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Trabajadores con discapacidad, un plus para las empresas

En México hay pocas empresas con cultura de no discriminación. Un caso ejemplar es Grupo Eulen, que contrató a 72 personas en sillas de ruedas para ofrecer servicio de información a los pasajeros en el aeropuerto de la ciudad de México.

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El martes 15 de diciembre de 2009 una mujer estuvo a punto de perder su vuelo a Nueva York porque olvidó sus documentos en un baño del aeropuerto Benito Juárez de la ciudad de México. Recibió ayuda de Luz María Perusquía Rodríguez, persona de trato amable y educado, quien le ayudó  a ubicar los documentos y a encontrar la sala apropiada justo a tiempo.

Luz María vestía uniforme azul marino, portaba un gafete de identificación, llevaba el pelo recogido en una cola de caballo y los ojos pintados de azul. Iba en silla de ruedas.

Hace quince años sufrió un accidente automovilístico. En esa época trabajaba en una empresa de material industrial.

Cuando ocurrió  el percance iba en caravana por la carretera a Cuautla con un grupo de compañeros rumbo a un balneario; el único auto que se accidentó  fue el que ella conducía.

En el aeropuerto tiene 72 compañeros de trabajo. Todos son orientadores y todos usan silla de ruedas. La mayoría no son parapléjicos de nacimiento, sino como consecuencia de algún accidente automovilístico. Antes estudiaban, trabajaban y vivían como la mayoría de la población.


Las excepciones entre ellos son pocas: uno quedó paralítico al ser alcanzado por una bala perdida, otro por un mal clavado en una alberca y sólo “dos que tres lo son por nacimiento”, comenta Ramón Frausto, un chico de 28 años que sufrió lesión medular en un accidente en auto a los 24 años. Junto a él está David Pasayé Castañeda, de 30 años: “Tengo secuelas de polio”, explica.

En México son frecuentes los accidentes de tránsito que dejan marcas permanentes en las personas. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (inegi), en 2008 hubo 155 mil lesionados en este tipo de percances en el país.

En el Censo de Población y Vivienda de 2000 el inegi registró a poco más de 2 millones 200 mil personas con discapacidad, pero en el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) se asegura que esta cifra está muy por debajo de la realidad, que se acercaría a uno de cada diez mexicanos.

Trabajar con una discapacidad

En México, la discapacidad motriz a menudo está ligada a la carencia de oportunidades de educación y laborales, ya sea por discriminación o por falta de accesibilidad. El problema de fondo es cultural: se tiene la percepción de que una persona en silla de ruedas no cuenta con aptitudes profesionales, o que contratarla representará un gasto extra para la empresa.

La experiencia de los empleados de Eulen en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez rebate estas ideas. Noemí Téllez estudió Derecho y fue conductora del metro de la ciudad de México durante seis meses. Hace dos años se cayó de la azotea de su casa y no volvió a caminar. Buscó ayuda psicológica en el dif, lo que la llevó a la Fundación Vida Independiente, y de ahí la pusieron en contacto con el Grupo Eulen, que la contrató hace tres meses. Hoy trabaja, sale con amigos y toma clases de inglés dos veces a la semana.

Llama la atención la actitud que tienen los integrantes del equipo: no son autocompasivos, se mueven con soltura por el aeropuerto, y tienen trato amable con la gente. Además, muchos de ellos tienen niveles altos de educación. “Estamos convencidos de que las personas con discapacidad motriz tienen un talento mayor que quienes no la tenemos, porque desarrollan otras habilidades: sensibilidad, apego, amor y disciplina, con las que trabajan”, asegura la directora comercial de Servicios Sociales y de Salud de Grupo Eulen, Brenda Becerril Islas.

La inclusión

Grupo Eulen es una empresa española que igual ofrece servicios de seguridad, limpieza y mantenimiento, que de atención social y servicios auxiliares. Tiene una política de no discriminación y al llegar a México, sus directivos notaron que aquí se carece de esta cultura. Decidieron que los empleados que tuviesen trato directo con los usuarios fueran personas en sillas de ruedas.

