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José Hernández Ramírez, SJ: el jesuita universitario

Luego de una vida dedicada al ITESO y entregada a la labor con y para la comunidad universitaria, el pasado 28 de enero falleció en Villa María quien fuera uno de los jesuitas que más tiempo han trabajado en la Universidad

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El padre Pepe realizó todo su trabajo pastoral en el ITESO. Foto: Cortesía
El padre Pepe realizó todo su trabajo pastoral en el ITESO. Foto: Cortesía

Un gran amigo, jefe y orientador. Comprometido con el ITESO. Bueno para el trabajo en equipo y para coordinar grupos. Un jesuita que amaba a Dios y al prójimo, recto hasta el final, firme en sus principios y, sobre todo, orgulloso de ser un jesuita universitario. De esta manera, y de muchas otras más, será recordado el padre José Hernández Ramírez, SJ, quien dedicó su vida y su labor pastoral a trabajar con y para la comunidad universitaria del ITESO y que falleció el pasado 28 de enero, dejando tras de sí un legado de trabajo y, sobre todo, de cariño entre los que lo conocieron.

José Hernández Ramírez, SJ, nació en Guadalajara, Jalisco, el 14 de octubre de 1930. Hijo de José Hernández y María Ramírez, estudió en el Colegio Unión y en el Instituto de Ciencias. Ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús en 1945 e hizo sus primeros votos en 1947. Fue ordenado diácono y presbítero en 1960. Una vez concluida su formación, partió a Bruselas, Bélgica, para hacer estudios especiales de Pastoral de Adultos y Psicología Religiosa en el Centro Internacional Lumen Vitae. Regresó a México en 1963 para trabajar como asesor universitario, profesor y coordinador de las clases de Ética y Religión en el iteso, donde realizaría toda su labor pastoral. “Ha sido, creo, el jesuita que más tiempo ha estado en la Universidad. Se fue hasta que estuvo muy grande”, señala Juan Carlos Núñez, director de Integración Comunitaria del ITESO y que conoció al padre toda la vida —“desde que tengo memoria”, afirma—, ya que el jesuita fue un amigo cercano de su familia.

Uno de los primeros proyectos que echó a andar José Hernández Ramírez, SJ, y quizá por el que es más recordado, fue el Cineforo, que tenía por objetivo proyectar cintas fuera del circuito comercial de la época y que era difícil ver en la ciudad. “Tuvo mucho éxito. Hizo labor entre los distribuidores de películas para que no hubiera problemas. Comenzamos en las instalaciones de la calle Libertad y al final hacíamos sesiones grupales en Casa Loyola, se organizaban ciclos completos. Empezó siendo una actividad para alumnos y luego creció tanto que terminó abierta al público en general”, recuerda Miguel Bazdresch, profesor emérito del ITESO, quien entre risas califica a José Hernández Ramírez, sj, como “el tatarabuelo de los Proyectos de Aplicación Profesional (PAP)”, por el trabajo de intervención social que realizó junto con Carlos Núñez (padre de Juan Carlos) en el Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario (Imdec). “Formaba grupos de alumnos y los invitaba a trabajar en los pueblos que hay entre el aeropuerto y Chapala. Realizó mucho trabajo con los estudiantes y los líderes de las comunidades en función de las necesidades que tenían”, recuerda Bazdresch.

Durante su estancia en el ITESO, José Hernández Ramírez, sj, fue también miembro del Consejo Central del Departamento de Integración, director administrativo de la Escuela de Psicología, miembro de la Junta de Gobierno del ITESO, director del Departamento de Créditos Educativos y delegado del Rector para casos especiales. “Fue un jefe extraordinario, nos daba toda la libertad para trabajar y siempre estaba abierto a escuchar cualquier situación, así fuera laboral o personal”, recuerda Gloria Gómez, que formó parte del equipo del jesuita en la oficina de Créditos y Becas y que actualmente labora en la Oficina de Finanzas de la Universidad.

Con una relación de más de 40 años de amistad, Gloria Gómez cuenta que José Hernández Ramírez, SJ, tenía cuatro pasiones: “El amor a Dios, el amor al prójimo, el gusto por el vino tinto y el futbol. Era aficionado de las Chivas del Guadalajara y al tequila de Arandas, Tesoro de Don Felipe”. Lo describe como “abierto, divertido y respetuoso. Siempre fue congruente en su manera de pensar, decir y actuar, guiado por el amor y el servicio a los demás”. Para ella, el principal legado que deja el jesuita es su “lealtad a la institución y su amor y actitud de servicio a la comunidad”.

De José Hernández Ramírez, SJ, también eran reconocidos su gusto y su afición por la música, en particular la latinoamericana, los sones —su favorito era “La culebra”— y las canciones de Jorge Negrete. “Era entonado y tenía muy buena voz”, recuerda Juan Jorge Hermosillo, secretario de Rectoría, quien en los años ochenta, siendo profesor de la Universidad, fue invitado por el jesuita a colaborar en la promoción de las ingenierías. “Le encargaron la promoción del ITESO en una época en la que esto se consideró crítico para atraer alumnos. Así fue como lo conocí y me brindó su amistad durante muchos años”, agrega.

Antes de retirarse a Villa María por motivos de salud, Hernández Ramírez, SJ, también fue miembro titular y suplente de la Junta de Gobierno, director de Integración Comunitaria, asesor de Ética Sexual, Pareja y Matrimonio. “Lo recuerdo como un jesuita muy orgulloso de ser jesuita universitario. Él decía que la Universidad era un espacio importante para la Compañía de Jesús y que era esencial cultivar el pensamiento crítico, la formación integral y el compromiso social, por lo que había que prepararse mucho. Se fue a España a hacer un año de sabático porque quería estar lo más actualizado posible. Eso habla de alguien muy apasionado por México, por Jalisco, por Guadalajara, por la Compañía de Jesús y por el ITESO”, explica Juan Carlos Núñez.

Luego de una serie de problemas de salud, José Hernández Ramírez, sj, murió el 28 de enero pasado, tras una vida entregada a la Compañía de Jesús y al ITESO en particular, cumpliendo aquello que, en ocasión de sus 50 años de ordenación sacerdotal, le dijera el Padre Adolfo Nicolás, SJ, entonces General de la Compañía: “Le sugiero que continúe ejercitando el ministerio con profunda devoción, es decir, entrega a Cristo. Así, la Compañía y la Iglesia, en la que somos consagrados, seguirán recibiendo gracia tras gracia”. .

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