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Las mil máscaras de Dr. Alderete

Si nos remitimos a los papeles, su título dice “diseñador”. Pero Jorge Alderete ha sabido ajustarse mil máscaras y desempeñarlas siempre fiel a su propio instinto: ilustrador, animador, amante del cómic, editor, galerista y dueño de un sello discográfico. Este argentino se ha hecho uno con la colonia Roma, con el underground capitalino y con la cultura popular mexicana.

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Ya casi no tiene acento y se lo digo. Esto pudiera parecer un elogio o un insulto, pero Jorge Alderete no se lo toma como ninguno de los dos. Creo. Es difícil decirlo, como también es difícil descifrar si camina por el camellón de la avenida Chapultepec, en Guadalajara, con desidia, cansancio por el viaje, desinterés, o con la simple comodidad de sentirse como en casa.

Porque a fin de cuentas todas las zonas rosa se parecen —con sus cafés, librerías, banquitas, árboles y adoquines—, y él ha hecho de la colonia Roma, en la ciudad de México, su hogar y centro de operaciones desde hace casi una década, muy lejos de su natal Patagonia.

Doctor Alderete —como es mejor conocido en el mundo del diseño y el de la ilustración— debe su fama a lo que Julius Wiedemann, en el libro Illustration now! (Taschen), define como “un estilo pop con imágenes de la cultura basura, las películas de ciencia ficción de los cincuenta, la lucha libre y la música surf en ilustraciones, animaciones y cómics psicotrópicos”.

Entre sus clientes se cuentan MTV, Nickelodeon, Fox y Once TV en el campo de la animación. Como ilustrador ha colaborado en los diarios El País, Clarín, Página 12 y El Universal, así como en las revistas Quo, Somos, Complot y Gallito Cómics. Ha recibido premios como el que otorga la Society for News Design y el que organiza la revista a! diseño. Recientemente ha sido invitado a Sudáfrica en el marco del Festival de Cultura Popular Toffie, y a Francia para el Festival de Cómic de Aix en Provence. Una muestra de su trabajo puede verse —hasta el 15 de agosto— en la exposición colectiva Draw: muestra de dibujo contemporáneo, en el Museo de la Ciudad de México.

Jorge llegó a México en 1998 junto con su esposa, la también diseñadora Clarissa Moura. Su plan era quedarse un año, pero el caos los fue seduciendo y se han ido quedando, excepto por una temporada en España que sólo los hizo extrañar el barullo incesante y desordenado del Distrito Federal. “Nos descubrimos latinoamericanos en Europa, nos dimos cuenta de que necesitábamos cosas que a veces habíamos odiado, pero que son estímulos externos que nos enriquecen, sobre todo en lo relacionado con el trabajo. Europa estaba maravillosa el primer mes: todo estaba ordenado y todo funcionaba como debería funcionar; la parada tenía un letrero que decía que en dos minutos llegaría el camión y en dos minutos llegaba; era el mismo chofer todos los días y viajabas muy cómodo, pero te hacía falta el pesero y que un trío con guitarrón y violín de repente se pusiera a cantar”.

Y es que más allá del performance folclórico, a Jorge le fascina la música: el rock instrumental y el surf son sus favoritos. Es por eso que lleva doce años —desde que llegó— de parroquiano en el Multiforo Cultural Alicia, donde empezó a meterse con los cables y los “amplis” del escenario, y a relacionarse con los músicos. Tanto, que fundó su propia disquera, Isotonic Records, para mantenerse cerca de su pasión.

Confiesa sin empacho que siempre ha sido un músico frustrado. Pero eso no le ha impedido ser un colaborador creativo de muchas bandas por medio del arte que viste sus grabaciones. “Los músicos con los que trabajo me piden que escuche el disco a ver qué me sugiere y yo invento  lo que me parece necesario, sin limitaciones. Es como una invitación a ser un integrante más”. Así se ha relacionado con los grupos que ha publicado su disquera, como Los Straitjackets, Los Cavernarios, Los Twangers, Los Coronas, y Matorralman, pero también con Los Fabulosos Cadillacs, para quienes hizo la portada de su disco más reciente, La luz del ritmo.