A finales de 2007 Eulen ganó el concurso para ofrecer algunos servicios en ese aeropuerto. Desde entonces, la función principal de estos trabajadores es orientar a los pasajeros sobre conexiones de vuelos, ubicación de aerolíneas, taquillas de taxis, entre otras. Se ubican fundamentalmente en zonas cercanas a filtros de revisión e inspección de pasajeros, así como en salas de última espera y estaciones de aerotrén.

El empleo, por otra parte, significa una invaluable oportunidad de independencia y profesionalización para los trabajadores. Rosa Nereida Chávez tiene un año y tres meses trabajando en el aeropuerto. A los 19 años tuvo un accidente automovilístico que la dejó parapléjica y debió  dedicarse a vender joyería y ropa, pues encontrar otro tipo de trabajo “es muy difícil, no nos dan oportunidades”, dice. Después fue voluntaria en el dif de su municipio, Huanímaro, Guanajuato, donde buscó que la contrataran: “Me decían que no tenían dinero para contratarme, pero después llegaba otra persona y sí le daban el trabajo”.

Rosa, como todos, llegó a este empleo gracias a la Fundación Vida Independiente. Eso le implicó mudarse al Distrito Federal con su marido, Ramón Frausto. Ya en la ciudad de México compraron un automóvil y rentaron un departamento a unos minutos del trabajo. Su sueldo, dicen, es bueno, y tienen todas las prestaciones que marca la ley. Aseguran que están contentos.


Un caso único: Gerardo Suárez Barba
Gerardo nació con una enfermedad que afecta a uno entre un millón. Los músculos de cada persona están formados por millones de fibras, pero los de Gerardo sólo tienen miles. Al nacer, cuenta, era un niño gelatina, no podía respirar, deglutir una gota de agua o llorar. Sus expectativas de vida eran de uno por ciento. Además, nació  con una malformación en los pies llamada pie equinovaro. Hoy sus posibilidades de vida son de 98 por ciento, tiene 40 años, es ingeniero en sistemas, y está a cargo de la Dirección de Control Territorial e Institucional del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación. Las únicas diferencias entre él y las demás personas para desenvolverse son: que Gerardo no puede levantar objetos y que, para subir escaleras, debe hacerlo con suma lentitud.
Hasta la fecha se ha sometido a 25 operaciones, 18 de las cuales fueron de reconstrucción de pies. Además, durante toda su infancia y su adolescencia se sometió  a terapias en las que practicó  ejercicio para fortalecer al 100 por ciento la fuerza de sus pocas fibras musculares: “Si yo tuviera la cantidad de fibras musculares que tiene una persona normal, podría cargar coches o mover muebles fácilmente, porque fueron quince años de ejercicios y ejercicios y ejercicios”, dice Gerardo. Su caso es tan extraordinario que gobierno y farmacéuticas de Rusia, Suiza y Estados Unidos le han ofrecido que viva en estos países para estudiarlo. No se explican cómo sobrevivió  y lleva una vida normal. Gerardo ha rechazado las ofertas porque dice no querer sentirse conejillo de indias, pero sí  acepta contar por qué cree que es un caso de éxito.

Ventajas de no discriminar
En el año 2003, la Unión Europea dio a conocer el estudio “Los costes y beneficios de la diversidad”, elaborado por el Center for Strategy & Evaluation Services (cses). En él se confirmó que, en empresas que contratan a personas con discapacidad, disminuye el ausentismo, aumenta la calidad del servicio y la satisfacción de los clientes; se desarrolla el espíritu innovador y creativo de los empleados, se incrementa la motivación y la eficiencia, se promueve la reputación de la empresa y se refuerzan los valores culturales de la misma.

Los resultados se incluyen en el libro La discriminación en las empresas, de Sophie Bornot Crebessac, editado por el Conapred. Según la autora, se observa que “los trabajadores con alguna discapacidad, a los que generalmente se considera más onerosos, toman menos días libres por razones no vinculadas a su discapacidad y suelen trabajar para el mismo empresario durante más tiempo que los demás empleados”.

Como ejemplo de lo anterior, Brenda Becerril, de Grupo Eulen, pone al nuevo gerente comercial de Pulsos (véase recuadro). Es un chico que se desplaza en silla de ruedas: “Estaba como telejecutivo, es ingeniero en telecomunicaciones, con alcances de formación brillantes. Lo vimos sobrado por su creatividad e innovación de ideas, y tiene dos semanas que se le ascendió”.

