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La industria electrónica: el costo detrás de tu último móvil

La trepidante carrera global por desarrollar celulares, computadoras, televisores y otros electrónicos “de última generación” está organizada sobre la explotación de los trabajadores de la industria electrónica. Si un celular de última generación puede costar hasta 9 mil pesos, el obrero que lo ensambló en una maquiladora mexicana, apenas gana nueve. ¿Hay alternativas para terminar con este círculo vicioso? Algunos expertos opinan que sí.

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La persona que ensambló esta computadora, en Guadalajara, nunca podrá poseer una. Para obtenerla tendría que trabajar casi cuatro meses precisamente en las tripas del ordenador. Tendría que dejar de comer, no enfermarse, declararse en moratoria ante su casero y permanecer encerrada, para no gastar en los traslados. Pero acá el “tendría” no existe, porque a esa persona su sueldo de 117 pesos diarios no le alcanza ni para la canasta básica. Y lo más probable es que tenga hijos que mantener.

Y lo más probable es que le ocurra lo mismo a la persona que ensambló mi celular y mi pantalla plana.

Las líneas de producción de las empresas electrónicas mexicanas son perfectas, como las de muchas otras manufactureras. Lo que ocurre en ellas podría parecer una coreografía de danza contemporánea. Una fila o un círculo de personas, la mayoría mujeres, vestidas con batas azules, pantuflas azules, cofias azules y guantes, toman con la mano una placa metálica idéntica, rectangular, con orificios y altorrelieves como los del sistema Braille.

Lo tedioso es que la escena es larga. Dura ocho horas y puede extenderse hasta 16.

La pieza se llama industria electrónica y resplandece porque todos los días se inventa, lejos de México, el-aparato-más-veloz y se necesita quién lo haga rápidamente y barato, para que otro lo compre caro y lo ame hasta que se invente otro más-veloz.

¿Qué sería de nuestra vida sin los móviles inteligentes, las redes satelitales, las imágenes de alta resolución? ¿Qué sería de nuestra patria?

Desde los años noventa, durante el boom de las ensambladoras electrónicas en México, el gobierno federal declaró que el armado de alta tecnología es una de las principales oportunidades de desarrollo para una nación de pobres (47 millones, según las cifras actuales del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social).

“La industria maquiladora y manufacturera de exportación es el futuro de México”, se titula una nota de la revista México Industry Newspaper de diciembre de 2012, en la que el gobernador de Jalisco, Emilio González, afirmaba que las maquiladoras muestran al mundo la mejor cara “de lo que somos”; el presidente del Consejo Nacional de la Industria Maquiladora y Manufacturera de Exportación, Luis Aguirre, decía que “un día para México sin los maquiladores sería como un día sin victoria”, y el comunicador Pedro Ferriz concluía que la maquila nos ha llevado “a lugares impensables”.

Esos lugares son los sistemas financieros de las grandes trasnacionales. La Secretaría de Economía (SE) presume, por ejemplo, que por sus exportaciones, de 48 mil 821 millones de dólares entre enero y agosto de 2012, la industria electrónica nacional “es clave para el desarrollo en nuestro país”. Su diagnóstico asegura que emplea a unos 250 mil mexicanos; el Centro de Reflexión y Acción Laboral (Cereal), que desde 1997 se ha especializado en la defensa de los derechos de los trabajadores, estima que la cifra asciende a casi medio millón de personas.

Lo que la Secretaría de Economía no dice cuando habla de la industria electrónica es que, según sus propias cifras, las importaciones del sector superaron a las exportaciones: 50 mil 976 millones de dólares durante el mismo periodo. La balanza comercial del sector, en resumen, es deficitaria por 2 mil 155 millones de dólares. Tampoco dice que quizá la diferencia entre los números de empleo de la se y del Cereal se explique  porque la mitad trabaja subcontratada o por outsourcing; es decir, empleada por una empresa distinta a aquella donde presta sus servicios, con contratos casi siempre temporales y que se renuevan cada año, cada mes o incluso cada quincena.

Hay empresas donde 60 por ciento de las personas trabaja de esta forma, lamenta el coordinador de Cereal Jalisco, Jorge Barajas.

La realidad es que esta computadora, aquel teléfono celular y el televisor de pantalla plana de su estudio, se ensamblaron con el trabajo precario de miles de mexicanos.

La excepción se hizo regla

En 2008, Hitachi se mudó de Guadalajara a Filipinas, donde la mano de obra es más barata. 4 mil 500 trabajadores perdieron su empleo. Varios entablaron una batalla legal para que se les liquidara.