La relación de Alderete con la música y sus subculturas la define con lucidez  Claudia Mareis en el texto que acompaña su colaboración como ilustrador en la antología Ilusive (Die Gestalten Verlag): “Los carteles de rock son mucho más que publicidad para un concierto, expresan la esencia de la cultura subterránea del rock’n roll y el punk, claman el derecho a una vida independiente y autodeterminada. Los códigos de comportamiento de la escena demuestran lo mismo. Los creadores de carteles de rock no se ven a sí mismos como diseñadores comerciales, más bien como artistas autónomos: la autenticidad y la credibilidad son lo primero. El arte es visto como una forma emocional e intuitiva de tratar las cosas del mundo. Esta filosofía también se manifiesta en una fuerte atención en las personas, en el cuerpo y en cómo puede representarse física y culturalmente”.

El trabajo de Alderete no sólo se ha difundido en el DF. También llegaron a Guadalajara sus ilustraciones hace ya algunos años, cuando el colectivo de diseñadores Hematoma hizo ruido con sus proyectos de cartel temático: lo mismo hablaban del albur que de la tecnología, de un dragón con miedo o las explosiones del 22 de abril en el barrio de Analco.

Francisco Estrella era uno de sus compañeros en Hematoma y, si bien no se han reunido personalmente en muchas ocasiones, sabe bien lo que es trabajar con él e intercambiar críticas. “Nos enviábamos por correo los ejercicios de cada tema. Sus críticas eran siempre muy acertadas y a veces también duras, pero me servían mucho para aprender, que era el chiste”.

El trabajo a distancia es una de las ventajas de la vida “tecnologizada” que mejor ha sabido aprovechar el Dr. Alderete. Aunque todavía necesita papel, lápiz, tinta y pincel, el trabajo termina siendo digital. Por medio de un sencillo correo electrónico le han hecho encargos desde Inglaterra, Noruega, Sudáfrica y hasta de la propia colonia Roma —incluso unos de sus clientes que estaban por abrir un bar en esa zona, no tenían ni idea de que Alderete vivía a dos cuadras de ahí.

En la mayoría de los casos empieza sus proyectos en papel: “Justo cuando estaba estudiando diseño empezó el boom digital. Me formé mitad y mitad, así es que todavía necesito una libreta y tomar apuntes a mano, pero el color siempre lo he hecho digitalmente”. Y es más raro todavía, porque no pertenece a la tribu de Adobe: “A veces le hacían carrilla porque usa Corel y PC”, comenta Paco Estrella. Sin embargo, este desfase del canon nunca ha sido un problema para Jorge: “Me cuesta mucho trabajar en equipo; me nutro de eso, del intercambio de ideas y la experiencia social, pero tengo que sentarme a solas para procesarlo y pasarlo al papel, sin nadie alrededor”.

En ese vaivén de la vida social al aislamiento, de la colaboración al trazo individual, el Dr. Alderete ha encontrado el equilibrio perfecto para crear la galería Vértigo, un espacio de enlace y escenario donde organiza exposiciones, presentaciones de libros, shows acústicos y cursillos (cine de terror, de ciencia ficción, introducción al theremin…). El éxito ha sido rotundo ya incluso desde Kong, la tienda-galería que precedió a Vértigo, donde tuvo invitados como Gary Panter, Ames Bros., Rinzen, Little Friends of Printmaking y Hula+Hula, y desde donde impulsó Plan B, una productora de “juguetes urbanos” de la que es copropietario junto con Andrés Amaya.

A pesar de todo esto, no se considera un empresario: “No sabemos muy bien cómo comercializar un producto; lo que sabemos es cómo generar ideas e involucrarnos en los proyectos con mucho amor y pasión. Nos importa mucho más que el resultado quede bien y que diga algo, a que se pueda vender o llenarnos de dinero haciéndolo”.

Pero lo has logrado de todas maneras ¿no?, con eso de la lucha libre...

