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Ética y futuro

La Ética, referida a los cambios que se prevén en un futuro cercano, tiene que ver, por un lado, con la técnica y los debates éticos que surgen a partir de la biotecnología. Por otro, también se relaciona con el mundo social

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La palabra ética tiene mala reputación. He visto que en su uso cotidiano se le asocia con algo antiguo, aburrido, inservible. A menudo he tenido que hacer malabares en mis cursos, escondiéndola de mis estudiantes, aunque nuestra reflexión la implique por completo.

El foco de la Ética —entendida como disciplina— está en las preguntas que atienden a lo más propio de nuestra vida. El vocablo deriva del griego ethos, que significaba inicialmente refugio. La preocupación de la Ética es el cuidado de lo más específicamente humano —de esa casa primordial— y se concreta básicamente en las preguntas de qué es lo bueno y lo malo, lo mejor, lo más deseable.

Una preocupación que me surge al pensar la Ética hoy es la del desfase temporal entre las mutaciones del mundo y nuestra capacidad para pensarlas. La técnica avanza cada vez con mayor rapidez, mientras que el ejercicio reflexivo tiene como condición la lentitud. No se puede reflexionar aprisa. El gesto reflexivo implica un camino de ida y vuelta permanente. ¿Podemos pensar con detenimiento los cambios a los que estamos asistiendo y que influyen en los aspectos fundamentales de nuestro ser?

Cuando pienso en la Ética referida no sólo a la actualidad, sino a los cambios que se prevén en un futuro cercano, me vienen a la mente dos cuestiones. Una tiene que ver con la técnica, y es la de los debates éticos que surgen a partir de la biotecnología. La otra se relaciona con el mundo social, y es la de la migración. En ambas veo el signo de la velocidad.

En cuanto a la primera, las preguntas éticas que se pueden plantear son acerca de los beneficios o perjuicios que implica la posibilidad cada vez más patente de diseñarnos genéticamente a nosotros mismos. Frente a la esperanza de las ventajas médicas que nos promete tal manipulación, se abre la sospecha de ciertas implicaciones negativas, sobre todo en términos de convivencia (ventajas físicas y sociales pautadas por los padres en un mercado) y de libertad (padres que pueden elegir altura, género, preferencia sexual y hasta discapacidades de sus hijos —como ya se han registrado casos—).

En cuanto a la segunda, es fundamental que nos sigamos preguntando por las maneras más adecuadas de convivir con los otros. El mundo tiende —por diferentes razones económicas, políticas, históricas— a grandes flujos migratorios en los que personas con una variedad enorme de formas de pensar y de vivir, se encuentran. También es urgente pensar en el juego entre la hospitalidad y el desprecio. m.

 

Para leer

:: Sobre ética en general: Ética, de José Luis Aranguren (Alianza Editorial, Madrid, 2004).

:: Sobre ética y biotecnología: Contra la perfección. La ética en la era de la ingeniería genética, de Michael Sandel (Marbot Ediciones, Barcelona, 2007).

:: Sobre ética y hospitalidad: Ética de la hospitalidad, de Daniel Innerarity (Península, Madrid, 2008).

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