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La pasión de Dorcas Muthoni

Esta joven ingeniera africana está revolucionando las condiciones de vida en África, en particular las de las mujeres. Emprendedora audaz y  al tanto de las necesidades de transformar sociedades lastradas por la corrupción, se ha convertido en un ejemplo para miles de niñas que podrían descubrir las vías que tienen para empoderarse mediante el trabajo con las tecnologías de la información

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Muthoni está cambiando la vida de muchas mujeres en África. Foto: tuphotos.nsrc.org
Muthoni está cambiando la vida de muchas mujeres en África. Foto: tuphotos.nsrc.org

Cuenta la keniana Dorcas Muthoni (Nyeri, 1979) que cuando obtuvo su primer empleo, a finales de los años noventa, recién egresada de Ciencias de la Computación por la Universidad de Nairobi, ella era la única mujer en su lugar de trabajo. Así que se propuso encontrar una becaria para tener a alguien de su mismo sexo con quien convivir durante su jornada diaria. “¿Dónde están las chicas? ¿Por qué no estudian Informática?”, se preguntaba.

“Me di cuenta de que se trataba de falta de información al elegir su carrera”.

En la actualidad, Muthoni, de 39 años, es una de las mujeres más influyentes del orbe vinculadas al combate a la desigualdad de género en el terreno de la tecnología. En 2003, a sus 24 años, fundó OpenWorld LTD, una empresa de consultoría de software de código abierto que ha colaborado para que gobiernos africanos —el caso de Kenia— y, de manera especial, pequeñas y medianas empresas, accedan al modelado y análisis de procesos de negocios, por medio de sistemas de arquitectura de información integrada, sin tener que pagar licencias a compañías extranjeras, como Microsoft, por ejemplo.

“Dorcas es una apasionada del uso de la tecnología para transformar de forma positiva a la sociedad africana a través de la vida de su gente ordinaria”, señala Africology, revista de estudios panafricanos. El diario inglés The Guardian la seleccionó entre las diez mujeres modelo en tecnología, junto con Ada Lovelace, una inglesa del siglo XIX considerada la primera programadora del mundo. “Dorcas Muthoni está detrás de algunas de las aplicaciones online más ampliamente usadas en África, transformando gobiernos y sociedades a lo largo del continente”.

Un año después, en 2004, creó AfChix, organización presente en 24 países, que motiva a muchachas de prepa para que estudien carreras relacionadas con las tecnologías de la información.

Dorcas Muthoni

Miembro del Salón de la Fama de Internet, en la categoría de Global Connectors, esta ingeniera con especialidad en redes inalámbricas, radiocomunicaciones y planificación tecnológica estratégica ha cosechado cada vez mayores reconocimientos, como el Premio Agente de Cambio del Instituto Anita Borg para Mujeres y Tecnología, en 2008, y, cinco años más tarde, en 2013, el que otorga el World Econonomic Forum a jóvenes líderes globales menores de 40 años.

En diciembre pasado se hizo merecedora del doctorado Honoris causa por la Universidad Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona, España. Durante la ceremonia de investidura, Marcelo Bertalmío, profesor del Departamento de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones de la UPF, reconoció en ella a “una fuerza de la naturaleza”.

Asante sana, es decir, “muchas gracias”, dijo Muthoni en suajili, antes de comenzar a hablar en inglés acerca “del poder del dar” en el auditorio del campus catalán.

“Compartir y dar información es realmente una poderosa manera de impactar, en especial a los jóvenes”, dijo sonriente durante su intervención. “La mayor lección que he aprendido es que si das tanto como sea posible, eso puede marcar una gran diferencia en la vida de los demás”.

Muthoni no suele explayarse en sus intervenciones públicas acerca de sus orígenes en Nyeri, una población 150 kilómetros al norte de Nairobi, en el África Oriental, situada entre reservas naturales y montañas. El diario The Standard, el más antiguo de Kenia, consigna —en una nota publicada en 2011 que destaca su faceta como mentora para que chicas kenianas hagan click con las tecnologías de la información— que Muthoni estudió en la preparatoria femenil Obispo Gatimu, una escuela pública de buena reputación atendida por misioneros combonianos. Aunque pensaba estudiar arquitectura y su padre quería que fuera médica, un chispazo de intuición, aunado a los consejos de su hermano, mientras descubría la versión online de algún periódico, le reveló que el futuro sería computarizado, o no sería. Fue entonces cuando se inclinó hacia la informática. 

“Cuando Dorcas cursó Ciencias de la Computación en la Universidad de Nairobi, su comunidad tuvo dudas. Ahí no creyeron que obtendría un buen trabajo con esa carrera”, dice la nota de The Standard. “Mi sueño fue siempre manejar mi propia compañía panafricana e inspirar a otras chicas a hacer lo mismo en el futuro”, declaró Muthoni en aquella ocasión.

