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Yalitza Aparicio, la educadora

“En el fondo, el cine no es algo tan alejado de lo que yo siempre he querido, que es educar a la gente”, afirma la actriz que ha asombrado al mundo con su participación en la película Roma. Confía en que su logro, más allá de sus implicaciones artísticas y de lo que representa para el cine mexicano, sea una esperanza de cambio en la mentalidad de la sociedad

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Imagen de la película «Roma»
Imagen de la película «Roma»

“Estar frente a una cámara y rodeada de tantas personas fue muy difícil para mí, porque yo soy de las que se esconden de todo”, dice Yalitza Aparicio, sentada a un lado de Marina de Tavira y Nancy García, sus compañeras en Roma. El éxito de la película de Alfonso Cuarón la obliga a dar entrevistas, hablar en público y posar para fotógrafos de todo el mundo, un grado de exposición que va en contra de su temperamento. Pero ella sabe que su esfuerzo vale la pena, porque con él puede lograr bastante más que promocionar una película. Aunque le cuesta decirlo, no ignora que ahora tiene muy buenas razones para dejar de esconderse.

En el salón del lujoso hotel de la Ciudad de México donde reciben a decenas de periodistas, Marina y Nancy confirman la timidez de Yalitza con una risa amistosa y cómplice. Ninguna de las tres imaginó que una película íntima y autobiográfica como la que protagonizan, rodada en blanco y negro y hablada en mixteco y español, pudiera arrasar con los principales premios en los festivales cinematográficos más importantes del mundo. El abrumador triunfo de Roma las convirtió en potenciales estrellas de Hollywood. Pero hasta el 30 de agosto del año pasado, día del estreno de la película en el Festival Internacional de Cine de Venecia, la joven oaxaqueña que interpreta a Cleo en la obra de Alfonso Cuarón tenía una vida completamente ajena a los sets, las cámaras y las alfombras rojas. Era maestra de preescolar en su Tlaxiaco natal y jamás se le había pasado por la cabeza la posibilidad de actuar para la pantalla grande.

“No era mi sueño, nunca lo fue”, confiesa ahora. “Además, entre las personas de mi comunidad no sentimos que podemos aspirar a ser actriz o algo parecido. En la pantalla nunca vemos a alguien como nosotros, entonces nos parece algo ajeno, para otro tipo de gente. Y, en lo personal, yo tampoco estaba segura de lo que ahora veo que soy capaz de hacer”.

Su atrevimiento rindió frutos: obtuvo el Holly-wood Film Award en la categoría New Hollywood Award, fue nominada al Oscar a Mejor Actriz (junto a Glenn Close, Lady Gaga, Olivia Colman y Melissa McCarthy) y The New York Times, The Hollywood Reporter, Variety y Time, entre otros medios, la destacaron como una de las mejores actrices del año.

A sus 25 años recién cumplidos, Yalitza se ha convertido en la primera intérprete de origen indígena en lograr una nominación en la categoría de Mejor Actriz, según la Academia de Hollywood; es, además, la segunda mexicana en conseguir este reconocimiento (la primera fue Salma Hayek). Para describir su humildad, baste con recordar que durante el anuncio de su nominación estaba dormida.

“Sinceramente, yo no me desperté temprano, me quedé dormida, me despertaron y salí corriendo de la cama y diciendo: ‘¿Qué pasó?’. Y sí, fue maravilloso, no lo podía creer”, reveló ante la agencia de noticias AFP.

—¿Lloraste?, le preguntó la reportera de AFP.

—La verdad… ¡sí!

Yalitza Aparicio Roma

Yalitza vive en un sueño en el que tiene más de 800 mil seguidores en Instagram, hace historia al aparecer en la portada de la revista Vogue, y figuras como Tom Hanks, Hugh Jackman y Emma Stone le manifiestan su admiración. En la televisión estadounidense ha intercambiado bromas con Jimmy  Kimmel, no tiene reparos en admitir ante el diario inglés The Guardian que aún no sabe del todo si es actriz, y en la gala de los nominados al Oscar se la vio de la mano de Bradley Cooper, quien le pidió que saludara por su celular a su esposa, la modelo rusa Irina Shayk.

Su mentor, Alfonso Cuarón, ha dicho que “tiene el talento para interpretar lo que se le pegue la gana”, y ella a veces está de acuerdo y a veces no. “Interpretar un papel es muy difícil y más aún cuando durante mucho tiempo una ha visto la actuación como un sueño al que no se puede aspirar”, señala Yalitza. “Pero ahora sé que hay actores que han llegado a ser grandes a pesar de haber estudiado poco. Yo ya lo hice y tengo ese orgullo, pero igual el temor de actuar me queda”.

Sus recelos empezaron mucho antes de formar parte de la película y, a pesar de la extraordinaria recepción que ha tenido su trabajo, aún le quedan algunos. Porque, como insiste en aclarar, ella nunca se vio a sí misma como actriz, y por eso su participación en el casting que Alfonso Cuarón armó en Tlaxiaco —donde compitió con más de 2 mil mujeres— dependió mucho del azar. En realidad, la que iba con toda la intención de interpretar a Cleo no era ella, sino su hermana Edith, cantante en Tlaxiaco; Yalitza la acompañó “por curiosa” y sólo se animó a hacer la prueba por pedido de Edith.

