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Trabajo doméstico: el gran pendiente de la legislación

Jesús es uno de los pocos empleadores que han decidido proporcionar seguro a la mujer que le ayuda en el quehacer, aunque no es rico ni poderoso. ¿Por qué decidió afiliarla? Porque le pareció justo, afirma. Sin embargo, no fue fácil: la Ley Federal del Trabajo deja a las empleadas domésticas en un estado de inequidad frente a otros grupos laborales.

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Aun cuando la ley lo permite, la afiliación es poco solicitada. Fotos: Juan Carlos Luna
Aun cuando la ley lo permite, la afiliación es poco solicitada. Fotos: Juan Carlos Luna

Nadie tiene ya quien le sirva en su casa: aquellos proletarios a quienes su miserable condición reduce en todos los países del mundo a servir, en el nuestro lo tienen a menos: dicen que no sirven porque son libres. 

Periódico La MariposaMaracaibo, 2 de julio de 1841

Jesús es uno de los pocos empleadores que han decidido proporcionar seguro a la mujer que le ayuda en el quehacer, aunque no es rico ni poderoso. Tiene una jubilación de unos 12 mil pesos mensuales y de ellos paga 900 pesos en aportaciones a la seguridad social.

A pesar de que la ley permite el ingreso de los trabajadores domésticos a un esquema especial, esta forma de afiliación es tan poco solicitada que a Jesús le dijeron en el IMSS que eso no existía. Entonces se dio de alta como microempresario y la inscribió como albañil. A la empleada le fue mejor, porque la posible indemnización por riesgos de trabajo está entre las más elevadas en el tabulador del Seguro.

¿Por qué decidió afiliarla?

Porque le pareció justo, afirma. A cambio le pidió que le ayudara a planchar sus pantalones, pues no tiene dinero para contratar otro servicio. Desde entonces han pasado catorce años.

Los patrones que quieren responsabilizarse por los derechos de sus empleados domésticos tienen que hacer este rodeo legal, porque la Ley Federal del Trabajo deja a las empleadas domésticas en un estado de inequidad frente a otros grupos laborales.

El artículo 76 del Reglamento de la Ley del Seguro Social en Materia de Afiliación, Clasificación de Empresas, Recaudación y Fiscalización permite el ingreso de los trabajadores domésticos a un esquema especial. Así, el patrón puede registrar a una o varias empleadas domésticas ante el Seguro Social, con salarios desde uno hasta 25 mínimos, con un pago anual desde 7 mil 586 pesos, explica Salvador de los Santos, jefe de supervisión de Afiliación y Vigencia de la delegación Jalisco del IMSS.

Trabajo domestico

Admite que el esquema es limitado, pero aun así otorga a las empleadas domésticas los derechos a la cotización de semanas, riesgos de trabajo, prestaciones en especie, maternidad e invalidez, vida y retiro de cesantía en edad avanzada.

Salvador de los Santos lamenta que en Jalisco, donde la ENOE registró 151 mil 995 trabajadoras domésticas el primer trimestre de 2013, sólo 2 mil 222 de ellas están afiliadas.

Durante el primer trimestre de 2013 sumaban 2.1 millones; más que todos los trabajadores de la educación de México juntos, que son casi 1.7 millones, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). Pero, a diferencia de los profesores, ellas no pertenecen a un sindicato ni tienen derecho a la seguridad social ni a aguinaldo. El día que se enferman, no ganan.

El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) ha pedido que se les llame empleadas domésticas, ya que, en México, nueve de cada diez son mujeres.

En cambio, los que redactaron la Ley Federal del Trabajo (LFT) las nombraron “trabajadores domésticos”. Y se olvidaron de establecer para ellas los mismos derechos que tiene la mayoría de los trabajadores del país. En cambio, los legistas sí detallaron las restricciones de este grupo.

