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Leer el futuro desde el fondo de Twitter

Muchos tuitazos y posteos en Facebook caen en manos de personas que, armadas con algoritmos, están comenzando a leer el futuro basados en las cosas que tuitea la gente. ¿Para qué sirve lo que ponemos en las redes sociales?

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Una vieja consigna popular afirma que a “Las palabras se las lleva el viento”. Y quien sea usuario de una red social, por ejemplo Twitter, podrá dar fe de que a las palabras se las lleva el ciberespacio: eso que se escribió por la mañana estará perdido en las profundidades de la red antes de la puesta del sol. ¿A dónde van a parar los tuits? El misterio está dejando de ser tal: muchos caen en manos de personas que, armadas con algoritmos, están comenzando a leer el futuro basados en las cosas que tuitea la gente.

A finales de mayo, la revista española El País Semanal publicó un texto en el que se califica a Twitter como “una mina sociológica”. Y presenta la historia de Ben Carlson, director de la empresa Fizziology asentada en el Silicon Valley de California, quien se dedica a hurgar en los tuits ajenos para, literalmente, leer el futuro: predijo, con más precisión que los especialistas de Hollywood, cuánto recaudarían en su primer fin de semana las películas Piratas del Caribe, Cowboys & Aliens y Drive. “Convertimos a los 500 millones de usuarios de Twitter y los casi mil millones de Facebook en el focus group más grande de la historia”, cuenta Carlson a Tom Avendaño, quien también presenta la historia de Gnip, una empresa que compra mensajes a Twitter para clasificarlos y, después, venderlos. ¿Cuánto cuestan nuestros tuits? 33 mil dólares mensuales. Y los posts de Facebook un poco más.

¿Cuáles son las empresas con mejor imagen ante la sociedad? ¿Las peores? Todo se mide. Hasta la salud: basados en un algoritmo, Michael Paul y Mark Dredze, de la Universidad Johns Hopkins de Maryland, dieron seguimiento al estado de salud de Estados Unidos, con base sólo en sus cuentas de Twitter. Así, detectaron que de dos mil millones de tuits tomados al azar, un millón y medio se relacionaban con síntomas y medicinas. “Si se usa bien, Twitter puede explicar la propagación de una infección o una alergia y ayudar a un hospital a estar más preparado”, afirma Michael Paul.

 

Para bajar a la mina

Entrar por la boca de la mina tuitera no es fácil. Y, por eso, ya hay programas y aplicaciones que sirven para orientarse y optimizar el paso por la red, de manera que los tuits que se envían no terminen perdidos en la inmensa red.

Dos ejemplos de estas brújulas son SocialBro y Crowdbooster, un par de aplicaciones que permiten conocer qué tanto impacto tienen los tuits propios, cómo se difunden, cuál es la mejor hora para tuitear, qué tuiteros pueden ayudar a que los mensajes lleguen más lejos y, mejor aún, más focalizados. m

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