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Hablan los que migran por México: Balam Rodrigo

Este poema, como en la mayor parte de los que componen su libro más reciente, presta su voz para que a través de ella hablen los que no la tienen, incluso desde esa zona de niebla donde el sueño y la muerte se confunden

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Foto: Cortesía @metaforafipq
Foto: Cortesía @metaforafipq

Aquí yazgo, subterráneo, lánguido,

durmiendo en las góndolas

como los bulbos de una flor carnívora

que sueña con abrirse a la primera caricia

de la niebla para crecer frente al abismo.

 

Escucho el silbo funeral del tren,

su estrépito de vertebrales máquinas:

 

parvadas de ángeles con alas de lluvia

vuelan hacia la nada, hacia el norte.

 

Y de pronto el zumbido, la ira de los tábanos

formando nubes, enjambres de rostros borrosos,

exangües, perros que lamen la sangre seca de los inocentes

y escriben el destino de su abominación

(los genocidas no saben escribir con tinta).

 

Balan los rebaños de migrantes y se duermen,

fríos hasta el acero, ebrios de hollín.

 

Sobre sus ojos apagados, sobre sus cabezas,

giran estrellas de diesel.

 

 *     *     *

 

En la Villa de Comaltitlán, al sur de Chiapas, muy cerca de la frontera con Guatemala, nació Balam Rodrigo (1974). Recuerda que, desde muy niño, su hogar fue también el de numerosos migrantes con quienes su familia compartía techo y pan. Algunos de ellos se quedaron en México; otros, los más, siguieron su camino hacia un siempre inasible Norte. Si algo resulta evidente, luego de leer su Libro centroamericano de los muertos, es que la poesía, antes que la historia, ha sido la más cercana compañía de nuestra aventura terrestre, expuesta, como nosotros, a sus fugaces alegrías y a sus enormes desdichas. Lo sabe Balam y en este poema, como en la mayor parte de los que componen su libro más reciente, presta su voz para que a través de ella hablen los que no la tienen, incluso desde esa zona de niebla donde el sueño y la muerte se confunden. La Bestia, como se conoce al ferrocarril que traslada en su lomo a los miles de migrantes que atraviesan nuestro país, emite un “silbo funeral”. Un sonido como una oscura premonición, en la que el Norte y la Nada se disuelven. Balam Rodrigo es biólogo y tiene un diplomado en Teología Pastoral. Autor de veinticinco libros, obtuvo con este Libro centroamericano de los muertos —testimonio de una honda herida— el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2018. Lo publicó, también el año pasado, el Fondo de Cultura Económica.

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