La subcontratación de trabajadores, los salarios bajos y la nula libertad de asociación prevalecen entre los obreros que ensamblan celulares, televisores, equipo médico de alta precisión y computadoras, señala el 4to Informe sobre condiciones laborales en la industria electrónica: La crisis que no se fue, realizado por el Cereal, con datos de 2011.

Pero mientras las acusaciones se multiplican, los empresarios organizados prefieren callar. En cuatro ocasiones solicité una entrevista con un representante de la Cámara Nacional de la Industria Electrónica de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (Canieti) de Jalisco para incluir su punto de vista. El vocero del organismo, Héctor Ceballos, respondió que la agenda de la persona que puede hablar del asunto “estaba muy saturada”.

La subcontratación no debería ser un problema por sí sola, ni siquiera tras las modificaciones recientes a la Ley Federal del Trabajo, que reduce algunos derechos de los asalariados, coinciden Jorge Barajas, del Cereal, e Ignacio Román, profesor e investigador del Departamento de Economía, Administración y Finanzas del ITESO.

El artículo 15-A de la nueva ley, que determina las condiciones para el empleo por subcontratación, indica que no se puede contratar conforme a este esquema a trabajadores para actividades iguales o similares a las que hacen los empleados de planta, y que los contratados por outsourcing deben dedicarse a actividades especializadas (véase el recuadro), como el mantenimiento temporal a un área o a maquilar sólo cuando haya picos en la producción.

El problema es que lo que en teoría debería ser la excepción, en la práctica se ha vuelto la regla, coinciden Jorge Barajas e Ignacio Román.

Así, las agencias de subempleo, que en los últimos años se han multiplicado, obtienen hasta el reconocimiento de los gobiernos.

 

El paraíso

Las vacantes se anuncian en fotocopias pegadas con cinta adhesiva a lo largo y ancho de una gran puerta de cristales grasientos de la agencia Azanza y Asociados, en la calle Pedro Moreno, casi Federalismo, en el centro de Guadalajara. “100 pesos por semana, 10 por ciento de asistencia y puntualidad en vales”, se lee en uno de los anuncios.

Tras la puerta hay un guardia viejo y, tras él, la escalera al cielo.

Dos pisos arriba hay una estancia que en los años sesenta debió ser un gran departamento y que hoy recibe a la visita con un eslogan amable: “El lado humano de la empresa”. Frente a la puerta hay un mostrador. La encargada invita a echarle un ojo a las vacantes, también impresas en fotocopias y organizadas según la maquiladora. La cartera de clientes de esta agencia es envidiable: Sanmina, Foxconn, Flextronics,USI, Bechmark. ¿Cuántos celulares inteligentes, cuántas computadoras de última generación tienen su génesis en esta misma sala?

“Urgen operadores de producción, ambos sexos, secundaria terminada, disponibilidad de horario. Contratación inmediata”. “Solicitamos operarias sexo femenino, dispuestas a trabajar horas extra” (ocho de cada diez trabajadores del rubro son mujeres con hijos, ha dicho el Cereal). “Contratación masiva, ambos sexos. Con experiencia, sin tatuajes y dispuestos a rolar tres turnos”.

La recompensa por la disponibilidad y la fuerza está clara: “90 pesos”, “108.3 pesos diarios”, “$3,974 mensuales”, “$5,300 mensuales”. Al lado de la recompensa brilla el eslogan de la agencia: “Hay suficiente en el mundo para cubrir las necesidades de todos los hombres, pero no para satisfacer su codicia”. Nadie lo lee, pues la decena de personas en el sitio está respondiendo su solicitud de empleo.

“¿Tiene alguna enfermedad crónica? ¿Acepta someterse a un examen médico? ¿Cuida a algún familiar enfermo?”. Al fondo del piso, una enfermera se da vuelo con las muestras de sangre de los aspirantes y, más allá, una psicóloga les hace preguntas capciosas.

No hay problema. Esta agencia recibió el Premio Jalisco a la Calidad 2011, tiene el iso 9001-2008 sgs, desde 2003 cuenta con el reconocimiento de Modelo de Equidad de Género, que otorga el Instituto Mexicano de las Mujeres, y presume el inconfundible logo de Empresa Socialmente Responsable.

Nadie dice algo sobre las contrataciones masivas y precarias que la empresa gestiona para las trasnacionales. Después de varias solicitudes de entrevista hechas por teléfono, uno de los socios contesta la llamada y me agradece, amable, el propósito de incluir su versión. Me pide que llame a su socia más tarde —“ahora ella está en una entrevista”—. Si no la encuentro ella llamará, afirma. Su socia jamás contesta el teléfono de la oficina. La llamada prometida tampoco llega.

