Ana Paula Salcedo busca frenar al Parkinson
Ximena Torres – Edición 518

Durante tres años, la egresada de Biotecnología trabajó con modelos in vitro de la enfermedad para desarrollar un tratamiento que detenga el daño neuronal. Ahora irá a Yale para estudiar el sistema inmunitario.
Detrás de los temblores y la rigidez muscular que caracterizan la enfermedad de Parkinson está la muerte progresiva de las neuronas que producen la dopamina. Entre agosto de 2023 y septiembre de 2026, Ana Paula Salcedo trabajó diariamente en el laboratorio para detener el avance de esta condición, que en México padecen alrededor de medio millón de personas.1 Su experiencia es una muestra de que la innovación biotecnológica es un trabajo colectivo, secuencial y acumulativo, que luego de años de investigación y experimentación rigurosa se traduce en un desarrollo terapéutico capaz de devolver calidad de vida a quienes tenían un diagnóstico desalentador.
Ana Paula es ingeniera en Biotecnología por el ITESO y maestra en Ciencias en Innovación Biotecnológica y en Biología Molecular. Hasta hace poco formaba parte del Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco, A. C. (Ciatej), donde desarrollaba su trabajo sobre neurodegeneración. Sin embargo, en el verano de 2026, la profesora Stephania Libreros de la Universidad de Yale la invitó a integrarse a su laboratorio de patología como investigadora de intercambio. Hace un par de semanas, la egresada partió a New Haven, Connecticut, donde se ubica su siguiente desafío profesional.
“La doctora Stephania es una eminencia en temas de neutrófilos, una célula muy específica del sistema inmunológico que ella se dedica a rastrear, sobre todo en casos de sepsis. A mí siempre me han gustado los temas de inmunología, de hecho, por eso entré a Biotecnología. Retomarlos ahora se me hace superbonito, es como completar un círculo”, dice Ana Paula.
Recrear la vida neuronal
Las aportaciones de Ana Paula en la investigación del Ciatej fueron clave para trazar su camino hacia Yale. Lo que hizo en el centro de investigación de Jalisco fue diseñar modelos in vitro de la enfermedad de Parkinson con el fin de reconocer cada etapa del daño neuronal que esta provoca; luego, se dedicó a encontrar los momentos ideales para administrar un fármaco que, como un escudo, proteja las células del sistema nervioso de la degeneración progresiva e irreversible.
Con ese objetivo tuvo que recrear la vida de las neuronas desde que son células embrionarias hasta convertirse en neuronas dopaminérgicas (que fabrican dopamina) o motoras. Eso fue posible gracias a una colaboración con el Instituto Nacional de Perinatología, que ha puesto su línea celular a disposición de la investigación desde hace varios años. Ana Paula exponía ese material genético a pesticidas, que son sustancias tóxicas vinculadas a la neurodegeneración.
“Cuando tomé el proyecto le di el enfoque de Parkinson idiopático (enfermedad de causa desconocida) y en la línea de medioambiente. Me di cuenta de que hay una correlación interesante entre el uso de pesticidas y la presencia de la enfermedad en todo México. En donde más pesticidas se utilizan hay más incidencia. […] Lo que buscaba recrear en el laboratorio era toda una vida expuesta a plaguicidas, una exposición crónica”, explica la científica.
Al aplicar dosis representativas y combinadas de sustancias tóxicas, la egresada provocaba un daño en la mitocondria de las neuronas. Esto inhibe una enzima en la cadena de transporte de electrones y provoca un desequilibrio bioenergético que, por medio del estrés oxidativo, termina por matar a la célula. Así es como Ana Paula pudo trazar un modelo matemático y representativo de la neurodegeneración.
Las ventanas de oportunidad
Una vez que tenía los modelos predictivos, la pregunta clave se convirtió en una cuestión de tiempo: ¿cuándo, durante el avance del Parkinson, ocurren las ventanas de oportunidad ideales para ponerle un alto la enfermedad?
“Mi trabajo era detectar justo ese momento en el que el daño todavía no es suficiente para matar a una neurona. Logramos detectar varias de esas ventanas de oportunidad. […] No hablo de una cura, pero desarrollar un fármaco que detenga el daño ya es bastante positivo, porque a lo mejor no vamos a poder recuperar las neuronas, pero tampoco perdemos más”, puntualiza.
De acuerdo con Ana Paula, dicho tratamiento será un complemento de la levodopa, el fármaco más utilizado para mitigar los síntomas del Parkinson. En cambio, la nueva propuesta estará basada, primordialmente, en moléculas neuroprotectoras antioxidantes y probablemente su administración formará parte de una terapia combinada que promueva la recuperación celular.

Antes de la participación de Ana Paula —y también ahora que ella se fue—, ese desarrollo ha sido liderado por Emmanuel Díaz Martínez, otro investigador del Ciatej que ha colaborado con el ITESO. Fue él quien le propuso a la egresada trabajar en el proyecto de neurobiotecnología. “Yo sabía que era un reto enorme y que me iba a sacar de mi zona de confort, pero me capacité y ahora es un proyecto que me encanta, me retó muchísimo, pero sé que puede tener gran alcance e impacto”, cuenta la egresada.
Luego de las pruebas in vitro vendrán las preclínicas, hasta llegar a los ensayos en humanos. Es un proceso al que le quedan muchos años de trabajo, pero Ana Paula no se desanima, pues reconoce que su aporte fue relevante para el avance sostenido que han promovido sus colegas en el Ciatej. Además, antes de irse sus profesores le dejaron claro que siempre será bienvenida en ese laboratorio, igual que en los del ITESO.
Por ahora, la egresada llega a Yale con la mejor disposición para aprender y con muchas expectativas sobre todas las cátedras, simposios y conferencias a las que podrá asistir. Eso le ayudará a fortalecer el proyecto de divulgación científica que lleva a cabo en sus redes sociales.2 “Me encanta el impacto que puede tener la investigación, pero también el proceso. Eso y transmitir conocimiento son lo más importante, lo que me motiva día a día”, agrega. Con el paso del tiempo espera perfilarse y quedarse en la misma universidad estadounidense para sus estudios de doctorado, en donde podrá unir los dos mundos del sistema inmunitario y el cerebro.
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