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“La arquitectura comienza con preguntas”: Thom Mayne

Considerado un rebelde, ha ideado obras complejas para universidades y gobiernos. Entre sus creaciones se encuentra una casa diseñada para resistir huracanes como Katrina, en Nueva Orleáns, y edificios que presumen los más altos estándares de sustentabilidad sin necesidad de un árbol.

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Central del Departamento de Transporte de California, Distrito 7, Los Ángeles
Central del Departamento de Transporte de California, Distrito 7, Los Ángeles

Thom Mayne recuerda la luz de Guadalajara y reconoce que es similar a la de Los Ángeles, la ciudad en la que ha desarrollado su celebrada carrera de arquitecto. Mayne verá de nuevo la claridad de la capital jalisciense en diciembre de este año, cuando reciba el Homenaje ArpaFil, que se otorga en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Mayne ya ha visitado la ciudad. Recuerda especialmente los grandes mercados y la Casa ITESO-Clavigero, diseñada por Luis Barragán en 1929. A finales de la década de los noventa y en los primeros años de este siglo visitó en varias ocasiones Guadalajara, para ocuparse del diseño del palenque del Centro JVC, proyecto detenido, del que ni él ni los otros arquitectos invitados (Toyo Ito, Daniel Libeskind, Enrique Norten y Jean Nouvel son algunos de ellos) han vuelto a saber nada.

Cuando él y sus colegas visitaban la ciudad tenían contacto con otros profesionales locales. En las presentaciones, reuniones y ruedas de prensa, todos lucían relajados y contentos con el gran centro que se vislumbraba. Cada uno elaboró un proyecto, sobre el cual hablaban profusamente. El palenque o la arena de Mayne estaría “tallado” en el terreno, es decir, medio hundido en el suelo, como se describe en el catálogo de presentación del centro. En los dibujos y las maquetas que se conocen, el palenque luce la impronta arquitectónica de Mayne: una especie de estadio que parece no conformarse con ser lo que es, que da la sensación de solidez y de ligereza, que pareciera fracturarse como si fuera débil, pero que en realidad es fuerte: un insecto grande, fugaz y nervioso que se posa en un prado para lucir sus llamativos élitros y parece a punto de emprender el vuelo.

“Su arquitectura es del fragmento y de lo inacabado, siempre abierta a las potencialidades del futuro y a la reconexión de nuevos fragmentos, del mismo o de distintos proyectos”, se lee en el catálogo de proyectos del Centro JVC. “Antes de llevar a cabo la construcción de un edificio, Mayne realiza un cuidadoso trabajo sobre dibujos y modelos, en los que la exploración sobre el proyecto es llevada a su límite. El grado de perfección de éstos los convierte incluso en una obra arquitectónica por sí mismos”.

Los primeros diseños de Thom Mayne fueron para casas. La Casa 2-4-6-8, situada en Venice, California, es su primera obra diseñada y construida. Está fechada en 1978, y desde entonces no ha dejado de trabajar. Ha seguido diseñando residencias, pero también edificios para instituciones educativas, espacios comerciales, restaurantes, centros de investigación científica, edificios de oficinas, gubernamentales y privados. El más reciente es la Torre Phare, un rascacielos en el distrito financiero de París que se convertirá en el edificio más alto de la ciudad. El inicio de su construcción está programado para 2010 y su culminación para 2014.

El nombre de Thom Mayne no aparece en todos los compendios de arquitectura del siglo XX, aunque su carrera comenzó en los años setenta. Es posible que esto se deba a que las características de su obra lo sitúan más certeramente como un arquitecto del siglo XXI, ya que ésta “rebasa los límites de las formas y los materiales tradicionales, al mismo tiempo que se forja un territorio más allá de los límites del modernismo y postmodernismo”, como dijo el jurado del Premio Pritzker en 2005, cuando se anunció oficialmente que él era el ganador del más prestigioso galardón que un arquitecto puede recibir por su trayectoria.

Usted es considerado un representante clave de la arquitectura de la costa oeste de Estados Unidos. ¿Qué le ha dado a usted esta región? ¿Cómo ha influido en usted?
Absolutamente. Yo nací en Connecticut, crecí en las afueras de Chicago, llegué aquí de niño y he pasado aquí en California la mayor parte de mi vida. Los Ángeles es un lugar fantástico para practicar la arquitectura: comencé como estudiante y más tarde como arquitecto joven en el comienzo de SCI-Arc. Tenemos una tradición increíble: Frank Lloyd Wright, Neutra y Schindler, y la generación que les sigue, entre ellos Raphael Soriano, Gregory Ain y Craig Ellwood, que fueron mis maestros. Y luego mi generación, inteligente y muy dotada, formada por, entre otros, Eric Moses, Robert Mangurian, Cory Howard y, claro, Frank Gehry. Hay una comunidad académica muy activa aquí; nos conocimos a través de la enseñanza, literalmente hemos trabajado juntos toda la vida; desde que yo tenía veintitantos años ha habido un diálogo continuo entre nosotros y nuestros trabajo, y aún más en el ambiente académico. Ha sido esencial; ese ambiente ha contribuido a hacernos lo que somos como arquitectos. Es un ambiente que promueve el estudio, la investigación, y en el que se tiende a una arquitectura provocadora e innovadora. Los Ángeles es reconocida como una ciudad que produce una generación tras otra de arquitectos con gran poder de innovación.