 

El mejor salario

En México, el salario promedio de los obreros de las maquiladoras de alta tecnología es de 117 pesos diarios.

Es mucho mejor que el de sus colegas filipinos, que ganan apenas cinco dólares (63 pesos diarios). La cuestión es que el sueldo de los filipinos cubre 80 por ciento de sus necesidades básicas, mientras que el de los mexicanos alcanza para sufragar 50 por ciento del gasto, según un análisis que publicó el Cereal en su último informe.

Después de los trabajadores de Indonesia, los mexicanos que trabajan en la industria electrónica son los peor pagados del mundo, de acuerdo con el Cereal. En términos del gobierno federal y de varios gobernadores, México es uno de los países que ofrecen mejores oportunidades en costos para el ensamble de aparatos de alta tecnología.

La pregunta es: ¿podría la industria electrónica trabajar a sus anchas y al mismo tiempo mejorar la calidad de vida de sus empleados? Podría, responde el Cereal.

En su informe de 2011, el organismo explica que la industria electrónica tiene un método llamado Bill of Materials (BOM) para establecer sus costos de producción, con base en un listado de los materiales y servicios que requiere para producir un equipo.

Si el costo de fabricación de un celular es de 100 dólares, por ejemplo, las empresas destinan 90 dólares a la materia prima, cuyos importes son difíciles de controlar. Por esa razón cuidan estrictamente que la mano de obra nunca exceda los diez dólares restantes. De esos diez dólares, una fracción mínima se destina a salarios, pues las maquiladoras deben obtener ganancias.

El Cereal calcula que en el caso del BlackBerry Torch 9800, que se fabricó en la planta de Jabil, en Zapopan, y se vendió en 9 mil pesos en México, cada obrero tapatío que participó en la producción ganó 0.1 por ciento del costo final del aparato. O sea: 9 pesos. Mientras tanto, la canadiense Research In Motion (RIM) —la compañía detrás de los aparatos BlackBerry— anunció que en su último año fiscal, que terminó el 26 de febrero de 2011, obtuvo 3 mil 400 millones de dólares en ganancias por la venta de 52.3 millones de teléfonos. El factor de ganancia de la trasnacional fue de 65 dólares por teléfono, en tanto que cada trabajador obtuvo seis centavos de dólar.

“Las maquiladoras electrónicas tienen una tasa de rentabilidad enorme, que no están dispuesta a perder. Por eso, estas compañías se desplazan a otros países más baratos en cuanto la moneda local gana terreno frente al dólar, como ocurrió en 2001 y 2002”, dice el especialista del iteso, Ignacio Román, quien traga saliva antes de soltar su siguiente frase. “Una vez se realizó un estudio en Fresnillo, Zacatecas, entre las obreras que armaban arneses en condiciones precarias. Se concluyó que la gente desempleada lo que quería era estar en una maquiladora”. Su explicación: “A veces las condiciones laborales son tan duras, que el trabajo en una ensambladora, aunque sea injusto, es mejor que no tener nada”.

 

Los integrantes del Cereal: Paul Enoc Aguirre, Jorge Barajas, Felipe Burgueño y Sagrario Gutiérrez.

La banana chip

Cada año, el Cereal da casi 2 mil asesorías gratuitas a trabajadores que consideran que las ensambladoras los han maltratado y entabla unas 200 demandas laborales. Uno de los temas más delicados es la falta de libertad de asociación. No ha habido un caso en el que no hubiera despidos luego de que un grupo de obreros intentara organizarse para mejorar sus condiciones.

—¿Hay esperanza de que las cosas cambien? —le pregunto a Jorge Barajas, coordinador del organismo en Jalisco.

—No hay una empresa que se libre del empleo precario, porque el mercado global le da una vida muy breve a los aparatos. En Estados Unidos la gente cambia de celular hasta tres veces al año. Ese hábito se refleja en las líneas de producción de XBox, Black-Berry, Apple y Samsung en México, que contratan y despiden a miles para satisfacer estas demandas.

Andrés Ruiz, coordinador del Programa para la Gestión de la Innocación y la Tecnología (Proginnt) del ITESO, responde a la misma pregunta:

—El problema es que en México no se han diseñado nuevas tecnologías. Hasta ahora, la mayoría de las materias para el ensamble viene de otros países. Falta que las pequeñas y las medianas empresas se vuelvan proveedoras locales e impulsar a los emprendedores de productos y servicios.