“Nadie nos dijo de qué se trataba la película y en la prueba sólo me preguntaron cómo era mi familia y qué me gustaba hacer”, señala —por cierto, el tipo de preguntas que generan más desconfianza que ilusiones: ¿y si todo era una trampa de los que secuestran chicas? Cuando Graciela Villanueva, del equipo de producción de la película, se volvió a poner en contacto con Yalitza para una segunda prueba en Oaxaca, sus padres exigieron documentos que acreditaran a Cuarón y los suyos como la “gente seria” que decían ser.

“Graciela fue a Tlaxiaco para convencer a mis papás, pero ellos no estaban muy seguros y nos fuimos todos a la capital”, cuenta. “No me querían dejar sola. Yo había buscado a Alfonso en internet y cuando lo vi me di cuenta de que no era como el de las fotos. Me pareció más flaco, más joven. Recién cuando me empezó a hablar me di cuenta de que no nos estaban engañando”.

Más tarde, Cuarón supo que con ella había encontrado a su Cleo, pero no se lo dijo directamente. Prefirió preguntarle, con humildad y cortesía, si tendría tiempo para sumarse a la película. “Yo le dije que acababa de salir de la escuela y no tenía mucho más que hacer”. Y a partir de entonces la historia de Yalitza se convirtió en película.

 

Una vida, tres millones de vidas

O, mejor dicho, se convirtió en la historia de su madre. La triqui Margarita Martínez, que acompañó a Yalitza al casting de Oaxaca, trabajó durante años como empleada doméstica, al igual que Cleo. “Mi mamá me crió con mucho esfuerzo y durante el rodaje todo el tiempo me surgieron recuerdos de mi niñez”, cuenta la actriz. “En su trabajo, a ella también le tocó proteger a niños. Y mucho de lo que se cuenta en la película es parte de su vida”.

En Roma, Cleo-Yalitza cuida a los niños de la casa, mantiene el orden en el hogar de sus empleadores y conduce el rumbo de una familia que la acepta, pero no la incluye. Y fuera de la película, Margarita revive su pasado en la figura de su hija, cuya interpretación la reivindica. Como ocurre en el universo de Roma, Margarita sabe que el empleador ve en la trabajadora doméstica a una persona que ayuda y no que trabaja, como si el tiempo y el esfuerzo de una mujer de clase baja no tuvieran el mismo estatus que el de una mujer blanca de clase media. Y, al igual que Cleo, la madre de Yalitza fue durante muchos años el bastión de otras familias, reconocida sólo a ratos por quienes nunca terminaron de verla como una de los suyos. Su experiencia y la de Liboria Rodríguez, la mujer en la que se basa el personaje de Cleo, permitieron que Yalitza pudiera imaginar lo que en el set debía interpretar sin ninguna experiencia actoral ni un guion al que aferrarse.

Y es que hoy Roma se ha convertido en un espejo en el que México se mira para replantearse el lugar de los excluidos y explotados en la sociedad, pero, durante su producción, Yalitza nunca supo exactamente de qué se trataba la película. Si ya de por sí actuar le representaba un desafío, hacerlo en esta película de aliento experimental era un reto más difícil de lo habitual. Por razones de ideología cinematográfica y también de seguridad, Alfonso Cuarón se resistió a compartir el guion con los actores; por lo tanto, sólo cuando ellos llegaban a la casa transformada en set se enteraban de lo que debían hacer.

“La película se filmó de manera cronológica, en continuidad, y eso me ayudó mucho para entender a Cleo”, dice Yalitza. “Yo reaccionaba según lo que pasaba en la historia, todo era real. Incluso en la escena del parto, yo no sabía qué iba a pasar. ¿Iba a tener o no al bebé? Al final de esa escena, Alfonso me abrazó y me pidió disculpas, creía que me pedía demasiado. Pero yo no sentía que actuaba. Cuando comenzó el rodaje no me sentía actriz. Y lo que hice desde que Alfonso gritó ‘¡Acción!’ fue concentrarme en vivir la vida de Cleo”.

Una vida que fue la de su madre, podría haber sido la suya y es la de las casi tres millones de trabajadoras domésticas mexicanas, de las cuales, según cifras de la Secretaría del Trabajo, hasta 2017 sólo 2.4 por ciento tenía acceso a un servicio médico como prestación laboral. Hoy, en parte gracias al impacto de Roma —si bien se trata de una lucha que por años han librado las organizaciones de trabajadoras domésticas—, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) lanzó un programa piloto para brindarles cobertura a las millones de Cleo-Libo-Margarita que la Suprema Corte de Justicia de la Nación decidió proteger en la histórica sesión del 5 de diciembre pasado, en la que se declara como “discriminatorio” excluir a las empleadas del hogar del régimen obligatorio de seguridad social.

