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Las ocho horas que se volvieron todo el día

¿Quién no ha debido retrasar las citas con los hijos, la pareja y el placer a causa de unas horas extra? Millones, pero no todos. La mayoría de las veces, se trata de una decisión económica, según distintos organismos internacionales: mientras en los países ricos la tendencia es la reducción de las jornadas laborales, en las naciones pobres los caminos conducen al trabajo excesivo, y México no es la excepción. Presentamos diez diferentes maneras de entender la relación entre el tiempo de trabajo y el tiempo personal.

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A la carrera
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1) LA RUTINA DEL INCONSTANTE
Isabel, química farmacobióloga

Casi cada vez que pueden encontrarse se meten en una sala de cine. De las películas y los libros han aprendido que la vida es distinta en otros sitios, pero acá, muchas veces la separación se impone apenas acaba el filme. A ella la esperan jornadas de trabajo en un laboratorio frío, a horas en las que el cuerpo exige sueño. A él, el rigor de una casa en la que siempre falta uno de los dos. Así es la realidad de millones de mexicanos: la obligación laboral se traga las horas, los días, los años.
Ella se llama Isabel, es química farmacobióloga, es inteligente: consiguió la titulación por buen promedio. Él tiene un nombre francés, es filósofo, profesor universitario y últimamente aspirante a restaurantero. Por lo menos, no podrán argumentar que la rutina les arruinó la vida, pues cambia cada dos semanas. Lo malo es que el ritmo siempre lo impone el laboratorio. Durante dos semanas, el turno de Isabel comienza a las 06:45 horas y termina a las 14:25, siempre hay que quedarse más. Los quince días siguientes, el turno es de 14:30 a 22:00 horas, pero nunca termina a tiempo. Le sigue otro de 21:50 a 06:50, que se extiende por lo menos una hora diaria. Con frecuencia a ella le exigen trabajar los sábados y domingos; y le exigen horas extra. Él trabaja de lunes a viernes de 07:00 a 15:00. Los fines de semana, prepara banquetes caribeños.

—¿Cómo es la vida así?
—Jodida. Lo peor es que te acostumbras —responde Isabel—.
Jodida: el ciclo de sueño se vuelve inconstante. Los horarios de comida nunca son los mismos. La vida sexual es cuestión de buena suerte. Y todo es lo contrario a lo que recomendaría el médico.
¿Buen sueldo? Depende de lo que eso signifique para cada mexicano. “Diez mil pesos libres al mes, un poco más con otros empleos que he tenido, ni eso. Sí… me siento explotada.” Sobre todo porque sabe que hay lugares donde las cosas son distintas.

 

2) NO ES LO MISMO AQUÍ QUE ALLÁ
Organización Internacional del Trabajo
Quizá sería cuestión de haber nacido en otro lugar de la orbe. Por ejemplo, en Noruega, los Países Bajos o Hungría, donde pocos (menos de 8%) deben trabajar más de ocho horas diarias, de acuerdo con una investigación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), entre 2000 y 2005. En su informe “El tiempo de trabajo en el mundo”, el organismo advierte que en el extremo opuesto están Corea y Perú, donde más de la mitad de los empleados hace jornadas mayores a las 50 horas semanales. En Estados Unidos, por ejemplo, el mismo problema afecta a 18% de los empleados, y en México y Argentina a casi uno de cada tres. En total, dos de cada diez trabajadores del mundo, 614.2 millones de personas, laboran más de 48 horas semanales, lo que se considera poco recomendable para la salud de las personas y las sociedades.

Según el estudio de la OIT, en los países pobres no han prosperado los intentos de reducir las jornadas laborales por una razón poderosa: la gente necesita trabajar más para asegurar el ingreso, y los patrones usan las horas extra para aumentar la productividad y compensar los bajos salarios: el caso de Isabel. De esa forma, en naciones como México son escasas las alternativas como la flexibilidad de los horarios y el tiempo parcial, pues reducirían los ingresos de por sí precarios de los hogares.

