticias por medio de plataformas sociales y de video, una cantidad que supera por primera vez al número de quienes se informan en la televisión y en los sitios web de los medios tradicionales de noticias.4

En ese mismo torrente llegó la inteligencia artificial (IA). Buscadores que ya no dirigen a los portales de los medios, sino que reformulan, resumen y reemplazan la información. Como describe Iván González, “el desarrollo acelerado de las tecnologías nos dio el electroshock más salvaje de este siglo”. Por eso, las voces que anuncian el fin del periodismo se hacen oír con más fuerza. La mezcla de precariedad, violencia, desprestigio y aceleración tecnológica parece ser, para muchos, el coctel que acabará con el oficio de informar. Pero, como dice Iván, “tristemente, es en estos momentos cuando más se necesita”: en el momento en que la sociedad está más desorientada, la brújula informativa es la primera en ser golpeada. Para él, la polarización, los fascismos contemporáneos, los proteccionismos y los nacionalismos violentos son un producto de disfunciones de la comunicación, como la desinformación, la “información malévola” y la propaganda que fragmentan la conversación pública y el diálogo con respeto y en igualdad de condiciones.

Aun arrastrando este peso, persisten los noticieros. Los locutores todavía narran accidentes de tránsito en la radio. Revistas digitales nacen cada semana y algunos periódicos impresos llegan a las puertas de las casas o a las tiendas de abarrotes, mientras duplican sus contenidos en redes y portales digitales. Esto no significa que los medios tradicionales se mantengan como el octeto de cuerdas del Titanic, que continúa con su concierto mientras la nave se hunde en el Atlántico, sino que la transformación de la industria, de los consumidores y del mundo ha sido tan abrupta que el periodismo aún se cuestiona cuál será su papel en el incorpóreo universo de las redes sociales, frente a espectadores cuya atención parece cada vez más limitada.

La esencia de la vocación

Aunque la desaparición progresiva de los periódicos a lo largo y ancho del planeta pueda parecer desalentadora, hay profesionales que prefieren comprender este fenómeno como una transición: “El campo socioprofesional está reconfigurándose a una velocidad enorme; desaparecen las redacciones, pero aparecen otras formas de trabajar, otros espacios donde ejercer”, asegura César Ruiz, coordinador de la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública del ITESO. También explica que el futuro del oficio debe pensarse desde la experimentación y la adaptación. “Hay que reinventar conforme la realidad se presenta”, añade Ruiz. Un ejemplo de ello son los medios nativos digitales, que han servido como un gran espacio para los reporteros independientes, o aquellos medios que se han despedido del papel, pero subsisten intangibles en la web.

Juan Carlos Núñez, periodista egresado del ITESO con una trayectoria de casi 40 años, sostiene que este oficio va mucho más allá del soporte en el que llega a sus lectores. Para él, la esencia de la vocación reside en su compromiso con el interés público, con la verdad: “el periodista tiene que explicar, contextualizar, profundizar” y cuestionarse siempre: “¿para qué hacemos periodismo y para quién?”. Esa médula ética no depende del papel ni de la pantalla, sino de la mirada crítica y de la disposición a comprender la realidad con rigor.

Recuerda que, durante su etapa como estudiante, sus compañeros exigían más horas de práctica para dominar las tecnologías de aquel entonces, como las consolas de audio, los acetatos, los cuartos oscuros para revelar fotografías. Los académicos de ese tiempo se mantuvieron firmes en el plan de estudios centrado en la teoría, en investigar y analizar, más que en el uso de máquinas que pronto serían rebasadas por otras más actualizadas. “Qué bueno que no nos hicieron caso, o estaríamos más obsoletos que una videocasetera”, ríe el académico, enfatizando que la técnica cambia, pero la mirada no. “Ya en aquella época se tenía esa gran virtud de formar humanistas”, añade.

Salvador Camarena en el pódcast político “Botepronto”, de Así Como Suena. También produce semanalmente “La Vespertina”, pódcast de El País México. Foto: Cortesía Salvador Camarena.

Salvador coincide con esta perspectiva. Para él, el corazón del oficio está en narrar el mundo con responsabilidad, incluso cuando las condiciones laborales no acompañan. “Lo más importante sigue siendo la formación de una conciencia reflexiva, crítica y actualizada del compromiso que implica informar”. Reconoce que hoy “es más fácil que nunca obtener información”, pero advierte que quizá “sea más retador que nunca hacer que la información que se le propone a la opinión pública sea la que mejor capture lo que la sociedad necesita saber”.

Le inquieta que la atención desbordada a los creadores de contenido pueda desviar la formación periodística hacia tendencias efímeras. En un entorno mediático gobernado por métricas, viralidad y algoritmos, la tentación de buscar ser el primero en la nota sin reflexión alguna puede ser fuerte. Por eso insiste en que las universidades no pueden renunciar a los cimientos: “Volver a enseñar lógica, ética, historia, economía, filosofía; enseñar política mexicana, historia mexicana, y también universal”. Sin ese andamiaje intelectual, afirma, el periodismo corre el riesgo de convertirse en simple producción de contenido. Inmediato, rentable, pero débil en su discurso y objetivos.