Yalitza Aparicio Roma

Una mujer normal

Sin quererlo ni imaginarlo, hoy Yalitza representa a ese México injusto y clasista que se niega a admitir los méritos vitales y profesionales de una mujer indígena, sobre la que Hollywood ha atraído ahora la atención mundial. Es, en sus propias palabras, una persona “muy apegada a las raíces y a la familia”, pero la visibilidad global la forzó a unos cambios de hábitos personales que empezaron desde el momento en el que se dejó filmar por la cámara de Cuarón.

“Mi mamá fue la primera en ver que me podía adaptar al cine”, relata la actriz. “Ella me decía que no podía creer que me parara frente a las cámaras cuando durante toda mi vida me asustaba o lloraba si me quería tomar una foto”.

Sin embargo, el proceso de adaptación que Yalitza Aparicio vive hoy no terminó con los desafíos que enfrentó en el set. Ella se define como una mujer “normal”, pero a su presunta normalidad hay que agregarle el racismo que día tras día debe enfrentar en las redes sociales, la convivencia con un mundo de glamour e hiperprofesionalismo desconocido para ella hasta hace muy poco tiempo y el desarrollo de una imagen personal sometida minuto a minuto al escrutinio no siempre generoso de millones de personas.

Acostumbrada al pausado ritmo de vida de su Tlaxiaco, un pueblo de 40 mil habitantes de la Mixteca Alta, Yalitza no duda en reconocer que todo le ha ocurrido con demasiada rapidez. En muy poco tiempo ha pasado de maestra rural a actriz revelación y, de ahí, a símbolo del talento y la belleza en un sector de la sociedad que México tiende a discriminar, relegar y oprimir.

“Sí fue un cambio drástico, sobre todo porque en la sociedad hay estereotipos que te llevan a adoptar ciertas ideas establecidas”, admite, “pero todo esto puede servir de ejemplo. En el fondo, el cine no es algo tan alejado de lo que yo siempre he querido, que es educar a la gente. Con una película se puede hacer eso también y de una forma masiva. Ahora hay que ver si en el futuro se me presenta alguna propuesta, pero por ahora esta aventura sirve para demostrar que, aunque el estereotipo existe, vale la pena desafiarlo”.

A propósito de las agresiones a Yalitza en Facebook y Twitter, el periodista español Manuel Jabois señaló, en una lúcida columna publicada en el diario español El País, que “una indígena es tolerable precisamente en el papel que Yalitza Aparicio interpreta en la película de Cuarón, como empleada del hogar. Pero cuando se quita el mandil y se va a Vogue a vestirse de Dior en la portada de la revista, saltan todas las alarmas. Ahí empieza el drama”. Con más sutileza, pero igual de contundente, Yalitza subraya que lo suyo no es más que lo de “una mujer normal que consigue ser la inspiración de otras personas” y que “en nuestra cultura hay ciertas cosas que van a ir cambiando poco a poco. Ojalá haya algún aprendizaje después de esta película. En cuanto a las chicas oaxaqueñas, el mensaje es que no por no ser rubia o de ojos verdes no se puede estar en una película. Una chica oaxaqueña puede hacer todo lo que quiera”.

Yalitza Aparicio Roma

Sin pronunciarlo, una versión aún más poderosa de ese mismo mensaje envolvió a Yalitza hace muy pocas semanas, en la que tal vez sea su aparición más potente tras su actuación en Roma. A finales de enero, la sorprendente actriz y maestra se dejó ver en Tijuana, justo al lado de la verja que separa a Estados Unidos de México, el emblema que sobrevuela el drama de miles de migrantes mexicanos y centroamericanos que han pedido asilo en Estados Unidos o que, deportados por los gobiernos de Barack Obama o Donald Trump, esperan la incierta posibilidad de reunirse con sus familias en el “otro lado”. Los fotógrafos captaron a Yalitza en el frío mar de Playas de Tijuana, en una sesión fílmica y fotográfica de la que ella se abstuvo de dar detalles. Lo único cierto es que, como registró la fotógrafa Gaba Cortés en un reportaje para la organización gubernamental Ángeles de la Frontera, Yalitza se presentó en un rincón de la malla divisoria para sumarse, como una mexicana más, a la mesa en la que decenas de migrantes comían la que sería su única comida del día, producto de la solidaridad y la beneficencia recogida por la ong. “Estoy muy impresionada con Yalitza”, le dijo al sitio Latino Rebels una de las mujeres presentes, una centroamericana que pidió asilo en Estados Unidos, “porque muchas veces una ve actrices en televisión, y ellas son altas, blancas y flacas y nunca aparecen cerca. Pero Yalitza sí estuvo aquí, comiendo conmigo. Se ve igual que yo. Y durante tres días la vi en la misma hilera que yo”.

¿A algo de todo esto se refiere ella cuando dice que la película tal vez sirva para educar? Discreta y respetuosa, Yalitza prefiere agradecer. “Tengo la oportunidad de recorrer el mundo con una historia muy bella y eso me obliga a estar muy agradecida”, concluye. “A mí, Roma me cambió la vida. Sería muy hermoso que la película también ayude a otra gente a motivarlos y a soñar alto, muy alto”. .

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