Pero incluso frente a esa realidad, los estados deben considerar la conjugación del empleo y la familia como uno de los temas más importantes en el diseño de políticas económicas y sociales. El tiempo flexible, el permiso urgente por motivos familiares, y el trabajo de tiempos parciales —razones por las que muchos prefieren el empleo informal— se deben adaptar a las circunstancias nacionales, urge la OIT.

Las conclusiones del informe “El tiempo de trabajo en el mundo” de esta organización son contundentes: los horarios cortos ayudan a conservar la buena salud del trabajador y se traducen en mayores productividad y riqueza. Pero, advierte la OIT, como las jornadas excesivas de trabajo y los salarios de miseria están relacionados, si se hacen esfuerzos para reducir las horas y no se considera una remuneración más alta, se obligará a los trabajadores a buscar varios empleos.

La propuesta es que las empresas inviertan en la formación de directores y trabajadores para mejorar la planificación y el manejo del tiempo de trabajo. “La mayoría de los gobiernos y empresas podrían introducir tácticas de elección individual, como el derecho del trabajador a que se le notifique con anticipación las horas extraordinarias y a decir no, a ser consultado sobre las horas de entrada y salida, e incluso sobre los esquemas de tiempo flexible".

 

3) TIEMPO FLEXIBLE PARA LA MUJER MARAVILLA
Sonia, periodista
La hemos leído en un periódico local. La hemos escuchado en un programa diario de radio. Nos la hemos topado en una revista especializada en política. La hemos visto en la televisión. Así las cosas, sólo faltaría visitar a Sonia, periodista, en su casa. Cuando invita a comer se le encuentra cocinando, escribiendo, poniendo la mesa, atendiendo a su hija. Siempre debe marcharse a las cinco de la tarde, para estar en la radio media hora después. Siempre sale 15 minutos antes para su programa, con frecuencia acompañada de su hija de cinco años, que conoce bien la vida ajetreada del Congreso del Estado de Jalisco.

Si la invitación es a cenar, es posible verla mientras cocina, echa a andar una lavadora, adelanta los reportajes para la revista, y cuando escribe con una copa en la mano, supervisa el baño diario de la niña.
Es raro verla agotada: Sonia atribuye el vigor a los horarios flexibles de cada uno y todos sus empleos, de los que no se queja. “¿Un día normal? Preparo el desayuno, llevo a mi hija a la escuela, salgo a reportear hasta al medio día. Los martes y jueves debo estar a la una en la televisora. Los lunes y miércoles, acompaño a mi hija a la natación y aprovecho para trabajar —gracias a su computadora portátil, trabaja hasta en los altos de los semáforos—. Regreso a cocinar y a veces como con mi pareja —él tiene dos empleos—. De lunes a viernes me voy a la estación de radio. Regreso a casa a escribir, mientras cuido a mi hija; intento darme tiempo para ir al parque. Después cenamos y le leo un cuento. Las entrevistas de la revista las trabajo a lo largo del mes y dedico un fin de semana entero a escribirlos”.
—¿Cuántas horas de trabajo diario?
—Entre diez y once… Hay rachas complicadas, pero también días de tranquilidad, gracias a los horarios flexibles.
—¿Por qué cuatro empleos?
—Los dos principales tienen que ver con la cobertura de las necesidades básicas. Los otros con la educación de mi hija y la posibilidad de viajar y tener un ahorro.
—¿Tiempo para ti?
—Aprovecho la noche para leer y cargo siempre una novela para las esperas.
—¿Y las relaciones personales?
—Me afecta el tiempo que le dedico a mi familia. Obviamente, tengo menos encuentros con mis amigos. Tampoco es terrible. A mí no me va tan mal. Con la situación económica del país, hay gente que la pasa peor.