Ignacio Román añade que México necesita una política que, en vez de premiar a las industrias voraces, se enfoque en construir un esquema de calidad: “Competimos en costos de mano de obra; producimos alta tecnología, pero sin conocimiento local agregado que solidifique las relaciones de trabajo. Tendríamos que competir en patentes”. De esta forma, quizá las trasnacionales invertirían menos en el territorio, pero esa inversión se quedaría aquí. Y pone el ejemplo de Brasil: “Ahora en el mundo se venden computadoras brasileñas”.

—Y mexicanas.

—No. Eso es lo engañoso: ni exportamos computadoras ni BlackBerry. Exportamos ensamble. No somos un país bananero, pero somos un país banana chip. m

“Yo diagnosticaba los problemas de las tarjetas BlackBerry. Mis problemas comenzaron cuando denunci{e el acoso sexual de uno de mis jefes. Luego pedí explicaciones porque a muchos les habían aumentado 15 por ciento el sueldo y a otros sólo el 2 por ciento. Me corrieron. Ahora estudio filosofía. Cuando mis maestros me hablan de la teoría del poder, pienso que yo ya practiqué este concepto", Amapola.
 

 

Dos historias

 

Karina

Fui la trabajadora 9 mil 550 del área f2 de IBM, luego Hitachi. Entré cuando tenía 17 años. Me contrató una agencia, en el centro de Guadalajara. Yo nada más fui a ver si había trabajo, y esa noche empecé. Entraba a las once y tenía que tomar el pollo a las nueve, por La Normal. Los pollos son los camiones amarillos de transporte de personal. Mi pollo llegaba a la planta a las 10:50. Salíamos corriendo para llegar a los lockers, corríamos a dejar nuestras cosas y agarrar el uniforme. Seguíamos corriendo para pasar cuatro filtros de seguridad, para llegar a la línea antes de las once.

”Desde ahí todo era ensamblar.

”Ganaba 70 pesos diarios, más los bonos de puntualidad, que eran 400 mensuales. La regla más importante era la del baño. Podíamos ir una vez, pero teníamos ocho minutos. Encontrabas quién te supliera en la línea o te aguantabas. El baño estaba como a cuatro cuadras. Había que ir corriendo, irse desvistiendo en el camino, pasar los filtros de seguridad, y regresar corriendo, porque con tres retrasos perdías el bono. Nos daban 35 minutos para comer, pero en ir y volver al comedor hacíamos 30 minutos. En el camino había máquinas de refrescos y papas. Eso comíamos todos.

”Mi turno terminaba a las siete de la mañana. El pollo salía a las 7:10. Si por algo me entretenía, me quedaba en la línea otras ochos horas, porque caminar a la carretera era muy peligroso.

”Me corrieron en junio de 2006 porque me enfermé. Manejaba unos ácidos a los que les dicen jabones. Además de ensamblar, tenía que enjabonar diez o doce veces unos discos giratorios, como tocadiscos. Los jabones deshacían los guantes. El viernes que me corrieron fui a las pruebas de sangre que me hacían cada mes y ahí me desmayé. Me acusaron de no trabajar, aunque sabían que estaba inconsciente en la enfermería. Antes me llevaron al Hospital Civil. Ahí me dijeron que tenía un metal en la sangre y los riñones malos. Me quedé internada tres meses. Los de la agencia me dijeron que ya no tenía trabajo. Me dieron 500 pesos de liquidación y me dijeron que si no firmaba, ellos me iban a demandar”.

 

Martha Rodríguez

Trabajo en una línea de producción donde se hacen piezas para los focos de los carros de lujo. Somos varias alrededor en una banda y cada quien va poniendo lo que le toca. O soldando. O revisando la soldadura. O haciendo pruebas o empacando, pero siempre lo mismo. La mayoría de las obreras somos mujeres y todos los supervisores son hombres.

”He trabajado diez años aquí, aunque antes armaba computadoras.

”Empecé ganando 64 pesos diarios. Ahora gano 700 a la semana. Vivo con mi mamá y mis hijas. A mi mamá le doy 400 para la comida; 200 son para las niñas y dejo 100 para mis gastos.

”Diario entro a las seis de la mañana y salgo a las dos de la tarde. Dos veces a la semana trabajo de tres a ocho limpiando casas. Ahorita estoy doblando turno; entro a las nueve y media de la noche, salgo a las cinco y media de la mañana y luego hago mi turno normal, de seis a dos, parada todo el rato. En mi día de descanso me gusta ir a misa y lavar ropa. Trato de ir a correr diario. Correr es lo que más me gusta.

