El ITESO camina con los adultos mayores

El ITESO camina con los adultos mayores

– Edición 518

Foto: Unplash

La Universidad abrió sus puertas al Encuentro de Economía Plateada, un espacio para reflexionar acerca de las implicaciones sociales, económicas y culturales del envejecimiento de la población. Este texto recorre algunos proyectos, investigaciones e iniciativas con que se han abordado los desafíos y oportunidades de esta transformación

México envejece. A principios de la primera década del siglo XXI, la mediana de edad de la población rondaba los 22 años. Hoy supera los 30 y, según proyecciones del Consejo Nacional de Población (Conapo), aumentará durante las próximas décadas. Detrás de ese cambio hay dos fenómenos: nacen menos bebés y las personas viven más años. Lo que durante mucho tiempo fue un país predominantemente joven se encamina hacia una realidad opuesta. Para 2070, las personas mayores podrían representar 34.2 por ciento de la población mexicana, cuando en la actualidad constituyen 12.8 por ciento.

Más allá de las cifras, ¿qué significa que una sociedad comience a tener cada vez más personas mayores? Para Alejandro Pérez Duarte, investigador y líder del Laboratorio del Hábitat para Personas Mayores del ITESO, el fenómeno trasciende el aspecto demográfico: se trata de una transformación capaz de cuestionar la manera en que se organiza toda una sociedad.

“Ya se veía que México iba a empezar a tener menos población productiva y esto cambia el perfil de muchas cosas. Tienes que repensarte absolutamente todo como país: desde la economía, los fondos de pensiones, el tema de salud, pero también la ciudad, la colonia, las casas y las universidades”, explica el académico.

Aunque el envejecimiento de la población se ha convertido en una preocupación cada vez más visible para gobiernos, instituciones y organismos internacionales, en el ITESO la conversación comenzó hace más de dos décadas. Distintos grupos de investigación ya buscaban comprender cómo viven las personas mayores, qué desafíos enfrentan y qué condiciones necesitan para envejecer con dignidad.

Desde la Universidad también se han animado proyectos de intervención y vinculación que parten de una perspectiva común: las personas mayores no son únicamente receptoras de cuidados o asistencia, sino personas con experiencia, autonomía y capacidad para definir cómo quieren habitar esta etapa de la vida.

Una mirada construida en colectivo

A finales de los años noventa y en los primeros años de los dosmiles, hablar de envejecimiento en los espacios académicos no era precisamente una prioridad. María del Rocío Enríquez, investigadora del Departamento de Psicología, Educación y Salud (DPES) del ITESO, recuerda que los estudios sobre personas mayores solían ocupar un lugar secundario frente a otros temas considerados más urgentes. Su propio trabajo se concentraba entonces en la pobreza urbana, la exclusión social y las desigualdades que atravesaban distintos sectores de la población.

Sin embargo, fue durante sus investigaciones en campo, en colonias de la periferia de Guadalajara donde identificó que muchas de las personas que vivían en situaciones más precarias eran hombres y mujeres mayores. Personas que enfrentaban condiciones de aislamiento y vulnerabilidad para las cuales existían pocas alternativas institucionales y escasa investigación.

Enríquez comenzó a colaborar con la psicóloga Margarita Maldonado, una de las pioneras en el estudio de la vejez en la Universidad, y junto con académicos de otras instituciones impulsaron algunos de los primeros proyectos de investigación, como el de “Género, envejecimiento, redes de apoyo social y vulnerabilidad en México (2003-2007)”, publicado en el libro Los rostros de la pobreza, así como la evaluación de programas dirigidos a personas mayores desarrollada durante esos años.

Conforme avanzaban las investigaciones, también se hacía evidente que ninguna disciplina podía abordar por sí sola un fenómeno tan complejo. La vejez comenzó a estudiarse desde la psicología, el desarrollo comunitario, las políticas públicas, la sociología, los cuidados, la salud, el urbanismo. De la preocupación por comprender las condiciones de vida de un grupo de personas, nació una trayectoria interdisciplinaria de largo alcance.