 

4) LAS CUENTAS TRISTES DEL ECONOMISTA
Ignacio Román, profesor investigador del Departamento de Economúia, Administración y Finanzas del ITESO
Especialista en contar gente y dinero, Luis Ignacio Román recurre a un ranking sobre la cantidad de horas trabajadas al año en 71 ciudades del mundo (Unión de Bancos Suizos, 2006), para demostrar que en los países pobres y con economías emergentes, la tendencia es hacia jornadas largas. En el estudio, los habitantes del Distrito Federal aparecen como los segundos más ocupados en las labores remuneradas (2,266 horas anuales), sólo después de los pobladores de Seúl, Corea (2,317 horas) y muy por arriba de los parisienses (1,418 horas).

La explicación: frente a las altas tasas de desempleo, las naciones ricas optaron por acortar las jornadas laborales, con empleos muy productivos y la filosofía: “trabajar menos horas para trabajar todos”. En cambio, en el caso de los países emergentes y pobres, la lógica en los últimos decenios ha sido trabajar más para ganar mejor.

El académico del ITESO refiere que, según la Encuesta Nacional de Empleo del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, durante el tercer trimestre de 2007 la mitad de los habitantes del país trabajaba jornadas o muy largas o muy cortas.

Casi tres de cada diez mexicanos de los considerados población ocupada —12.6 millones de personas— trabajaban más de 48 horas semanales y más de la mitad de ellos trabajaba más 56 horas en una semana. En el otro extremo estaba otro 22 por ciento de la población ocupada —9.1 millones de mexicanos—, que trabajaba jornadas de menos de 34 horas. La única coincidencia entre unos y otros es su relación con las actividades informales o sin contrato.

No es que las personas permanezcan más de 48 horas en un empleo, aclara el investigador, sino que muchas veces se recurre al multiempleo en una necesidad desesperada de no perder ingresos y compensar la pérdida histórica del poder adquisitivo.

Y es que, según la última Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (INEGI, 2006), las cuentas familiares son más que pesimistas.

De los 26.5 millones de hogares que existen en la nación, casi uno de cada diez sobrevive cada mes —“sobrevive”: un eufemismo– con menos de dos salarios mínimos, es decir, cuando mucho 3,155.4 pesos. Otro 29% subsiste con entre dos y cuatro salarios mínimos: máximo 6,310.8 mensuales. 17.8% se mantiene con entre cuatro y seis mínimos: 9,412 pesos o menos. De los hogares, 10.5 por ciento percibe entre seis y ocho salarios mínimos: máximo 12,621 pesos, y sólo 22.6% de los hogares, menos de la cuarta parte, tiene el privilegio de vivir con más de esa cantidad.

Luis Ignacio Román admite que incluso para gran cantidad de profesionales mexicanos las cuentas mensuales son terribles, pero, aclara, los efectos económicos adversos son menores entre quienes estudiaron una carrera que entre la población con menor escolaridad y sobre todo entre los que viven en el campo.

Por unos instantes el economista toma un recreo de los números y se arroja a los efectos de las jornadas excesivas de trabajo. “Pueden desestructurar los hogares: cada vez hay menos tiempo para atender a la población que no es económicamente activa como los ancianos, los niños, los enfermos. Eso genera una tensión social, comunitaria y dentro del hogar.”

 

5) EL TIEMPO ES SIGNIFICADO
Ana Elda Goldman, terapeuta familiar
Química, madre de familia, maestra en desarrollo humano, licenciada en psicología y terapeuta desde hace 28 años, casi en ese orden, Ana Elda Goldman está convencida de que el tiempo que se dedica al trabajo, y el posible desgaste físico y emocional cuando la jornada se extiende, no sólo forman parte de una realidad económica y social, sino también cultural.