Mucha gente me ha dicho que mi trabajo promovió toda esa cultura, pero no era mi intención, eso del kitsch se me escapa de las manos, es imposible de controlar. Mi acercamiento fue más bien fortuito y natural, porque como extranjero yo no tenía los prejuicios de los propios mexicanos. Cuando llegué me di cuenta de que la lucha libre era algo muy presente en la cultura mexicana, pero que era
para “nacos”, para pobres, para el pueblo. Así que terminé yendo solo a las luchas la primera vez, porque nadie sabía bien dónde estaba la arena, y nadie me quería llevar. Empecé a dibujar las máscaras para investigarlas, descubrirlas y hacerles un homenaje. Pero ahora que todos hacen lo mismo, me alejo de todo eso. Yo lo hice porque me apasionaba, no porque estuviera de moda; ahora pierde interés para mí y trato de ser consecuente con eso, aunque me llamen mil veces para ilustrar una máscara para vender caramelos o un refresco.

 ¿Te consideras más artista o diseñador?

Hay una línea muy delgada entre el diseño y el arte, y desde que empecé me he movido de un lado y otro de esa línea. Creo que hay manera de combinar los dos mundos sin mucho conflicto. Para mí se trata de ser fiel a mi instinto y a lo que me gusta, y de ser consciente de mi trabajo. Yo a un banco no le sirvo para nada, no le puedo hacer un logotipo ni la imagen corporativa, pero hay quien disfruta haciéndolo, y eso es lo que hay que tener claro: qué es lo que uno quiere.

 ¿Y si lo que uno quiere es hacer dinero?

Me llama mucho la atención que muchos chicos jóvenes están tratando de planificar su camino como un plan de negocios. Piensan: “Mmm, hay empresas preocupadas por el street art, así que yo voy a hacer graffiti y esténcil para que Nike o Adidas me patrocinen”. Pero eso no funciona, porque se pierde la autenticidad. Bueno, algunos se logran colar y sí les funciona económicamente, pero a la larga no es más que algo impostado. Mañana eso ya no estará de moda y entonces, ¿qué vas a hacer? m.


Alderete en la web

 www.jorgealderete.com

www.vertigogaleria.com

www.myspace.com/isotonicrecords

www.blackcatbones.org/esp/livres_esp.html

De la infancia y toda la vida: el cómic

Jorge Alderete asegura que su primera escuela fueron los cómics. Eran los años ochenta y vivía en la Patagonia, pero Jorge no tenía problemas para encontrar cómics del under americano y de la línea franco-belga. Los superhéroes no se consumían tanto. Y tampoco le interesaban. Era un gusto que compartía con sus padres: “Leían cómics para adultos, que no son el Libro Vaquero, entiéndase”. En Argentina siempre se ha tomado más en serio el tebeo. Algunos de sus autores gozan de prestigio como narradores en el mundo de la literatura. Y en Europa se les respeta aún más: “Francia es uno de los pocos países donde el cómic es una industria real hoy día, y en España tienen un Premio Nacional”, reflexiona Alderete. “Acá no hay nada de eso”. Desde esa época le viene la influencia del ilustrador Charles Burns y el incesante interés que lo ha llevado a participar en diversos proyectos relacionados con los cómics, como el suplemento “Zonaste!” de la revista Zona de Obras, que se editó entre 1999 y 2002 y que puede consultarse íntegro en el sitio web de Alderete. (www.jorgealderete.com)

Cinco consejos que hay que ignorar para no sentirse miserable

A pesar de que Alderete dice que lo suyo es el restirador y no la cátedra ni el podio, durante su visita al ITESO en febrero pasado, definió su propia filosofía de trabajo en cinco consejos usuales a los cuales hay que oponerse para no sentirse miserable

 

1. Considera tu profesión sólo como un trabajo

Jorge Alderete no tiene una casa y una oficina, sino un departamento donde caben ambas cosas. No tiene horarios ni agenda para trabajar, pero ocupa su mente todo el tiempo en los proyectos e ideas que constituyen su trabajo: “No me siento mucho a planear las cosas, pero todo lo hago a propósito, dejando que me guíe mi instinto y buscando sorprenderme”, explica. “Paso mucho tiempo trabajando en cada proyecto, pensándolo y pensándolo mucho antes de agarrar el lápiz. Así, cuando me pongo a dibujar ya tengo el concepto perfectamente claro en la cabeza. Ese proceso es lo que me interesa que quede bien. Lo que pase después no lo puedo controlar y trato de no controlarlo”.