Para él, uno de los grandes retos del periodismo actual no reside en que las y los periodistas tengan la capacidad técnica de adaptarse a las nuevas tecnologías, ni siquiera en una sólida formación teórica o deontológica. La cuestión está en comprender el lugar que ocupa el oficio en un mundo que atraviesa un cambio de época donde se reacomodan fuerzas políticas, se fracturan consensos y la incertidumbre se intensifica. “La primera condición que yo le pondría a una reportera o a un reportero joven que se integra a una redacción es que tenga una conciencia crítica y que esté en permanente actualización con respecto al compromiso que está asumiendo”, apunta.

La tradición del periodismo en el ITESO

“Me gusta pensar que esta es una universidad en donde resultaría imposible no tener formación de periodistas”, dice Iván González Vega. Su idea resume una historia larga. Aunque la Licenciatura en Periodismo y Comunicación Pública del ITESO tiene poco más de una década, la formación de periodistas en la Universidad tiene casi 45 años de trayectoria, desde la carrera en Ciencias de la Comunicación.

De sus aulas egresaron periodistas que han incidido en la conversación pública del estado y del país. Algunos, como el propio Salvador Camarena o Alejandra Xanic (quien en 2013 se convirtió en la primera mexicana en recibir el premio Pulitzer), han alcanzado reconocimiento nacional e internacional. Otros han sido figuras esenciales en la vida pública local, visibilizando la cultura, las injusticias, la corrupción o la defensa de los derechos humanos, como Ignacio Pérez Vega, Vanesa Robles, Esperanza Romero, Rosa Esther Juárez, Darwin Franco, Alejandra Guillén, Eduardo Castañeda, Manuel Baeza, Kaliope Demerutis, Gerardo Lammers, Jorge Valdivia, Francisco Vázquez Mendoza, los propios Juan Carlos Núñez e Iván González Vega, entre muchos y muchas más. Todos egresados de Ciencias de la Comunicación.

Alejandra Guillén, egresada de Ciencias de la Comunicación en el ITESO, mientras entrevista en 2014 a Fredy de la Cruz, comunero de Santa María de Ostula, Michoacán. Ale ha sido periodista durante 20 años y se ha enfocado en movimientos sociales, desapariciones forzadas y violencias, así como en las alternativas que construyen los pueblos originarios para resistir a la debacle socioeconómica y ambiental. Foto: Redes sociales de Alejandra Guillén.

Durante varias décadas, el programa fue de las pocas opciones en la región, por lo que futuros cineastas, fotógrafos, publicistas o gestores culturales se asomaban por igual a sus aulas. El periodismo era entonces una de las múltiples rutas posibles dentro de esa diversidad de perfiles. Recuerda Núñez que Paco Morfín, director general académico del ITESO de 2004 a 2010, decía que la universidad te muestra muchas ventanas por las que te puedes asomar y elegir cuál cruzar. Así le ocurrió a él, que entró con la intención de dedicarse a la comunicación social, y a un joven Salvador que, en un principio, aspiraba a ser fotógrafo.

La licenciatura, señala Iván, “tenía una personalidad muy especial”. No sólo formaba comunicólogos: formaba personas capaces de observar con detenimiento las múltiples facetas del mundo y comprender la comunicación como un fenómeno central de la vida social. A esto se suma la naturaleza misma de la institución. Como universidad, su misión implica generar conocimiento y compartirlo con la sociedad, intervenir en la conversación pública y contribuir a la mejora de la vida colectiva. Sin esa participación, advierte, “la vida universitaria queda incompleta […] El ITESO es un actor muy importante de la ciudad”, advierte Juan Larrosa, actual coordinador del Departamento de Estudios Socioculturales (Deso).

Otro ingrediente decisivo en el perfil de los periodistas que egresaron de Comunicación ha sido la vocación social y humanista de la institución. Juan Carlos Núñez comparte que las Orientaciones Fundamentales del ITESO (OFI) inspiraron su ejercicio profesional, en especial en la medida en que llaman a “denunciar lo que va contra la dignidad humana, a ayudar a las personas a asumirse como miembros activos de una comunidad […] y a buscar transformar la realidad”.

El crecimiento del campo profesional y la consolidación de ciertos perfiles entre las y los estudiantes llevó finalmente a la creación de programas especializados. Así nacieron Comunicación Pública, Comunicación y Artes Audiovisuales, Gestión Cultural y, en 2012, Periodismo y Comunicación Pública, que formalizó una ruta profesional que llevaba décadas gestándose entre los pasillos.

Ignacio Pérez Vega en entrevista con colectivos de familias buscadoras de desaparecidos. Nacho, como se le conoce afectuosamente, lleva 28 años como periodista en medios escritos, radiofónicos y televisivos, con amplia experiencia en temas como movilidad, educación, trabajo y desarrollo urbano, además de cubrir asuntos de política a nivel estatal y municipal. Foto: Redes sociales de Ignacio Pérez Vega

Híbrido

Las ideas y los principios que nutrieron el espíritu de aquellas generaciones siguen presentes. Sin embargo, la forma en la que producían y difundían su trabajo ha cambiado (y cambiará) con una velocidad que pocas veces había experimentado el oficio. “La transformación del campo socioprofesional, que está siendo muy rápida, es retadora porque antes podías planear pensando en cierta estabilidad del contexto y ahora eso es imposible. Hay tendencias muy claras en términos generales, como la desaparición de las redacciones”, explica César Ruiz.