En otras palabras, no todos y todas le dan el mismo significado a pasar una parte de su día en un centro de empleo. Según la especialista, si la familia, las redes sociales y la cosmovisión dominantes en una cultura indican que los padres deben ser de tiempo completo, aunque la realidad exija lo contrario, se desencadenan procesos negativos, como la culpa, y formas indebidas de compensación, que trastocan la educación de los hijos. Los significados son distintos cuando en una o más generaciones anteriores ambos padres trabajaron, explica Ana Elda Goldman.

¿En México? La cultura dominante provoca descalabros en las negociaciones sociales y de la pareja: en algunas familias se critica que las madres trabajen y, peor, que mientras lo hacen, sus hijos permanezcan al cuidado de otros y en guarderías. El lado positivo de la culpa es que invita a nuevas formas de expresión con los hijos y la pareja; es una forma para hacer acuerdos más equitativos. La especialista en terapia de pareja, género y equidad, afirma que los niños aprecian más los esfuerzos de sus padres cuando se les plantea el trabajo como un derecho y un placer; los adultos hablan del dolor que experimentan por permanecer tanto tiempo fuera de casa y se ofrecen alternativas negociables.

Ana Elda Goldman vuelve sobre los significados que el grupo social otorga al trabajo remunerado. Relata que durante la crisis de 1994 en México, el quiebre de la estructura económica pesó sobre los roles tradicionales, según los cuales el varón es proveedor y la mujer criadora. La nueva realidad era que muchos hombres estaban sin empleo y sus parejas encontraban trabajo con más facilidad, de modo que se elevó el número de depresiones y suicidios masculinos: “Muchos hombres tiene su valía puesta en la capacidad para proveer”. Ahora es probable que sus compañeras realicen esa función y además tengan que lidiar con la crítica porque la desempeñan.

 

6) EL OTRO EXTERMO
Diego, arquitecto
Hace año y medio, Diego decidió mudar su oficina a la casa. En realidad, comenzó un poco antes, cuando se le vino a la cabeza la idea de independizarse del despacho de arquitectos que lo contrató. Fue cauteloso. Comenzó a trabajar medio tiempo para sus empleadores y medio tiempo para sus nuevos clientes. El trabajo en el hogar iba viento en popa, así que determinó decirle adiós a la oficina. Un poco después se consiguió una socia… su mujer.
La esposa de Diego también es arquitecta y su carrera hacia la independencia fue parecida a la de él. Primero medio turno y más tarde jornada completa en el hogar.Diego relata que en poco tiempo se dieron cuenta de que la oficina de casa los llevaba por mejores horizontes económicos: habían conseguido una cartera de clientes e incluso —todavía sucede a menudo—, el trabajo se les cargaba. Tanto trabajo, que hace un año decidieron rentar el departamento contiguo, para que sus clientes y dos empleados tuvieran un puerto fijo y la pareja un espacio íntimo.
En estos 18 meses todo ha sido aprendizaje: “Como ventajas hay bastantes; por ejemplo, tú eliges a los clientes —y nunca hay un día sin ver a la pareja por cuestiones de oficina—. Pero al trabajar en casa, lo haces los sábados y domingos. Y como la arquitectura es creación, cuanto más trabajas mejor te puede ir: el fin lo pones tú, pero a veces es difícil ponerlo. Nosotros trabajamos bastante… No tenemos tiempo libre y hay un poco de aislamiento de la vida social que te permite una oficina”.
Otra cosa es la administración del dinero: hay más que antes, pero… “nunca un sueldo mensual fijo. Siempre ahorramos por si los clientes escasean”, narra Diego, de 36 años de edad.
—¿No existe el peligro de aburrirse de ver a la pareja día y noche?
—No nos ha pasado… Al fin, conozco personas que terminan de trabajar a las diez de la noche, llegan a casa, se duermen y no ven a su pareja. Nosotros estamos en el otro extremo.