 

2. Haz sólo lo que sabes hacer

No hacer nada más que lo que aprendiste en la escuela es cerrarte mil puertas. Por eso Jorge no se dejó intimidar por las complejidades de la industria disquera y, sin saber nada de distribución ni de ingeniería de sonido, se asoció con Juan Moragues para fundar Isotonic Records, una disquera independiente que a la fecha ha publicado diez álbumes.

Otra faceta que ha encontrado en los lindes de su profesión ha sido la de gestor cultural. Además de organizar exposiciones, conciertos y cursos con regularidad en sus propios espacios (primero en Kong, ahora en Vértigo), Alderete también es curador del espacio Terraza del Centro Cultural España.

 

3. Compárate constantemente con otros colegas

En referencia al ambiente fuertemente competitivo que en ocasiones se percibe entre los diseñadores, Jorge sintetiza su actitud: “Compartir te enriquece”. Se trata de intercambiar influencias, agarrar un poco de esto, un poco de aquello: “Lo metes en una bolsa y a ver qué pasa”. De esa bolsa le han salido cosas impensables: no habría descubierto los encantos de la tipografía, ni hubiera experimentado con software

para diseñar alfabetos muy lindos pero de poca legibilidad, ni habría desarrollado catálogos de ilustraciones mutables: un rostro con facciones y cabellera intercambiables, una galería de monstruitos, o el Che Guevara reinterpretado en chuscas advocaciones.

 

4. Deja que el dinero decida lo que haces

“Yo no entiendo lo que dicen ahora los diseñadores, que si nada más te pagan 500 pesos pues entregas un trabajo de 500 pesos”, dice Alderete. “Yo creo que si aceptas un trabajo es porque estás comprometido con el proyecto, y vas a hacer tu mejor esfuerzo. Tu trabajo es lo que habla de ti. Si haces un trabajo ‘barato’, eso es lo que estás diciendo de ti”, insiste Alderete.

Jorge relata una anécdota sobre las consecuencias, en este caso positivas, que trae el trabajo bien hecho: “A mí, por ejemplo, de tanto hacer portadas de discos para bandas que me gustan, sin remuneración, nada más porque me gustan, me han llegado trabajos de Noruega”.

 

5. Haz cualquier cosa que el cliente solicite

“Siempre he tratado de ser fiel a mí mismo, de hacer las cosas porque me apasionan, no porque venga la gran empresa a ofrecerme un proyecto que a lo mejor no me convence. Es cierto que al principio todos tenemos que pasar por eso, pero a la larga se nota cuando una actitud es impostada. Si eres auténtico, con el tiempo surgen las oportunidades”.

Un don nadie


Yo soy un don nadie es un libro de retratos de amigos que Alderete seleccionó arbitrariamente con motivo de sus diez años de residencia en México, publicado por la editorial poblana Black Cat Bones Books. Alderete relata que se trató de un experimento difícil, porque quería retratar fielmente a los personajes: “La diferencia es que los conozco, no es una foto en internet o en una revista, a este fulano yo sé qué música le gusta, qué ropa usa, cómo se mueve y cómo habla. A veces tenía demasiada información y lo único que tenía que hacer era un retrato, no un inventario de su vida”.
Pero más difícil todavía, dice, fue escribir el texto que acompaña a cada retrato y preguntarse a quién podía interesarle eso. La respuesta fue rotunda: “El día de la presentación pasó algo muy raro: la gente perseguía a los retratados para pedirles un autógrafo, y ellos se acercaban para decirme que antes sus madres decían que eran unos vagos y una basura humana por dedicarse al rock, pero que ahora estaban orgullosísimas y le enseñaban el libro a todas sus amigas cuando iban a tomar el té”.
En la ciudad de México esta escena puede tener cierta cordura, pero que una reacción similar ocurra en la presentación que los editores hicieron en Francia, puso a pensar a Jorge: “Para nosotros puede ser un montón de personajes que te inventaste, me decían, pero tienen este punto de realidad que nos hace identificarnos con alguno de ellos, que lo lleva a un nivel más allá del mundo chiquitito del underground mexicano”.

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