Es el momento más inestable desde la Guerra Fría: Meschoulam

Es el momento más inestable desde la Guerra Fría: Meschoulam

– Edición 512

Foto: Cortesía Mauricio Meschoulam.

Convencido de que la paz no es solamente la ausencia de violencia, sino la construcción permanente de un sistema que tenga en cuenta los entornos local, nacional y global, el especialista en Estudios Internacionales revisa en entrevista algunos de los aspectos más sobresalientes de la situación geopolítica actual

Ante la situación que se vive en el mundo, el internacionalista Mauricio Meschoulam (Ciudad de México, 1968) pide respirar y dar tres pasos para atrás.

Al momento de esta entrevista con el doctor en Políticas Públicas y Administración, con especialización en Terrorismo, Mediación y Paz, profesor del Departamento de Estudios Internacionales de la Ibero Ciudad de México y analista de diversos medios en prensa escrita, radio y televisión, no había ocurrido el operativo del Ejército mexicano que, con el apoyo de Estados Unidos, terminó con la muerte de Nemesio Oseguera, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, que derivó en una serie de bloqueos carreteros y caos que se extendió a varios estados de nuestro país, incluido Jalisco, donde el narcotraficante fue abatido; tampoco había tenido lugar el ataque masivo —nombrado “Furia épica”— de Estados Unidos e Israel para derribar al régimen iraní, en el que el presidente Donald Trump vuelve a meter a su país en una guerra sin autorización del Congreso.

Así las cosas, en la calma chicha que se presentaba aquella tarde de febrero, decidí iniciar la conversación, vía videoconferencia de WhatsApp, preguntándole a este hombre de negro, ataviado con collares y brazaletes de evocaciones marinas —autor, entre otros libros, de Miedo y construcción de paz en México (CIDE, 2020)—, por el mensaje panamericanista de Bad Bunny en el intermedio del Super Bowl LX.

“Mira, obviamente me fascinó. Es el mejor medio tiempo que he visto en mi vida”, contestó Meschoulam. “Fue un mensaje de resistencia, de identidad, de decirle a Estados Unidos: América es un continente entero. Un mensaje de respuesta al corolario Trump a la doctrina Monroe. Un mensaje también acerca del valor de la comunidad hispanoamericana en Estados Unidos. Pero, dicho esto, tenemos que entender que lo que sucede en Estados Unidos, así como en América Latina, es que nos estamos hablando al interior de nuestras mismas audiencias y cámaras de eco”.

Toco este tema porque atañe directamente al eje central de la entrevista, que tiene que ver con la política impulsada por Donald Trump y lo que está ocasionando en el mundo entero, en el contexto de esta nueva bipolaridad, ya no entre Estados Unidos y la Unión Soviética, como lo vimos en el siglo XX, sino entre Estados Unidos y China. No sé si incluirías a Rusia. ¿Cómo observas el estado actual y el futuro inmediato de los organismos de gobernanza internacionales?

Estamos presenciando modificaciones en el sistema. Esto no es debido a Trump, sino que lo precede y sin duda alguna lo rebasará. Trump posiblemente funcione como un catalizador o acelerador de este proceso, pero estamos ante fallos estructurales en el sistema del orden institucional, que en el campo donde nos movemos es conocido como el orden liberal institucional, basado en normas, reglas, leyes. Estamos, pues, ante un orden no bipolar; muy probablemente un orden multipolar, inestable, con presencia de actores no estatales, armados y violentos. El contexto en 2026 es el de 135 conflictos violentos armados en el planeta. Eso es lo que está ocurriendo: un sistema internacional multilateral incapaz de dar respuesta o solución a esta realidad que estoy planteando.

¿Está enfermo el sistema, al borde del colapso? O, como lo dijo el primer ministro canadiense Mark Carney en el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza), ¿ya en un estado de ruptura? O, como lo dijo en entrevista para la revista Foreign Affairs el presidente finlandés Alexander Stubb, quizá no estemos en ruptura, sino en transición hacia algo que no sabemos qué es todavía y en lo que ojalá podamos influir para que sea lo más positivo posible. También tenemos que preguntarnos si este orden institucional, propugnado por el idealismo político, funcionaba realmente y ahora ya no funciona, o si en realidad nunca funcionó y estamos despertando del sueño idealista.