Agustina Vargas, 42 años, 34 en servicio

Empecé a trabajar cuando tenía ocho años de edad, haciendo mandados para una señora de Villa Corona, mi pueblo; yendo a la carnicería, al mercado, a la tienda: arrimándole las cosas que necesitaba. Ella me enseñó a hacer quehacer. Terminé la primaria y ahí me quedé, porque mi papá decía que el estudio es para los hombres. He criado a muchos niños ajenos: una se acostumbra a ellos y los quiere, pero mis tres hijos se criaron solos desde muy chiquitos, porque yo tenía que salirme a trabajar. La de siete y el de cuatro años me cuidaban al de un año. Los primeros días me iba llorando. ¿Si regreso y ya no los encuentro? Otras veces me acordaba: ¿guardé los cerillos? Ahorita trabajo con tres patrones diferentes, de lunes a sábado. A mí vacaciones nunca me han dado y hasta hace poco no supe lo que es aguinaldo; si trabajo gano y si no, no. De retirarme, hasta que ya no pueda. Pero siempre me han tocado patrones muy buenos. Mi suegra trabajaba con gente que le apartaba los platos, y yo, en Solares, conocí a una muchacha que trabajaba todo el día y dormía en la casa por 800 pesos a la semana.

Aunque los patrones de las empleadas domésticas tienen algunas obligaciones, como el pago de los servicios médicos en caso de enfermedad, la ley no los obliga a inscribirlas en el sistema de seguridad social. La afiliación es voluntaria.

En contraste, los empleadores pueden exigirles trabajar hasta doce horas al día y descontarles del salario las tortillas que tomen del refrigerador y la renta del cuarto del servicio donde duerman (artículos 146 y capítulo XIII de la LFT).

La ley también indica que las empleadas tienen la obligación de avisarles a sus empleadores ocho días antes de cambiar de trabajo, pero a estos últimos los autoriza a prescindir de los servicios “en cualquier tiempo, sin necesidad de comprobar la causa”.

Como en todas las profesiones, acá existen empleadas responsables y otras que no lo son. El problema es que en México no hay un instrumento que defienda a unas y sancione a otras. En lo tocante al empleo doméstico y los derechos, México está por debajo del resto de América Latina, en la teoría y en la práctica.

En la práctica, sólo 9.2 por ciento de las trabajadoras cotizaba en el Instituto Mexicano del Seguro Social en 2003, frente a un promedio de 23.3 por ciento en América Latina y muy por debajo de países como Uruguay, donde 97.9 por ciento cotizaba. En el primer trimestre de 2013, las domésticas mexicanas que cotizaban eran menos: ni tres por ciento, según la ENOE.

En la teoría, a la ley laboral mexicana también le falta mucho para acercarse a otras del continente, como la Lei das Domésticas, que forma parte de las leyes laborales de Brasil. El 2 de abril de 2013 entró en vigor en este país una enmienda constitucional que otorga a las trabajadoras en la casa 16 derechos que no tenían, con los cuales su condición laboral es idéntica que la del resto de los trabajadores brasileños.

Algunos de estos derechos son: el ajuste de sus sueldos con el salario mínimo (de 324 dólares mensuales, contra alrededor de 148 en México), jornada laboral máxima de ocho horas diarias o el pago de tiempo extra; seguro de desempleo (para el cual los patrones aportan 8 por ciento del salario mensual a un fondo), pago de riesgos, protección contra el despido sin causa, fondo de garantía por el tiempo de servicio, cobertura de guarderías y preescolares, reconocimiento de los contratos colectivos, seguro de accidentes, prohibición de la discriminación, y de labores nocturnas, peligrosas e insalubres para las menores de 16 años.