Según ha relatado en entrevistas, inició su empresa de consultoría en su propia recámara. “Mi primer trabajo fue llevar internet a las universidades de Kenia. Descubrí el software libre para hacer funcionar los servidores. Cuando hablaba de ello, de la posibilidad de tener correos electrónicos o programas sin que mediara un pago, notaba gran sorpresa y emoción. Me di cuenta de que había mucha demanda de este software”, declaró al diario español El Periódico.

Fue así que comenzó a abrirse paso en un ambiente dominado por hombres y marcado por la desconfianza, no sólo hacia lo que podría lograr ella siendo mujer, sino con respecto al campo mismo de las tecnologías de la información, incipiente en ese entonces.

Dorcas Muthoni Jóvenes usuarios de internet en Nigeria. Foto: oz.com

Casi veinte años después, hay cosas que han cambiado en Kenia, una nación que apenas en 1963 consiguió su independencia de Inglaterra, afamada por sus atletas de fondo, sus plantaciones de café y té y su industria turística: la mayoría de su población está conectada a internet, lo que ha impulsado productos como el célebre M-pesa (M de móvil; pesa de dinero, en suajili), sistema de pagos y transferencias vía celular desarrollado por la compañía Safaricom —socio estratégico de OpenWorld—, con más de 14 millones de usuarios. Industrias tecnológicas y de telecomunicaciones se han establecido aquí, hasta el punto de que en círculos anglosajones y locales se conoce a Kenia como la Silicon Savannah. Sin embargo, la corrupción en prácticamente todas las esferas públicas es uno de sus más graves problemas y combatirla se ha convertido en prioridad del gobierno del actual presidente, Uhuru Kenyatta.

En un reciente podcast del Financial Times dedicado a Muthoni (“‘Comenzar joven un negocio es un bonus’, dice la pionera keniana en tecnología”), le preguntaron cómo combatir la corrupción en un país donde los trámites para abrir un negocio se demoran meses —o se agilizan en cuestión de días en función de un soborno—. Ella contestó tangencialmente, reconociendo los retos que esto representa para el desarrollo de la joven nación africana y hablando sobre lo “vibrante” del mercado.

Si bien nadie tiene la receta para acabar con un problema tan grave como lo es la corrupción, el proyecto de Dorcas Muthoni, sostenido por dos columnas principales, su empresa OpenWorld y su organización AfChix, ofrece pistas valiosas acerca de lo que la digitalización de organizaciones y empresas y la inclusión de las mujeres en las tecnologías de la información puede aportar para construir o enderezar el rumbo de una sociedad pujante, como lo son las de Kenia y parte de África.

“Mi más grande deseo es ver una comunidad global donde nuestra sociedad acoja la tecnología de internet para cambiar de forma positiva las vidas de las personas y para mejorar la eficiencia del trabajo que hacemos en nuestras oficinas”, ha dicho Muthoni. Esta declaración, destacada por el Planet Earth Institute, ONG con sede en Inglaterra que tiene como propósito la independencia científica de África, sintetiza el espíritu que anima a OpenWorld, empresa ubicada en el centro de Nairobi, a unos pasos del Central Park keniano, donde esta mujer de ojos grandes y cabello ensortijado, madre de dos hijos, suele trabajar —cuando no está de viaje— en una austera oficina.

“Noventa por ciento de todos los negocios pequeños opera manualmente en África”, dijo Muthoni durante la Start-up Night! organizada el pasado 20 de marzo en Berlín por Lionesses of Africa y el Ministerio para Asuntos Económicos y Energía de Alemania, organización dedicada al empoderamiento de emprendedoras africanas. Ante este panorama, y sabedora de que las pequeñas y medianas empresas (Pymes) contribuyen con más de 45 por ciento de los puestos de trabajo y 33 por ciento del Producto Interno Bruto de todo África, según declaró a El País, OpenWorld creó una app llamada OpenBusiness, que permite a micro y pequeños empresarios llevar la administración completa de sus negocios, incluidos el seguimiento de ventas y el monitoreo de inventarios en tiempo real, con cuotas que arrancan desde los 10 dólares mensuales.

“Mi filosofía está basada en dar a mis clientes algo de clase mundial, aun si esa solución tecnológica está adelantada a su tiempo”, explica Muthoni, admiradora de su paisana, la activista Wangari Maathai, la primera africana en ser reconocida con el Premio Nobel de la Paz, en 2004, por su contribución al desarrollo sostenible, la democracia y la paz.

Por su parte, mediante la organización AfChix —antes llamada Linux Chix Africa, y cofundada con la sudafricana Ana Badimo—, Dorcas Muthoni se ha dedicado a recorrer África visitando escuelas en compañía de su equipo, así como organizando eventos e impartiendo conferencias y talleres en los que les recuerda a las chicas que la tecnología no tiene género y que las oportunidades se ganan a base de méritos.