¿Cómo definiría usted como arquitecto la zona metropolitana de Los Ángeles?
Es un increíble campo de experimentación. Es una ciudad de 17 millones de personas. Es del tamaño de Holanda, dos veces Suiza. Es un lugar de mucha diversidad: hay cientos de lenguas y de etnias. En sí misma es un vasto experimento, se ha convertido en un laboratorio de investigación para la arquitectura y el urbanismo.

¿Cuáles son los pasos que usualmente sigue para diseñar un proyecto?

La arquitectura comienza con preguntas. Estudias e investigas a partir de un problema. No tenemos las soluciones en las manos antes de comenzar, cada proyecto es único: puede ser una escuela, un proyecto educativo, comercial, una institución, etcétera. Albergamos proyectos muy diferentes. Se comienza con una idea, que luego se cuestiona, y después se sigue trabajando en la generación de ideas que responden a numerosas cuestiones.

Hay proyectos arquitectónicos que parecen no estar basados en una investigación, ¿se les podría considerar mala arquitectura?
La buena arquitectura, la arquitectura exitosa, es una conexión entre el arte de la arquitectura y las ideas, y su combinación con la realidad práctica, sociocultural. La arquitectura responde a la actividad humana, la concretiza y la hace más o menos permanente.

Mirando hacia atrás: ¿cambiaría usted algo de un proyecto ya realizado?

Por supuesto. En retrospectiva —no sólo en arquitectura sino también en la política, en los negocios, en cualquier disciplina— claro que cambiarías cosas, ya que ahora tienes la experiencia de haber atravesado por un proceso complicado y llegado a conclusiones luego de una evaluación. Creo que lo que sucede en arquitectura es que esos cambios tienen lugar en tu siguiente trabajo, de esta manera creces, cambias y evolucionas como arquitecto, como artista.

¿Qué sucede cuando un proyecto suyo no se construye y queda como bosquejo, en maqueta?
Todos los proyectos son reales para mí. La realidad más importante es la idea, el concepto; después algunos de los proyectos se realizan en términos constructivos y otros no, pero para el artista, para el arquitecto, la realidad está en la idea y en las variadas resoluciones de la idea, ya sea en su forma construida o en su forma de modelo o de dibujo.

¿En qué momento se encuentra Morphosis, su despacho?
Morphosis está trabajando de la manera en que siempre lo ha hecho. Sólo que ahora es más grande y un poco más complicado. Es un poco más multidisciplinario, pero todavía tiene una práctica colectiva, y se tiene aún el interés de trabajar en un amplio rango de proyectos. Tenemos 35 años trabajando y nos sigue interesando evolucionar, cambiar, crecer, experimentar. Ahora tenemos más oportunidades que nos permiten manifestar nuestros intereses y trabajar como siempre lo hemos hecho.

¿Qué significan para usted los premios y los reconocimientos que recibe como arquitecto? ¿Influyen en su trabajo?
Es un gran honor ser reconocido, es muy placentero. Tengo mucha suerte, porque de cualquier manera yo solamente estoy haciendo lo que quiero hacer. Pero no trabajo para obtener premios, me llegan como un regalo. Amo lo que hago y pongo mucha energía en ello. Es maravilloso ser recompensado por algo que ya disfrutaste tanto.

¿Gracias a los premios obtiene más trabajo?
No lo sé... Ciertamente tienen que ver con la aceptación que tengo en la sociedad como artista. El premio Pritzker tiene que ver con eso.

¿Cuál sería su comentario sobre la enseñanza actual de la arquitectura?
Las herramientas que tenemos para trabajar por medio de la computación y los variados programas —que ahora nos permiten integrar proyectos muy complicados y entender el proceso integral que tiene que lidiar con múltiples variantes de problemas complejos (grandes edificios, urbanismo, etcétera)— han cambiado rápidamente en la última década. La gente joven tiene enormes oportunidades de trabajar con métodos más complicados, que cambiaron totalmente la manera en que yo fui educado por medio del restirador y el dibujo a lápiz. Ahora tienen a su disposición herramientas que están más en la línea con la práctica de la ciencia y la medicina, ingeniería, etcétera, que lidian con niveles de complejidad, que están sincronizados con el mundo actual. Los jóvenes pueden entender problemas locales en pequeña escala en términos globales. Éste es un enorme cambio para comprender cómo tomamos decisiones en una escala local y cómo esto afecta procesos globales más amplios. Las oportunidades son inmensas hoy, en el sentido de comprender cómo ellos pueden afectar el mundo y de comprender las reglas de la arquitectura en este mundo, en términos políticos, culturales, sociales, ecológicos. Cada vez se sentirán más versados y cómodos al actuar en estos múltiples campos.

¿Usted es optimista en cuanto al futuro de la arquitectura?
Soy una persona optimista, así que tengo que decir que sí; si el optimismo tiene lugar al participar en este nuevo escenario del que estoy hablando: no podría funcionar con los antiguos métodos, uno tiene que participar en los métodos nuevos, que ahora son globales. m.

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