Es difícil calcular cuánto falta para que las leyes de México se equiparen con las de Brasil. En la publicación de los resultados de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México (Enadis) de 2010, el Conapred expone que en junio de 2011, cuando la Conferencia Internacional del Trabajo creó el Convenio 189 sobre el Trabajo Decente para las Trabajadoras y los Trabajadores del Hogar —unos 52.6 millones en el mundo—, las delegaciones del gobierno y los trabajadores mexicanos votaron a favor, pero la patronal se abstuvo. “Queda pendiente la ratificación y la armonización legislativa de este instrumento”, advierte el Consejo.

Isaías: trabajador doméstico

Hace un lustro, Isaías comenzó a trabajar con el marido de Larisa en labores de la construcción. Ese trabajo se fue terminando, al mismo tiempo que se ofrecían cosas en la casa. El día que la albañilería se terminó por completo, Isaías se había transformado en uno de los mejores empleados domésticos que la familia había contratado. No sólo es uno de los pocos hombres que tienen esa ocupación (uno de cada diez en el país), sino uno de los poquísimos inscritos en la seguridad social. Gana mil 300 pesos a la semana y cotiza como albañil, un régimen por el que tiene más derechos. Larisa es madre de dos, esposa, bailarina, profesora universitaria y pasante de maestría. Jura que Isaías es el hombre de su vida. Y cómo no: limpia la casa, lava la ropa, cuece los frijoles, desinfecta las verduras y recoge a los niños. A Isaías, que tiene 23 de vida, el empleo doméstico le cambió la visión sobre las labores tradicionales de los hombres y las mujeres: “Ahora soy más ordenado en mi casa y ayudo más a mi mamá”. A veces, sus hermanos lo molestan diciéndole que es la chacha. “No me deprimo ni me avergüenzo. Tengo un trabajo decente y estoy a gusto”.

Basado en las cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación, el profesor investigador en temas de economía del ITESO, Ignacio Román, afirma que en México el número de trabajadoras domésticas es similar al de los empresarios en toda la economía formal del país: grandes, medianos, pequeños y micro. “Los gobiernos afirman que se debe involucrar a todos los sectores del país en la toma de decisiones; entonces se debería involucrar la opinión de las empleadas en el hogar”. Pero no sólo no se les incluye, sino que se les discrimina, incluso en la ley, lamenta el Conapred.

En el artículo “Los derechos fundamentales de las trabajadoras del hogar y sus garantías en México”, que se puede consultar en la página de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, la abogada Ileana Moreno propone una causa del desdén: “Las acciones necesarias para hacer valer los derechos de las trabajadoras del hogar dependen de la toma de decisiones de grupos de poder [que] son empleadores de las trabajadoras del hogar, así que cualquier modificación en el statu quo afectaría directamente sus intereses”.

La realidad es que no sólo los ricos y poderosos requieren ayuda con el quehacer del hogar, reconoce el coordinador del Centro de Reflexión y Acción Laboral (Cereal) de Guadalajara, Jorge Barajas. Cada día más mujeres de todas las condiciones sociales salen a trabajar y muchas de ellas contratan una a dos veces a la semana los servicios de una empleada.

Ante este panorama, ni los legisladores ni las cúpulas patronales ni los sindicatos se han mostrado creativos con esquemas que protejan los intereses de los implicados en el trabajo doméstico, critica Jorge Barajas.

trabajo domestico

El académico Ignacio Román afirma que entre quienes formulan las leyes persiste una noción de servidumbre, que se refleja en la negación a las empleadas domésticas de los derechos que tiene el resto de los trabajadores mexicanos.

En el país existe un desprecio contra el trabajo social, pues no se considera competitivo, afirma. Este desprecio tiene indicadores medibles (la propia Ley Federal del Trabajo y los números de la ENOE), así como resabios coloniales. Pero ni siquiera hay que ir tan atrás en la historia de México. Hace apenas unas cuatro generaciones, el 7 de mayo de 1914, el entonces gobernador de Monterrey y antes intelectual revolucionario, Antonio I. Villareal, emitió un decreto que provocó molestias entre las clases acomodadas. “Primero: queda estrictamente prohibido exigir trabajos personales en compensación de deudas. Segundo: los contraventores serán consignados como enemigos de la causa y castigados severamente…”, relata Juan Barragán en la Historia del Ejército y de la Revolución Constitucionalista, que se puede leer completo en este enlace.