Tenemos que ser cautos ante fenómenos históricos como estos que estamos viviendo ahora. Debemos alejarnos un poco del ruido, de las notas que produce 24/7 Donald Trump, y observar las señales. Propongo dar tres pasos para atrás, respirar y entender.

El orden institucional multilateral nunca fue perfecto, pero después de la Guerra Fría, por lo menos los Estados estaban menos dispuestos a retarlo. Trataban de darle su lugar, su espacio; de cuidar las normas, las leyes, y, luego, si había que romperlo o violarlo, pues se hacía, pero no sin consecuencias o no sin tratar de justificar que se estaba rompiendo ese orden institucional por x, y o z razón. Pongamos, por ejemplo, el caso de la intervención estadounidense sobre Irak en 2003, cuando teníamos a Colin Powell —exsecretario de Estado de Estados Unidos durante la presidencia de George W. Bush— yendo al Consejo de Seguridad [de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)] y mostrando las fotografías de cómo supuestamente Irak estaba fabricando bombas de destrucción masiva. México, por cierto, votó en contra de esa invasión y, a final de cuentas, Estados Unidos invadió sin el aval de Naciones Unidas. Pero es diferente de lo que sucede hoy día, cuando Rusia invade Ucrania sin preguntar; China lanza sus operaciones de expansión en sus mares colindantes sin preguntar —afectando a Filipinas—, y Trump lanza un operativo militar sobre Venezuela, en el que no se solicita el permiso de Naciones Unidas, ni existe un intento por justificar legalmente esta intervención. Esta erosión del sistema internacional se originó hace ya algunos años, sin que hayamos podido explicar cuáles han sido las causas ni, sobre todo, cómo ofrecer soluciones.

Conflictos del mundo según cuatro indicadores: letalidad, peligro para los civiles, difusión geográfica y número de grupos armados. Fuente: ACLED DATA.

Dentro de estos conflictos que acabas de mencionar, ¿también mencionarías lo que sucedió en Gaza con Israel?

Sin duda… Después de la serie de atentados del 7 de octubre de 2023 por parte de Hamás, el Estado israelí responde con toda su capacidad militar, porque lo que sucede cuando se percibe que el sistema internacional no garantiza tu seguridad es que la única forma de garantizarla es desplegando una fuerza brutal. No es la fuerza proporcional que dice el derecho internacional. No funciona así, las guerras no son así. En las guerras se tiene que mostrar fuerza desproporcionada, porque sólo eso disuade a tus enemigos de que te ataquen.

¿Qué papel tiene en este entorno el derecho internacional?

Un rol cada vez menor, que se erosiona, porque los Estados, incluido Israel por supuesto, Rusia, China, Estados Unidos, están dispuestos a retar a este sistema de normas y leyes. En este entorno lo que vemos son despliegues militares, de fuerza, carreras armamentistas.

Ve el mensaje que manda Estados Unidos en la conferencia de prensa tras capturar a Maduro. El mensaje, que lo emite con toda claridad Marco Rubio [secretario de Estado de Estados Unidos], es que a todo el mundo le quede claro que con este presidente no se juega. A este presidente, o le haces caso o le haces caso. No es un mensaje para Venezuela; es un mensaje para Irán, para Rusia, para China. Es un mensaje para todos los actores en este sistema multipolar inestable y enormemente erosionado.

Mucha gente se pregunta dónde quedó la ONU…

Creo que es una pregunta que tenemos que hacernos frente al espejo. Efectivamente, la ONU no está siendo capaz de responder frente a este entorno que estoy mencionando. Pero hay que entender que la ONU no está formada por marcianos: somos nosotros, de manera que cuando decimos que la ONU falló, los que estamos fallando somos nosotros.

México fue miembro del Consejo de Seguridad hace algunos años. Ha sido miembro activo de Naciones Unidas, de este sistema internacional, al igual que muchos otros países. Entonces, si Naciones Unidas está fallando, nos tenemos que preguntar, no qué hizo mal António Guterres [secretario general de Naciones Unidas], sino qué estamos haciendo mal nosotros.

