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Siete razones para odiar (o amar) todavía más a Yoko Ono

Compartimos este vistazo a la obra y trayectoria de Yoko Ono, la artista visual, cineasta, compositora y escritora que no necesitó a John Lennon para continuar trabajando, pero sí para mantenerse en el aparador.

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La artista japonesa siempre divide opiniones entre sus críticos. Foto: Guggenheim-Bilbao.es
La artista japonesa siempre divide opiniones entre sus críticos. Foto: Guggenheim-Bilbao.es

¿Quién? ¿La de los Beatles? Eso suelen decir al observar la hilera interminable de ataúdes con una rama de olivo saliendo de ellos. Sí, Yoko Ono, la que muchos todavía detestan por la separación de los Beatles o por esa imagen de hippie congelada en el tiempo. Yoko Ono, odiada por muchos y adorada por otros. La artista visual, cineasta, compositora y escritora que no necesitó a John Lennon para continuar trabajando, pero sí para mantenerse en el aparador; la poeta que aparece en las secciones de sociales y de cultura; la japonesa que ha roto tantos esquemas como corazones de beatlemaníacos. ¿Habrá más razones para odiarla? Sí. Al menos siete…

1. Porque desde pequeña ya le gustaba eso de la ruptura: nació en 1933 en Tokio, en una familia aristocrática japonesa, y fue la primera mujer admitida en la escuela de Filosofía en la Universidad Gakushūin. Después estudió música contemporánea.

2. Porque ha sido medio adicta al matrimonio con genios, y su ingreso a las artes visuales fue a través del sonido: se casó a principios de los sesenta con Toshi Ichiyanagi, adepto a esos ruiditos que llaman música contemporánea, y por esas épocas convivió muy de cerca con tipos tan raros como John Cage y Morton Feldman.

Yoko Ono

3. Porque también conoció a George Maciunas, ese loco que acuñó el término Fluxus en 1961 para resaltar la naturaleza siempre cambiante del arte y su relación con otros medios, disciplinas, géneros y enfoques: “La fusión entre Spike Jones, vodevil, el chiste, los juegos infantiles y Duchamp”. En Fluxus, Yoko Ono encontró procesos para adaptar sus búsquedas en la música, transformándola en una experiencia completa.

4. Porque no sólo se casó con John Lennon, también lo hizo trabajar: en septiembre de 1969, en un concierto en Toronto, Canadá, ensayando solamente en el avión, la pareja, junto con Eric Clapton, Klaus Voormann, Billy Preston, Alan White y Ringo Starr, fundó la Plastic Ono Band, que duró seis discos, pero que sigue haciendo música. Su última producción es Between my Head and the Sky, para la que reunió en 2009 a Sean Lennon, Keigo Oyamada, Hirotaka Shimizu, Yuko Araki, Shahzad Ismaily y Yuka Honda (el fundador de Cibo Matto).

5. Porque Yoko Ono ha sido, desde los sesenta, representante del arte contemporáneo, sí, esa cosa extraña que trae a todos de cabeza. Sus creaciones siempre retan a los espectadores: desde dibujos que un niño de seis años podría hacer, hasta performances como tirados de los pelos. La obra de Ono normalmente versa sobre la acción, siguiendo todavía los pasos de Fluxus: o ella hace algo, o los espectadores, o ambos. Ir a una exposición de Ono equivale a interactuar. Su acción más celebrada, Cut Piece (fechada en 1964), se presentó en Kioto, Tokio, Nueva York y Londres: ella, sentada en el escenario, invita a cada uno de los asistentes a tomar las tijeras y cortar un pedazo de su ropa; ella permanece inmóvil hasta quedar desnuda. El resultado es de flojera para algunos, pero bellísimo (horroroso) para otros.

Yoko Ono

6. Porque Yoko Ono no sólo se metió con Lennon, sino con todos nosotros: su obra nos hace leer, observar, actuar, participar y, sobre todo, imaginar. Alguna vez hizo que sus espectadores vieran el Sol hasta que se volviera cuadrado; otra, que siguieran a una mujer desconocida hasta su destino. Vendó a una orquesta completa mientras tocaba. Llenó un auditorio de oyentes y les pidió que solamente imaginaran la música. Creó una pintura para que los demás la pisaran. Anunció una exposición inexistente en un museo que no había ofrecido ninguna muestra individual a alguna mujer, o, simplemente, escribió piezas para que los visitantes las leyeran.

7. Porque, a pesar de sus detractores y sus propios principios, Yoko Ono vende, y vende bien. Sus retrospectivas han viajado por todos lados y suelen organizarse de a montones (en Bilbao fue una de las muestras más visitadas en la historia del Museo Guggenheim). Y su nuevo libro, Acorn, ha vendido millones de copias alrededor del mundo. El volumen es una especie de continuación de su mítico Grapefruit, de 1964, una serie de reflexiones e instrucciones que van más allá del arte.

Y, por si esto fuera poco, porque sigue trabajando, con todo y sus 81 años. Porque, con odio o con amor, algo es seguro: nos mueve. m.

 

Para leer

:: Acorn, de Yoko Ono (Aguilar, Madrid, 2014).

:: Grapefruit: A Book of Instructions and Drawings by Yoko Ono, con introducción de John Lennon (Simon & Schuster,  Estados Unidos; la última edición es de 2000).

:: Yoko Ono: Half a Wind Show. A Retrospective, de Ingrid Pfeiffer (Prestel Publisher, Estados Unidos, 2013; catálogo de retrospectiva en Fráncfort).

 

Para ver

:: Retrospectiva en Bilbao.

:: Exposición en línea para el MOCA.

 

Para escuchar

:: Plastic Ono Band.

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