Hay otros ejemplos actuales sobre el desprecio hacia el empleo doméstico:

1. La encuesta del Conapred en 2010, entre más de 52 mil mexicanos, reveló que una cuarta parte de los participantes respondió que se justifica darle de comer alimentos sobrantes a las personas que ayudan con el quehacer.

2. En abril de 2013, el presentador de la farándula Daniel Bisogno tituló “Malditas domésticas” su columna en el periódico Basta, sobre las demandas laborales de empleados del hogar contra algunos cantantes: “En este caso de Juanga peores de malagradecidos porque igual el sueldo no se los pagó completo, pero ¿usted cree que no les dio trato preferencial? ¿Por qué no se quejan de todas las veces que se les dan sus buenos centavos extras o cuando se les regala que la ropa, que el juguete para el niño que tienen fuera del matrimonio, las veces que se les enferma el hijo o la madre casi siempre en lunes o regresando de vacaciones o de todo el robo hormiga? […] Ya nomás les falta pasar con su carrito por su despensa de todas las cosas que se llevan las malnacidas”.

3. El servicio de colocación de empleadas domésticas llegó a internet y las redes sociales. Los nombres de las agencias hacen pensar en los viejos tiempos: La Cenicienta, una; y otra, la MG Cha-Cha Express, con franquicias en México, Guanajuato, Jalisco, Campeche y otros seis estados.

Obdulia

Hace 14 años que Obdulia hace los quehaceres y cuida de una vecina, una mujer parapléjica, a quien ha visto envejecer en un barrio popular de Tlaquepaque. La relación entre ambas es peculiar. A veces parecen dos hermanas queridas en una discusión eterna. Obdulia llegó a trabajar al hogar de su empleadora por recomendación de una amiga. Antes, siempre había sido obrera, pero ahora tenía dos hijas, de ocho y tres años. Como la señora parapléjica es una profesora jubilada, las niñas le cayeron a su vocación como anillo al dedo. La señora parapléjica ayudó a que mejorara la lectura, la escritura y las matemáticas de sus nuevas alumnas. Obdulia aprendió a ser enfermera. Gana 3 mil 200 pesos mensuales, un salario parecido a otras empleadas domésticas de esa zona. Le parece poco, pero está tranquila. Cada año le dan un aumento, tiene vacaciones pagadas, aguinaldo y está entre las pocas inscritas en el Seguro Social. Eso le dio la posibilidad de tener 40 días pagados antes y después de su tercero y último parto. Su hija pequeña se crió en la casa de los empleadores y sin novedad: comenzó a leer muy temprano.

Es posible encontrar en línea videos en los que se ve a empleadores que irrumpen, a escondidas, en el cuarto de servicio, donde abren los cajones y manipulan la ropa interior de las empleadas.

Luis Fernández es el dueño de la agencia Empleada Doméstica, de Guadalajara, cuyo origen se remonta a 1987. En un video de la página de internet de la empresa, él afirma que cada vez es más difícil encontrar trabajadoras honestas. En entrevista, Luis matiza: también abundan los empleadores deshonestos.

Con tantos años de experiencia sabe, por ejemplo, que en la Zona Metropolitana de Guadalajara una empleada doméstica que trabaja tiempo completo puede ganar entre mil 200 y mil 800 pesos semanales —como comisión, él les cobra un mes de sueldo a los empleadores; si la relación laboral fracasa, busca a otra empleada, como parte del servicio—. Sabe que en los últimos años ha habido un aumento significativo de mujeres del estado de Hidalgo en la ciudad, que cobran mucho menos. Que en ciertos hogares se emplea hasta a quince mujeres. Y que hay familias que ofrecen hasta 20 mil pesos por una doméstica y niñera que tenga carrera de enfermería.