Esto implica una actividad constante, perpetua, de países como el nuestro. ¿Por qué hablo tanto de México? Bueno, pues porque hay que mirar nuestra historia en este campo. Somos un ejemplo de país que ha luchado por este sistema internacional. México ha sido pilar del derecho marítimo, del sistema de desarme, del sistema de no proliferación de armas nucleares. México cree en el multilateralismo, en la solución pacífica. Hemos sido partícipes activos de este sistema internacional.

Si países como el nuestro renuncian a esa labor y a esa responsabilidad internacional porque están muy difíciles las reformas, efectivamente, el sistema colapsa. ¿Qué le pasa entonces a la ONU? Pues le pasa que la hemos descuidado.

Fíjate cómo lo plantea el primer ministro de Canadá Mark Carney en el foro de Davos: dijo que las potencias medias tienen que aliarse y trabajar juntas para poder contrarrestar lo que está sucediendo frente a los grandes poderes. En alusión directa, por supuesto, a Estados Unidos, pero no nada más.

Desde tu visión como internacionalista, como académico, como experto en la mediación, en la paz y en los asuntos que tienen que ver con el terrorismo y con la guerra, ¿qué propones? ¿Cuáles deberían ser las líneas por seguir para países como México?

Sí, México, Canadá, Brasil e India, por ejemplo, países afines a esta institucionalidad internacional. Hay que entender que este orden institucional realmente le conviene a una gran mayoría de actores, incluido Estados Unidos, aunque hoy parezca que no. El orden institucional brinda certeza, aporta para la construcción de negocios, de planes futuros. Permite predecir. Da estabilidad. Entonces, tendríamos que trabajar en la conformación de alianzas de países como el nuestro, para tratar de pensar.

Tenemos que aportar desde la construcción de paz. Nos hemos enfocado demasiado en la parte institucional, descuidando la estructural, la parte sistémica. No basta que nuestras instituciones se dediquen a procesos de negociación, de diálogo, de cese al fuego, de peacekeeping.

Cuando hablas de los múltiples actores que estarían interesados en participar en estas reformas estructurales, ¿en qué tipo de organizaciones o actores estás pensando?

En múltiples. Piensa en la cantidad de países que, entendiendo la problemática, deciden confiar y dotar de capacidad a estas instituciones en aras de producir una mayor estabilidad.

Recomiendo ampliamente escuchar al presidente finlandés Alexander Stubb. Además de que es brillante y tiene un gran conocimiento, ha participado en la academia y ha sido miembro del servicio público. En la citada entrevista de Foreign Affairs habla sobre la importancia de que la Unión Europea siga funcionando. A todos nos conviene, dice, que una institución como esta siga dotada de capacidad y eficacia. Si sumas la cantidad de países que conforman la Unión Europea, a la cantidad de países que conforman la Unión Africana, la cantidad de países ubicados en Asia, en América Latina, te darás cuenta de que de verdad no somos una pequeña mayoría, sino una brutal mayoría que tenemos que generar de manera conjunta los incentivos para que las superpotencias, que tienen el control del planeta en sus manos, puedan apreciar los beneficios de mantener un orden institucional y una estabilidad.

Aquí podemos sumar a China, que no se beneficia de la inestabilidad. El modelo chino, que es un modelo de crecimiento, de inversión, de infraestructura, de expansión económica, pierde con la inestabilidad. Perdió mucho con la inestabilidad en Ucrania y va a perder si estalla una guerra en el Golfo Pérsico. Porque China se abastece del petróleo que viene de esa región. China, además, está muy metida en muchos asuntos del sistema internacional, incluido, por ejemplo, el cambio climático. Está tratando de ofertarse como una alternativa creíble y estable frente a Estados Unidos.

Tenemos, pues, que pensar en organismos internacionales, como la Unión Europea, la Unión Africana; también en esquemas multilaterales que hemos formado, por ejemplo, el G20. El G20 es un mecanismo de concertación entre distintos países que ha perdido capacidad de gestión, y al que necesitamos volver a dotar de fuerza. El G7 mismo, que sería como el club de los ricos. Pero tenemos que empujar. En lugar de deprimirmos y decir “El sistema colapsó, compren sus mejores armas y sálvese quien pueda”, tendríamos, de verdad, que convocarnos y pensar juntos en alternativas y soluciones.