 

7) EL RETO DE LA EQUIDAD
UNICEF
La Organización Internacional del Trabajo admite que incluso en los países ricos existe una brecha de género en cuanto al tiempo laboral remunerado: los hombres hacen jornadas más largas porque el tiempo que sus compañeras dedican a las responsabilidades domésticas restringe su disponibilidad. Por esa razón es frecuente que más mujeres recurran al empleo informal.
Por su parte, en su informe “La desigualdad en el empleo”, la UNICEF añade que entre las ocupaciones remuneradas y las domésticas, las mujeres que viven en los países pobres trabajan entre nueve y once casi horas diarias, incluidos los días tradicionales de descanso. El organismo internacional considera que la incursión de las mujeres en el mercado laboral puede ser positiva para la infancia, pues las madres tienen acceso a los recursos económicos y su control. Pero el empleo remunerado de la mujer no siempre implica beneficios: “el número de horas que la mujer pasa fuera del hogar y las condiciones en las que es contratada”, a menudo afectan más a la familia.
Las que se ocupan en el sector informal o son subcontratadas sufren condiciones precarias, jornadas excesivas y la exigencia de horas extra. Además, enfrentan la falta de seguridad en el empleo y la carencia de prestaciones sociales, como indemnizaciones por enfermedad y derecho a guarderías: ellas y sus hijos son más vulnerables a la pobreza. Los hijos de estas mujeres están “más expuestos a padecer problemas de salud y desarrollo.

 

8) EL LADO OPTIMISTA DE LA JORNADA
Tania Zohn, profesora de la maestría en Psicoterapia del ITESO
El trabajo es una obligación que cada vez consume más tiempo en sociedades como la mexicana, y a eso se suma que hoy el ingreso de sólo un miembro de la pareja resulta insuficiente para los ingresos de gran parte de las familias del país. Pero el empleo es una decisión que no debe ser tortuosa, y más vale que se tome así para disfrutar las horas que se invierten en él: es el punto de vista de la especialista en psicoterapia y profesora del iteso, Tania Zohn.

“¿Y a qué horas voy a dedicar tiempo para mí?, es una pregunta frecuente. La respuesta: si de todas maneras estás ocho horas en un empleo, debes aprender a que te guste. Haz lo que quieres y quiere lo que haces.” En unas cuantas reflexiones, la profesora le voltea la cara al tema de las jornadas excesivas de trabajo. El rostro que ella presenta es más optimista: “El tiempo que le dedicas a un empleo es un tiempo tuyo; puedes crecer, crear y generar en vez de considerarlo una separación de tu vida personal. Tiene que ver con una forma de vivir y con el sentido que le damos a lo que hacemos”.

“En pocas palabras —dice Tania Zohn— nuestra existencia también es el empleo y cada minuto de vida nos da la oportunidad de enfrentarnos con diferentes cosas. De otra manera, vivimos los días de trabajo como una tortura, a la espera de que comiencen las vacaciones.” La psicoterapeuta recuerda que el divorcio aparente entre el trabajo y las relaciones personales no sólo afecta a los pobres. Es una tendencia de las clases medias e incluso de altos ejecutivos.

En julio de 2006 la revista Expansión publicó que los altos funcionarios de empresa trabajan hasta 60 o 70 horas a la semana. Una encuesta entre los lectores de la publicación y 477 internautas arrojó que 60% de ellos tiene discusiones con su círculo más cercano, “a veces”, debido al tiempo que pasan en la oficina, 13% discute “siempre” por el tema y sólo la cuarta parte no tiene problemas; 84% afirmó que le gustaría llegar a casa más temprano.

—¿Qué efectos positivos o negativos tiene convertir el hogar en una oficina? —A veces es inevitable, pero tendrían que establecerse límites: es importante darle su tiempo a cada cosa y hacer más eficiente el tiempo en la oficina. Resulta negativo cuando provoca más tensión por querer atender tomo tiempo.

Tania Zohn reitera que los seres humanos, incluso los más afectados por la pobreza, siempre tienen la posibilidad de decidir. Entre esas decisiones está incluso la lucha por los derechos laborales y la mejora de las condiciones del empleo remunerado.