Muchas veces también llega a enterarse de los pormenores de las relaciones que se establecen entre empleados y empleadores, en la intimidad de los hogares.

—¿Hay muchos enamoramientos de telenovela mexicana?

—No me ha tocado ninguno. Hay hijos sin enamoramiento. Todavía existe el abuso sexual contra las empleadas. También hay muchos despidos injustificados.

—¿Qué hace en esos casos?

—Así como he borrado a muchas trabajadoras, he borrado a muchos patrones de mi lista.

trabajo domestico

El académico Ignacio Román y el coordinador del Cereal afirman que quizás en este caso, sobre todo porque muchas empleadas tienen varios empleadores, sí funcionaría un esquema de subcontratación (outsourcing), en el cual una compañía establecida se haga cargo de cobrarles a todos y depositar las aportaciones de las empleadas.

Por lo pronto, los microempresarios también pueden inscribir a las empleadas domésticas como si fueran parte del personal administrativo de sus oficinas, afirma Jesús.

En el informe “Trabajo decente para los trabajadores domésticos”, que se puede consultar en internet, la Organización Internacional del Trabajo propone que en ciertos casos los gobiernos sean los patrones: “El empleador no tiene por qué ser privado, incluso cuando la tarea se lleve a cabo en hogares. Por ejemplo, hay casos en los que el Estado proporciona apoyo para atender a la gente mayor en su hogar […] El gobierno que hace las veces de intermediario es el empleador […] Las agencias de colocación debidamente reglamentadas pueden ofrecer medios para formalizar las relaciones propias del servicio doméstico”.

En todos los casos, les toca a los gobiernos impulsar y aprobar iniciativas que coloquen a los millones de empleadas domésticas en el mismo plano que el resto de los trabajadores, coinciden todos. m

María y Elsa: una historia de amistad

Elsa comenzó a trabajar en 2008 en la casa de María, recomendada por una conocida de ambas. Elsa y María se cayeron bien, pero casi nunca hablaban. María trabajaba todo el día. Elsa hacía su labor y se iba. Para María, que no tiene hijos, es fácil hablar de sus estados de ánimo. Elsa, madre en soledad, es reservada. Un día, las cosas cambiaron. María cayó en el túnel oscuro llamado desempleo. Elsa y María comenzaron a pasar más tiempo juntas. Elsa se animó a hablar de algunos problemas. Luego María se separó de su pareja. Ya no tenía empleo ni esposo. Tenía tristeza y tenía a Elsa. Muchas veces María no tuvo para pagarle a Elsa y ella esperó a que tuviera. Otras, María tuvo que hacer llamadas de larga distancia para solventar los pocos trabajos temporales que le pedían. Como no tenía dinero para pagar las cuentas de teléfono, Elsa le prestaba su celular; nunca se lo cobró. María acabó vendiendo su automóvil para pagar deudas. En el suyo, Elsa la ayudaba a trasladar cosas cuando era necesario. Elsa sigue empleándose en la casa de María. María sabe que Elsa es una de sus amigas cercanas.

 

 

La cara del empleo doméstico

· Casi 10 por ciento de las mujeres son menores de veinte años, 15.7 por ciento tiene entre 50 y 59 años. 8.1 por ciento tiene más de 60 años.

· 28.8 por ciento no concluyó la primaria; la tercera parte sólo terminó la primaria y 30.2 por ciento terminó la secundaria.

· La tercera parte de las trabajadoras domésticas es jefa de hogar.

· 30.8 por ciento tiene entre uno y dos hijos, 35.8 por ciento tiene de tres a cinco hijos y 9.5 por ciento tiene seis o más hijos. Un alto porcentaje de mujeres (23.9 por ciento) no tiene hijos.

Fuente: Encuesta Nacional sobre Discriminación en México 2010.

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