Apelando a mi entrenamiento y mi capacitación en temas de mediación, diría que lo que no hay que hacer es aislar a los actores, justo lo que en este momento hacen países como Estados Unidos o Rusia. Hay que dialogar, tratar de negociar, ver de qué forma estos Estados nacionales pueden encontrar incentivos. No demos por muerta a Naciones Unidas, veamos cómo rescatamos su capacidad y, con ello, la legalidad internacional.

Fuente: ACLED DATA

Entiendo, entonces, que apuestas, no por la creación de nuevas instituciones, sino por la reforma de aquellas que han resultado útiles para la diplomacia internacional del siglo XX

O tal vez hagan falta nuevas instituciones, no lo sé. Tenemos que sentarnos a dialogarlo y ver cómo sí. Lo que está pasando en este instante, y no estoy diciendo que lo vamos a resolver en 2026, es que estamos frente a una crisis del sistema, pero no estoy diciendo que sea su muerte.

Cuando hay una crisis, cada quien está en modo “Sálvese quien pueda”. Tienes el colapso del sistema internacional, la carrera y la competencia por las rutas críticas, los minerales críticos, los recursos: cuellos de botella geopolíticos en este entorno anárquico. Y tienes, además, el factor Trump.

La velocidad que Trump le ha metido a este tipo de cuestiones es brutal. Entonces tenemos toda esta competencia, con 135 conflictos activos. No sabemos para dónde voltear. No estamos pensando en sentarnos con las contrapartes para rescatar el sistema internacional, sino cómo le hacemos, dentro de este huracán, para no ahogarnos.

Porque, claramente, si yo en este momento voy a lanzar un discurso que sea percibido como anti-Trump en órganos multilaterales, voy a recibir toda su ira en contra mía, y, caray, una cosa es ser China, otra es ser Brasil —menos fácil—, o la India, y otra cosa es ser México. Porque cuando dependes en 83 por ciento de Estados Unidos, pues entonces “calladito me veo más bonito”. Carney se aventó, aun cuando Canadá tiene una alta dependiencia de Estados Unidos, y ahora Trump les quiere cerrar hasta el puente de cruce entre Ontario y Michigan. La ira de Trump está desatada contra Canadá.

Pero esto no nos exime de la responsabilidad: tenemos que respirar, dar tres pasos para atrás, pensar con calma, más allá de lo inmediato, qué son el T-MEC y la seguridad. Tener pensamiento estratégico: ¿qué vamos a hacer hacia delante con el sistema internacional? ¿Con quiénes tengo que dialogar acerca de estos asuntos? ¿Cuál sería el primer paso? ¿Una cumbre? ¿Por dónde caminamos para reestablecer este sistema internacional? ¿Cuál es el rol que nos toca a nosotros?

¿Cómo observas el papel desempeñado hasta el momento por la presidenta Sheinbaum y su equipo?

Mira, no soy partidista ni quisiera tornar esta discusión como algo pro o anti 4T, ni mucho menos, pero sí hay que entender que México hace muchos años que renunció a la tradición histórica de activismo en el sistema internacional que nos caracterizaba.

Desde tiempos de Salinas, de Calderón, de Peña Nieto y, por supuesto, durante la presidencia de López Obrador, México estuvo ausente de estas discusiones, mientras que no ha sido el caso de Brasil, Argentina o Colombia.

Ahora vemos un intento, todavía incipiente, por parte de la presidenta, de empezar a recuperar el rol de México al más alto nivel. Estamos viendo cierta presencia. Pero, al mismo tiempo, también hay que comprender que está muy difícil navegar en este instante frente a Estados Unidos, considerando el rol que le toca a México desempeñar en este momento. Sheinbaum tiene que negociar entre lo que estoy diciendo, pero evitando que la relación bilateral colapse.

Se necesita la presencia de México al más alto nivel, todo el tiempo, en asuntos internacionales. El sistema internacional nos debe importar aunque estén pasando cosas aparentemente lejos. Tenemos que pensar sistémicamente porque, si cae el sistema, no es que caiga un hilito en Asia-Pacífico: cae el sistema. Lo que estamos viendo es un sistema erosionado. México tiene que pensar más allá de Donald Trump, más allá de los próximos tres años.

Fuente: Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo.

¿Vislumbras, entonces, que se está perfilando un nuevo orden mundial, o no hay claridad?

