Volver al inicio

El alma en una pantalla: Bill Viola

El espectador de Viola contempla y disfruta, pero también enfrenta experiencias que lo encaran al mundo y a sí mismo. Su obra no es de fácil digestión, hay que tomarse tiempo, renovar votos y a veces ni intentar encontrar un significado. Hay que dejarse invadir.

Enviar por e-mailEnviar por e-mail
Antetitulos: 

Una mujer con aguja e hilo; ella en la inmensidad de una habitación iluminada por un rayo de luz: resplandor artificial en Catherine’s Room, video fechado en 2001 de quien muchos ya nombran “el místico del video”, Bill Viola (Nueva York, 1951), uno de los fundadores del videoarte, colonizador de las artes digitales, “humanizador” de un medio a medio explorar: medio entendido, descrito y criticado, aunque roce ya los 50 años.

Para muchos, la historia del videoarte comienza en la Navidad de 1965, cuando Santa Claus (adicto a la vanguardia) llevó a Andy Warhol la primera grabadora de video portátil Portapak que funcionó para crear las primeras cintas de video artístico, aunque ya en 1959 muchos Fluxus incluían televisores y videos en su arte de acción. “Sin comienzo/ sin final/ sin dirección/ sin duración/ el video como una mente”: así definió Nam June Paik el nuevo medio. Bill Viola entra al videoarte desde 1974, explorando ya los estados de conciencia mediante las imágenes del mundo ordinario.

Primero en cámara casera, pero con lienzo en blanco y absoluta libertad. Viola aprovechó las posibilidades que puede ofrecer un nuevo soporte y se decidió por intenciones más aventureras que sensatas: agregar humanidad a un medio electrónico, transformar su lenguaje en poesía, en vehículo anímico ayudado por sus grandes influencias: la poesía sufí, los místicos españoles o la pintura renacentista. “Hace aflorar fenómenos subyacentes mediante procesos de aceleración o dilatación de las imágenes hasta su inmovilización”, explica el filósofo Christiane Fricke. Viola entiende su labor en el video no sólo como medio de expresión, también de transformación.

El espectador de Viola contempla y disfruta, pero también enfrenta experiencias que lo encaran al mundo y a sí mismo. “Después del fallecimiento de mi madre [en 1990] pude vincular la viveza de las representaciones que se obtienen con el video y las imágenes de la vida cotidiana vistas como símbolos profundos con mis intereses en las ciencias de la percepción y la cognición y las tradiciones espirituales. Las imágenes grabadas son elementos activos, no sólo recuerdos fríos e inertes; son activos, y cuando los recombinas estás recombinando los elementos básicos de la vida simbólica, metafórica. Éste es el verdadero medio de mi arte”, explicó en una entrevista. Su obra no es de fácil digestión, hay que tomarse tiempo, renovar votos y a veces ni intentar encontrar un significado. Hay que dejarse invadir.

Viola crea ambientes con sus videos, una especie de dimensión existencial compuesta, creada en el régimen tecnológico pero siempre supeditada a la esencia emocional: éste es su gran aporte al videoarte. The Greeting, fechado en 1995, fue el video que despertó interés internacional; se trataba de la pieza que representó a Estados Unidos en la Bienal de Venecia, y estaba basado en una pintura de Pontormo (siglo XVI).

En el año 2000 comenzó quizá su más grande e interesante proyecto hasta ahora: The Passions, trabajo con el que explora las emociones humanas inspirándose en pintura, poesía y música devocional. Una serie de videos: Silent Mountain, dos personajes gritando en una especie de catarsis donde el espectador no escucha nada, sólo observa los gestos; Emergence, de 2002, pieza espectacular basada en Descendimiento de la Cruz de Rubens, de 1612, donde un hombre desnudo sale de un sepulcro lleno de agua y es cobijado por dos mujeres; Six Heads, basado en el Estudio de cabezas de Antonio de Pereda (siglo XVII), un collage de gestos que recrean emociones.

Bill Viola logra conmover, emocionar y hasta perturbar mediante la tecnología, todo a partir de sencillas y profundísimas emociones humanas. “El videoarte de Viola pretende ser crítico, existencialmente filosófico (en cuanto que explora las situaciones límite del ser humano, en conjunción con los elementos cósmicos) y, en sus últimas derivaciones, declaradamente religioso y hasta sacral (fundiendo en una sola imagen arte, filosofía y religión)”, explica el crítico de arte Félix Duque. Todavía hoy, Catherine sigue cosiendo con la luz de la ventana. m

Bill Viola en internet

:: Sitio oficial de Bill Viola

:: The Passions

:: “Processing the Signal”, fragmento de un documental sobre videoarte

 

Libros

:: Las pasiones. Hans Belting y Bill Viola, conversación. Catálogo de exposición editado por La Caixa, Barcelona, 2004.

:: Arte digital y videoarte: transgrediendo los límites de la representación. Donald Kuspit, Círculo de Bellas Artes, Madrid, 2006.

:: Videoarte. Sylvia Martín, Taschen, Madrid, 2006.

  • Más reciente
  • Más popular
La apuesta de la nueva Administración es facilitar la inclusión de los jóvenes al mercado laboral
Como un programa interesante que busca reducir la precariedad laboral...
Viernes, Marzo 1, 2019 - 00:30
Cartel para exigir la aparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Imagen: Clay Rodery
Según datos de la Encuesta Nacional de Calidad e Impacto...
Viernes, Marzo 1, 2019 - 00:30
Imagen de la película «Dunkirk», de Cristopher Nolan
La forma más sencilla de determinar qué es original en el cine es...
Viernes, Marzo 1, 2019 - 00:30
"La paz se cultiva socialmente, no es una meta", afirma. Foto: Luis Ponciano
En momentos en que las posturas radicales se apropian de los...
Viernes, Marzo 1, 2019 - 00:30

sígueme
  • RSS
  • Twitter
  • Facebook
  • Linkedin
  • Flickr
 

issuu.com

Publicidad

Web Diana Martin