La propia Enríquez insiste en que esta historia no pertenece a una sola persona. Aunque su nombre aparece en buena parte de las publicaciones y los proyectos realizados durante estas décadas, la construcción de esta agenda ha sido un proceso colectivo, alimentado por investigadores, estudiantes y planes de intervención que han cruzado distintos departamentos y diversos países como España, Uruguay, Chile, Brasil, Colombia y Francia. “Lo escuchas de mí, pero es una historia construida desde múltiples voces”, señala.

Durante los años siguientes surgieron nuevas líneas de trabajo enfocadas en el cuidado, la cultura emocional y del envejecimiento. Más adelante vendrían proyectos vinculados con la movilidad, la vivienda, el espacio público, las tecnologías incluyentes y la convivencia intergeneracional.

Veinticinco años después, esa trayectoria reúne ocho proyectos de investigación, decenas de artículos y capítulos de libros, múltiples publicaciones, espacios de intervención, Proyectos de Aplicación Profesional (PAP), Proyectos de Integración Profesional (PIP), una red de colaboraciones nacionales e internacionales que terminaron por convertir al ITESO en la primera universidad mexicana incorporada a la Age-Friendly University Global Network, una red internacional de universidades que buscan responder a los desafíos de una sociedad cada vez más longeva mediante el aprendizaje intergeneracional, la participación activa de las personas mayores en la vida universitaria y la generación de conocimiento.

Pasarela del PAP Hilando Generaciones y Moda. Foto: Cortesía del PAP.

Proyectos que redefinen la longevidad 

Lo único que existe en el presente de Karina López es el baile. El rojo cereza de su cabello, sus uñas y sus labios combinan con la vitalidad de sus palabras. Largas pestañas con delineado oscuro y preciso enmarcan sus ojos. “No me preguntes mi edad”, dice. La respuesta depende de cómo amanezca, de la energía que tenga, de las ganas de bailar o de echar fiesta.

De lunes a viernes ensaya en el Foro Cometa junto a más de 40 integrantes de Candela y Tumbao, una asociación dedicada al baile que reúne a adultos mayores y ahora a personas con síndrome de Down. Los dirige Miguel Ángel Larios, entrenador, coreógrafo y aliado del PAP Hilando Generaciones y Moda, del ITESO.

Karina trabajó durante décadas como enfermera. Como muchas personas, pospuso su sueño de ser bailarina mientras atendía responsabilidades familiares y laborales. No fue hasta su jubilación que pudo dedicar toda su energía a esta pasión. “Descubrí que no necesito morir y volver a nacer para cumplir ese hermoso sueño; puedo vivirlo ahora”, dice. 

Su historia podría parecer excepcional frente a los estereotipos que suelen asociarse con esta etapa de la vida. Sin embargo, es una actitud que podría volverse cada vez más común. Como explica Enríquez, las nuevas generaciones de adultos mayores tendrán progresivamente un mayor nivel educativo, trayectorias distintas y expectativas alejadas de la visión tradicional de la vejez.

Leticia Córdoba, presidenta de la asociación, dice que el problema no es la edad, sino todo lo que la sociedad piensa que se debe hacer según los años. Explica que, a veces, la vida parece apegarse a un guion: estudiar, casarse, tener hijos, criarlos y retirarse. Pero da la impresión de que esto último incluye retirarse del espacio público; por eso insiste en que es necesario romper muchos de los tabúes que rodean al envejecimiento y abandonar la imagen del adulto mayor asociada únicamente a la mecedora, las novelas, el tejido o el cuidado permanente de los nietos. “Nuestro mundo no es solamente nuestra casa”, dice.

 Al principio, subir a un escenario le resultaba intimidante. Temía equivocarse, ser observada y ocupar un lugar que socialmente parecía reservado a los jóvenes. Con el tiempo descubrió algo: “No importa cómo lo hagas, el asunto es cómo lo disfrutas. La música tiene magia”, dice.

Ese aliento llevó a Candela y Tumbao a participar en festivales, encuentros y presentaciones dentro y fuera de Jalisco, para compartir una visión distinta de esta etapa, una donde la autonomía, la creatividad y el disfrute siguen ocupando un lugar central. Fue precisamente durante una de esas actividades cuando Mariana Salazar, profesora del pap Hilando Generaciones y Moda, conoció al grupo. Lo que encontró fue a bailarines con energía inagotable e historias capaces de desafiar muchas de las ideas preconcebidas que existen sobre la vejez. Desde entonces, Candela y Tumbao comenzó a colaborar con el proyecto.

