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Cuando los hermanos se encuentran... y "se hayan"

El cinematógrafo nace de las virtudes de la fraternidad bien entendida y mejor practicada, y que el asesinato y el cine siguen teniendo una relación productiva.

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Es improbable y hasta ocioso, pero no deja de tener su encanto (y su morbo), especular sobre la película que hubieran realizado Caín y Abel de haber estado a su alcance. Seguramente hubiera sido de corte policial y el investigador no hubiera tenido mayor problema para hacer pagar al culpable; tal vez habrían recurrido al “estilo Rashomon” y presentado las versiones del criminal, de la víctima y de la asesina mandíbula de burro. Lo cierto es que el cinematógrafo nace de las virtudes de la fraternidad bien entendida y mejor practicada, de la colaboración de Louis y Auguste Lumière, y que el asesinato y el cine siguen teniendo una relación productiva.

Aunque el DIF se afane en proponer y Hollywood no deje de empeñarse en ensalzar la solidaridad y los buenos tratos en el núcleo familiar, las relaciones entre hermanos son a menudo conflictivas, como también lo son las relaciones laborales: entonces la fraternidad se convierte en una contrariedad. De esta forma, el hecho de que dos hermanos no sólo puedan convivir en sana paz, sino trabajar en el mismo proyecto y colaborar para alcanzar un fin común es, literalmente, una coincidencia extraordinaria.

En la historia del cine no son particularmente abundantes los casos de hermanos que dirigen juntos. Sin embargo, los ha habido y los hay, con resultados notables en distintos géneros. En la mayoría de los casos, la visión al alimón se afana en exhibir la disfunción del individuo y de la sociedad: tal vez porque reconocen que casos como los suyos sólo prosperan en la excepcionalidad.

No existen reglas por observar en materia de codirección, sin embargo, habitualmente se dividen las tareas de tal forma que uno de los miembros se encarga de la parte histriónica y demás elementos de la puesta en escena, y el otro tiene la encomienda de los asuntos de la cámara. Y aunque, por ejemplo, en los créditos de sus películas los Coen aparecen en roles distintos (Joel como director y Ethan como productor) es bien sabido que ambos participan al parejo en los dos roles.

Los Dardenne son una pareja excepcional en la excepcionalidad, pues habitualmente trabajan en una misma línea y pueden intercambiar labores sin mayores contratiempos. En Rosetta (1999) perpetraron una “marcación personal” sobre la actriz, a la que acompañaban a lo largo de sus prolongados recorridos, y mientras uno de ellos se desplazaba justo al margen del cuadro, el otro observaba el monitor.

Lo cierto es que si el trabajo colectivo, como el cinematográfico, alcanza mejores resultados con la comunicación, no cabe la menor duda de que el diálogo es el sustento primordial de las películas realizadas por hermanos. Y si ya es asombroso el nivel de compenetración que puede existir entre dos personas que se conocen “desde siempre”, más lo es que pueda presentarse una visión unificada y sin conflictos ante el resto del equipo. Por ello no es raro que terminen haciendo familias más grandes con los colaboradores, como el caso de los Coen, que “repiten” actores, cinefotógrafo y hasta se casan con sus actrices (Joel tiene casi 25 años de casado con Frances McDormand).

 

Andy y Larry Wachowski
Con Cómplice (Bound, 1996) llamaron la atención y perpetuaron hilarantes transgresiones al cine criminal. Luego leyeron un puñado de libros de filosofía, lo aprendido lo moldearon en la ciencia ficción y entregaron una película de culto para públicos “alternativos”: Matrix (1999), éxito que provocó una forzada y desigual trilogía. Les disgusta aparecer en público, pero sus cintas congregan millones de miradas... y de dólares. Este año estrenarán Speed Racer, inspirada en Meteoro, las populares caricaturas japonesas sesenteras. No sabemos cómo llegarán a la meta, pero como ellos vienen al volante, la taquilla ya los espera, impaciente.

 


Ethan y Joel Coen
Para ellos el cine no es mejor que la vida: es la vida misma. La formación de Joel pasó por la escuela de cine, la de Ethan por la filosofía, pero la de ambos se consolidó en el cómic, en la literatura negra y en el cine. De Simplemente sangre (1987) a Sin lugar para los débiles (2007), su estilo lleva el sello del refinamiento, y sus historias pasan por el crimen. Pero en su obra se perciben más ambiciones: sus cintas alcanzan a penetrar, con negro humor, en el cochambre de la mente humana, como es posible constatar en Barton Fink (1991), que ganó la Palma de Oro. Eso sí, por su inteligencia y su violencia, su cine no es apto para cerebros (ni para estómagos) débiles.

 

Paolo y Vittorio Taviani
En el origen fue Roberto Rossellini. Al menos para Paolo, que luego de estudiar arte se interesó en el cine al ver Paisà (1946). El neorrealismo dejó huella en su obra, nutrida de literatura e historia, y en la que caben el folklore, la fantasía y el ensayo. Con Padre Padrone (1977), que registra la brutalidad paterna, ganaron la Palma de Oro en Cannes. La noche de San Lorenzo (1982) ubicada en 1944 y que sigue a un grupo de gente que abandona su pueblo huyendo de los nazis. La casa de las alondras (2007), su más reciente cinta, aborda temas como vida, amor y muerte, y tiene un atractivo extra: Paz Vega.