La motivación de la persona con discapacidad contagia a quienes están a su alrededor. Así lo explica la ex presidenta del Conapred, Perla Bustamante: “Cuando las personas con capacidades regulares empiezan a trabajar con personas con discapacidad, se dispara su sensibilidad. Cuando observas que alguien puede hacer algo con disminución de las capacidades físicas, la visión es que no hay obstáculos para crecer”.

A Perla hace diez años la atropelló una lancha mientras nadaba en Puerto Vallarta y perdió una pierna: “Cuando me accidenté  tenía una empresa, me dedicaba a la compraventa de chiles secos. Tuve que cerrar mi negocio, no quería que nadie me viera”. Con el tiempo, Perla creó una fundación que lleva su nombre, en la cual se ofrecen pláticas y se donan prótesis a personas que han sufrido una amputación.

También se convirtió en atleta paraolímpica. Es la mujer más rápida del mundo en carreras cortas con una pierna.
 

En los Juegos Olímpicos de Beijing, en 2008, ganó medalla de oro, y es la poseedora del récord mundial al correr los 100 metros planos en 16 segundos con 32 milésimas. También compitió en salto de longitud y lanzamiento de bala.

Fin de la jornada laboral
Alrededor de las 14:30 horas, Luz María Perusquía se despide de sus compañeros. Es hora de ir a casa. Recorre el aeropuerto en compañía de otra orientadora, Jessica Olvera, de 21 años, quien dejó la escuela, los amigos y la fiesta cuando a los 18 años le detectaron un tumor maligno en la columna vertebral.

Jessica se sometió a tratamiento, perdió el cabello y, finalmente, dejó de caminar. Recuperó la confianza en sí misma cuando conoció la Fundación Humanista de Ayuda a Discapacitados, que trabaja en equipo con Vida Independiente y Eulen. Este trío ha logrado que el proyecto de orientadores en silla de ruedas funcione en el aeropuerto: “Ahí me ayudaron a levantar mi autoestima, a saber que una discapacidad no es el fin del mundo”, recuerda Jessica, quien casi siempre tiene una sonrisa en la boca.

Jessica se despide de Luz María con un beso en la mejilla en la entrada del metro Terminal Aérea. Ahí esperará alrededor de diez minutos un autobús con rampa, con la esperanza de que haya al menos tres hombres que se ofrezcan a cargarla para bajar las escaleras del metro, ya que  este sistema de transporte no tiene rampas. Normalmente la ayudan los vendedores ambulantes, pero el día de la entrevista no estaban, pues al parecer hubo operativo y los quitaron.

En el vagón platica con una conocida del trabajo mientras llegan a la estación del metro Oceanía donde, de nuevo, debe pedir ayuda a otros tres hombres para salir. En media hora estará en su casa, donde vive con su mamá, su hermano y sus dos hijos. m.

Pulsos
Desde febrero de 2009, el Grupo Eulen ofrece un servicio de atención telefónica a distancia a grupos vulnerables como enfermos crónicos, adultos mayores y gente que vive sola en la ciudad de México. El servicio se llama Pulsos, y los 17 teleoperadores son personas con discapacidad.
El promedio de atención es de mil 600 clientes y el servicio funciona de la siguiente manera: se instala en  
el domicilio del usuario un aparato de telecomunicaciones que tiene un pulsador, el cual puede presionar cuando tenga necesidad de compañía, pase por un cuadro depresivo o se presente una emergencia por accidente.
Si el usuario no pulsa, los teleoperadores le hacen llamadas cada día para recordarle que debe tomar sus medicinas, que tiene citas médicas o simplemente para saber cómo está. En caso de ser necesario, le envían atención médica.

Cultura de no discriminación
Desde el año 2008, el Conapred ha reconocido 25 empresas públicas, privadas y organizaciones civiles de todo el país que deciden instrumentar una Cultura de la No Discriminación.

Tipos de discriminación
Además de la discapacidad motriz, muchas empresas e instituciones discriminan por la edad, el género, la apariencia, la condición de salud, la condición económica, la condición social, el embarazo, el estado civil, la lengua, el origen étnico, la preferencia sexual, la religión y el lugar de nacimiento.


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