No, sí estamos ante cosas nuevas, definitivamente, pero no tenemos claridad acerca de en qué van a aterrizar. Sabemos que estuvimos durante un buen tiempo ante un orden bipolar con cierta estabilidad, pero también con focos de inestabilidad; un breve espacio, como diría el clásico, de un orden unipolar terminando la Guerra Fría y, luego, inmediatamente, hacia el año 2000, sobre todo a partir de 2001 en adelante, claramente manifiesto, un sistema multipolar —no lo voy a llamar orden— que incluye a Estados, pero también a actores no estatales, algunos de estos pacíficos, pero otros violentos. Y aquí piensa, por ejemplo, en organizaciones del crimen organizado, que no las puedes dejar de lado en esta discusión. Estoy hablando del crimen organizado trasnacional, no de pandillas locales que pueden operar en una o en dos ciudades o en un país; hablo de organizaciones que operan en 50 países. Esto es parte de este sistema internacional, ¿no?, actores no estatales de carácter violento y actores no estatales de carácter pacífico, como pueden ser corporaciones multinacionales que también tienen operaciones en decenas de países y que también actúan dentro de este sistema y tienen intereses de toda clase.

Estos momentos de inestabilidad empezaron a ser más recurrentes, probablemente, a partir de 2010, y actualmente estamos en el momento de mayor inestabilidad desde tiempos de la Guerra Fría, debido a conflictos entre Estados que no habíamos visto; me refiero, por ejemplo, a India-Paquistán, Tailanda-Camboya, Armenia-Azerbaiyán, Israel-Irán —no solamente Israel-Hamás—, obviamente Rusia-Ucrania, pero también conflictos en donde participan actores no estatales de carácter violento, como, por ejemplo, el Sahel africano con toda la actividad de la rama de Al-Qaeda en esa zona, las actividades de isis en el contintente africano, en Medio Oriente, en Asia; o bien, todas las operaciones del crimen organizado, no sólo en América Latina, sino también en África, Medio Oriente y Asia. Todo este sistema con altísima inestabilidad.

¿Dónde observas que están los actores, las fuerzas, que pueden ayudar a que ocurra esta renovación para el entendimiento entre naciones?

Tienes a una cantidad importante de Estados, de países, gobiernos, personalidades. Luego, si bajas un poco, vas a encontrar que en el sector empresarial, en organizaciones económicas en general, también hay actores que pueden ayudar y que favorecerían un sistema como el que estoy indicando; bajando más, tienes por supuesto organizaciones de la sociedad civil, y esto incluye a organizaciones en nuestro continente, en nuestro subcontinente, en nuestro país, que son, somos, organizaciones que trabajan intensamente para tratar de ayudar a ordenar de alguna forma este sistema, y que podrían resultar muy relevantes; además tienes a la academia, las universidades, los centros de estudio, documentando y produciendo investigación; think tanks; e, incluso, el trabajo periodístico.

México, tradicionalmente, tiene esta convicción. Hay actores dentro del gobierno mismo, que actualmente tal vez estén en Secretaría de Relaciones Exteriores, o en labores de consultoría o proveeduría de información, que entienden mucho de lo que estoy diciendo. Hay instituciones privadas, como el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi), que organiza mesas de discusión, produce literatura, reúne a exdiplomáticos y a profesoras y profesores. Y, por supuesto, tienes a las universidades, a la academia, y a las organizaciones civiles que hay en abundancia, que entienden muy bien que la paz no es solamente un tema al interior de un país, sino que pasa por considerar un sistema internacional.

¿El reto estaría en crear los vasos comunicantes entre estos actores?

Sin duda. En eso creo. Tenemos que trazar los mapas y tejer las redes. Y a través de estas redes ir produciendo toda la comunicación que se necesita, los canales.

Para terminar, ¿alguna idea poderosa que quieras compartirles a los lectores de MAGIS, proveniente de la academia, de la filosofía?

De todo lo que te dije, la idea más poderosa es que la paz no se limita a la ausencia de violencia y, por lo tanto, no puede estar exclusivamente formada por instituciones que se encarguen de detener las guerras, los conflictos. La paz tiene que ser construida. Y para que la paz sea construida se necesita trabajar en todos los ámbitos, con actitudes, instituciones y estructuras.

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