”Hasta hace cinco años no nos daban utilidades. Nos organizamos diez o quince para exigirlas, pero sospecharon y corrieron a varias.

”Otra cosa que no me gusta de la empresa es que me pongan a soldar plomo, porque dicen que es muy tóxico. Ocho años fui del equipo de reparaciones y trabajaba sin protección. En mis exámenes de sangre el plomo siempre sale altísimo y el doctor de la empresa dice que es porque ando en camión (ríe).

”Pero he tenido suerte, porque hubo un tiempo, hace seis años, cuando a las que ganaban 100 diarios les preguntaban: ‘¿Quieres que te baje el sueldo o te corro?’. Hay un sindicato, pero está comprado por la empresa.

”A los meros jefes no los vemos. Ellos tuvieron una posada y nosotras otra. Ellos tienen un horario para comer y nosotros otro.

”Es muy feo trabajar todo el día y no tener nada. Aguanto porque Dios me da fuerzas… Otras compañeras tienen cuatro, cinco hijos; hay unas que hasta pagan renta.

”Y a las subcontratadas les va peor. Algunas ganan 75 pesos por la jornada de ocho horas y firman contrato cada quince o 22 días.

 

Ley y subempleo

La nueva Ley Federal del Trabajo reconoce la subcontratación, pero indica que no se puede abusar de ella:

“Artículo 14. Las personas que utilicen intermediarios para la contratación de trabajadores serán responsables de las obligaciones que deriven de esta ley y de los servicios prestados.

”Los trabajadores tendrán los derechos siguientes: i. Prestarán sus servicios en las mismas condiciones de trabajo y tendrán los mismos derechos que correspondan a los trabajadores que ejecuten trabajos similares en la empresa o el establecimiento; y ii. Los intermediarios no podrán recibir ninguna retribución o comisión con cargo a los salarios de los trabajadores”.

“Artículo 15-A. El trabajo en régimen de subcontratación […] deberá cumplir con las siguientes condiciones:

”a)  No podrá abarcar la totalidad de las actividades, iguales o similares en su totalidad, que se desarrollen en el centro de trabajo.

”b)  Deberá justificarse por su carácter especializado.

”c)  No podrá comprender tareas iguales o similares a las que realizan el resto de los trabajadores al servicio del contratante.

”De no cumplirse con todas estas condiciones, el contratante se considerará patrón para todos los efectos de esta Ley, incluyendo las obligaciones en materia de seguridad social”.

“Artículo 15-D. No se permitirá el régimen de subcontratación cuando se transfieran de manera deliberada trabajadores de la contratante a la subcontratista con el fin de disminuir derechos laborales…”.

“Artículo 1004-C. A quien utilice el régimen de subcontratación de personal en forma dolosa, en términos del artículo 15-D de esta Ley, se le impondrá multa por el equivalente de 250 a 5000 veces el salario mínimo general”.

“Artículo 37. El señalamiento de un tiempo determinado puede únicamente estipularse en los caso siguientes: i. Cuando lo exija la naturaleza del trabajo que se va a prestar; ii. Cuando tenga por objeto sustituir temporalmente a otro trabajador; y iii. En los demás casos previstos por esta Ley”.

 

Los números del negocio

:: El reporte World Electronics Industries, que elabora el Décision Études Conseil, indica que en 2011 el consumo de electrónicos en el mundo tuvo un valor de 3 mil 630 millones de dólares. Estima que para 2020, el consumo aumentará a 6 mil 701 millones de dólares.

:: En 2011, el ensamble de alta tecnología participó con 3.9 por ciento del producto interno bruto de la industria manufacturera y representó la cuarta parte de ese rubro.

:: Los 3 clusters electrónicos más importantes de México están en Jalisco, Baja California y Chihuahua.

:: En Jalisco se fabrican computadoras, servidores, impresoras, teléfonos celulares, set top boxes, cd, dvd y circuitos modulares. El monto de las exportaciones fue de 14 mil 624.2 millones de dólares en 2011.

:: En Baja California se producen televisores (20.4 millones), placas de circuitos impresos, arneses, sonares marinos, inductores, conectores, teléfonos celulares, tableros electrónicos, microchips y semiconductores. Las exportaciones alcanzaron 11 mil 153.6 millones de dólares en 2011.

:: En Chihuahua se fabrican productos de audio, video y telecomunicaciones. El monto de las exportaciones fue de 13 mil 962.4 millones de dólares.

 

Fuente: Secretaría de Economía.

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