A diferencia de otros espacios centrados en la asistencia, Hilando Generaciones utiliza la moda y la creación artística como herramientas para cuestionar los estereotipos asociados al envejecimiento. Las personas mayores participan en pasarelas, sesiones fotográficas, fashion films y procesos creativos donde se convierten en protagonistas.

Uno de los resultados más importantes de esta colaboración, no son los vestuarios, los videos o las imágenes, es el encuentro de los estudiantes con los integrantes de la asociación. “Nos sentimos muy agradecidos. Fue divertidísimo y encantador trabajar con jóvenes”. La convivencia les permitió construir vínculos con jóvenes interesados en escuchar y aprender. “Hubo un momento en que parecía no haber diferencia de edades, estábamos como a la par”, asegura Leticia Córdoba.

Mariana Salazar comparte que esta experiencia transforma a ambas partes. Mientras las personas mayores encuentran espacios para compartir su experiencia y hacerse visibles desde nuevas narrativas, los estudiantes descubren formas de envejecimiento alejadas de la dependencia o la pasividad. La interacción intergeneracional deja entonces de ser una estrategia pedagógica para convertirse en un ejercicio de reconocimiento. “Resulta en algo súper valioso que es que los estudiantes imaginen su propia longevidad”, añade Lilia Esparza, profesora del PAP.

A lo largo de las últimas dos décadas, distintos PAP y PIP han propiciado el encuentro entre estudiantes y personas mayores. Algunos se han centrado en la convivencia y el aprendizaje intergeneracional, como el programa Sensei o el pap Ciudades amigables con las personas mayores en el Área Metropolitana de Guadalajara (AMG); otros han explorado la memoria, la representación y las narrativas digitales, como Álter Código. También existen proyectos enfocados en la salud, la construcción de comunidad o el acompañamiento a personas mayores que asisten a instituciones como los Centros de Día del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) o el Centro Metropolitano para el Adulto Mayor de Zapopan (Cemam).

Presentación de la revista Ancestro, publicación creada por estudiantes de las licenciaturas de Diseño y de Diseño de Indumentaria y Moda. Foto: PAP Hilando Generaciones y Moda.

¿Dónde queremos envejecer?

La vitalidad de personas como Leticia o Karina demuestra que la vejez puede ser una etapa de nuevos proyectos. Sin embargo, esa posibilidad no depende únicamente de la actitud individual. También está determinada por el entorno.

Para María Martha Ramírez, académica del dpes, hablar de esta etapa implica reconocer una enorme diversidad de experiencias. “No hay una sola forma de entender la vejez”, explica, y prefiere referirse a “las vejeces”. Algunas personas llegan a este momento con independencia y proyectos por desarrollar; otras enfrentan pérdidas, enfermedades o redes de apoyo limitadas. Lo que ocurre en cada caso también se ve influenciado por las condiciones sociales y materiales que les rodean.

Desde los primeros trabajos, Rocío Enríquez buscó responder a la pregunta: ¿qué hace posible que una persona mayor continúe participando en la vida de su comunidad? En muchos casos, la respuesta estaba relacionada con factores aparentemente simples: una vecina que ayuda, un mercado cercano, una calle transitada o un barrio donde todavía es posible caminar y encontrarse con otras personas. Cuando una persona mayor abre la puerta de su casa y encuentra banquetas deterioradas, calles difíciles de cruzar o espacios inseguros, sus oportunidades de participar en la vida cotidiana se reducen. “Hay ambientes de soporte y hay ambientes de obstáculos”, resume Pérez Duarte.

Gabriela Ochoa, académica del Departamento del Hábitat y Desarrollo Urbano (DHDU) y coordinadora del Laboratorio de Movilidad Urbana, sostiene que muchas ciudades latinoamericanas se construyeron conforme una lógica que privilegiaba la productividad y los desplazamientos rápidos por encima de las necesidades de quienes las habitan. Los espacios residenciales quedaron separados de las zonas comerciales, laborales o recreativas, obligando a recorrer grandes distancias para realizar actividades cotidianas. “No son ciudades que están pensadas para las personas, sino para los sistemas productivos”, señala. Esa lógica afecta a toda la población, pero se vuelve especialmente evidente cuando los cuerpos cambian y desplazarse exige más tiempo, pausas y esfuerzo.