A esta transformación se suma la ruptura del modelo de negocios que sostenía a los medios tradicionales: menos ingresos, menos plazas, menos estabilidad. Juan Carlos Núñez lo resume al señalar que los medios que antes garantizaban trayectorias largas hoy apenas logran sostener estructuras mínimas. La precarización también modifica la forma en que se aprende y se ejerce la profesión.

Consciente de estas condiciones, el ITESO ha planteado la necesidad de configurar un plan de estudios que, sin renunciar a la ética, el rigor y el humanismo, se adentre también en la creación de contenidos como campo emergente. No como un intento de perseguir tendencias, ni de competir con la lógica de las primicias o la viralidad, sino para formar periodistas capaces de adaptarse a los formatos actuales y futuros. Esto implica reconocer elementos propios de los contenidos en redes (como la síntesis, la claridad narrativa o la capacidad de captar la atención), y utilizarlos para posicionar temas de interés público en medio de un ecosistema saturado de publicidad, desinformación y contenido desechable.

“Si logramos utilizar esas técnicas y mezclarlas con lo mejor del periodismo, creo que podemos producir un híbrido que se ajuste mejor a las necesidades actuales, que abra el campo profesional de quienes estudian. Que eleve la calidad y el nivel de la conversación pública que estamos teniendo”, asegura César Ruiz. Desde su perspectiva, la experimentación no es sólo un recurso pedagógico, sino también la posibilidad de encontrar tierra firme en el turbulento contexto que nos rodea.

Aranza López y Desirée Garibay, estudiantes de primer ingreso en la Licenciatura de Periodismo en el ITESO. Foto: Zyan André.

Los periodistas del futuro

Después de describir una y otra vez los distintos riesgos que implica este oficio, es inevitable preguntarse: ¿por qué alguien querría caminar por un sendero lleno de trampas, desvíos y precipicios?

Aranza López, Desirée Garibay y Kumiko Villaseñor, estudiantes de primer ingreso de la Licenciatura en Periodismo, ofrecen una respuesta contundente a esa pregunta. Como muchas generaciones anteriores, creen en el valor de la información, en la importancia de comprender su contexto y en la responsabilidad de narrarlo con honestidad y claridad.

Kumiko lo sintetiza así: “El acceso a la información es un tipo de poder muy grande. Si está viciada, crea vacíos. Pero si es correcta, puede llegar más lejos y permitir que las personas entiendan los conflictos actuales y decidan cómo actuar”. Para ella, informar no es sólo un deber profesional, sino una forma de servicio social. Desirée también comparte la preocupación de generar información clara y de calidad ante el bombardeo de noticias que hay en la actualidad.

Aranza, por su parte, sostiene que “ya no hay tantas personas que se animen a contar las historias que se tienen que contar”. Su convicción nace del deseo de expresar opiniones, pero también de mostrar los hechos tal como son, para que cada uno pueda construir su propio criterio. “Tiene riesgos, claro, como todas las carreras. No creo que todo deba ser así, pero sí creo que alguien debe hacerlo”.

La respuesta, quizás, está en que el periodismo no se trata sólo de los conflictos que lo rodean. “No se tiene que ser un mártir ni nada para poder ser periodista. Sí se tienen muchos retos y es en cierta medida responsabilidad de quien asume la profesión resolverlos”, menciona Juan Carlos. Salvador Camarena complementa esta idea: “No somos pobrecitos, somos trabajadores como otras personas, y tenemos que evitar el protagonismo, el ego —por supuesto—, los riesgos innecesarios…”.

Claro que dedicarse a ello implica un gran compromiso ético y responsabilidades, pero también mucha libertad y disfrute… de escribir, leer, viajar, escuchar y encontrarse con personas que, sin proponérselo, amplían la mirada del mundo de quienes las entrevistan. Es el privilegio de ser testigo de historias que de otro modo quedarían en en el olvido: por eso existe la necesidad de contarlas.

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1. Zach Metzger, “The State of Local News. The 2025 Report”, del State of Local News Project dela Northwestern University.

2. International Federation of Journalists, “La FIP publica la lista definitiva de los 128 periodistas y profesionales de los medios de comunicación asesinadxs en 2025”.

3. Reporteros Sin Fronteras, “México: Miguel Ángel Beltrán Martínez es el noveno periodista asesinado en 2025, el más mortífero para los periodistas en los últimos tres años”.

4. Nic Newman, Amy Ross Arguedas, Craig T. Robertson, Rasmus Kleis Nielsen, Richard Fletcher, “Digital News Report 2025”,  Reuters Institute for the Study of Journalism, 2025.

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MAGIS, año LXII, No. 511, marzo de 2026, es una publicación electrónica mensual editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A. C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: José Israel Carranza Ramírez. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Édgar Velasco, 1 de marzo de 2026.

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