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Enemigo nuestro de cada día

Dependiendo de las reacciones que tengamos en nuestro cuerpo y de cómo manejemos estas situaciones, podemos hablar, o no, de un estrés laboral en nuestra vida

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Foto: pixabay.com
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Esta escena podría resultar familiar. Son las 21:00 horas y estás en casa, dos o tres horas después de que concluyó tu jornada laboral. El WhatsApp suena o vibra “como chivo en corral”. En tus notificaciones hay un mensaje del jefe. Meditas si atender o no; al fin, tomas tu teléfono y de un dedazo sentencias la noche: se necesita con urgencia una presentación. Esto se repite por lo menos una vez por semana, y se suma a una ya de por sí excesiva carga laboral.

Dependiendo de las reacciones que tengamos en nuestro cuerpo y de cómo manejemos estas situaciones, podemos hablar, o no, de un estrés laboral en nuestra vida.

En su libro El universo interior (FCE, 2001), el desaparecido Premio Nacional de Ciencias y especialista en neurobiología Hugo Aréchiga nos recuerda que el estrés —o síndrome general de adaptación, tal como lo define quien acuñó la locución, el endocrinólogo canadiense Hans Selye—, consiste en una serie de manifestaciones conductuales y fisiológicas que se presentan como respuesta del organismo a estímulos agresivos en el medio ambiente.

En el caso del estrés crónico, esta tensión existe por un periodo prolongado. Si bien en el trabajo no enfrentamos a leones o catástrofes naturales, sí existe una acumulación de tensiones que es una amenaza potencial para la salud.

“En el torrente sanguíneo circula la hormona cortisol, última sustancia que se libera con el estrés y que afecta a nuestras defensas, los leucocitos, por lo que nos volvemos proclives a enfermarnos por razones virales o bacterianas”, explica Everardo Camacho Gutiérrez, coordinador del Doctorado en Investigación Psicológica del ITESO.

Julieta Ramos Loyo, coordinadora del Instituto de Neurociencias del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias de la UdeG, explica que el estrés ocasiona cambios cognitivos, emocionales, conductuales y fisiológicos, tales como la alteración del ciclo vigilia-sueño (problemas para dormir), dificultad para concentrarse, problemas de aprendizaje y para la toma de decisiones, hasta síntomas como ansiedad, depresión, irritabilidad y dificultades de convivencia.

“El problema es grave sobre todo en las ciudades, pero hay que tener en cuenta que el estrés es un asunto multifactorial. En cuestión laboral puede ser un miedo a no ser eficiente, tener una presión constante, la carga de trabajo o las relaciones interpersonales poco adecuadas”, asegura.

En el aspecto fisiológico podemos enfrentar padecimientos como gastritis, colitis o dolor de cabeza. Existen también padecimientos que pueden agravarse con el estrés, como los cardiovasculares, la epilepsia y el asma, entre otros.

Para María de Lourdes Preciado Serrano, coordinadora de la Maestría en Ciencias de la Salud en el Trabajo de la udeg, en toda profesión existe cierto grado de estrés positivo y manejable —conocido como eustrés—, que potencializa nuestras capacidades y genera entusiasmo, rigor y compromiso: “El estrés saludable se favorece si le das un significado a tus acciones; no un significado práctico, sino trascendental, más allá de lo económico: que el individuo sepa que está innovando y que está creando”.

Camacho Gutiérrez considera que el estrés laboral en la vida contemporánea tiene que ver con ciertas dinámicas perversas a las que nos vemos sometidos, producto de la necesidad y del prejuicio del éxito: “El éxito se mide teniendo un buen sueldo, esposa, hijos y un perro, pero hay un ambiente competitivo y poca oferta de trabajo. Hay que reconceptualizar el esquema y la trampa en la que nos hemos metido, entender que sólo se vive una vez y hay que disfrutar el trayecto. Una persona estresada tiene poca capacidad para disfrutar”, asegura.

 

Precauciones contra el estrés laboral en el trabajo

• Evitar la procrastinación.

• Organizar y planear nuestras actividades en un horario de trabajo.

• Incluir descansos de 10 minutos con pausas pasivas, si nuestro trabajo es corporal; y pausas activas si hacemos una labor monótona y sedentaria.

• Solicitar que las organizaciones ofrezcan condiciones materiales y ambientales adecuadas para el trabajo. fuera del trabajo

• Dormir bien, buscar un lugar fresco y ventilado en el que no se cuele la luz y tener un ciclo de sueño de ocho horas.

• Realizar actividades recreativas.

• Hacer ejercicio con regularidad (las endorfinas generadas durante la actividad física favorecen el bienestar emocional).

• Respetar horarios regulares de comida y tener una nutrición adecuada.

• Atender nuestras relaciones personales.

 

Para tener en cuenta

Según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, en Jalisco, 607 mil 694 personas trabajan más de las 48 horas a la semana que establece la Ley Federal del Trabajo. Esto representa 16 por ciento de los 3 millones 757 mil ocupados de la entidad. ·

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