En palabras de Alejandro Pérez Duarte, los mejores lugares para envejecer no siempre coinciden con las zonas de mayores ingresos. En diversos casos, los barrios tradicionales, con mercados, pequeños comercios y plazas ofrecen más oportunidades para mantener la independencia, que algunos desarrollos cerrados que dan prioridad al automóvil sobre los peatones.

A partir de esto han surgido iniciativas como la de Calle Azul, un modelo urbano desarrollado en colaboración con instituciones públicas que busca crear entornos más amigables para las personas mayores mediante cruces seguros, espacios de descanso, iluminación adecuada, comercios accesibles y condiciones que favorezcan la caminata. Más que diseñar infraestructura especializada, el objetivo es construir ciudades en las que permanecer, encontrarse y desplazarse resulte posible para todas las edades.

El laboratorio del Hábitat para Personas Mayores es una unidad de investigación interdisciplinaria del ITESO en la que actualmente colaboran diez académicos de la Universidad, junto con 11 investigadores externos de países como España, Brasil, Colombia, Chile y Estados Unidos, que estudia la relación entre el envejecimiento, la vivienda, la movilidad y el entorno urbano. Por medio de proyectos que combinan arquitectura, urbanismo, psicología, gerontología y análisis territorial, busca generar conocimiento y propuestas que favorezcan la autonomía, la inclusión y la calidad de vida de las personas mayores en las ciudades.

El concepto de Calle Azul propone una reorganización del espacio público para hacerlo más habitable por todas las personas.

Los desafíos del futuro

El trabajo del ITESO en torno al envejecimiento también se ha extendido hacia ámbitos donde históricamente las personas mayores han quedado rezagadas, como la tecnología. A partir de esa lógica nació Corae, una plataforma digital desarrollada por el Laboratorio del Hábitat para Personas Mayores en colaboración con académicos del Departamento de Electrónica, Sistemas e Informática (DESI) y estudiantes de distintas disciplinas. Su objetivo es facilitar el envejecimiento en casa. La herramienta concentra información sobre actividades, servicios y recursos disponibles para personas mayores mediante una interfaz amigable, diseñada específicamente para ellas.

Mirar hacia una sociedad cada vez más longeva también implica preguntarse por su sostenibilidad. Desde el ámbito jurídico, la investigadora Stephanie Calvillo, del Departamento de Estudios Sociopolíticos y Jurídicos (Desoj), ha puesto atención en el acceso a la seguridad social. Sus investigaciones muestran que muchas personas llegan a la vejez sin una pensión suficiente o sin protección formal, incluso después de haber trabajado durante gran parte de su vida. La situación es en especial compleja para numerosas mujeres que dedicaron décadas al trabajo doméstico y de cuidados sin generar derechos pensionarios propios.

Para la académica, el envejecimiento acelerado de la población obliga a replantear los sistemas de protección social y a prepararse para nuevas necesidades vinculadas con los cuidados de largo plazo. Frente a este panorama, sostiene que las universidades tienen la responsabilidad de investigar, generar alternativas y ayudar a imaginar soluciones antes de que los problemas se vuelvan inevitables. Porque la discusión acerca del envejecimiento no se refiere únicamente a las personas mayores; habla también del futuro de quienes algún día llegarán a serlo.

El proyecto Las Dalias, vinculado al ITESO, corresponde a iniciativas de vinculación universitaria y trabajo con personas mayores. Foto: PAP Hilando Generaciones y Moda.

Para saber más
:: Todo sobre el Encuentro de Economía Plateada en el ITESO.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

MAGIS, año LXII, No. 518, octubre de 2026, es una publicación electrónica mensual editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A. C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: José Israel Carranza Ramírez. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Édgar Velasco, 1 de octubre de 2026.

El contenido es responsabilidad de los autores. Se permite la reproducción previa autorización del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A. C. (ITESO).

Notice: This translation is automatically generated by Google.