—¿Qué hay de las relaciones personales?; ¿se deterioran cuando la gente pasa mucho tiempo en su lugar de trabajo?
—Si vivimos con angustia la realidad de que los momentos de la convivencia se han reducido, ¿qué ganas quedan de construir relaciones? Al contrario, hay que disfrutar los momentos de convivencia, sin lamentar que podría haber más tiempo para ellos.

—¿Cómo se llega a tanto optimismo?
—En la medida que tienes más claro para qué haces las cosas, lo asumes y te haces cargo de tus decisiones. Yo creo que incluso en condiciones adversas, uno tiene la posibilidad de decidir.

 

9) ALÉRGICA A OFICINAS
Esmeralda, artesana
Hace varios años, y casi de manera inconsciente, Esmeralda, una profesional de las artes plásticas, decidió que por lo pronto no trabajaría en una empresa. Fotógrafa, treintañera y de naturaleza indomable, un día aprendió a trabajar con las pinzas, el alambre y las piedras. Entonces todavía pensaba que su vida giraría en torno a una empresa de publicidad, video o un organismo de apoyo social. Se equivocó: jamás aguantó mucho en esos mundos, ni en México ni en otros países donde intentó sobrevivir como mesera.
Un político local la contrató en la campaña de 2006, pero renunció porque la política no es para ella. Mientras todo eso ocurría, se dedicó a fabricar joyas y descubrió que le salen bien. Sigue en eso, de tiempo variable, cuya única constante es que ella decide las horas. Sus ingresos van más o menos mal, pero el tema le preocupa menos que al ejecutivo de una trasnacional. Aprendió a vivir con lo que tiene. A cambio, recibe amigos en casa, viaja y se desvela en tertulias: nunca como alguien que debe tener cuatro empleos mensuales, uno de ellos para escribir un texto que habla del exceso de horas que la gente del país dedica al trabajo remunerado.

 

10)EL DIÁLOGO ES LA MEJOR SOLUCIÓN
Gabriela Sierra García de Quevedo, doctora en Filosofía de la Educación
El reconocimiento y el trabajo de la culpa social es una de las formas más sanas de conciliar la vida laboral y la personal, comenta la doctora en Filosofía de la Educación, académica del ITESO y terapeuta, Gabriela Sierra García de Quevedo.
Añade que, por el entorno cultural heredado, el aparente divorcio entre la vida personal y la familiar es un tema más recurrente entre las mujeres que entre los hombres, incluso cuando el trabajo femenino no es sólo una forma de proveer un ingreso al hogar, sino también un derecho y una forma de realización femenina.
Gabriela Sierra admite que las mujeres trabajadoras tienen menos contacto con sus hijos, pero, dice, cuando éstas hablan abierta y recurrentemente sobre su empleo, su placer por el trabajo y las razones de su ausencia, y lo hacen con naturalidad, para la familia se vuelve algo normal: “Hay que hacerlos parte de nuestro desarrollo”. Ante la tendencia a pasar más horas en el trabajo, la terapeuta recomienda tornar el concepto de culpa por el de responsabilidad y admitir ante los seres más cercanos que sin su apoyo sería difícil tomar la decisión de emplearse. También, hacerlos conscientes y partícipes de los beneficios económicos del trabajo fuera de casa “con un detalle, un regalo de vez en cuando, según las posibilidades de cada quien”. Para el tiempo de calidad, la sugerencia de la especialista es no cambiar el trabajo de la oficina por el trabajo doméstico: “Si la casa es de todos, todos pueden cooperar a limpiarla y así compartir más tiempo común”.
Cuando los tiempos agobian a ambos miembros de una pareja, se pueden definir tiempos de convivencia y llegar a compromisos compartidos. “El amor y las relaciones hay que cuidarlos, porque es fácil que se pierdan.” m.  

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