 

 

Luc y Jean-Pierre Dardenne
La cámara viaja ansiosa siguiendo a un personaje no menos nervioso; la luz elimina todo maquillaje; los diálogos escasean, es raro escuchar música: el minimalista estilo de los Dardenne, en deuda con Robert Bresson, pone el piso de realismo a historias que centran los márgenes sociales. En Cannes son bien recibidos y mejor despachados, lo prueban las dos palmas de oro que han ganado: con Rosetta (1999), que sigue a una chamaca que debe encargarse de su hogar y de su madre alcohólica, y El niño (2002), que cuenta la venta de un recién nacido por su padre delincuente. Nadie mejor que ellos para desmitificar a Europa y su feliz seguridad social.
 

Oxide y Danny Pang
No siempre trabajan juntos. Sin embargo, las mejores películas de estos gemelos originarios de Hong Kong son las que han realizado en equipo. Su apellido comenzó a sonar a raíz del éxito de Bangkok Dangerous (1999), que narra la historia de un matón sordomudo y obtuvo el premio de la crítica en el festival de Toronto. Con El ojo (2002), que los pondría en la mira de los fanáticos del cine de terror, al grado de hacer de ellos un objeto de culto, correspondieron esta preferencia con dos secuelas de medianos vuelos. Son artesanos notables y practican con eficiencia la acción y el terror, dos géneros que han crecido sanamente en Oriente… exhibiendo sociedades enfermizas.
 

Stephen y Timothy Quay
Estos genios gemelos de la animación son oriundos de Pensilvania, pero su cultura es europea. Se mudaron a Londres a los 22 años y ahí viven y trabajan; sus influencias provienen de autores como el checo Franz Kafka y el polaco Bruno Schulz. En algunas historias de este último se inspira su obra maestra Calle de cocodrilos (1986), que es considerada por Terry Gilliam como una de las mejores animaciones de todos los tiempos. Cultivan mejor el corto, pero a la fecha tienen dos largos que combinan animación con “acción viva”. Su sello es surrealista; sus figuras son grotescas: ¿será que sus pesadillas están en “América”?
 

 

Bobby y Peter Farrelly
Les gusta hacer humor con lo que habitualmente disgusta y no tienen empacho en ser políticamente incorrectos, sustentando su humor en la discapacidad. La estupidez les dio el pretexto para salir al camino con Una pareja de idiotas (1994); en Loco por Mary (1998) del sexo provenía la viscosa sustancia para la risa; en Amor ciego (2001) maltrataban la comedia romántica al ofrecer un giro valioso sobre la circunferencia de la rolliza protagonista. Su cinematografía, ocasionalmente (¿accidentalmente?) registra los sinsabores del hombre sin atributos, ahí la comedia funciona y hasta provoca más que risas.

 

Salvador, Guillermo, Carlos y Eduardo Alva
Fiel a su espíritu positivista, Porfirio Díaz creía en el progreso, por eso en el alba del registro sonoro y visual se puso en manos de los Alva: grabó su voz para el fonógrafo de Tomás Alva Edison y accedió a portar en el pecho su colección de medallas para los hermanos Alva, pioneros del cine mexicano. Filmaron, con su tío Ramón, numerosos documentales entre 1906 y 1913. Dieron cuenta de los albores de la revolución. Aniversario de la muerte de la suegra de Enhart (1912), una de sus incursiones en la ficción, es una lograda comedia de la que se conservan algunos fragmentos.

 

 

Arnaud y Jean-Marie Larrieu
Estos benditos hermanos nacieron en Lourdes y heredan de su abuelo, que filmó algunas películas en los Pirineos, el gusto por el cine. Luego de fracasar en su intento por ingresar a la mejor escuela de cine francesa, estudian literatura y filosofía y emprenden un provechoso camino por el corto. Su primer largo, Fin de verano (1999), no fue particularmente exitoso, pero Pintar o hacer el amor (2005), el más reciente (con un elenco estelar encabezado por Daniel Auteuil), compitió en la Sección Oficial de Cannes. Su cine se ubica en los Pirineos pero aún no alcanza alturas prodigiosas.

 

Albert y Allen Hughes
De padre negro y madre armenia, estos gemelos de Detroit comparten algo más que la idéntica genética: desde los 12 años, edad en la que iniciaron con sus primeros cortos, mostraron su pasión por el cine. En él encontraron un medio propicio para desarrollar su fascinación por el crimen, tema de sus ficciones. La más reciente, Desde el infierno (From Hell, 2001), sigue los pasos de un inspector, (Johnny Depp), encargado de detener a Jack el destripador. De preparación sirvió el documental sobre prostitución filmado dos años antes, American Pimp (1999).
 

 

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