Dorcas Muthoni Estudiantes de secundaria que participan en el programa AfChix. Foto: openworld.co.ke

AfChix considera la diversidad de género en la industria de la computación y las tecnologías de la información fundamental para incrementar la creatividad y la innovación.

“La capacidad de escribir código es fundamental en la cuarta revolución industrial. La escasez de mujeres en las carreras científicas en África hará que su futuro sea aún más difícil que su presente”, le dijo a El Periódico. Y añadió: “La perspectiva de las mujeres podría enriquecer la discusión. Si no hay tecnólogas, acabas haciendo productos que no están alineados con las necesidades de las mujeres. En la facultad no había lavabos para mujeres: se asumía que no hacían falta”.

Actualmente, AfChix cuenta con 17 capítulos en 25 países. El propósito es ayudar a formar una masa crítica de habilidades computacionales entre las mujeres.

 “Mi consejo para las chicas”, dice Muthoni en un video de AfChix, “es que el futuro será completamente trastocado por la tecnología. Es por ello que deben aprender a amar la tecnología, al menos un poco, y más allá de las redes sociales. Ser capaz de usarla les ayudará a prosperar en sus carreras o en lo que sea que hagan y que quieran lograr en la vida”.

Una de estas chicas es Linda Kobusinge de Uganda. “No estaba interesada en cuestiones de computación hasta que visitaron mi escuela las chicas de AfChix Uganda para hablarnos de sus profesiones y de cómo se convirtieron en desarrolladoras web e ingenieras. Nos dijeron que cualquiera puede hacer una app para celulares y que quizás algún día yo haré lo mismo”, declaró Kobusinge al portal de la BBC de Londres.

“Como mujeres involucradas con la tecnología, uno de los retos más grandes es encontrar a mujeres que tengan la misma pasión por la tecnología que tenemos nosotras”, contó Akello Cissy, bibliotecaria de Kampala, Uganda, sobre su experiencia en la AfChix Tech Women Summit de Nairobi, llevada a cabo en mayo del año pasado. “Nos enfrentamos al escepticismo, no sólo de los hombres, sino también al de las compañeras. Cuando descubres alguna innovación emocionante y se la cuentas a algunos de tus amigos, puede que a ellos les suene aburrido y se pregunten qué clase de mujer eres. Involucrarse con la tecnología significa tener una pasión por leer y explorar”.

En una época en la que los sistemas educativos tradicionales están en crisis, Muthoni apuesta por maximizar los beneficios del acceso a la información que proporciona internet. “En tecnología, la mayor responsabilidad recae en el estudiante”, dice.

Pero hay algo no menos importante que a la keniana le gusta recalcar una y otra vez: la necesidad de presentarle a la sociedad, a las distintas sociedades que componen cada uno de los países africanos, modelos inspiradores.

Dorcas Muthoni Dorcas Muthoni fue investida como doctora Honoris causa por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (UPF) en diciembre de 2017. Foto: UPF

“Muchas chicas, como me ocurrió a mí, crecen en entornos rurales en los que no tienes idea de lo que es un ingeniero, y aún menos una mujer ingeniera”.

Durante la ceremonia en que se le otorgó el Honoris causa a Muthoni, el profesor Bertalmío se refirió en su discurso a Silicon Valley, apoyándose en la serie de televisión de HBO, como “capitalismo envuelto en la falsa retórica hippie”, un lugar donde sólo 15 por ciento de las personas que trabajan en informática son mujeres, la prosperidad generada es para los que ya la tenían y la promesa de conexión se transformó en división. La alusión a una de las regiones más ricas y supuestamente más innovadoras del planeta, no sólo provoca un efecto de contraste en relación con el trabajo hecho hasta ahora por Muthoni, sino que advierte sobre no dejarse llevar por espejismos, en especial en un país africano que se siente orgulloso de ser el “Silicon Valley de la sabana”.

“Soy una emprendedora y una mentora y creo que he seguido mi vocación”, ha dicho Muthoni, quien desde muy joven estuvo convencida de que las tecnologías de la información tienen la capacidad de unir al mundo, y de la necesidad de empoderar a las mujeres. “Para que África pueda prosperar de manera sostenible es necesario hacer uso completo de los talentos y habilidades de todos los ciudadanos, incluidas las mujeres, para transformar sus economías y sus sociedades”.

El próximo paso para ella es, según se lo anunció al Financial Times, abrir en el transcurso de este año un portal de venta donde los pequeños y medianos comerciantes africanos puedan vender sus productos. El diario británico compara este nuevo proyecto de Muthoni y su equipo con sitios como Amazon o Alibaba. Y aunque suena descabellada la comparación, baste con recordar las palabras que suele repetir esta gran mujer africana, fuerza de la naturaleza: “Go ahead and try it”. *

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