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Villa Panamericana

La Villa Panamericana pudiera ser la oportunidad que tienen una vez más las autoridades para colaborar en la resolución de los problemas urbanos de la Zona Metropolitana de Guadalajara

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Desde hace más de tres décadas Guadalajara enfrenta tres fundamentales problemas: la protección y la conservación del patrimonio cultural, el transporte público y el crecimiento urbano horizontal. En estos años, las autoridades han puesto en marcha una serie de acciones tendientes a revertir esta situación, sin éxito aparente: el maquillaje aplicado al centro histórico acaba siempre por deslavarse en cada ocasión con la primera gota de agua que cae sobre la urbe; los nodos viales construidos a base de autoritarismo y necedad terminan convertidos en verdaderos nudos viales, y los objetos y las albercas urbanas criminales y los rascacielos que hoy se yerguen sobre Zapopan apuntan más a la especulación inmobiliaria que a la solución de vivienda que requiere la metrópoli.

Hoy, el proyecto de la Villa Panamericana pudiera ser la oportunidad que tienen una vez más las autoridades para colaborar en la resolución de los problemas urbanos señalados, o al menos a uno de ellos en especial, dado el corto tiempo de que disponen para su gestión, diseño y construcción. No obstante, debido a la decisión de edificarla en el parque Morelos, el desafío será mucho mayor ya que la propuesta exige que se aborden a fondo los conceptos relativos a la vivienda vertical, el patrimonio cultural y la movilidad urbana, en un sitio que presenta deficiencias de consideración en los tres rubros mencionados. Ello sugiere desplazar el proyecto a otro sitio de la zona metropolitana, sin mayores complicaciones —como algunos urbanistas lo han propuesto—, en favor de la sustentabilidad del proyecto y del concepto de metropolización tan deseado y rechazado.

Sin embargo, al igual que ha sucedido con los grandes proyectos tapatíos, es evidente que en este caso se carece de una visión integral de la ciudad que avale la propuesta en el sitio seleccionado, con lo que la dinámica gubernamental se adelanta de nuevo a la planificación urbana, mediante una política centrada en el urbanismo de coyuntura. A un año y medio para arrancar con su construcción, es poco probable que puedan realizarse de forma fiable los estudios de factibilidad que requiere el proyecto antes de iniciarse los diseños específicos de cada campo de acción, y puedan preverse con serenidad las consecuencias de las acciones que se llevarán a cabo para evitar los errores del pasado. Todo indica que es en la selección de los sitios para ubicar los grandes proyectos donde reiteradamente se equivocan sus promotores: la central camionera, los Arcos de la glorieta de Abastos, el Centro JVC, la Torrena y el Guggenheim son varios ejemplos de la manera inadecuada en que el desarrollo urbano de la ciudad se ha venido enfrentando desde hace décadas. Con la Villa Panamericana parece repetirse ese patrón de conducta que pocos beneficios ha reportado a la sociedad en su conjunto y, por el contrario, ha acarreado cotidianas molestias a los ciudadanos.

Valdría la pena que las autoridades presenten los planes, programas, acciones y costos de las obras de infraestructura que sin duda tendrán que instrumentar para: 1) evitar que el centro histórico sea afectado negativamente en su imagen y su conservación con este proyecto; 2) solucionar en especial los ingresos y salidas viales de esta villa desde y hacia la calzada Independencia (o incluso Hidalgo); 3) solucionar el transporte colectivo en la zona y su relación con la ZMG y 4) construir en el lugar una primaria donde convivan los hijos de los nuevos usuarios con los alumnos de la Basilio Badillo, a quienes seguramente se les trasladará a otro lugar.

Cuatro proyectos que requieren soluciones integrales, de fondo y no paliativas, humanas y no sólo materiales, así como inversiones cuyo costo final repercutirá en los edificios del conjunto, como se reflejará la oferta económica municipal hecha a los propietarios de las fincas, al estar involucrados los recursos públicos. Ello pone en riesgo el destino habitacional del conjunto, pues nada se ha dicho sobre la estrategia para evitar que el uso de suelo sea modificado por las siguientes administraciones, como ha sucedido en prácticamente todos los proyectos mencionados. La megaciudad requiere un plan integral y visionario de desarrollo que le permita a las autoridades establecer proyectos estratégicos e inducir el crecimiento urbano ordenado y sostenible, en vez de tomar decisiones que resolverán los problemas coyunturales pero postergarán las acciones de fondo que la urbe necesita con todas sus consecuencias.

La idea de repoblar el centro de la ciudad es acertada; pero quizá no sea ésta la oportunidad esperada. m.

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